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(IAR
Noticias) 09-Junio-09
¿Cómo
hará el eje dominante EEUU-Europa para conservar la hegemonía mundial (del
sistema capitalista imperial) si en sus propias metrópolis comienza a
colapsar, además de los bancos y las empresas, el sistema que sostiene la
credibilidad pública en las instituciones del control político y social?
Por
Manuel Freytas (*)
manuelfreytas@iarnoticias.com
Informe especial
En un escenario marcado por la crisis financiera recesiva y el desempleo masivo que se
contagia aceleradamente tanto por las economías centrales del euro como por los
países del Este, la Unión Europea celebró sus comicios con un récord de
abstención donde la derecha y las tendencias xenófobas (expresada por los
partidos "antinmigrantes") barrieron con la debilitada y decadente
izquierda europea.
Los resultados
ratificaron la encuesta del Eurobarómetro (sondeos de opinión pública),
difundida por el Parlamento Europeo
antes de los comicios, que revelaba que la confianza en las instituciones de la UE se desplomaba
con la crisis financiera recesiva que ya se expande como un virus tanto por las
potencias centrales como por la periferia subdesarrollada de la Europa
continental.
El malestar social -señalaba
la medición- se refleja en el marcado deterioro de confianza que en menos
de cuatro meses han sufrido las instituciones comunitarias, como la Comisión
Europea, el Parlamento Europeo y el Banco Central Europeo, (BCE).
¿Que pasaría si este fenómeno
emergente de la falta de credibilidad en los políticos y en las
instituciones se extiende por la periferia subdesarrollada y emergente de Asia,
África y América Latina.
En otras palabras, ¿Qué pasaría con el sistema capitalista gobernado por
la "democracia" si las mayorías dejaran de votar, o votaran en blanco, en las
elecciones periódicas para elegir autoridades?.
Como primer efecto, las
instituciones jurídicas y políticas del capitalismo quedarían "deslegitimadas" y
el sistema establecido de "gobernabilidad" (y de dominio político y social) basado
en la "democracia representativa" se derrumbaría a escala
global.
En consecuencia, el sistema
capitalista se vería obligado (para mantener el dominio) a recurrir al uso de
la fuerza militar para preservar el "orden" político y social que
le garantice
el funcionamiento en "paz" de sus empresas y bancos a escala global.
La dinámica de este proceso
de falta de credibilidad en los políticos y en las instituciones detonado por la
crisis financiera también se verifica en los conatos de
"ingobernabilidad" que producen las reacciones (conflictos y
estallidos) sociales y sindicales como respuesta a los despidos laborales
detonados por la paralización económica.
Este fenómeno alimentado por el
"escepticismo social"
producido por la crisis económica amenaza a escala global al sistema de control
y dominio imperial con el "poder blando".
El "dominio en paz"
En los
finales de los 80, la Unión Soviética
ya casi había desaparecido como punto de referencia logística y organizativa de
los movimientos revolucionarios, y Washington resolvía imponer un orden mundial
de dominio basado en el pacifismo, la democracia y los derechos humanos.
El "proyecto Democracia"
(sostenido como estrategia por el Departamento de Estado USA), o
el "poder blando", fue presentado
como alternativa sustitutiva (o complementaria) del "poder duro"
militarista encarnado por los halcones conservadores del viejo Estado Nacional
norteamericano.
El valor del término "poder
blando" como teoría política, fue aceptado por los analistas del sistema
para diferenciar el dominio realizado en "democracia"
frente a formas más violentas del control político y social con el llamado "poder duro".
La estrategia del control
político y social por medios militares (de las dictaduras militares de la
doctrina de seguridad nacional), fue sustituida gradualmente por
administraciones civiles, poderes ejecutivos, parlamentos y cortes de
justicia totalmente maleables a los intereses y objetivos de Washington y las
trasnacionales capitalistas en los países dependientes de Asia, Africa y América
Latina.
