ilvia Cattori: ¿Cuáles eran los objetivos de Estados
Unidos en el reciente G20 de Londres? ¿En qué medida fueron alcanzados? ¿Se
logró el apoyo de una mayoría de dirigentes políticos?
Thierry Meyssan: Las dos cumbres de jefes de Estado y de
gobierno del G20, en Washington y posteriormente en Londres, consagraron la
supremacía de la finanza anglosajona y establecieron las premisas de un gobierno
económico mundial bajo el liderazgo anglosajón.
La tercera cumbre será en Nueva York, y se desarrollará al margen de la
Asamblea General de la ONU; lo cual es una forma humillar a esa asamblea y de
confirmar la existencia de un directorio económico de los 20, equivalente del
directorio del Consejo de Seguridad, al margen de las instituciones de la ONU.
Sin embargo, a pesar de los abrazos en público, no hubo ningún acuerdo
político entre los miembros del G20. Las declaraciones finales enumeran
principios generales que no comprometen a nadie y acciones precisas adoptadas
todas al margen de la cumbre y que en ningún caso conciernen a todos los
participantes a la vez [1].
Por lo tanto, es posible que la cumbre de Londres no resulte más que una farsa.
La política financiera y económica de la administración Obama es elaborada
por un complicado sistema de organismos. Y está en total continuidad con la de
la administración Bush [2].
Hay que recordar que los planes Bush-Paulson fueron presentados al candidato
Obama y aprobados por éste último antes de ser sometidos a la aprobación del
Congreso. El secretario del Tesoro, Tim Geithner, sucesor de Henry Paulson, ya
venía trabajando con Paulson desde hacía meses. Geithner empezó su carrera
escribiendo los textos económicos de Henry Kissinger. En pocas palabras, el
cambio no existe más que en la propaganda electoral de Barack Obama.
El presidente del Consejo Económico Nacional de Estados Unidos es Lawrence
Summers, el mismo economista que organizó, en 1999, el desmantelamiento de las
legislaciones implantadas durante la crisis de 1929 para tratar impedir nuevas
crisis. En aquel entonces, su objetivo era favorecer una especulación sin
límites para absorber las riquezas del mundo hacia Wall Street. Y actualmente
sigue persiguiendo ese mismo objetivo a través de los diferentes planes de
salvamento, de estabilización, etc. que se le van ocurriendo.
El Comité de Consejeros Económicos de la Casa Blanca, bajo la dirección de la
historiadora Christina Romer, considera que la guerra contra Irak fue lo que
provocó la crisis financiera. No reportó gran cosa a los anglosajones, pero los
endeudó muchísimo. Según la señora Romer, una especialista en la crisis de 1929,
la guerra, por consiguiente, no constituye una solución para la crisis, sino una
de sus causas. Contradiciendo los análisis clásicos de sus colegas historiadores
de la economía, la señora Romer afirma que no fue la Segunda Guerra Mundial lo
que permitió que Estados Unidos saliera de la crisis de 1929, ni tampoco el New
Deal de Roosevelt, sino la afluencia de capitales europeos que se produjo a
partir de 1936 y del "aumento de los peligros". Por lo tanto, sería conveniente
provocar un fenómeno idéntico en este momento.
Por su parte, el Comité de la Casa Blanca para la Recuperación Económica,
bajo la presidencia de Paul Volcker y articulado con las autoridades británicas,
se preocupa por aprovechar la crisis para reestructurar las transnacionales y
permitirles comprar por unas migajas la mayor cantidad posible de empresas. Los
franceses ya han podido comprobar el amargo sabor de sus recomendaciones con el
cierre de la fábrica Caterpillar de Grenoble. El gran jefe de esa transnacional
es miembro de ese Comité de la Casa Blanca [3].
Inicialmente, el Consejo de Summers estaría coordinando la aplicación de esas
estrategias. Pero todo recayó, en definitiva, en el Consejo de Seguridad
Nacional que dirige el general James Jones y donde el inevitable Henry Kissinger
y su ex socio Brent Scowcroft supervisan las decisiones día a día. A la opinión
pública la mantienen distraída hablando de la diferencia de color de la piel
entre Bush y Obama mientras que los mismos individuos siguiendo ejerciendo el
poder, y ejerciéndolo de la misma manera.
Concretamente, durante los últimos meses, los anglosajones orientaron la
política de sus "clientes" (en el sentido imperial romano del término, o sea de
sus protegidos) para que saquen a flote el sistema bancario internacional. Los
Estados, y por lo tanto los pueblos, han tenido que pagar las pérdidas de los
banqueros anglosajones. En ciertos casos, los Estados han nacionalizado bancos
–parcial o totalmente– creando así el equivalente de los fondos soberanos de los
Estados petroleros. El sistema especulativo, que provocó la crisis, ha sido por
consiguiente avalado y los Estados se han convertido en sus actores directos.
Para salvaguardar el nivel de vida de los anglosajones se adoptaron tres
decisiones:
En
primer lugar, se reforzaron los medios del FMI y del Banco Mundial para exprimir
al Tercer Mundo. Los países pobres son los primeros que tendrán que contribuir a
mantener los ricos a flote, si sus pueblos no son diezmados antes por la próxima
crisis de los alimentos.
