En el sistema capitalista
(nivelado como "civilización única") la producción y comercialización de bienes
y servicios (esenciales para la supervivencia humana) se encuentran en
manos de corporaciones empresariales privadas que controlan desde recursos
naturales hasta sistemas económicos productivos por encima de la voluntad de
gobiernos y países.
Quien se interese en la
investigación de sistemas y procesos económicos productivos (tanto de las
potencias centrales como de los países periféricos) podrá comprobar que tanto
los recursos naturales como los sistemas de producción y de comercialización a
escala global están hegemonizados por no más de 200 bancos y corporaciones
empresarias transnacionales cuyas casas centrales se encuentran en EEUU o
en Europa.
Estos gigantes "diversificados" e
interactivos (ligados a través de infinitos vasos comunicantes accionarios
comunes) de la producción, el comercio y las finanzas mundiales, están liderados
por los 30 primeros primeros consorcios trasnacionales que cotizan en el índice
Dow Jones de Wall Street, el centro financiero del capitalismo a nivel mundial.
En el actual diseño de
"economía mundial trasnacionalizada" no son (en forma práctica) los
gobiernos ni los países quienes deciden cuánto se produce y para quién se
produce a escala mundial, sino las corporaciones y los bancos trasnacionales que
tienen el dominio sobre las tres estructuras económicas básicas del sistema
capitalista: La estructura de producción, la estructura de
comercialización y la estructura financiera.
Dentro de esta lógica económica
funcional del capitalismo, los Estados capitalistas (tanto del mundo
imperial como del mundo dependiente) solo cumplen una función reguladora y
ordenadora (elaboración de leyes, cobros de impuestos, gobernabilidad política y
jurídica, etc) sobre la actividad económica desarrollada por las corporaciones
privadas que hegemonizan las decisiones y el control sobre los recursos
naturales, la producción y la comercialización de los bienes y servicios
que consume la genéricamente llamada "humanidad".
En otras palabras, en el modelo de
economía capitalista globalizada, no son los gobiernos los que gerencian el
proceso económico productivo, los que forman los precios y deciden sobre los
volúmenes y el destino de la producción mundial (posibilitada por el trabajo
social), sino que esta tarea la desarrollan los pool de corporaciones
capitalistas que tienen la propiedad privada (o la capacidad de
gerenciamiento efectivo) tanto del sistema económico productivo, como del
mercado interno y del comercio exterior de los países a escala global.
El objetivo estratégico central
del sistema capitalista (su lógica y esencia funcional) está motorizado, en
primer término, por la búsqueda de la rentabilidad capitalista para sus
empresas y bancos transnacionales, su columna vertebral ejecutora de sistema económico dominante a escala planetaria.
Las apelaciones a un capitalismo de "rostro humanizado", las falsas matrices
culturales del discurso "solidario, o la manipulación discursiva con la búsqueda
del "bien social" que esgrimen las empresas y bancos para legitimarse ante la
sociedad, estallan y muestran su verdadero rostro a la hora de cosechar
rentabilidad capitalista.
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Capitalismo de
"rostro humanizado" : El ex presidente del Banco Mundial Paul
Wolfowitz de visita en una favela de Brasil. |
La producción de bienes y
servicios (esenciales para la supervivencia) controlada por el capitalismo está
socializada, pero su utilización está privatizada: No responde a
fines sociales de distribución equitativa de la riqueza producida por el trabajo
social sino a objetivos de búsqueda de rentabilidad capitalista privada.
Como señalara Milton Friedman, uno
de los principales ideólogos del capitalismo: "Como ente artificial, la
empresa no tiene responsabilidades naturales. La única responsabilidad
empresarial es aumentar las ganancias; respetando, claro está, la ética".
Claramente, dentro del diseño de
economía capitalista la producción (por medio del trabajo humano) de bienes y
recursos es social, pero los niveles de decisión y el uso o apropiación
de esos recursos son privados y están sujetos a la ley de la oferta y la
demanda capitalista.
