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Noticias)
21-Abril-09
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No existe todavía ninguna
teoría que dé cuenta de las relaciones entre las crisis económicas y las
transformaciones geopolíticas del sistema mundial. Pero lo que ya está claro
hace mucho tiempo es que dentro del sistema interestatal capitalista, las crisis
económicas y las guerras no son, necesariamente, un anuncio del “fin” o del
“colapso” de los Estados y de las economías involucradas. Al contrario, las más
de las veces, forman parte de un mecanismo esencial de la acumulación del poder
y de la riqueza de los Estados más fuertes envueltos en el origen y en la
dinámica de estas grandes turbulencias.
Por José Luis Fiori (*) -
Revista Sin Permiso
L a izquierda keynesiana
interpreta de forma más o menos convergente la nueva crisis económica mundial
que comenzó en el mercado inmobiliario norteamericano y de desparramó por las
venas abiertas de la globalización financiera. Siguiendo el argumento clásico de
Hyman Minsky (1) sobre la tendencia endógena de las economías monetarias
a la “inestabilidad financiera”, las burbujas especulativas y los períodos de
desorganización y caos provocados por la expansión desregulada del crédito y del
endeudamiento, momento en el que se hace inevitable la intervención pública y el
rediseño de las instituciones financieras (2), sin que esto amenace la
sobrevivencia del propio capitalismo. Por eso, a pesar de sus divergencias con
respecto a valores, procedimientos y velocidades, todos los keynesianos piensan
en la eficacia, y proponen, en este momento, una intervención masiva del Estado,
para salvar el sistema financiero y reactivar el crédito, la producción y la
demanda efectiva de las principales economías capitalistas del mundo (3).
En el caso de la izquierda marxista, entretanto, no existe una interpretación
de la crisis que goce de consenso, ni existe acuerdo sobre los caminos del
futuro. Algunos siguen una línea próxima a la de la escuela keynesiana y
privilegian la financiarización capitalista como causa de la crisis actual, en
tanto otros siguen la línea clásica de la teoría de la “sobreproducción”, del
“subconsumo” (4), y de “la tendencia a la caída de la tasa de beneficio” (5). Y todavía existe una izquierda postmoderna que interpreta la crisis
actual como resultado combinado de todo esto, y además, de una serie de
determinaciones ecológicas, demográficas, alimentarias y energéticas.(6)
Desde el punto de vista propositivo, algunos marxistas piensan en la eficacia de
una solución “keynesiana radicalizada”, otros encuentran que llegó la hora del
socialismo (7), y muchos consideran que se acabaron el capitalismo y la
modernidad, y sólo cabe luchar por una nueva forma de globalización solidaria,
en donde las relaciones sociales sean desmercantilizadas y el producto social
sea devuelto a sus productores directos (8). En una línea diferente se
ubican los autores neomarxistas que asocian las crisis económicas capitalistas
a lo que ellos llaman ciclos y crisis hegemónicos mundiales, que incluyen –
además de la economía – las relaciones globales de poder.(9) Estas
teorías leen la historia del sistema mundial como una sucesión de ciclos
hegemónicos, una especie de ciclos biológicos de los Estados y de las economías
nacionales, que nacen, crecen, dominan el mundo y después decaen y son
sustituidos por un nuevo Estado y una nueva economía nacional que recorrerá el
mismo ciclo anterior hasta llegar a su propia hora de decadencia. En este
momento, la mayoría de esos autores consideran que la crisis económica actual es
una parte decisiva de la “crisis de hegemonía” de los Estados Unidos, que
deberán ser sustituidos por un nuevo centro de poder y acumulación mundial de
capital, que probablemente está situado en China.