En segundo lugar, se abrió la cacería de capitales para lograr que los fondos
depositados en los países que no pertenecen al G20 emigren hacia Estados Unidos,
el Reino Unido y sus paraísos fiscales [4]. Para lograrlo, los anglosajones y su
"bobo útil", Nicolas Sarkozy, proclamaron
"el fin del secreto bancario", o sea el fin de la protección de la vida privada.
Está claro que todos los fraudes y abusos podrán continuar como antes, con la
condición de que se cometan a través de los bancos anglosajones, en las Bahamas
o en las islas anglo-normandas. Los suizos serán sin dudas las primeras víctimas
de esta extorsión a gran escala.
Finalmente,
si no bastara con lo anterior, los anglosajones tienen previsto desestabilizar a
algunos países ricos para forzar la emigración de los capitales que allí se
encuentran. Ya se hizo un experimento a escala natural en Grecia. La CIA y el
MI6 enviaron por autobús a toda una serie de delincuentes reclutados en Kosovo y
Albania para provocar desórdenes en los principales barrios de diferentes
ciudades griegas. Inmediatamente se produjo una fuga de capitales.
Esto no es una política exclusivamente estadounidense sino más bien una
política anglosajona tendiente a salvar Wall Street y la City simultáneamente.
Los principales responsables económicos de la administración Bush (Geithner,
Volcker, etc.) son miembros de la muy discreta Pilgrim’s Society, cuya asamblea
anual en Londres se desarrolla bajo la presidencia de la reina Isabel II de
Inglaterra mientras que el vicepresidente de la sección estadounidense es Henry
Kissinger.
Silvia Cattori: ¿Piensa usted que el desarrollo de la
crisis económica provocará un declive rápido y duradero de la posición de
Estados Unidos en el mundo?
Thierry Meyssan: Yo no soy economista sino analista
político. Pero eso no me impide responder a esa pregunta ya que la política
económica de Estados Unidos se encuentra hoy en manos de políticos y militares,
no en manos de economistas.
Washington ha escogido la fuga hacia delante. Henry Kissinger ha afirmado que
la crisis era una ocasión inesperada de terminar de imponer la globalización
explotando el debilitamiento de todos los que se oponían a ese proceso. Esa
forma de pensar es, a mi entender, un síntoma del hybris, o delirio de poder.
Ese tipo de razonamiento ya ha llevado a más de imperio hacia su propia
destrucción. Washington quiere salir de la crisis rediseñando el mundo a su
propia conveniencia, pero sin cambiarse a sí mismo. Eso puede llevar a una
ruptura brutal.
La lógica de los imperios exige que todo comience por la rebelión de los
vasallos y el despertar de fuerzas centrífugas. Eso podría ser un desgajamiento
en el seno de la OTAN o de la Unión Europea, seguido de disturbios internos en
Estados Unidos y de procesos de secesión. No es una predicción sino una
deducción elaborada mediante la aplicación de los modelos históricos a la
situación actual. Yo me limito a describir el sentido natural de la caída,
aunque hay que tener en cuenta que los hombres siempre pueden escribir su propia
historia. Pero esta deducción tiene muchas probabilidades de hacerse realidad si
se tiene en cuenta que los dirigentes estadounidenses siguen moviéndose en el
mismo sentido y se niegan obstinadamente a interrogarse sobre su propio sistema.
Mi amigo el profesor Igor Panarin [5],
un estudioso de los movimientos separatistas surgidos en Estados Unidos durante
la última década, estima que estos han alcanzado una fase de maduración. El
profesor Panarin prevé la primera secesión para el año 2010 y la dislocación de
Estados Unidos al cabo de 5 años para dar paso al nacimiento de nuevos Estados.
Su reflexión se basa a la vez en el modelo de dislocación de la URSS, en
factores étnicos específicos de Estados Unidos y en conflictos históricos
internos existentes en el seno de las sociedades anglosajonas.
Los regímenes títeres que Washington ha ido implantando en numerosos países
no sobrevivirían al derrumbe de Estados Unidos. Asistiríamos entonces a una
profunda transformación del paisaje político mundial, como sucedió con la
desaparición de la URSS.
Lo que estoy diciendo puede parecer surrealista, pero a principios de 1989
nadie preveía que el Pacto de Varsovia y la URSS iban a desaparecer a finales de
1991.
Silvia Cattori: ¿En qué medida esa evolución tendría
repercusiones a corto y mediano plazo en el poderío militar de Estados Unidos y
con qué consecuencias?
Thierry Meyssan: Por el momento, Estados Unidos sigue ahí.
En la selva, un animal se hace más peligroso cuando está herido. Ignoramos si
los dirigentes estadounidenses son capaces de mantener la sangre fría que
mostraron Mijaíl Gorbatchov y su equipo ante la muerte de su propia patria.
Por ser hijo de una socióloga que trabajó en programas de contrainsurgencia
de la CIA en Indonesia, por haber sido recibido formación de Zbignew Brzezinski
en la universidad de Columbia y probablemente en el seno de la Comisión
Trilateral, Barack Obama ha puesto su talento al servicio de la National
Endowment for Democraty (NED), organismo creado por los neoconservadores para
concretar las acciones de desestabilización externa de la CIA [6].
