La crisis financiera recesiva
(que se expande por todo el planeta) ya derivó en "crisis social" por
medio de dos actores centrales: La baja de
la capacidad de consumo y la
desocupación.
La "crisis social" afecta de manera diferente en la pirámide social: En
las clases altas y medias se proyecta como una "reducción del consumo"
(principalmente suntuario), en cambio en las clases bajas y marginales se
expresa en la desocupación y en una restricción del consumo de los productos
básicos para la supervivencia (principalmente alimentos y servicios
esenciales).
Mientras un rico o acomodado
reducen servidumbre, viajes turísticos o consumos superfluos, un clase baja o
pobre reduce compras de alimentos y consumo necesario para sobrevivir.
En resumen, en la pirámide del
colapso recesivo global, para un rico o un clase media alta la "crisis
social" significa un "achicamiento del cinturón" (prescindir de productos
suntuarios o de algún confort), mientras que para un clase baja significa
quedar desocupado o perder capacidad de supervivencia a través de la
reducción de su salario.
De manera tal, que en la crisis
social se proyectan las mismas variables del resto de la economía capitalista:
El peso de la crisis golpea con fuerza sobre la base del triángulo social más
desposeído (obreros asalariados y pobres) mientras se atenúa en el medio y
en el vértice (empresarios, ejecutivos y profesionales) , donde se concentra
mayoría de la riqueza acumulada por la explotación capitalista.
La misma ecuación (de
proyección y efecto disímil de la crisis social) se produce en la pirámide
de países capitalistas, claramente dividida entre el vértice (las naciones
centrales), el medio (las naciones "emergentes") y la base (las naciones
"en desarrollo").
Esto es clave para entender,
por ejemplo, porqué los efectos de la crisis social en Europa (las
huelgas y revueltas sociales) ya comienzan a manifestarse por las naciones más
vulnerables del Este (las ex republicas soviéticas) que mantienen una
relación de dependencia estructural con las ricas economías centrales de las
potencias del euro.
Cuando se refieren a la "crisis
social", los periodistas, intelectuales y analistas del sistema hablan en forma
abstracta y genérica, sin precisar su impacto (discriminado por sector) en la pirámide social del sistema capitalista a escala global.
Así, por ejemplo, la prensa
internacional sionista en los últimos días expresa, con total impunidad (y sin contrainformación masiva) cómo la crisis está "afectando a los más
ricos" cuya pirámide está encabezada por los súper millonarios del ranking
de la revista Forbes.
Los medios y analistas del
sistema (que informan a las sociedades a escala masiva) tienen centrada su
"preocupación en las pérdidas de los grandes consorcios empresariales
transnacionales, en la reducción de las grandes fortunas de los súper ricos y en
la devaluación de los multimillonarios sueldos de los ejecutivos de las
metrópolis de EEUU y Europa.
Casi no hay informes (y los que
hay son manipulados y reducidos) de cómo la crisis de los países centrales ya
impacta en las economías y en las sociedades de los países subdesarrollados
de Asia, África y América Latina, donde se concentra la mayoría del hambre y la
pobreza a escala planetaria.
De esta manera, los diarios,
las radios y los canales televisivos ponen el acento de la "noticia" en la
disminución de la cifra de la fortuna de los tres sionistas que encabezan
el ranking Forbes: Bill Gates, Warren Buffett y Carlos Slim,
cuyos patrimonios juntos suman este año US$ 112.000 millones.
Por supuesto, que la prensa del
sistema no aclara que esa cifra (en mano de sólo tres personas) equivale a
0,8% del presupuesto de US$ 896 millones que la ONU y el Banco
Mundial destinan a "combatir la pobreza en el mundo".
El Programa para hacer
frente a la crisis mundial de alimentos, (GFRP, por sus siglas en inglés)
desarrollado por el Banco Mundial no alcanza ni siquiera al 1% de la suma
acumulada por los tres capitalistas más ricos, pero esto no es "noticia" para la
prensa sionista imperial.
El jueves, los medios
internacionales, que esconden sistemáticamente la relación simbiótica
pobreza-riqueza (una es consecuencia de la otra) comentaban con "preocupación" como la
crisis redujo el selecto club de súper millonarios del ranking Forbes que
pasó
de 1.125 miembros en 2008 a 793
en 2009.
Según Forbes, por la caída de
los mercados y de la facturación empresarial, los hombres y
mujeres más ricos del planeta (el vértice de la pirámide) manejan una fortuna de
US$ 3 billones frente a los 4,4 billones del año anterior.
Cabe destacar que esa cifra (en manos
de 700 personas) equivale casi al presupuesto anual de EEUU (la primera potencia
económica mundial), al PBI completo de Alemania (la primera potencia económica
de Europa), y a más de cien veces el PBI de Bolivia.
Reinvertidos en salarios equitativos
y en producción distribuida socialmente, los US$ 3 billones (hoy en manos de
solo 700 personas) serían decisivos para terminar con la pobreza, el hambre y la desocupación de
más de 2.500 millones de personas concentradas en las áreas periféricas de Asia,
África y América Latina.
Pero el capitalismo y sus leyes
históricas funcionales (la rentabilidad y la concentración de riqueza en pocas
manos) es incompatible con otro proceso que no sea el actual: Si los
capitalistas (y sus empresas y bancos) reorientaran la producción hacia la
distribución social, el sistema capitalista perdería su razón histórica y
desaparecería.