Por nuestra parte, creemos que la
mejor manera comprender el “sistema inter-estatal capitalista” que se formó a
partir de la expansión europea del siglo XVI no es a través de una metáfora
biológica, sino cosmológica, mirando al sistema como si de un “universo en
expansión” continua se tratara. Con un núcleo central, formado por los Estados y
las economías nacionales que luchan por el poder global, que son inseparables,
complementarias y competitivas, y que están en permanente preparación para la
guerra, una guerra futura y eventual, que tal vez nunca ocurra, y que no es
necesario que tenga que ocurrir. (10) Por eso los Estados y las economías
que componen el sistema interestatal capitalista están siempre creando, al mismo
tiempo, orden y desorden, expansión y crisis, paz y guerra. Y las potencias que
una vez ocupan una posición de liderazgo, no desaparecen, ni son derrotadas por
su “sucesor”. Permanecen y tienden a fusionarse con las fuerzas ascendentes,
creando bloques político-económicos cada vez más poderosos, como ocurrió, por
ejemplo, en el caso de la “sucesión” de Holanda por Gran Bretaña, y de ésta, por
los Estados Unidos, sucesión, esta última, que trajo consigo en la práctica un
ensanchamiento de las fronteras del poder anglosajón. No existe todavía ninguna
teoría que dé cuenta de las relaciones entre las crisis económicas y las
transformaciones geopolíticas del sistema mundial. Pero lo que ya está claro
hace mucho tiempo es que dentro del sistema interestatal capitalista, las crisis
económicas y las guerras no son, necesariamente, un anuncio del “fin” o del
“colapso” de los Estados y de las economías involucradas. Al contrario, las más
de las veces, forman parte de un mecanismo esencial de la acumulación del poder
y de la riqueza de los Estados más fuertes envueltos en el origen y en la
dinámica de estas grandes turbulencias. Ahora bien, desde nuestro punto de
vista, las crisis y guerras que están en curso, en este inicio del siglo XXI,
todavía forman parte de una transformación estructural, de largo plazo, que
comenzó en la década de 1970 y provocó una “explosión expansiva” y un gran
aumento de la “presión competitiva” interna, dentro del sistema mundial. Esta
transformación estructural en curso comenzó en la década de los 70, exactamente
en el momento en que comenzó a hablarse de “crisis de la hegemonía
norteamericana”, y del inicio de la “crisis terminal” del poder norteamericano.
Y en realidad, fue la respuesta que los Estados Unidos dieron a su propia crisis
lo que terminó provocando esta transformación de largo plazo de la economía y de
la política mundial que está en pleno desarrollo. Basta decir que fueron esos
cambios liderados por Estados Unidos los que trajeron de vuelta al sistema
mundial, después de 1991, a dos viejas potencias del siglo XIX, Alemania y
Rusia, además de la inclusión en el sistema de la China y la India, y de casi
todos los principales competidores de Estados Unidos en este inicio de siglo. En
este sentido, además, la “crisis de liderazgo” de los Estados Unidos, después de
2003, sirvió solamente para dar una mayor visibilidad a este proceso que se
aceleró después del fin de la Guerra Fría, ahora con nuevas y viejas potencias
regionales actuando con cada vez mayor desparpajo en la defensa de sus intereses
nacionales y en la reivindicación de sus “zonas de influencia”.
Desde el punto de vista del
sistema interestatal capitalista, esta dinámica contradictoria significa que los EE.UU. todavía están liderando las transformaciones estructurales del propio
sistema. La política expansiva de los EE.UU. desde 1970 activó y profundizó las
contradicciones del sistema, derrumbó instituciones y reglas, hizo guerras, y
acabó fortaleciendo a los Estados y a las economías que hoy les disputan la
supremacía regional en los distintos rincones del planeta. Lo que pasa es que,
simultáneamente, esas mismas concurrencias y guerras cumplieron y siguen
cumpliendo un papel decisivo en la reproducción y en la acumulación del poder y
del capital norteamericano, que también necesita mantenerse en estado de tensión
permanente para reproducir su posición en la cima de la jerarquía mundial. Lo
fundamental, al final de cada una de estas grandes tormentas, es saber quién
quedó con el control de la moneda internacional, de los mercados financieros y
de la innovación tecnológico-militar de punta.
