a actual estrategia regional fue diseñada por el Departamento de Defensa
durante el mandato de William Clinton. Su primera fase arrancó en 1999, cuando
el Comando Sur del Pentágono tuvo que desmantelar la base Howard en la zona
del Canal de Panamá y trasladar sus principales funciones e instalaciones a
Florida y Puerto Rico. Ello obligó a cambios profundos en la presencia del
Pentágono en América Latina y el Caribe. El nuevo modelo alternativo fue la
instalación de una red de bases militares denominadas Centros Operativos de
Avanzada (FOL, por sus siglas en inglés), y la selección de Colombia como
plataforma para intentar una vietnamización de América del Sur.
Diseñadas como plataformas portátiles de inteligencia en conexión inmediata
con el Centro Espacial de Guerra en la Base de la Fuerza Aérea Schriever,
Colorado Springs (Estados Unidos), las bases FOL de Manta, sobre el Pacífico
ecuatoriano; Comalapa, en El Salvador; Reina Beatriz (Aruba) y Hato Rey
(Curazao) en el Caribe, han venido funcionando como infraestructura de apoyo
en ruta para las fuerzas expedicionarias del Pentágono encargadas de la guerra
de contrainsurgencia en la región. Washington complementó su nueva estructura
militar con una red de 17 radares de largo alcance, como el que opera en Tres
Esquinas (Caquetá, Colombia), y dos bases de tierra: Guantánamo en Cuba y Soto
Cano o Palmerola, en Honduras, donde opera la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo,
la única del Comando Sur fuera del territorio de Estados Unidos, vinculada con
las unidades secretas de Cerro La Mole y Swan Island, indispensables para el
funcionamiento de la inteligencia militar estadunidense en el área.
Con Clinton se fue diluyendo la diferencia conceptual entre la lucha contra
las drogas y la guerra contrainsurgente. El conflicto interno colombiano fue
alimentado con denominaciones tales como narcoguerrilla y
narcoterrorismo. Luego, la administración de Bush convirtió el prototipo
colombiano, basado en el paramilitarismo y el terrorismo de Estado, en un
producto de exportación. Las bases FOL del Plan Colombia sirvieron de modelo
para la instalación de pequeñas bases en los países vecinos de Afganistán, y
hoy la "democracia de escuadrón de la muerte" de Uribe aterriza en el
México de Calderón, vía la Iniciativa Mérida, financiada por Estados Unidos,
que, entre otros propósitos, busca consolidar un bloque de contención
militarizado ante los procesos de transformación social que se vienen dando en
Nicaragua, Honduras y El Salvador.
Lo anterior ha sido complementado con operaciones encubiertas del Pentágono
y la Agencia Central de Inteligencia, y las llamadas "guerras por
intermediarios" que, basadas en el laboratorio de la ex Federación
Yugoslava, fomentan la sedición y el separatismo en Bolivia, Venezuela y
Ecuador. Las acciones clandestinas incluyen técnicas de penetración como la
captación de "aliados" internos mediando la corrupción, el cohecho o la
afinidad ideológica, que son utilizados luego como agentes provocadores, y
que, como en el caso de las actividades secesionistas en la Media Luna
boliviana, puede incluir acciones de carácter paramilitar y campañas de
propaganda negra e intoxicación (des)informativa, que cuentan con apoyo de
grandes medios bajo control monopólico privado, alimentados por la USAID y
la USIA.
En 2008, el andamiaje militar de Washington fue reforzado con el
relanzamiento de la Cuarta Flota de la armada de guerra, que incursiona
ahora en los océanos Pacífico y Atlántico y en las aguas marrones del
interior de América Latina, en abierta provocación al vacilante Consejo de
Defensa de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), integrada por 12
países del área.
En su fase actual, la estrategia de reversión Obama/Clinton recurrió al
golpe de Estado en Honduras, ante la intención de Manuel Zelaya de convertir
la base militar de Soto Cano en un aeropuerto comercial. El presidente
depuesto pretendía seguir los pasos de su homólogo de Ecuador, Rafael
Correa, quien no renovó el contrato para la permanencia de Estados Unidos en
Manta. Sumada a Manta, la eventual pérdida de Soto Cano debilitaba la red de
bases FOL del Pentágono. De allí la asonada. No obstante, Washington
adelantaba negociaciones secretas con Álvaro Uribe para convertir a Colombia
en su gran enclave militar en el corazón de América del Sur, con la mira
puesta en los hidrocarburos de Venezuela, Ecuador y Bolivia, y los recursos
de la Amazonia.
En el contexto de la doctrina de Guerra Irregular, el Comando Sur
sustituirá las funciones de Manta con la base de Palanquero, que será
apoyada por otros dos bastiones de la fuerza aérea colombiana en Apiay y
Malambo, y las bases navales de Bahía de Málaga y Cartagena. Un nuevo
contrato permitirá que soldados, aviones y buques de guerra de Estados
Unidos participen "legalmente" en operaciones contra las guerrillas de
las FARC y el ELN. A su vez, Venezuela quedará encerrada en un triángulo de
hierro entre Colombia, la Cuarta Flota, Aruba, Curazao y Soto Cano. Y en
breve, el papel de México, incorporado de facto a la guerra
contrainsurgente regional de Estados Unidos, podría cobrar mayor
visibilidad.