Informe especial
IAR
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Ya les agarró el síndrome de la ratonera: Los soldados israelíes comienzan a ser muertos o heridos en la callejuelas y recovecos de Gaza, y
los jerarcas del mando superior temen
quedar "pegados" con otro Waterloo judío parecido al de Líbano.
Lo destaca la propia prensa israelí: Barak y el lobby de la Defensa así como los
principales jefes militares hablan de "hasta aquí llegamos".
Livni, la halcona rubia del gabinete presidencial, piensa en las elecciones de
febrero. Netanyahu y los ultrahalcones del Likud hacen mutis por el foro,
también a la espera de ganar las elecciones en febrero.
El único que todavía resiste es Olmert, un primer ministro renunciante que no
tiene nada que perder salvo la libertad por los procesos por corrupción que
enfrenta. Tácticamente, las tropas y los blindados judíos ya están empantanados
en Gaza y sus periferias.
Los costos ya superan ampliamente a los avances: Se cosechan más cadáveres que
resultados.
El resto de los búnkeres dirigentes de la madre patria del sionismo mundial
coinciden: Matar ya no es negocio, ahora hay que vender la imagen de "Hamás
destruido" y negociar el "repliegue victorioso".
Crear mística popular con la propaganda gubernamental anunciando que "todas las
metas fueron cumplidas" y esperar el turno de Obama, que antes de asumir ya juró
en el AIPAC y rezó en el Muro de los Lamentos.
De nuevo están en la ratonera: Con sus F16, sus misiles inteligentes, sus tanques
y baterías de última generación, sus helicópteros Apache, sus bombas de racimo y
su fósforo blanco para despellejar pieles palestinas.
No fueron parados ni condenados por nadie: Ni por las potencias, ni por los
gobiernos (salvo Cuba, Venezuela y Bolivia), ni por la "opinión pública mundial", se cansaron de matar en soledad.
Se cansaron de mutilar y desangrar impunemente cuerpos de niños, de
mujeres y de hombres palestinos en el medio de una ciudad fantasma.
Se cansaron de apretar el gatillo, se agotaron de tanto derramar sangre humana
indefensa en medio de la nada. Gaza, ya es el símbolo más patético del absurdo y
sin sentido de un imperio sionista criminal y demente que ya no tiene enemigos
estratégicos, salvo su propio destino.
Después de Gaza, ya no existe la ciencia ficción. El aparato militar y la
tecnología imperial pueden convertir en puré cualquier cosa que se le ponga al
paso, incluido cuerpos vivos de seres humanos.
No hay límites: Ni la vida ni la justicia ya tienen quien los defienda. La
lógica y el sentido común fueron devorados por el individualismo y la
indiferencia mundial nivelados planetariamente como "ideología única".
Después de Gaza ¿Quién puede mirar a un niño a los ojos y hablar de futuro?
¿Quién puede responder a la pregunta de ¿Que hiciste durante la masacre papá?
En el cementerio abierto de Gaza, están, todavía calientes, los cuerpecitos
despedazados y mutilados de centenares de niños palestinos que nunca entendieron
el sentido de la palabra Holocausto.
Son un símbolo, un límite, para los que hablan de moral, de familia, de lucha
social, de valores, y luego se van a dormir con un televisor sionista implantado
en el cerebro.
Retomemos el hilo: Israel ya está en la ratonera. Se metió solo, y ahora sólo
tiene una idea fija: Salir, huir de su propia obra de muerte, sin que parezca
una derrota. Siguen su ruta, hasta el final.