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(IAR
Noticias)
27-Mayo-09
El artículo que reproducimos a continuación es la conclusión de una
conferencia dictada recientemente en Lima por Mario Bunge, el filósofo
latinoamericano más importante e internacionalmente reconocido del siglo XX. El
texto completo, “El socialismo, ayer, hoy y mañana” –que está también en la base
de dos conferencias que el autor pronunciará esta semana en Barcelona y en
Madrid—, será publicado próximamente en la versión en papel de SinPermiso
semestral. El texto fue amablemente enviado por su autor a nuestra redactora en
Buenos Aires María Julia Bertomeu, de cuyo padre, el físico argentino
Ernesto-Jorge Bertomeu (1917-2006), fue Mario Bunge entrañable amigo y compañero
de estudios.
Por Mario Bunge (*) -
Revista Sin Permiso
L a sociedad capitalista, caracterizada por el llamado mercado libre, está en
grave crisis. Aunque los políticos y sus economistas nos prometen que
eventualmente saldremos de ella, no nos dicen cómo ni cuándo. No pueden hacerlo
porque carecen de teorías económicas y políticas correctas: sólo disponen de
modelos matemáticos irrealistas y de consignas ideológicas apolilladas. Esto
vale no sólo para los dirigentes neoliberales sino también para los socialistas,
tanto los moderados como los autoritarios. Los neoliberales no nos explican la
alquimia que transformaría la libertad de empresa y de comercio en prosperidad;
y los pocos marxistas que quedan se regocijan con la crisis que profetizaron
tantas veces, pero no proponen ideas nuevas y realistas para reconstruir la
sociedad sobre bases más justas y sostenibles.
Yo creo que hay motivos prácticos y morales para preferir el socialismo
auténtico al capitalismo, y que la construcción del socialismo no requiere la
restricción de la democracia sino, muy por el contrario, su ampliación, del
terreno político a todos los demás. Esto es lo que llamo democracia integral:
biológica, económica, cultural y política (1) Bunge 1979). Semejante sociedad
sería inclusiva: no habría exclusiones por sexo ni por raza, ni explotación
económica, ni cultura exclusivista, ni opresión política.
Se preguntará, con razón, si ésta no será una utopía más, y mi postura la de
un cantamañanas. Mi respuesta es que la democracia integral podrá tardar varios
siglos en realizarse, pero que su embrión nació hace ya más de un siglo, cuando
se constituyeron las primeras cooperativas de producción y trabajo en Italia,
sobre la base de empresas capitalistas fallidas. Un ejemplo parecido, más
reciente y modesto, es el movimiento argentino de las fábricas recuperadas;
éstas fueron las empresas que, cuando fueron abandonadas por sus dueños por
considerarlas improductivas, fueron ocupadas y reactivadas por sus trabajadores (2). Estos son ejemplos en pequeña escala de socialismo cooperativista.
Si en los EE UU hubiera sindicatos y partidos políticos progresistas, éstos
aprovecharían la ocasión actual y transformarían en cooperativas las grandes
empresas en bancacarrota, tales como General Motors y AIG. Obviamente, semejante
cambio requiere la anuencia de los poderes públicos, ya que involucra el
reconocimiento legal de las empresas “recuperadas” por sus empleados, cosa que
ocurrió en Argentina. Pero lo que ha estado haciendo el gobierno norteamericano
desde fines del 2008 es usar dineros públicos para rescatar esas empresas
privadas fallidas por mala gestión. O sea, ha estado haciendo lo opuesto de
Robin Hood. Garrett Hardin (3) lo llamó “socializar las pérdidas y
privatizar las ganancias”.
En resumen, un programa realista para los partidos socialistas partiría de la
consigna de la Revolución Francesa, agregándole participación y competencia en
la gestión del Estado. El medio para realizar este ideal de la democracia
integral es: Ir construyéndola de a poco y desde abajo con las cenizas del
capitalismo en tren de autocombustión. O sea, multiplicar las cooperativas y
mutualidades, renovar los partidos socialistas con una fuerte dosis de ciencia y
tecnología sociales, fortalecer los sindicatos independientes, fundar centros de
estudios de la realidad social, y multiplicar las bibliotecas y universidades
populares.
En suma, el socialismo tiene porvenir si se propone ir socializando
gradualmente todos los sectores de la sociedad. Su finalidad sería ampliar el
Estado liberal y asistencial para construir un socialismo democrático y
cooperativista. Este pondría en práctica una versión actualizada de la consigna
de la Revolución Francesa de 1789, a saber: Libertad, igualdad, fraternidad,
participación, e idoneidad.
*****
NOTAS: (1) Mario Bunge, Treatise on Basic Philosophy, tomo 4: A World of
Systems. Dordrecht, Boston: D. Reidel, 1979. (2) J. Rebón e I. Saavedra:
Empresas recuperadas: La autogesión de los trabajadores. Buenos Aires, Capital
Intelectual, 2006. (3) Garrett Hardin: Filters Against Folly. Nueva York,
Londres, Penguin Books, 1985.
(*)
Mario Bunge
es el más importante e internacionalmente reconocido filósofo hispanoamericano
del siglo XX. Físico y filósofo de saberes enciclopédicos y permanentemente
comprometido con los valores de la democracia republicana, los derechos humanos
y la justicia social y económica, son memorables sus devastadoras críticas de
las pretensiones pseudocientíficas de la teoría económica neoclásica ortodoxa y
del psicoanálisis.
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