Es por eso que su bagaje personal lo llevará espontáneamente a privilegiar la
acción secreta. Y todo hace pensar que Washington está preparando varias de
ellas, sobre todo en América Latina.
Por lo pronto, vemos que mientras la
prensa occidental se regodea en la selección del "firts dogs" [La mascota de la Casa Blanca. NdT.] y otras
anécdotas para distraer al público, Estados Unidos se dedica a nuevas
agresiones. Por ejemplo, grupos kosovares formados por la CIA han cometido actos
de vandalismo en ciudades griegas. Otro ejemplo, los servicios secretos rumanos,
bajo las órdenes de la CIA, acaban de realizar un intento de toma del poder en
Moldavia, y nadie reacciona, aunque Rumania, la potencia subcontratada para
cometer esa agresión, es miembro de la Unión Europea.
En todo caso, la mayoría de los analistas piensa que George W. Bush nunca
ejerció realmente el poder, sino que lo hacían otros que estaban detrás de él.
No veo por qué el cambio de presidente habría cambiado esa realidad. En Estados
Unidos el poder pertenece, en primer lugar, a los militares. Ellos tienen que
hacer frente a la crisis financiera, les falta cerca del 25% de los recursos
necesarios para concretar el presupuesto 2009 del Departamento de Defensa. Eso
quiere decir no sólo tienen que renunciar a la adquisición de nuevo equipamiento
sino que tampoco pueden renovar el anterior y, además, van a tener que reducir
muchísimo los acostumbrados presupuestos.
Al principio, Robert Gates y sus mentores, Brent Sowcroft y Henry Kissinger,
decidieron no renovar los contratos de los mercenarios en Irak y detener los
astronómicos programas de armamento. Después, se vieron obligados a suspender el
supuesto "escudo antimisiles" y el mantenimiento de la "fuerzas nuclear de
disuasión". Todo eso fue presentado como un gesto de buena voluntad hacia Rusia
y como una iniciativa unilateral a favor de un mundo sin armas atómicas. Pero no
será suficiente si se mantiene la crisis financiera.
En el plano estratégico, es un momento de retirada. El Pentágono busca la
manera de salir de Irak con la frente alta y trata de poner en manos de sus
aliados el despliegue militar en Afganistán y Pakistán. De hecho, ese Estado de
173 millones de habitantes ya explotó y va a ser imposible no intervenir allí
porque habrá que supervisar en manos de quién va a caer la bomba pakistaní.
Silvia Cattori: ¿Cómo evolucionarán las relaciones de los
países occidentales con Irán y la pugna que han emprendido fuerzas militaristas,
específicamente Israel y el ferviente apoyo de Francia, sobre la "amenaza
nuclear" iraní?
Thierry Meyssan: El proyecto de ataque contra Irán
correspondía únicamente a la agenda de los partidarios del rediseño del Gran
Medio Oriente, o sea el lobby petrolero y el movimiento sionista. Los
neoconservadores inventaron el mito del programa militar iraní y este fue
repetido por una prensa incauta, que ya había repetido anteriormente el mito de
las armas de destrucción masiva de Sadam Husein.
Estuvimos al borde del bombardeo atómico contra Irán, pero esa opción fue
desechada por los llamados "generales rebeldes" en diciembre del año 2007 [7].
En 2008, Obama se puso al servicio de éstos últimos, como anunció públicamente
el general Colin Powell, y ellos lo ayudaron a instalarse en la Casa Blanca. Así
que no hay razones para pensar en un regreso a la opción de atacar Irán.
Las conversaciones entre Washington y Teherán se desarrollan de forma
simultánea a través de varios canales y están muy adelantadas. El Pentágono
necesita el apoyo de los iraníes en Irak y en Afganistán. Además, Washington
tiene que tratar de seducir a Teherán para apartarlo de Moscú y prevenir así que
la influencia rusa se extienda por el Medio Oriente. Da lástima oír como Nicolas
Sarkozy y a Bernard Kouchner siguen fustigando a Irán cuando sus amos
estadounidenses ni siquiera necesitan ya que ellos sigan ladrando en ese
sentido.
También resulta grotesco oír como los dirigentes israelíes siguen amenazando
a Irán sin disponer de lo necesario para concretar sus amenazas. Con el apoyo de
la administración Bush por debajo de la mesa, Tel Aviv tenía previsto bombardear
Irán durante los Juegos Olímpicos.
Israel había alquilado dos bases aéreas en Georgia y había estacionado allí
sus bombarderos. Técnicamente, tenía la posibilidad de hacerlos despegar de
Tbilisi para bombardear objetivos en Irán y traerlos de regreso a la Palestina
ocupada, mientras que –debido a la distancia y la autonomía de vuelo de esos
aviones– era imposible realizar esa operación desde la Palestina ocupada. Pero
Rusia, que firmó un acuerdo de defensa con Irán [8],
intervino en cuanto se le presentó la ocasión para destruir las instalaciones
israelíes en Georgia, y Estados Unidos no reaccionó. Más claro aún, en respuesta
a últimas declaraciones israelíes las autoridades rusas recordaron que todos los
técnicos de la central nuclear [iraní] de Bushehr son rusos. En otras palabras,
bombardear las instalaciones nucleares iraníes equivale a matar ciudadanos rusos
y a entrar en guerra con Rusia.
