(IAR
Noticias)
10-Agosto-09
|
 |
|
|
El lider de la Revolución cubana, Fidel Castro, afirmó que los gobernantes de
los países de UNASUR, MERCOSUR, Grupo de Río y otros, no pueden dejar de
analizar la justísima pregunta venezolana de qué sentido tienen las bases
militares y navales que Estados Unidos quiere establecer alrededor de Venezuela
y en el corazón de Suramérica.
En un articulo intitulado "Siete puñales en el corazón de América", divulgado
ayer por la publicación digital Cubadebate, Fidel Castro expresa que "no se arma
Venezuela contra el pueblo hermano de Colombia, se arma contra el imperio, que
intentó derrocarlo ya y hoy pretende instalar en las proximidades de la frontera
venezolana sus armas sofisticadas".
"Sería un error grave pensar que la amenaza es solo contra Venezuela; va
dirigida a todos los países del Sur del continente. Ninguno podrá eludir el tema
y así lo han declarado varios de ellos", advierte.
Por Fidel Castro - Prensa Latina/Cubadebate
L eo y releo datos y artículos elaborados por personalidades inteligentes,
conocidas o poco conocidas, que escriben en diversos medios y toman la
información de fuentes no cuestionadas por nadie.
Los pueblos que habitan el planeta, en todas partes, corren riesgos económicos,
ambientales y bélicos, derivados de la política de Estados Unidos, pero en
ninguna otra región de la tierra se ven amenazados por tan graves problemas como
sus vecinos, los pueblos ubicados en este continente al Sur de ese país
hegemónico.
La presencia de tan poderoso imperio, que en todos los continentes y océanos
dispone de bases militares, portaaviones y submarinos nucleares, buques de
guerra modernos y aviones de combate sofisticados, portadores de todo tipo de
armas, cientos de miles de soldados, cuyo gobierno reclama para ellos impunidad
absoluta, constituye el más importante dolor de cabeza de cualquier gobierno,
sea de izquierda, centro o derecha, aliado o no de Estados Unidos.
El problema, para los que somos vecinos suyos, no es que allí se hable otro
idioma y sea una nación diferente. Hay norteamericanos de todos los colores y
todos los orígenes. Son personas iguales que nosotros y capaces de cualquier
sentimiento en un sentido u otro. Lo dramático es el sistema que allí se ha
desarrollado e impuesto a todos. Tal sistema no es nuevo en cuanto al uso de la
fuerza y los métodos de dominio que han prevalecido a lo largo de la historia.
Lo nuevo es la época que vivimos. Abordar el asunto desde puntos de vista
tradicionales es un error y no ayuda a nadie. Leer y conocer lo que piensan los
defensores del sistema ilustra mucho, porque significa estar conscientes de la
naturaleza de un sistema que se apoya en la constante apelación al egoísmo y los
instintos más primarios de las personas.
De no existir la convicción del valor de la conciencia, y su capacidad de
prevalecer sobre los instintos, no se podría expresar siquiera la esperanza de
cambio en cualquier período de la brevísima historia del hombre. Tampoco podrían
comprenderse los terribles obstáculos que se levantan para los diferentes
líderes políticos en las naciones latinoamericanas o iberoamericanas del
hemisferio. En último término, los pueblos que vivían en esta área del planeta
desde hace decenas de miles de años, hasta el famoso descubrimiento de América,
no tenían nada de latinos, de ibéricos o de europeos; sus rasgos eran más
parecidos a los asiáticos, de donde procedieron sus antepasados. Hoy los vemos
en los rostros de los indios de México, Centroamérica, Venezuela, Colombia,
Ecuador, Brasil, Perú, Bolivia, Paraguay y Chile, un país donde los araucanos
escribieron páginas imborrables. En determinadas zonas de Canadá y en Alaska
conservan sus raíces indígenas con toda la pureza posible. Pero en el territorio
principal de Estados Unidos, gran parte de los antiguos pobladores fueron
exterminados por los conquistadores blancos.
Como conoce todo el mundo, millones de africanos fueron arrancados de sus
tierras para trabajar como esclavos en este hemisferio. En algunas naciones como
Haití y gran parte de las islas del Caribe, sus descendientes constituyen la
mayoría de la población. En otros países forman amplios sectores. En Estados
Unidos los descendientes de africanos constituyen decenas de millones de
ciudadanos que, como norma, son los más pobres y discriminados.
A lo largo de siglos esa nación reclamó derechos privilegiados sobre nuestro
continente. En los años de Martí trató de imponer una moneda única basada en el
oro, un metal cuyo valor ha sido el más constante a lo largo de la historia. El
comercio internacional, por lo general, se basaba en él. Hoy ni siquiera eso.