No obstante, y con el "poder blando"
como alternativa de dominio, la estrategia geopolítica
imperial norteamericana desarrolla simultáneamente -a nivel
complementario- la estrategia del "poder duro" con despliegue
militar-nuclear y bases desplegadas por todo el planeta, además de tropas
listas para actuar allí donde la situación lo requiera.
De esta manera, por ejemplo en
América Latina, la democracia made in USA convive con la cadena de
bases y la Cuarta Flota cuya misión es preservar la hegemonía militar
norteamericana en la región y rodear las grandes fuentes de energía,
agua potable y biodiversidad que un futuro podrán asegurar la
supervivencia del Imperio USA.
Antes de la crisis recesiva
global -nacida con la crisis hipotecaria de septiembre de 2008 en
EEUU- que hoy ya se extiende por los países centrales, en las periferias
del mundo subdesarrollado de Asia, África y América latina controladas
por "gobiernos democráticos" se verificaba:
A )
Crecimiento constante (y sin excepción) de las economías capitalistas de
los países periféricos, acompañadas de ganancias siderales para los bancos y empresas
que hegemonizan el control económico-productivo de esos países, y crecimiento
desmesurado de los activos empresariales y fortunas personales.
A )
Crecimiento paralelo, sostenido y sin interrupción, de la llamada "pobreza estructural"
(falta de trabajo estable, vivienda y subsistencia mínima) que ya afecta
a más de la mitad de la población mundial, con las mayorías sometidas a
políticas "asistenciales" y a empleos temporarios y en negro (contratos basura).
B)
Funcionamiento a pleno de las llamadas "instituciones" con elecciones
periódicas y continuidad del sistema de "gobernabilidad democrática".
C)
Ausencia total de huelgas generales y de conflictos sociales por
reivindicaciones generales de la sociedad (sólo existen conflictos atomizados
por reivindicaciones sectoriales), y ausencia de dictaduras militares y de lucha
armada (salvo Colombia).
De esta manera, el sueño de la "paz y
el orden social" que los bancos y las trasnacionales imperiales no pudieron concretar
con las dictaduras y los golpes militares diseñados en el Departamento de
Estado, empezó a cumplirse con la aceptación pasiva del sistema capitalista
como "alternativa única".
En este universo del "poder blando" como estrategia de dominio imperial, la
estructura económico-productiva del país dominado controlado por el
aparato económico trasnacional es
presentado como si fuera una "economía
nacional en crecimiento".
La
"gobernabilidad" del país sometido se controla con el aparato político
que diseña periódicamente las "elecciones democráticas" para elegir el
nuevo gobierno del estado privado capitalista.
El control político y social ya no
se realiza con el poder militar, sino con el aparato de la información
que moldea y manipula los cerebros de las mayorías de acuerdo a los intereses consumistas de los
bancos y trasnacionales que controlan la estructura económica-productiva de los
países sometidos.
Este status quo de dominio con el
"poder blando" (urnas y políticos) corre el riesgo de colapsar como
producto de la crisis recesiva global y de la falta de credibilidad en los
políticos y en las instituciones como acaba de revelar la abstención masiva en los comicios
europeos donde un 56 % de la población decidió no votar.
La crisis del "poder blando"
La abstención masiva en las
elecciones de la UE parece agregar a la "crisis económica" (producida por
la recesión), y a la "crisis social" (producida por las huelgas y conflictos
sociales) un tercer actor: El "colapso psicosocial" reflejado en las
tendencias del escepticismo generalizado sobre las instituciones del sistema.
¿Cómo
incidirá este "tercer factor" (el descreimiento social en los
políticos y las instituciones del sistema) en las áreas subdesarrolladas y
periféricas del sistema capitalista de Asia, África y América Latina?
La experiencia histórica de estos
últimos años revela que así como el sistema capitalista trasnacional exportó
"crecimiento económico" sin distribución social, luego, con la crisis
desatada en EEUU y los países centrales, comenzó -de la mano de los bancos y
corporaciones transnacionales- a exportar recesión con desempleo a los
países de la periferia emergente y subdesarrollada.