Silvia Cattori: En ese contexto general, ¿qué papel está
tratando de desempeñar Estados Unidos en el seno de la OTAN y qué obstáculos
pudiera enfrentar para llevar a cabo sus objetivos?
Thierry Meyssan: Para entender lo que está en juego hay que
entender primeramente lo que está pasando desde hace 9 años.
En el 2000, cuando la clase dirigente estadounidense “arregló” las elecciones
e impuso a George W. Bush en la Casa Blanca, el proyecto era instaurar "un nuevo
siglo americano". Esa gente pensaba que Estados Unidos tenía que aprovechar su
ventaja militar para convertirse en un imperio global. Para concretar ese
viraje, habían programado un shock sicológico, "un nuevo Pearl Harbor" –según su
propia expresión. Eso fue el 11 de septiembre. Aquel día, Henry Kissinger
definió la "guerra global contra el terrorismo" [9].
Explicó que el objetivo no sería castigar a los autores de los atentados sino
destruir "el sistema" que obstaculizaba el predominio estadounidense, de la
misma manera que la respuesta al ataque de Pearl Harbor no fue castigar a Japón
sino destruir todo lo que pudiera oponerse al poderío de Estados Unidos. Pero,
durante el año 2003, la administración Bush-Cheney se apartó del mandato que la
clase dirigente estadounidense le había dado. Decidió colonizar Irak e
instrumentó la explotación de ese país por una empresa privada: la Autoridad de
la coalición en Irak, instaurada según el esquema de la Compañía de Indias [10].
El general Brent Scowcroft fue el primer líder estadounidense que se opuso a
ese proyecto [11].
Pero no lo hizo en nombre del derecho internacional, como Dominique de Villepin,
sino porque aquel proyecto digno de tiempos pasados iba a "desviar a Estados
Unidos de la guerra contra el terrorismo".
Scowcroft fue el ideólogo de los generales que se pronunciaron, en 2006, en
contra del proyecto de ataque contra Irak. Ejerció una influencia preponderante
sobre la Comisión Baker-Hamilton a través de su hijo espiritual, Robert Gates, a
quien logró poner a la cabeza del Departamento de Defensa. Es también el propio
Scowcroft quien actualmente sirve de consejero a Obama en lo tocante a todas las
nominaciones vinculadas a la defensa y a la política exterior. Y el general
James Jones, consejero para la seguridad nacional, ha admitido personalmente que
recibía órdenes diariamente, no del presidente Obama sino de los eternos
cómplices Brent Scowcroft y Henry Kissinger.
Luego del paréntesis 2003-2006 de la colonización, estamos ahora de regreso
en el punto de partida que fue el 11 de septiembre. El objetivo asignado a la
administración Obama es la reanudación de la "guerra contra el terrorismo" que
el dúo Bush-Cheney nunca debería haber relegado al segundo plano.
A la OTAN, que Bush y Cheney no lograron movilizar contra Irak, se le pedirá
que contribuya a la guerra contra el terrorismo –y posiblemente también a la
supuesta prevención de genocidios. Afganistán es uno de esos casos. Robert Gates
y, posteriormente, Barack Obama han subrayado que si los europeos no van a Asia
Central tendrán que enfrentar varios 11 de septiembre en sus propios
territorios. Lo mismo sucede en el Océano Índico, donde Estados Unidos está
experimentado con un nuevo pretexto: la piratería. Desarrapados provistos de
información excepcionalmente sensible y de armas de último modelo abordan barcos
de todo tipo, desde yates de veraneo hasta barcos mercantes cargados de armas,
para animar a los aliados.
Recientemente se montó una historia digna de Hollywood, con el valeroso
capitán Philips dispuesto sacrificar su propia vida para salvar a su
tripulación, antes de ser salvado él mismo por los comandos SEAL
estadounidenses. En todo caso, el objetivo sigue siendo el mismo: encontrar una
causa noble que justifique un despliegue militar capaz de destruir todo lo que
se oponga al poderío estadounidense. Los medios estadounidenses de difusión
incluso comparan aquello con la Guerra contra los Bárbaros, en la que Estados
Unidos, el Reino Unido y Holanda se enfrentaron al Imperio Otomano. Fue con esa
perspectiva que la OTAN emprendió a mediados de marzo la operación Allied
Protector frente a las costas del cuerno africano. Se trata de una ampliación de
la operación Active Endeavour (control de Mediterráneo), que comenzó después del
11 de septiembre.
Silvia Cattori: ¿Qué consecuencias tendrá la crisis
económica mundial sobre la política de Estados Unidos en el Medio Oriente? ¿Los
regímenes árabes aliados de Washington van a proseguir su política de
alineamiento a pesar de la aversión que sus pueblos sienten por Estados Unidos?
Thierry Meyssan: En el Medio Oriente, al igual que en otras
partes, Washington no dispone ya de los medios que necesitan para su política y
sus empleados van a tener que pensar en modificar sus planes.