Esta dinámica funcional arroja la
primera contradicción histórica del sistema: El capitalismo sólo produce para
quien quien puede pagar por los bienes y servicios producidos. La producción
(controlada por las corporaciones transnacionales) no está orientada por la
búsqueda del "bien" social sino por la búsqueda de la rentabilidad empresarial
capitalista.
Dentro
del mercado y de la sociedad de consumo
capitalista, la lógica de producción no se mide por la satisfacción de las
necesidades básicas de la sociedad (comida, vivienda salud, educación etc.) sino
por los parámetros de optimización de la rentabilidad capitalista privada.
La prueba más contundente de la
prevalencia de la "rentabilidad" capitalista por encima del discurso solidario
lo tenemos en Europa, donde los bancos de las potencias centrales de la Unión
Europea se niegan a prestar "ayuda financiera" a los países más "insolventes",
sobre todo del Este, que a raíz del colapso recesivo se encuentran en cesación
de pagos y no pueden devolver el capital ni los abonar los intereses a los
bancos que hacen negocios con la crisis.
En suma, y como ya sucede en la
UE, el capitalismo financiero "segmenta" la ayuda entre los que pueden pagar
el capital y los intereses (la rentabilidad), condenando a los "insolventes"
a padecer la crisis recesiva con desocupación quiebras de empresas, sin ayuda
exterior.
Esta dinámica irracional (generada
por la rentabilidad capitalista predominando sobre la solidaridad humana) ya
generó un proceso de desocupación masiva con huelgas y estallidos sociales que
surgen de los países más pobres afectados por la crisis que ya se expande a las
potencias centrales del euro.
En lo social, esta asimetría
funcional (del trabajo social y la apropiación individual) es la clave
determinante de la existencia de ricos y pobres, de incluidos y excluidos,
de empleados y desocupados, dentro de la pirámide histórico funcional del
sistema capitalista nivelado como "civilización única".
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"Villa miseria" en
Buenos Aires, Argentina. |
Este concepto es central para
entender el actual proceso de crisis financiera recesiva global y su inmediato
desenlace: La crisis social con desocupación masiva.
La población del
mundo ya alcanza a los 6.500 millones de personas, de la cuales -según un
conjunto de analistas de Europa y EEUU- solo alrededor de 500 millones alcanzan
el status de "nivel óptimo" de consumo que requieren las necesidades
operativas de rentabilidad de los bancos y empresas que hegemonizan la
industria, el comercio y las finanzas del sistema capitalista impuesto a escala
global.
Fuera de este triángulo del "consumo
óptimo", compuesto en su vértice por el segmento de los "súper-ricos", y
alimentada en su base por la masa concentradora de riqueza a escala global, se
encuentran otros 2000 millones de personas las que (sin llegar al "consumo
óptimo") desarrollan un "consumo regular" de los bienes y servicios
producidos y ofertados (para quien pague por ellos) por la estructura productiva
capitalista.
Otro sector compuesto aproximadamente
por unos 2.000 millones de personas conforman un segmento de consumo bajo,
con una situación social irregular y fluctuante que no cubre totalmente sus
necesidades de vivienda, salud y de confort , y que no compensa las
necesidades productivas de rentabilidad del capitalismo regenteador de la
sociedad de consumo, a la vez que resulta el sector más vulnerable en la
actual crisis recesiva que se está desarrollando a escala global.
Debajo de estos segmentos, hay una
franja de población de aproximadamente 2.000 millones de personas que
oscilan entre la "pobreza estructural" (no cubren sus necesidades básicas)
y la "indigencia" (carentes de medios de supervivencia), que conforman una "masa
crítica" de expulsados del circuito del mercado del consumo.
"Consumidores irregulares", "pobres
estructurales" e "indigentes" son el producto histórico más representativo, el
emergente social de un sistema económico que no produce con fines sociales
sino con fines de rentabilidad individual conseguida con la explotación del
trabajo social.
Como el sistema capitalista solo
produce para quien pueda pagar por los bienes y servicios, esta masa expulsada del circuito del consumo (por la dinámica concentradora de
riqueza en pocas manos) le "sobra" al sistema, y solo una cantidad
reducida (la masa integrada que va quedando detrás de las expulsiones periódicas) le produce
ganancia a las grandes
empresas y bancos transnacionales que controlan todos los eslabones del
mercado y la producción mundial.
