os Deltas son unos psicópatas… Tienes que ser un psicópata acreditado
para unirte a la Fuerza Delta…”, me dijo en Fort Bragg, allá por los años
ochenta, un coronel del ejército estadounidense. Ahora, el Presidente
Obama acaba de ascender al más infame de los psicópatas, el General Stanley McChrystal, a la jefatura del mando militar estadounidense y de la
OTAN en Afganistán. El ascenso de McChrystal para ese papel dirigente ha
venido marcado por el papel fundamental desarrollado en la dirección de
los equipos de operaciones especiales encargados de ejecutar asesinatos
extrajudiciales, torturas sistemáticas, bombardeos de comunidades civiles
y misiones de búsqueda y destrucción. Incardina totalmente la brutalidad y
la afición a la sangre que acompaña la construcción del imperio dirigida
por el ejército. Entre septiembre de 2003 y agosto de 2008, McChrystal
estuvo al Mando de las Operaciones Especiales Conjuntas del Pentágono (JSO,
por sus siglas en inglés) que se sirven de equipos especiales para
perpetrar asesinatos en el exterior.El punto a destacar de los equipos
de “Operaciones Especiales” (SOT, por sus siglas en inglés) es que entre
sus opositores no distinguen entre civiles y militares, entre activistas y
sus simpatizantes y la resistencia armada. Los SOT están especializados en
establecer escuadrones de la muerte y reclutar y entrenar fuerzas
paramilitares para aterrorizar a las comunidades, barrios y movimientos
sociales que se opongan a los regímenes clientelistas de EEUU. El
“contraterrorismo” de los SOT es terrorismo al revés, dedicándose a
perseguir a los grupos sociopolíticos existentes entre los apoderados de
EEUU y la resistencia armada.
Los SOT de McCrystal seleccionaron como objetivos a los dirigentes de
la resistencia nacional y local en Iraq, Afganistán y Pakistán,
atacándoles a través de acciones de comandos y bombardeos aéreos. Durante
los últimos cinco años del período Bush-Cheney-Rumsfeld, los SOT
estuvieron profundamente implicados en las torturas a prisioneros
políticos y sospechosos. McChrystal era especialmente el favorito de
Rumsfeld y Cheney por estar encargado de las fuerzas de “acción directa”
de las “Unidades de Misiones Especiales”. Los operativos de “Acción
Directa” están constituidos por torturadores y escuadrones de la muerte y
el único deber que sienten para con la población local es el de
desencadenar el terror, no el de hacer propaganda. Se comprometen en la
“propaganda a partir de los muertos”, en los asesinatos de dirigentes
locales con objeto de “enseñar” a la población local a obedecer y
someterse a la ocupación. El nombramiento por Obama de McChrystal para el
mando supremo refleja una grave y nueva escalada militar de su guerra de
Afganistán frente a los avances de la resistencia por todo el país.
El deterioro de la posición de EEUU se pone de manifiesto en el
endurecimiento del cerco alrededor de todas las carreteras que entran y
salen de la capital afgana, Kabul, así como en la expansión del control e
influencia talibán a través de la frontera entre Pakistán y Afganistán. La
incapacidad de Obama para reclutar nuevos refuerzos por parte de la OTAN
significa que la única oportunidad con que cuenta la Casa Blanca para
progresar en su avance imperial militarista es aumentar el número de
tropas estadounidenses e incrementar la ratio de muerte entre todos y cada
uno de los supuestos sospechosos civiles en los territorios controlados
por la resistencia armada afgana.
La Casa Blanca y el Pentágono afirman que el nombramiento de McCrystal
se debe a las “complejidades” de la situación sobre el terreno y a la
necesidad de “un cambio en la estrategia”. El término “complejidad” es un
eufemismo para tratar de ocultar el incremento masivo de la oposición a
EEUU, que complica las operaciones tradicionales de “barrido militar y
bombardeos” en alfombra. La nueva estrategia practicada por McChrystal
necesita de “operaciones especiales” a largo plazo y a gran escala para
devastar las redes sociales locales y asesinar a sus dirigentes, que son
quienes proporcionan el sistema de apoyos que necesita la resistencia
armada.