La administración Obama, que piensa poder controlar la crisis financiera, ha
decidido congelar el Medio Oriente durante el tiempo necesario para la
convalecencia de su propia economía. Sus protegidos tienen por lo tanto la
garantía de poder mantenerse a corto plazo. Pero muchos de ellos piensan que
Estados Unidos no podrá reponerse y que van a verse abandonados, de la misma
forma en que la URSS enferma abandonó a los regimenes comunistas de Europa
Oriental. Eso explica la actitud de ciertos actores que quieren negociar
compromisos con el eje Teherán-Damasco-Hezbollah-Hamas mientras haya oportunidad
de hacerlo. Pero se trata, por el momento, de la actitud individual de algunos
oportunistas, no de un vuelco de regímenes.
Silvia Cattori: ¿Cómo repercute todo esto, en su opinión,
sobre la cuestión palestina?
Thierry Meyssan: Para poder llegar a la Casa Blanca, Obama
constituyó una coalición heteróclita que incluye tanto a los generales
nacionalistas que se niegan a emprender guerras para servir los intereses
israelíes como a la facción "realista" del movimiento sionista. Esa coalición
está conciente de que puede explotar por causa de la cuestión israelí y sabe que
cada uno de sus componentes está por lo tanto obligado a hacer concesiones y a
llegar a un acuerdo.
Mantener la colonia judía en Palestina seguirá siendo un objetivo importante
para Estados Unidos, pero los israelíes no pueden esperar una ayuda que vaya más
allá. No pueden tratar de emprender ninguna aventura militar durante este
periodo. Incluso obedecieron a la administración Obama cuando esta les exigió
que interrumpieran las operaciones contra Gaza al principio de la ceremonia de
investidura, a más tardar.
Ahora hay que enfocar las cosas desde otro ángulo: ¿Cómo podrá Washington
seguir protegiendo a la colonia judía en Palestina de producirse revoluciones
populares que derroquen al gobierno egipcio y a la Autoridad Palestina?
Silvia Cattori: ¿Cuál es su apreciación sobre el choque
que se produjo ayer entre Irán y los países de la Unión Europea en la
conferencia Durban II de las Naciones Unidas?
Thierry Meyssan: Uno de los principales objetivos de la
conferencia de Durban era dar una calificación al sionismo. En 1975, la Asamblea
General de la ONU adoptó una resolución que señalaba que "el sionismo es una
forma de racismo y de discriminación racial" [12].
Durante la conferencia por la paz en el Medio Oriente celebrada en Madrid, la
Asamblea General derogó aquella resolución en saludo a la nueva actitud de
Israel [13].
Cuatro años más tarde, el asesinato de Yitzhak Rabin a manos de un fanático
judío ponía fin a toda esperanza de paz. Desde entonces se hizo necesario el
restablecimiento de la resolución de 1975 para combatir ese mal. Eso es lo que
se intentó hacer en Durban I y lo que debería suceder en Durban II.
El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, adoptó una posición previa que
consiste en decir que todos los Estados miembros luchan contra el racismo y que,
por lo tanto, ninguno es racista. Estados Unidos, que recuerda la humillación
que sufrió el secretario de Estado Colin Powell en Durban I, decidió boicotear
la conferencia. Francia designó un embajador especial, el cabildero sionista
Francois Zimeray [14],
para que saboteara la conferencia, además de la secretaria para los Derechos
Humanos, Rama Yade, quien dedicó toda su energía a ese fin. Varios gobiernos se
habían puesto de acuerdo de antemano para abandonar la sala durante el discurso
del presidente iraní, y eso fue lo que hicieron sus embajadores.
Lo que vimos fue un extraordinario espectáculo de intoxicación. Antes de que
el presidente pudiera terminar su primera frase, tres miembros de la Unión de
Estudiantes Judíos de Francia disfrazados de payasos crearon un disturbio en la
sala. El show continuó después, cuando los embajadores de la Unión Europea
abandonaron la sala. Todo fue para que el público occidental no se enterara de
lo que iba a decir la delegación iraní.
¿Y qué dijo el presidente Ahmadinejad? No llamó a borrar Israel del mapa ni
negó el genocidio judío. Nunca lo ha hecho, contrariamente a lo que afirman las
calumnias de la prensa atlantista [15].
No. Lo que hizo fue aportar elementos de reflexión [16].
Según él, la creación del Estado de Israel no fue una reparación por los
crímenes cometidos contra los judíos de Europa durante la Segunda Guerra Mundial
sino la continuación de la ideología racista que caracteriza no sólo al nazismo
sino también al colonialismo. Los judíos de Europa fueron víctimas del racismo,
como hoy lo son los palestinos, los afganos y los iraquíes. No se trata de
asimilar el régimen sionista al régimen hitleriano –dos realidades
fundamentalmente diferentes– sino, de manera mucho más amplia, de abrir el
debate sobre la ideología occidental.
Después de establecer ese punto, Mahmud Ahmadinehad denunció el papel del
Consejo de Seguridad en la inmunidad de los crímenes racistas que se cometen en
Palestina, en Afganistán y en Irak. Y concluyó reclamando la supresión del
derecho de veto de las grandes potencias en el seno del Consejo de Seguridad.
Abogó por [la creación de] instituciones democráticas, en las que cada Estado
disponga de un voto con el mismo valor, inclusive en el FMI y en el Banco
Mundial, cuyo sistema de votación es actualmente de carácter censitario. Para
Ahmadinejad, la ideología racista se expresa en el seno de la ONU mediante el
sistema de jerarquías establecido entre los Estados, en cuya cúpula se
encuentran los 5 miembros del Consejo de Seguridad.