Y aquí tocamos un punto crucial: Es
debido a esta segmentación del mercado y de la producción mundial
(orientado solo a producir para los que pagan) que el capitalismo, aquejado de
recesión por achicamiento de ventas y acumulación de ofertas (sobreproducción)
ingresa periódicamente a nuevas crisis con expulsión masiva de empleados y
trabajadores que pasan a formar parte de los sectores expulsados del circuito
del consumo.
En resumen, la lógica de la rentabilidad y
concentración de riqueza en pocas manos (que rige las leyes y la
dinámica histórico funcional del sistema capitalista) esta fuera de toda lógica social de reparto de
los bienes y servicios producidos por el trabajo humano colectivo.
Sus distintos
procesos históricos solo generaron (a nivel de emergente social)
pobres y marginados excluidos del mercado del consumo que reflejan las
estadísticas confeccionadas por las propias instituciones capitalistas que
presentan la pobreza y el hambre, no como producto de un sistema de explotación
humana, sino como producto de "errores" de los gobiernos y funcionarios.
Se estima que en
el actual proceso de crisis financiera recesiva, que tuvo su epicentro en EEUU y
Europa y que ya se extiende por las potencias centrales y el mundo periférico,
unas 1000 millones de personas van a ser expulsadas del circuito del
consumo por la desocupación masiva desatará sobre los trabajadores y
sus grupos familiares el cierre de fábricas y empresas.
La amenaza de
desocupación masiva es el núcleo esencial, el detonante central de los
conflictos sociales que hoy ya comienzan a extenderse por Europa y que se
van a proyectar a corto plazo (por vía de los bancos y empresas transnacionales
que despiden masa laboral a escala global) a toda la periferia de Asia,
África y América Latina.
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Revuelta en Haití,
a raiz de la suba de los alimentos, en 2008. |
Y nada indica
que en los "planes de reestructuración del sistema" a escala global
que planean los
grupos capitalistas "ganadores" de esta crisis (principalmente agrupados el G-8
y el G-20) estén contemplados proyectos de inclusión social y económica de los
que van a quedar fuera del circuito del mercado de consumo luego de la crisis.
En los
encuentros y las "cumbres" realizadas hasta ahora por el "sistema" para
debatir alternativas a la crisis, tanto en el foro de Davos, como en el G-8
(los países más ricos), el G-20 (los ricos más los "emergentes") y en el ámbito
de la Unión Europea, sólo se habló de la "remodelación" del FMI y del
sistema financiero, y nada se habló de una reestructuración del sistema
productivo y de reparto para posibilitar una inclusión social masiva en el
mercado de consumo, sobre todo de las mayorías expulsadas y sin capacidad de
supervivencia.
En ese
escenario, los proyectos para "después de la crisis", solamente incluyen
fórmulas para perfeccionar y "racionalizar" las herramientas de control de la
producción y concentración del capital (sistemas bancarios, reglas de producción intercapitalista, etc), pero nadie (por razones obvias) habla de
sustituir el sistema basado en la propiedad privada, la economía sin
planificación social y la competencia intercapitalista en un mercado diseñado
exclusivamente para producir rentabilidad a los grupos controladores.
Paradojalmente,
esta decisión del capitalismo de "no innovar" en su dinámica histórica de
concentración de riqueza en pocas manos, es la garantía más sólida del
Apocalipsis social que ya se proyecta como una amenaza a la "gobernabilidad" del
sistema en los cuatro puntos cardinales del planeta.
Sin que sus
funcionarios y analistas tomen nota, con la total complicidad de los gobiernos
dependientes que solo hablan de "crisis económica", el Imperio capitalista se
enfrenta a una nueva "invasión de los bárbaros" (esta vez representada en
los hambrientos y desocupados) que va a convertir por largo rato a sus
metrópolis en pasto ardiente de los conflictos sociales.
Se trata de un
Apocalipsis social a corto plazo que las mentes atosigadas de
"rentabilidad capitalista" todavía no imaginan ni computan.
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(*) Manuel Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y
comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados
en la Web.
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