Desde los años de Nixon, el comercio mundial se instrumentó con el billete de
papel impreso por Estados Unidos: el dólar, una divisa que hoy vale alrededor de
27 veces menos que en los inicios de la década del 70, una de las tantas formas
de dominar y estafar al resto del mundo. Hoy, sin embargo, otras divisas están
sustituyendo al dólar en el comercio internacional y en las reservas de monedas
convertibles.
Si por un lado las divisas del imperio se devalúan, en cambio sus reservas de
fuerzas militares crecen. La ciencia y la tecnología más moderna, monopolizada
por la superpotencia, han sido derivadas en grado considerable hacia el
desarrollo de las armas. Actualmente no se habla solo de miles de proyectiles
nucleares, o del poder destructivo moderno de las armas convencionales; se habla
de aviones sin pilotos, tripulados por autómatas. No se trata de simple
fantasía. Ya están siendo usadas algunas naves aéreas de ese tipo en Afganistán
y otros puntos. Informes recientes señalan que en un futuro relativamente
próximo, en el 2020, mucho antes de que el casquete de la Antártida se derrita,
el imperio, entre sus 2 500 aviones de guerra, proyecta disponer de 1 100
aviones de combate F-35 y F-22, en sus versiones de caza y bombarderos de la
quinta generación. Para tener una idea de ese potencial, baste decir que los que
disponen en la base de Soto Cano, en Honduras, para el entrenamiento de pilotos
de ese país son F-5; los que suministraron a las fuerzas aéreas de Venezuela
antes de Chávez, a Chile y otros países, eran pequeñas escuadrillas de F-16.
Más importante todavía, el imperio proyecta que en el transcurso de 30 años
todos los aviones de combate de Estados Unidos, desde los cazas hasta los
bombarderos pesados y los aviones cisterna, serán tripulados por robots.
Ese poderío militar no es una necesidad del mundo, es una necesidad del sistema
económico que el imperio le impone al mundo.
Cualquiera puede comprender que si los autómatas pueden sustituir a los pilotos
de combate, también pueden sustituir a los obreros en muchas fábricas. Los
acuerdos de libre comercio que el imperio trata de imponer a los países de este
hemisferio implican que sus trabajadores tendrán que competir con la tecnología
avanzada y los robots de la industria yanki.
Los robots no hacen huelgas, son obedientes y disciplinados. Hemos visto por la
televisión máquinas que recogen las manzanas y otras frutas. La pregunta cabe
hacerla también a los trabajadores norteamericanos ¿Dónde estarán los puestos de
trabajo? ¿Cuál es el futuro que el capitalismo sin fronteras, en su fase
avanzada del desarrollo, asigna a los ciudadanos?
A la luz de esta y otras realidades, los gobernantes de los países de UNASUR,
MERCOSUR, Grupo de Río y otros, no pueden dejar de analizar la justísima
pregunta venezolana ¿Qué sentido tienen las bases militares y navales que
Estados Unidos quiere establecer alrededor de Venezuela y en el corazón de
Suramérica? Recuerdo que hace varios años, cuando entre Colombia y Venezuela,
dos naciones hermanadas por la geografía y por la historia, las relaciones se
volvieron peligrosamente tensas, Cuba promovió calladamente importantes pasos de
paz entre ambos países. Nunca los cubanos estimularemos la guerra entre países
hermanos. La experiencia histórica, el destino manifiesto proclamado y aplicado
por Estados Unidos, y la endeblez de las acusaciones contra Venezuela de
suministrar armas a las FARC, asociadas a las negociaciones con el propósito de
conceder siete puntos de su territorio para uso aéreo y naval de las Fuerzas
Armadas de Estados Unidos, obligan ineludiblemente a Venezuela a invertir en
armas, recursos que podían emplearse en la economía, los programas sociales y la
cooperación con otros países del área con menos desarrollo y recursos. No se
arma Venezuela contra el pueblo hermano de Colombia, se arma contra el imperio,
que intentó derrocarlo ya y hoy pretende instalar en las proximidades de la
frontera venezolana sus armas sofisticadas.
Sería un error grave pensar que la amenaza es solo contra Venezuela; va dirigida
a todos los países del Sur del continente. Ninguno podrá eludir el tema y así lo
han declarado varios de ellos.
Las generaciones presentes y futuras juzgarán a sus líderes por la conducta que
adopten en este momento. No se trata solo de Estados Unidos, sino de Estados
Unidos y el sistema. ¿Qué ofrece? ¿Qué busca?