En definitiva, la actitud de los
anglosajones y los europeos, quienes boicotearon la conferencia, crearon un
disturbio durante su discurso y abandonaron la sala, demuestra que ellos
rechazan [la creación de] instituciones democráticas y confirma lo que dijo el
presidente iraní.
En todo caso, la mayoría de los analistas piensa que George W. Bush nunca
ejerció realmente el poder, sino que lo hacían otros que estaban detrás de él.
No veo por qué el cambio de presidente habría cambiado esa realidad. En
Estados Unidos el poder pertenece, en primer lugar, a los militares. Ellos
tienen que hacer frente a la crisis financiera, les falta cerca del 25% de los
recursos necesarios para concretar el presupuesto 2009 del Departamento de
Defensa. Eso quiere decir no sólo tienen que renunciar a la adquisición de
nuevo equipamiento sino que tampoco pueden renovar el anterior y, además, van
a tener que reducir muchísimo los acostumbrados presupuestos.
Al principio, Robert Gates y sus mentores, Brent Sowcroft y Henry Kissinger,
decidieron no renovar los contratos de los mercenarios en Irak y detener los
astronómicos programas de armamento. Después, se vieron obligados a suspender
el supuesto "escudo antimisiles" y el mantenimiento de la "fuerzas nuclear de
disuasión". Todo eso fue presentado como un gesto de buena voluntad hacia
Rusia y como una iniciativa unilateral a favor de un mundo sin armas atómicas.
Pero no será suficiente si se mantiene la crisis financiera.
En el plano estratégico, es un momento de retirada. El Pentágono busca la
manera de salir de Irak con la frente alta y trata de poner en manos de sus
aliados el despliegue militar en Afganistán y Pakistán. De hecho, ese Estado
de 173 millones de habitantes ya explotó y va a ser imposible no intervenir
allí porque habrá que supervisar en manos de quién va a caer la bomba
pakistaní.
Silvia Cattori: ¿Cómo evolucionarán las relaciones de
los países occidentales con Irán y la pugna que han emprendido fuerzas
militaristas, específicamente Israel y el ferviente apoyo de Francia, sobre la
"amenaza nuclear" iraní?
Thierry Meyssan: El proyecto de ataque contra Irán
correspondía únicamente a la agenda de los partidarios del rediseño del Gran
Medio Oriente, o sea el lobby petrolero y el movimiento sionista. Los
neoconservadores inventaron el mito del programa militar iraní y este fue
repetido por una prensa incauta, que ya había repetido anteriormente el mito
de las armas de destrucción masiva de Sadam Husein.
Estuvimos al borde del bombardeo atómico contra Irán, pero esa opción fue
desechada por los llamados "generales rebeldes" en diciembre del año 2007 [7].
En 2008, Obama se puso al servicio de éstos últimos, como anunció públicamente
el general Colin Powell, y ellos lo ayudaron a instalarse en la Casa Blanca.
Así que no hay razones para pensar en un regreso a la opción de atacar Irán.
Las conversaciones entre Washington y Teherán se desarrollan de forma
simultánea a través de varios canales y están muy adelantadas. El Pentágono
necesita el apoyo de los iraníes en Irak y en Afganistán. Además, Washington
tiene que tratar de seducir a Teherán para apartarlo de Moscú y prevenir así
que la influencia rusa se extienda por el Medio Oriente. Da lástima oír como
Nicolas Sarkozy y a Bernard Kouchner siguen fustigando a Irán cuando sus amos
estadounidenses ni siquiera necesitan ya que ellos sigan ladrando en ese
sentido.
También resulta grotesco oír como los dirigentes israelíes siguen
amenazando a Irán sin disponer de lo necesario para concretar sus amenazas.
Con el apoyo de la administración Bush por debajo de la mesa, Tel Aviv tenía
previsto bombardear Irán durante los Juegos Olímpicos.
Israel había alquilado dos bases aéreas en Georgia y había estacionado allí
sus bombarderos. Técnicamente, tenía la posibilidad de hacerlos despegar de
Tbilisi para bombardear objetivos en Irán y traerlos de regreso a la Palestina
ocupada, mientras que –debido a la distancia y la autonomía de vuelo de esos
aviones– era imposible realizar esa operación desde la Palestina ocupada. Pero
Rusia, que firmó un acuerdo de defensa con Irán [8],
intervino en cuanto se le presentó la ocasión para destruir las instalaciones
israelíes en Georgia, y Estados Unidos no reaccionó. Más claro aún, en
respuesta a últimas declaraciones israelíes las autoridades rusas recordaron
que todos los técnicos de la central nuclear [iraní] de Bushehr son rusos. En
otras palabras, bombardear las instalaciones nucleares iraníes equivale a
matar ciudadanos rusos y a entrar en guerra con Rusia.
Silvia Cattori: En ese contexto general, ¿qué papel
está tratando de desempeñar Estados Unidos en el seno de la OTAN y qué
obstáculos pudiera enfrentar para llevar a cabo sus objetivos?
Thierry Meyssan: Para entender lo que está en juego hay
que entender primeramente lo que está pasando desde hace 9 años.
