i no puedes con tu enemigo únete
a él", seguramente le sopló en el oído alguno de sus asesores.
Y para ese objetivo, nada mejor que
apostar por Obama y los demócratas, esto es, en vez de combatir al Imperio
desde afuera, combatir al "ala derecha militarista"
conservadora (autora del golpe
bananero en Honduras) situándose dentro de la línea "progresista" de la actual
administración estadounidense.
Esto explica porqué Caracas ya no
hace marketing mediático atacando al Imperio y a su presidente, sino que
concentra sus cañones en la expresión más "fascista" del Imperio norteamericano,
simbolizada en la línea ultraconservadora del Pentágono que dio el golpe de
mano en Honduras.
"Obama es un prisionero del
Imperio", dijo Chávez, acomodando la palabra Imperio a los golpistas de
Michelettii sostenidos por el Comando Sur y los ultraconservadores del poder
republicano en Washington.
Dividir para reinar: Chávez ya no
apunta a un Imperio en bloque, sino que juega a la contradicción desatada
entre demócratas y republicanos con el golpe hondureño para filtrarse como
una cuña latinoamericana en la interna de Washington.
Pero hay un dato que le juega en
contra: Cuando Chávez aparece en el firmamento consigue aglutinar en contra suya
a demócratas y republicanos. A Chávez, en Washington se lo tolera pero no se
lo digiere.
Wall Street (Obama) hace negocios
con Chávez, pero el Pentágono (Cheney-republicanos) y el Complejo Militar
Industrial no hacen (ni quieren) hacer negocios con Chávez.
Chávez es un símbolo contradictorio:
Si bien, por un lado, le sirve al departamento de Estado y al Pentágono
para presentar un "enemigo de paja" en América Latina (el "peligro
comunista", el "peligro terrorista" el "peligro dictatorial", etc) que
utiliza
para conseguir aliados y votos en la OEA, por otro, Chávez, en su intento de
acumular poder personal con la izquierda se convierte en "intolerable"
para los sectores más gusanos y conservadores de Washington.
Ese es un detalle clave, el
hilo conductor de la trama, a tener en cuenta para entender la dinámica y la lógica del
desarrollo del golpe hondureño con Chávez (convertido en defensor
a ultranza del "sistema democrático" made in USA) como uno de los protagonistas
principales.
La operación "caballo de
Troya"
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Manuel Zelaya durante una reunión con Hugo Chávez en Nicaragua. |
Tras el golpe bananero del Pentágono, Chávez, utilizando al vaquero
hondureño Manuel Zelaya, intentó armar su propia operación "caballo de
Troya"
en la OEA.
El presidente y sus acólitos más
fieles del ALBA (Correa, Ortega y Morales) quisieron utilizar la
estrategia de la "defensa irrestricta del sistema democrático" para
reinstalar a su nuevo (y novedoso aliado) como un triunfador en Honduras.
El plan aparecía viable: Tomar el
estandarte de la "democracia" made in USA, ser más "democrático" que EEUU y la UE,
montarse en la ola "antigolpista" mundial, liderar regionalmente las "condenas"
al derrocamiento de Zelaya, y presionar con la OEA una "rendición
incondicional" de los golpistas (léase el Pentágono) en Honduras, con Caracas
convertida en el comando central de operaciones.
Detrás de escena, casi sin exposición
mediática, Chávez, el titiritero de Zelaya, aparecería finalmente como el
general que ganó la batalla "reinstalando la democracia" en Honduras.
El objetivo también aparecía claro:
Motorizar más influencia regional del bloque del ALBA, liderar la OEA y ganar más aliados sin romper
con las reglas de juego establecidas por el Imperio USA-UE en América Latina.
Algo así, como imponer una
"hegemonía de izquierda" en el cuadro regional de los países
(mayoritariamente "neoliberales") alineados
como gerencias de enclave en el patio trasero de Washington, y
"mejicanearle el botín" a EEUU, el dueño del circo "democrático".
Demasiado lineal, para que Washington, el dueño de la OEA y del patio trasero, le
dejara a Chávez hacer su movida sin cobrarle el derecho de piso y tratar de darle una
lección.
Lanzada la operación (y por falta de
experiencia) Chávez y su comando central parece que ignoraron tres "detalles":
A) Los yanquis son los
últimos que se toman en serio la "democracia" que venden al mundo para
controlar países y conquistar mercados sin armas.
B) Honduras no es país, sino una
base militar de EEUU con población incluida adentro.
C) Más allá del ALBA, el resto de los
presidentes latinoamericanos hacen marketing electoral "anti-EEUU" con Chávez,
pero a la hora de ejecutar políticas reales o votar en la OEA fichan para
Washington.
Este error de apreciación inicial,
determinó la dinámica y el doble fracaso del "contragolpe democrático"
que ejecutó Chávez con
Zelaya en respuesta al "golpe militar" con Micheletti.