Ofrece el ALCA, es decir, la ruina anticipada de todos nuestros países, libre
tránsito de bienes y de capital, pero no libre tránsito de personas.
Experimentan ahora el temor de que la sociedad opulenta y consumista sea
inundada de latinos pobres, indios, negros y mulatos o blancos sin empleo en sus
propios países. Devuelven a todos los que cometen faltas o sobran. Los matan
muchas veces antes de entrar, o los retornan como rebaños cuando no los
necesitan; 12 millones de inmigrantes latinoamericanos o caribeños son ilegales
en Estados Unidos. Una nueva economía ha surgido en nuestros países,
especialmente los más pequeños y pobres: la de las remesas. Cuando hay crisis,
ésta golpea sobre todo a los inmigrantes y a sus familiares. Padres e hijos son
cruelmente separados a veces para siempre. Si el inmigrante está en edad
militar, le otorgan la posibilidad de enrolarse para combatir a miles de
kilómetros de distancia, "en nombre de la libertad y la democracia". Al regreso,
si no mueren, les conceden el derecho a ser ciudadanos de Estados Unidos. Como
están bien entrenados les ofrecen la posibilidad de contratarlos no como
soldados oficiales, pero sí como civiles soldados de las empresas privadas que
prestan servicios en las guerras imperiales de conquista.
Existen otros gravísimos peligros. Constantemente llegan noticias de los
emigrantes mexicanos y de otros países de nuestra área que mueren intentando
cruzar la actual frontera de México y Estados Unidos. La cuota de víctimas cada
año supera con creces la totalidad de los que perdieron la vida en los casi 28
años de existencia del famoso muro de Berlín.
Lo más increíble todavía es que apenas circula por el mundo la noticia de una
guerra que cuesta en este momento miles de vidas por año. Han muerto ya, en el
2009, más mexicanos que los soldados norteamericanos que murieron en la guerra
de Bush contra Irak a lo largo de toda su administración.
La guerra en México ha sido desatada a causa del mayor mercado de drogas que
existe en el mundo: el de Estados Unidos. Pero dentro de su territorio no existe
una guerra entre la policía y las fuerzas armadas de Estados Unidos luchando
contra los narcotraficantes. La guerra ha sido exportada a México y
Centroamérica, pero especialmente al país azteca, más cercano al territorio de
Estados Unidos. Las imágenes que se divulgan por la televisión, de cadáveres
amontonados y las noticias que llegan de personas asesinadas en los propios
salones de cirugía donde intentaban salvarles la vida, son horribles. Ninguna de
esas imágenes procede de territorio norteamericano.
Tal ola de violencia y sangre se extiende en mayor o menor grado por los países
de Suramérica. ¿De dónde proviene el dinero sino del infinito manantial que
emerge del mercado norteamericano? A su vez, el consumo tiende también a
extenderse a los demás países del área, causando más víctimas y más daño directo
o indirecto que el SIDA, el paludismo y otras enfermedades juntas.
Los planes imperiales de dominación van precedidos de enormes sumas asignadas a
las tareas de mentir y desinformar a la opinión pública. Cuentan para ello con
la total complicidad de la oligarquía, la burguesía, la derecha intelectual y
los medios masivos de divulgación.
Son expertos en divulgar los errores y las contradicciones de los políticos.
La suerte de la humanidad no debe quedar en manos de robots convertidos en
personas o de personas convertidas en robots.
En el año 2010, el gobierno de Estados Unidos empleará 2 200 millones de dólares
a través del Departamento de Estado y la USAID para promover su política, 12%
más que los recibidos por el gobierno de Bush el último año de su mandato. De
ellos, casi 450 millones se destinarán a demostrar que la tiranía impuesta al
mundo significa democracia y respeto a los derechos humanos.
Apelan constantemente al instinto y al egoísmo de los seres humanos; desprecian
el valor de la educación y la conciencia. Es evidente la resistencia demostrada
por el pueblo cubano a lo largo de 50 años. Resistir es el arma a la que no
pueden renunciar jamás los pueblos; los puertorriqueños lograron parar las
maniobras militares en Vieques, situándose en el polígono de tiro.
La patria de Bolívar es hoy el país que más les preocupa, por su papel histórico
en las luchas por la independencia de los pueblos de América. Los cubanos que
prestan allí sus servicios como especialistas en la salud, educadores,
profesores de educación física y deportes, informática, técnicos agrícola, y
otra áreas, deben darlo todo en el cumplimiento de sus deberes
internacionalistas, para demostrar que los pueblos pueden resistir y ser
portadores de los principios más sagrados de la sociedad humana. De lo contrario
el imperio destruirá la civilización y la propia especie. |