En el 2000, cuando la clase dirigente estadounidense “arregló” las
elecciones e impuso a George W. Bush en la Casa Blanca, el proyecto era
instaurar "un nuevo siglo americano". Esa gente pensaba que Estados Unidos
tenía que aprovechar su ventaja militar para convertirse en un imperio global.
Para concretar ese viraje, habían programado un shock sicológico, "un nuevo Pearl Harbor" –según su propia expresión. Eso fue el 11 de septiembre. Aquel
día, Henry Kissinger definió la "guerra global contra el terrorismo" [9].
Explicó que el objetivo no sería castigar a los autores de los atentados
sino destruir "el sistema" que obstaculizaba el predominio estadounidense, de
la misma manera que la respuesta al ataque de Pearl Harbor no fue castigar a
Japón sino destruir todo lo que pudiera oponerse al poderío de Estados Unidos.
Pero, durante el año 2003, la administración Bush-Cheney se apartó del mandato
que la clase dirigente estadounidense le había dado. Decidió colonizar Irak e
instrumentó la explotación de ese país por una empresa privada: la Autoridad
de la coalición en Irak, instaurada según el esquema de la Compañía de
Indias [10].
El general Brent Scowcroft fue el primer líder estadounidense que se opuso
a ese proyecto [11].
Pero no lo hizo en nombre del derecho internacional, como Dominique de
Villepin, sino porque aquel proyecto digno de tiempos pasados iba a "desviar a
Estados Unidos de la guerra contra el terrorismo".
Scowcroft fue el ideólogo de los generales que se pronunciaron, en 2006, en
contra del proyecto de ataque contra Irak. Ejerció una influencia
preponderante sobre la Comisión Baker-Hamilton a través de su hijo espiritual,
Robert Gates, a quien logró poner a la cabeza del Departamento de Defensa. Es
también el propio Scowcroft quien actualmente sirve de consejero a Obama en lo
tocante a todas las nominaciones vinculadas a la defensa y a la política
exterior. Y el general James Jones, consejero para la seguridad nacional, ha
admitido personalmente que recibía órdenes diariamente, no del presidente
Obama sino de los eternos cómplices Brent Scowcroft y Henry Kissinger.
Luego del paréntesis 2003-2006 de la colonización, estamos ahora de regreso
en el punto de partida que fue el 11 de septiembre. El objetivo asignado a la
administración Obama es la reanudación de la "guerra contra el terrorismo" que
el dúo Bush-Cheney nunca debería haber relegado al segundo plano.
A la OTAN, que Bush y Cheney no lograron movilizar contra Irak, se le
pedirá que contribuya a la guerra contra el terrorismo –y posiblemente también
a la supuesta prevención de genocidios. Afganistán es uno de esos casos.
Robert Gates y, posteriormente, Barack Obama han subrayado que si los europeos
no van a Asia Central tendrán que enfrentar varios 11 de septiembre en sus
propios territorios. Lo mismo sucede en el Océano Índico, donde Estados Unidos
está experimentado con un nuevo pretexto: la piratería. Desarrapados provistos
de información excepcionalmente sensible y de armas de último modelo abordan
barcos de todo tipo, desde yates de veraneo hasta barcos mercantes cargados de
armas, para animar a los aliados.
Recientemente se montó una historia digna de Hollywood, con el valeroso
capitán Philips dispuesto sacrificar su propia vida para salvar a su
tripulación, antes de ser salvado él mismo por los comandos SEAL
estadounidenses. En todo caso, el objetivo sigue siendo el mismo: encontrar
una causa noble que justifique un despliegue militar capaz de destruir todo lo
que se oponga al poderío estadounidense. Los medios estadounidenses de
difusión incluso comparan aquello con la Guerra contra los Bárbaros, en la que
Estados Unidos, el Reino Unido y Holanda se enfrentaron al Imperio Otomano.
Fue con esa perspectiva que la OTAN emprendió a mediados de marzo la operación
Allied Protector frente a las costas del cuerno africano. Se trata de una
ampliación de la operación Active Endeavour (control de Mediterráneo), que
comenzó después del 11 de septiembre.
Silvia Cattori: ¿Qué consecuencias tendrá la crisis
económica mundial sobre la política de Estados Unidos en el Medio Oriente?
¿Los regímenes árabes aliados de Washington van a proseguir su política de
alineamiento a pesar de la aversión que sus pueblos sienten por Estados
Unidos?
Thierry Meyssan: En el Medio Oriente, al igual que en
otras partes, Washington no dispone ya de los medios que necesitan para su
política y sus empleados van a tener que pensar en modificar sus planes.
La administración Obama, que piensa poder controlar la crisis financiera,
ha decidido congelar el Medio Oriente durante el tiempo necesario para la
convalecencia de su propia economía. Sus protegidos tienen por lo tanto la
garantía de poder mantenerse a corto plazo. Pero muchos de ellos piensan que
Estados Unidos no podrá reponerse y que van a verse abandonados, de la misma
forma en que la URSS enferma abandonó a los regimenes comunistas de Europa
Oriental. Eso explica la actitud de ciertos actores que quieren negociar
compromisos con el eje Teherán-Damasco-Hezbollah-Hamas mientras haya
oportunidad de hacerlo. Pero se trata, por el momento, de la actitud
individual de algunos oportunistas, no de un vuelco de regímenes.