El fracaso de la "operación retorno"
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Miles de personas se concentraron frente a la Casa Presidencial en
Tegucigalpa reclamando por el retorno de Zelaya al gobierno (Foto EFE) |
La primera movida equivocada
consistió en tomar el discurso de Obama como si fuera lo que en realidad hace
Obama.
El sucesor de Bush hizo lo que hace
siempre: Hablar con la "democracia" y ejecutar con el Pentágono.
Obama lideró en los primeros tramos
la "condena al golpe" sumando a la Unión Europea, pero cuando le avisaron
que Honduras era una base terrestre del Pentágono, dio un viraje de timón
y se puso donde tenía que estar: Del lado del Pentágono y de su títere
golpista Micheletti.
Abrumado por las presiones de los
republicanos conservadores en el Congreso y en Washington, Obama (y con él la
Unión Europea) hizo mutis por el foro. Y EEUU (no obstante "condenar" el golpe)
mantuvo a su embajador en Tegucigalpa, no cortó la ayuda económica ni decretó
un bloqueo contra Honduras.
Esta señal, determinó, a su vez, el
destino de la "operación retorno" en la OEA.
Tras el golpe, la OEA se reunió y
aprobó por unanimidad una intimación al gobierno para que restituyera el
"proceso democrático" en Honduras.
Pero la "restitución del proceso
democrático" tenía una lectura para el bloque de Chávez, y otra para el resto de
los presidentes latinoamericanos.
Chávez y el ALBA, entendieron que
restituir la "democracia", era restituir a Zelaya en el gobierno sin
ningún tipo de negociación ni "salida consensuada" con los golpistas, los
que deberían ser juzgados y castigados.
Chávez y los suyos daban
por sentado que -con EEUU y la UE liderando las condenas- el resto de las
gerencias latinoamericanas de Washington en la región se sumarían al proyecto de
Caracas de reinstalar a Zelaya en Honduras sin más trámite.
El resto de los países, liderados por
Brasil, Méjico, Colombia, y Chile, entendió que había que restituir al "proceso
democrático" y a Zelaya en la presidencia, pero a través de una negociación
previa con el gobierno de facto de Micheletti orientada a convenir un
adelantamiento de las elecciones presidenciales, en las cuales el presidente
derrocado no se presentara como candidato.
En bloque, los países de la región -a
excepción del ALBA- se unieron a la propuesta negociadora sostenida por
Washington y la Unión Europea de "restaurar el proceso democrático" con Zelaya
cumpliendo el mandato restante de seis meses y sin presentarse como candidato
(la chispa que encendió el golpe).
Esta situación invalidó la estrategia de Chávez
de jugar a la división de la OEA y "pescar en río revuelto".
Solo y aislado en su propuesta,
después de fracasar la operación de intimación de la OEA a los golpistas,
el ALBA de Chávez decidió el fin de semana "cortarse solo" en una
operación (más que nada montada como campaña de presión psicológica) con
Zelaya intentando aterrizar en Honduras solamente acompañado de un representante de
la OEA.
El gobierno golpista cerró el espacio
aéreo, bloqueó la pista del aeropuerto, reprimió con dureza matando a un
seguidor de Zelaya, y el presidente tuvo que regresar con las manos vacías, pero
con un margen de ganancia (a explotar) que le otorgaba la represión
sangrienta desatada por el gobierno golpista.
Sin Chávez, sin Morales ni Ortega,
perdedores por un lado, y "potenciales ganadores" por otro, Zelaya, acompañado
de Cristina Kirchner, Rafael Correa y Fernando Lugo, intentaron retomar el centro de
atención internacional montando una conferencia de prensa en El Salvador donde
el presidente depuesto llamó a "parar la represión criminal" en Honduras.
La operación casi en solitario del
bloque chavista, tuvo como principal objetivo provocar (con el "desafío" de
Zelaya a los golpistas) una rebelión interna contra el gobierno usurpador
y conseguir "mártires" de la represión golpista.
Esta vez el culebrón fue
protagonizado en forma exclusiva por Chávez, reciclado dentro de un bajo
perfil, pero ya se proyecta un nuevo capítulo escrito y actuado por
Washington y el resto de los presidentes regionales.
Este capítulo tiene un axioma de
máxima: Acuerdo consensuado entre la OEA y los golpistas para detener el
"derramamiento de sangre" y adelantar las elecciones.
Esa es la única lógica posible que
imaginan los republicanos y demócratas "moderados" en Washington para que Zelaya vuelva a pisar territorio hondureño
y
se dedique a sus negocios sin ser detenido.
Y en ese marco, hay poco futuro para
la fracasada estrategia de Chávez.
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(*) Manuel
Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y
comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados
en la Web.
Ver sus trabajos en
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