La decisión de Obama de impedir la publicación de decenas de
fotografías que documenta las torturas a los prisioneros llevadas a cabo
por las tropas y los “interrogadores” estadounidenses (especialmente bajo
el mando de las “Fuerzas Especiales”) está directamente relacionada con el
nombramiento de McChrystal, cuyas fuerzas “SOT” están profundamente
implicadas en las extensas prácticas de tortura ejecutadas por todo Iraq.
De igual importancia es que bajo el mando de McChrystal, el DELTA, SEAL y
los Equipos de Operaciones Especiales tendrán un papel mayor en la nueva
“estrategia de contrainsurgencia”. La afirmación de Obama de que la
publicación de esas fotos afectaría adversamente a las “tropas” tiene un
significado especial: La exposición gráfica del modus operandi de
McChrystal durante los últimos cinco últimos años del mandato del
Presidente Bush minaría su eficacia a la hora de ejecutar idénticas
operaciones bajo Obama.
La decisión de Obama de recuperar los “tribunales militares” secretos
de los prisioneros políticos extranjeros que se establecieron en la
prisión del campo de Guantánamo no es una simple repetición de las
políticas de Bush-Cheney, que Obama había condenado y prometido eliminar
durante su campaña presidencial, sino parte de su política más amplia de
militarización y coincide con la aprobación de las mayores operaciones
secretas de vigilancia policial desencadenadas contra ciudadanos
estadounidenses.
Poner a McChrystal a cargo de las extendidas operaciones militares
afgano-pakistaníes significa colocar a un tristemente célebre profesional
del terrorismo militar –de la tortura y asesinato a cuantos se oponen a
las políticas estadounidenses- en el centro de la política exterior de
EEUU. La expansión cuantitativa y cualitativa de Obama de la guerra de
EEUU en el Sur de Asia significan cifras masivas de refugiados escapando
de la destrucción de sus campos, hogares y pueblos; decenas de miles de
muertes de civiles y la erradicación de comunidades enteras. Todo esto es
lo que se va a ver ejecutar a la administración Obama en su intento de
“atrapar el pez (activistas e insurgencia armada) vaciando el lago
(desplazar poblaciones enteras)”.
La restauración por Obama de todas las políticas más nefastas de la Era
Bush y el nombramiento de su más brutal comandante se basan en su total
abrazo de la ideología de construcción del imperio a través del ejército.
Una vez que uno cree (como hace Obama) que el poder y la expansión
estadounidense se basan en la contrainsurgencia y en las conquistas
militares, cualquier otra consideración económica, moral, diplomática e
ideológica estará subordinada al militarismo. Al centrar todos los
recursos en conseguir triunfar en la conquista militar, apenas podrá
prestarse atención a los costes soportados por los pueblos machacados por
la conquista ni a las necesidades de la economía interna y del Tesoro
estadounidenses. Esto ha quedado claro desde el principio: En medio de una
importante recesión/depresión, con millones de estadounidenses perdiendo
sus empleos y hogares, el Presidente Obama aumentó el presupuesto militar
en un 4%, elevándolo por encima de los 800.000 millones de dólares.
El abrazo al militarismo de Obama quedó patente a partir de su decisión
de ampliar la guerra en Afganistán a pesar del rechazo de los países de la
OTAN a comprometerse enviando más tropas. Y resulta obvio ante la
designación del General de las Fuerzas Especiales más duro e infame desde
la era Bush-Cheney para encabezar un mando militar que tiene la misión de
doblegar las zonas fronterizas de Pakistán.
Es lo mismo que George Orwell describía en su Granja de Animales: Los
Cerdos demócratas están ahora embarcados en las mismas brutales políticas
militaristas de sus predecesores, los porquerizos republicanos, sólo que
ahora todo se hace en nombre de los pueblos y de la paz. Orwell podría
parafrasear la política del Presidente Barack Obama diciendo: “Guerras
mayores y más sanguinarias equivalen a justicia y paz”.