¿Cómo
hará el eje dominante EEUU-Europa para conservar la hegemonía mundial (del
sistema capitalista imperial) si en sus propias metrópolis comienza a
colapsar, además de los bancos y las empresas, el sistema que sostiene la
credibilidad pública en las instituciones del control político y social?
¿Qué
puede pasar (si como efecto de la crisis exportada de las metrópolis imperiales)
en las áreas subdesarrolladas de Asia, África y América Latina las mayorías
(además de quebrar la "gobernabilidad" con las huelgas y conflictos sociales)
se negasen a legitimar a los gobiernos "democráticos" en las urnas?
¿Qué
sucedería si (como en la Argentina durante el Cacerolazo de 2001) las mayorías
de Asia, África y América se sublevaran y decretaran un "que se vayan todos"
contra los políticos y las instituciones de la "gobernabilidad" (léase dominio)
en democracia?
La
pérdida de la credibilidad social en las instituciones del sistema -como
revela la elección europea- cierra el círculo de un proceso interactivo (la
crisis global expandida de los países centrales a la periferia) que va a obligar
al capitalismo trasnacionalizado a cambiar sus reglas de dominio a escala
global.
Y como
sostienen algunos expertos: En un mundo incendiado por la simultaneidad de la
crisis económica y de los estallidos sociales, poco sirven los políticos y
sus instituciones (gendarmes del dominio civil) para detener a las masa
sublevadas y escépticas que buscan su propia supervivencia a cualquier costo.
Y hay un
fenómeno que emerge de la propia dinámica revelada por los resultados de la
elección en la UE: Así
como las potencias centrales "exportan" (a través de sus bancos y
trasnacionales) la crisis recesiva a la periferia de Asia, Africa y América
Latina, también exportan los modelos de comportamiento social de rebelión al
sistema.
En esa
orientación, la perdida de credibilidad social en las instituciones del
sistema que hoy ya se expresa en las potencias centrales y en la periferia
de Europa, ya empieza a transferirse (por medio de la comunicación globalizada)
como un virus contaminante a la periferia de Asia, África y América
Latina.
El
sistema (económico, político y social) capitalista a escala global se basamenta
actualmente sobre tres
parámetros esenciales:
A)
Consumo masivo de productos (que alimenta los ciclos de ganancia capitalista con el
mercado y la sociedad de consumo).
B)
Voto popular y "poder blando" (que alimenta y permite el control político y social sin
represión militar).
C)
Credibilidad social en el sistema "democrático" (que alimenta la supervivencia institucional del sistema
capitalista).
Estos
tres factores, que conforman la columna vertebral del sistema expoliador capitalista erigido como "civilización única" a escala global,
hoy se encuentran en riesgo inmediato a raíz de la crisis financiera
que derivó primero en crisis recesiva y luego en crisis social
como emergente de los despidos laborales y el achicamiento del consumo popular.
Esta
dialéctica de acción-reacción a escala global, es lo que define, en forma
totalizada, un fenómeno que excede la denominación reduccionisa de "crisis
económica" con que los analistas del sistema califican el actual colapso
recesivo mundial.
El
capitalismo no está en "crisis económica", sino en "crisis total", y al
final del proceso, si quiere supervivir como sistema, deberá echar mano a lo
único que puede preservar su dominio: La represión militar, o sea el fin de
la estrategia de dominación con el "poder blando".
La dinámica histórica de la crisis pulveriza la columna vertebral del sistema
(consumo, voto y credibilidad social) y obliga al poder imperial
central a cambiar la estrategia de dominación para reciclar un nuevo proceso
de control político y social.
Esa es la lectura inmediata que surge
del proceso europeo con la recesión económica, el desempleo en masa y la crisis
de credibilidad social en los políticos y las instituciones.
Y que ya comienza a extenderse como
un reguero de pólvora por la periferia subdesarrollada y dependiente.
*****
(*) Manuel
Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y
comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados
en la Web.
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