Silvia Cattori: ¿Cómo repercute todo esto, en su
opinión, sobre la cuestión palestina?
Thierry Meyssan: Para poder llegar a la Casa Blanca, Obama
constituyó una coalición heteróclita que incluye tanto a los generales
nacionalistas que se niegan a emprender guerras para servir los intereses
israelíes como a la facción "realista" del movimiento sionista. Esa coalición
está conciente de que puede explotar por causa de la cuestión israelí y sabe
que cada uno de sus componentes está por lo tanto obligado a hacer concesiones
y a llegar a un acuerdo.
Mantener la colonia judía en Palestina seguirá siendo un objetivo
importante para Estados Unidos, pero los israelíes no pueden esperar una ayuda
que vaya más allá. No pueden tratar de emprender ninguna aventura militar
durante este periodo. Incluso obedecieron a la administración Obama cuando
esta les exigió que interrumpieran las operaciones contra Gaza al principio de
la ceremonia de investidura, a más tardar.
Ahora hay que enfocar las cosas desde otro ángulo: ¿Cómo podrá Washington
seguir protegiendo a la colonia judía en Palestina de producirse revoluciones
populares que derroquen al gobierno egipcio y a la Autoridad Palestina?
Silvia Cattori: ¿Cuál es su apreciación sobre el choque
que se produjo ayer entre Irán y los países de la Unión Europea en la
conferencia Durban II de las Naciones Unidas?
Thierry Meyssan: Uno de los principales objetivos de la
conferencia de Durban era dar una calificación al sionismo. En 1975, la
Asamblea General de la ONU adoptó una resolución que señalaba que "el sionismo
es una forma de racismo y de discriminación racial" [12].
Durante la conferencia por la paz en el Medio Oriente celebrada en Madrid, la
Asamblea General derogó aquella resolución en saludo a la nueva actitud de
Israel [13].
Cuatro años más tarde, el asesinato de Yitzhak Rabin a manos de un fanático
judío ponía fin a toda esperanza de paz. Desde entonces se hizo necesario el
restablecimiento de la resolución de 1975 para combatir ese mal. Eso es lo que
se intentó hacer en Durban I y lo que debería suceder en Durban II.
El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, adoptó una posición previa
que consiste en decir que todos los Estados miembros luchan contra el racismo
y que, por lo tanto, ninguno es racista. Estados Unidos, que recuerda la
humillación que sufrió el secretario de Estado Colin Powell en Durban I,
decidió boicotear la conferencia. Francia designó un embajador especial, el
cabildero sionista Francois Zimeray [14],
para que saboteara la conferencia, además de la secretaria para los Derechos
Humanos, Rama Yade, quien dedicó toda su energía a ese fin. Varios gobiernos
se habían puesto de acuerdo de antemano para abandonar la sala durante el
discurso del presidente iraní, y eso fue lo que hicieron sus embajadores.
Lo que vimos fue un extraordinario espectáculo de intoxicación. Antes de
que el presidente pudiera terminar su primera frase, tres miembros de la Unión
de Estudiantes Judíos de Francia disfrazados de payasos crearon un disturbio
en la sala. El show continuó después, cuando los embajadores de la Unión
Europea abandonaron la sala. Todo fue para que el público occidental no se
enterara de lo que iba a decir la delegación iraní.
¿Y qué dijo el presidente Ahmadinejad? No llamó a borrar Israel del mapa ni
negó el genocidio judío. Nunca lo ha hecho, contrariamente a lo que afirman
las calumnias de la prensa atlantista [15].
No. Lo que hizo fue aportar elementos de reflexión [16].
Según él, la creación del Estado de Israel no fue una reparación por los
crímenes cometidos contra los judíos de Europa durante la Segunda Guerra
Mundial sino la continuación de la ideología racista que caracteriza no sólo
al nazismo sino también al colonialismo. Los judíos de Europa fueron víctimas
del racismo, como hoy lo son los palestinos, los afganos y los iraquíes. No se
trata de asimilar el régimen sionista al régimen hitleriano –dos realidades
fundamentalmente diferentes– sino, de manera mucho más amplia, de abrir el
debate sobre la ideología occidental.
Después de establecer ese punto, Mahmud Ahmadinehad denunció el papel del
Consejo de Seguridad en la inmunidad de los crímenes racistas que se cometen
en Palestina, en Afganistán y en Irak. Y concluyó reclamando la supresión del
derecho de veto de las grandes potencias en el seno del Consejo de Seguridad.
Abogó por [la creación de] instituciones democráticas, en las que cada Estado
disponga de un voto con el mismo valor, inclusive en el FMI y en el Banco
Mundial, cuyo sistema de votación es actualmente de carácter censitario. Para
Ahmadinejad, la ideología racista se expresa en el seno de la ONU mediante el
sistema de jerarquías establecido entre los Estados, en cuya cúpula se
encuentran los 5 miembros del Consejo de Seguridad.
En definitiva, la actitud de los anglosajones y los europeos, quienes
boicotearon la conferencia, crearon un disturbio durante su discurso y
abandonaron la sala, demuestra que ellos rechazan [la creación de]
instituciones democráticas y confirma lo que dijo el presidente iraní.