Y como nadie se suicida
voluntariamente esa hipótesis está descartada: El sistema sólo va a
desaparecer por medio de un apocalipsis, sea social, natural o nuclear.
No antes, ya que la hegemonía del control del planeta está en manos de las
superpotencias y de los bancos y corporaciones sionistas.
Mientras las potencias capitalistas
centrales se concentran en "combatir la pobreza" con un presupuesto de US$
896 millones, los primeros veinte supermillonarios de la lista Forbes
concentran juntos una cifra de más de US$ 400.000 millones.
Esa cifra (en manos de sólo veinte
personas) equivale casi al PBI completo de Sudáfrica, la economía
central de Africa, cuya producción equivale a un cuarto de la producción total
africana.
Mientras 20 súper multimillonarios
acumulan una fortuna equivalente a un cuarto de la producción total africana,
según la FAO,
en el África subsahariana, una
de cada tres personas (236 millones en 2007) sufre de desnutrición crónica.
La gran mayoría de las personas desnutridas en el mundo (mil millones)
vive en países en desarrollo, según la FAO, y de ellas, el 65 por
ciento se concentra en siete países: la India, China, la República Democrática
del Congo, Bangladesh, Indonesia, Pakistán y Etiopía. Casi dos tercios (583 millones en 2007) de los hambrientos del mundo viven en
Asia.
Como contrapartida (y demostración de
lo que produce el capitalismo), esas zonas marcadas por una altísima y creciente
concentración de hambre y pobreza, figuran en las estadísticas económicas
mundiales como las mayores generadoras de riqueza y rentabilidad empresarial
capitalista de los últimos diez años.
Tanto el "milagro asiático" como el
"milagro latinoamericano" (del crecimiento económico sin reparto social) se
construyeron con mano de obra esclava y con salarios en negro. Esto lleva
a que, al caerse el "modelo" por efecto de la crisis recesiva global, el grueso de
la crisis social emergente con despidos laborales en masa se vuelque en esas
regiones.
Pero de esta cuestión estratégica,
vital para la comprensión de la crisis global y de su impacto social masivo
en el planeta, la prensa internacional no se ocupa. Los medios locales e
internacionales están ocupados en dilucidar la disminución de las fortunas de
los ricos y la pérdida de rentabilidad de las empresas.
Si bien se estima que la presente
crisis recesiva global va a arrojar (como consecuencia de los despidos y
reducción de salarios) a más de 1000 millones de personas a la pobreza y a
la marginalidad, la "gran preocupación" de los analistas y periodistas del
sistema está centrada en las pérdidas empresariales.
Y cuando se ocupan de los "efectos
sociales" de la crisis, sólo toman como parámetro la reducción del consumo en
los países centrales, a los que clasifican genéricamente como "sociedades",
sin discriminar entre clases altas, medias o bajas que integran la pirámide
social capitalista en EEUU, Europa y en las naciones "emergentes".
No dicen, por ejemplo, que la
crisis más aguda del consumo y de la desocupación, tanto en EEUU como en
Europa, la sufren los empleados y obreros de baja calificación que están conformando un peligroso bolsón masivo de protestas y conflictos sociales
que hoy ya comenzaron por la periferia europea.
Y volvemos al principio:
Mientras las clases altas
y medias altas proyectan la crisis como una "reducción del consumo"
(principalmente suntuario), las clases bajas viven la crisis como perdida del
trabajo y restricción del consumo básico para la supervivencia
(principalmente alimentos y servicios esenciales).
Los estallidos y revueltas
sociales en EEUU a causa de la crisis, que proyectan desde la CIA
hasta los estrategas de Obama, no van a ser protagonizados por los ricos que
disminuyeron sus fortunas, ni por los ejecutivos o profesionales que
disminuyeron sus ingresos, sino por los cientos de miles de obreros y empleados que van
ser expulsados del mercado laboral.
Los sujetos y actores de la crisis
social, los motorizadores de las revueltas sociales (tanto en los países
centrales como en las periferias de Asia, África y América Latina) van ser los
millones de desocupados y expulsados del mercado del consumo que no van a tener
medios de subsistencia para sus familias.
La maquinaria mediática, que habla de
"crisis global" mezclando en una misma bolsa de "perjudicados" a las víctimas
(los sectores más bajos de la pirámide) con los victimarios (los ricos del
vértice de la pirámide), tiene como misión central ocultar lo que se avecina:
Una rebelión mundial generalizada de los pobres contra los ricos.
Esa rebelión (como ya se está mostrando
en Europa del Este) se va a expresar, a nivel de países, en un auge del
nacionalismo en los países de la periferia emergente y subdesarrollada y
en un cuestionamiento creciente del centralismo explotador y proteccionista de
las potencias regentes.
A nivel social, el proceso recesivo
con desocupación va a ir generando escaladas masivas de conflictos
sociales protagonizados por dos actores centrales: Los pobres y desocupados.
Y los ricos, los del vértice de la
pirámide (tanto de los países centrales como periféricos) van a estar todos
juntos del lado de una sola trinchera: La represión policial y militar.
Los planificadores y estrategas del
sistema ya tienen un nombre: Democracia Blindada.
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(*) Manuel
Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y
comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados
en la Web.
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