(IAR
Noticias)
23-Junio-09
 |
|
Los jefes de los mayores
bancos de EEUU visitaron el viernes 27 de marzo al presidente, Barack Obama, para
"agradecerle" su plan de compra de los activos tóxicos. En la foto, el
consejero delegado de Bank of America, Kenneth Lewis hablando con la prensa tras
el encuentro con Obama en Washington. Tras él están el de US Bancorp, Richard
Davis (dcha.), y el de Wells Fargo, John Stumpf (2º por la dcha.). (Foto Reuters) |
Reescribir las reglas de la economía de mercado -beneficiando a quienes han
causado tanto sufrimiento en la vida cotidiana global y tantos desempleados- es
peor que costoso financieramente. En realidad, es obscenamente injusto.
Por Joseph Stiglitz (*) - Project Syndicate/Clarín
Aprovechando todas las referencias a los "brotes verdes" de la recuperación
económica, los bancos estadounidense están intentando repeler las iniciativas
emprendidas para regularlos. Si bien los políticos hablan de su compromiso con
la reforma normativa para prevenir una recurrencia de la crisis, esta es un área
donde lo importante realmente está en los detalles, y los bancos harán uso de
toda la fuerza que les resta para asegurarse tener un amplio margen de maniobra
para seguir actuando como en el pasado.
El viejo sistema funcionaba bien para los bancos (no para sus accionistas), así
que ¿por qué tendrían que apoyar el cambio? De hecho, las iniciativas por
rescatarlos dedicaron tan poco esfuerzo a pensar en cómo ha de ser el tipo de
sistema financiero poscrisis que queremos, que terminaremos teniendo un sistema
bancario menos competitivo, en que los grandes bancos que eran demasiado grandes
como para caer se volverán todavía más grandes.
Por largo tiempo se ha reconocido que los bancos estadounidenses que eran
demasiado grandes como para caer también eran demasiado grandes como para poder
ser administrados, y esa es una de las razones de que el desempeño de varios de
ellos haya sido tan deslucido. Cuando fracasan, el gobierno diseña una
reestructuración financiera y proporciona seguros para los depósitos, ganando
voz y voto en su futuro. Las autoridades saben que, si esperan demasiado, es
probable que los bancos zombies o casi zombies -con poco o ningún valor neto,
pero a los que se trata como si fueran instituciones viables- apostarán a la
resurrección. Si hacen grandes apuestas y ganan, se irán con las ganancias; si
pierden, el gobierno tendrá que hacerse cargo.
La administración Obama ha introducido un nuevo concepto: "demasiado grande como
para ser reestructurado financieramente", bajo el argumento de que sería un
desastre si intentáramos aplicar las reglas habituales a estos grandes bancos.
Los mercados entrarían en pánico. Así es que no sólo no podemos tocar a los
tenedores de bonos, sino que ni siquiera podemos afectar a los accionistas,
incluso si el valor actual de la mayoría de las acciones no hace más que
reflejar una apuesta sobre un rescate del gobierno.
Creo que este juicio es erróneo. Pienso que la administración Obama ha sucumbido
a la presión política y al amedrentamiento de los grandes bancos. Como
resultado, la administración ha confundido rescatar a los banqueros y sus
accionistas con rescatar los bancos.
La reestructuración da a los bancos la oportunidad de comenzar de nuevo: los
nuevos potenciales inversionistas (ya sea tenedores de capital patrimonial o de
instrumentos de deuda) tendrán más confianza, otros bancos estarán más
dispuestos a prestarles y ellos estarán más dispuestos a prestar a otros. Los
tenedores de bonos se beneficiarán de una reestructuración ordenada, y si el
valor de los activos es realmente mayor a lo que cree el mercado, terminarán por
cosechar las ganancias.
No obstante, lo que está claro es que los costos actuales y futuros de la
estrategia de Obama son muy altos, y que hasta ahora no han logrado su limitado
objetivo de hacer que los bancos vuelvan a prestar. El contribuyente ha tenido
que aportar miles de millones y ha dado miles de millones más en garantías, y lo
más probable es que el momento de pagar la factura llegue en el futuro.
Reescribir las reglas de la economía de mercado -de un modo que ha beneficiado a
quienes han causado tanto sufrimiento a toda la economía global- es peor que
financieramente costoso. La mayoría de los estadounidenses lo ven como algo
obscenamente injusto, en especial después de ver cómo los bancos desviaban los
fondos destinados a resucitar el otorgamiento de préstamos y los usaban para
pagar bonificaciones y dividendos exagerados. Quebrar el contrato social es algo
que no se debe hacer a la ligera.
Sin embargo, este nuevo sucedáneo del capitalismo, en que las pérdidas se
socializan y las utilidades se privatizan, está condenado al fracaso. Los
incentivos se distorsionan y no hay disciplina de mercado. Los bancos "demasiado
grandes como para ser reestructurados" saben que pueden apostar con impunidad y,
con una Reserva Federal que pone los fondos a su disposición a tipos cercanos a
cero, tienen amplios recursos para hacerlo.
Algunos han llamado a este nuevo régimen "socialismo con características
estadounidenses". No obstante, al socialismo le preocupan las personas comunes y
corrientes, mientras que Estados Unidos ha dado poca ayuda a los millones de
estadounidenses que están perdiendo sus casas. Los trabajadores que pierden sus
empleos reciben sólo 39 semanas de beneficios de desempleo limitados y después
quedan a su suerte. Y, cuando pierden sus empleos, también pierden su seguro de
salud.
******
(*) Premio Nóbel de Economía, docente de la Universidad de Columbia
Copyright Clarín y Project Syndicate, 2009
|