En este momento, no hay
perspectiva de superación del poder militar de los EE.UU. en lo tocante a sus
dimensiones actuales, a su velocidad de expansión y a su capacidad de
innovación, pese a su fracaso en Oriente Medio. Y tampoco existe en el horizonte
posibilidad ninguna de substituir a los Estados Unidos como “mercado financiero
del mundo”, debido a la profundidad y extensión de sus propios mercados y de su
capital financiero, determinados por la centralidad internacional de la moneda
norteamericana. Basta mirar la reacción de los gobiernos y de los inversores del
mundo, que se están defendiendo de la crisis del dólar huyendo hacia el mismo
dólar y hacia los títulos del Tesoro norteamericano, a pesar de su bajísima
rentabilidad y a pesar de que el epicentro de la crisis esté en los EE.UU. Y lo
que más llama la atención es que son exactamente los gobiernos y los Estados que
estarían amenazando la supremacía norteamericana los primeros que se refugiaron
en la moneda y en los títulos del su Tesoro. Para explicar este comportamiento
aparentemente paradójico, es preciso dejar de lado las teorías económicas
convencionales, no menos que las teorías de las crisis y “sucesiones
hegemónicas”, y mirar hacia la especificidad de este nuevo sistema monetario
internacional que nació a la sombra de la expansión del poder norteamericano,
después de la crisis de la década de los setenta. Desde entonces, los EE.UU. se
transformaron en el “mercado financiero del mundo”, y su Banco Central (FED)
pasó a emitir una moneda nacional de circulación internacional, sin base
metálica, administrada a través de las tasas de interés de la propia FED y de
los títulos emitidos por el Tesoro norteamericano, que actúan en todo el mundo
como base del sistema “dólar flexible”. Por eso “la práctica totalidad de los
pasivos externos norteamericanos es denominada en dólares y prácticamente todas
las importaciones de bienes y servicios de los EE.UU. son pagadas exclusivamente
en dólares. Una situación única, que genera enorme asimetría entre el ajuste
externo de los EE.UU. y los demás países […] Por ello, también, la remuneración
en dólares de los pasivos externos financieros norteamericanos, todos
denominados en dólares, sigue de cerca la trayectoria de los tipos de interés
determinados por la propia política monetaria norteamericana, configurando un
caso sin ejemplo, por el que un país deudor determina la tasa de interés de su
propia “deuda externa” (11). Una magia poderosa y una circularidad
imbatible, porque se sustenta de manera exclusiva en el poder político y
económico norteamericano. Ahora mismo, por ejemplo, para hacer frente a la
crisis, el Tesoro norteamericano emitirá nuevos títulos que serán comprados por
los gobiernos y los inversores de todo el mundo, según justifica el influyente
economista chino, Yuan Gangming, al garantizar que “es bueno para China invertir
mucho en los Estados Unidos; porque no hay muchas otras opciones para sus
reservas internacionales de casi 2 billones de dólares, y las economías de China
y los EE.UU. son interdependientes” (12). Por eso, desde mi punto de
vista, y a pesar de la virulencia de esta crisis financiera y de los efectos en
cadena de la misma sobre la economía mundial, tampoco habrá una “sucesión china”
en el liderazgo político y militar del sistema mundial. Más bien lo contrario es
lo cierto: desde un punto de vista estrictamente económico, lo más probable es
que ocurra una profundización de la fusión financiera, en curso desde la década
de los 90, entre China y los Estados Unidos, y esa integración resultará
decisiva para la superación futura de la crisis económica. La crisis actual
comenzó con forma de tifón, pero se prolongará en forma de “epidemia darwinista”,
capaz de ir liquidando a los más débiles, uno tras otro, a escala nacional e
internacional, y profundizará la rivalidad imperialista que comenzó en los años
90. En la hora del regreso del sol, pocos estarán en la playa, pero con
seguridad los EE.UU. todavía estarán al frente de ese grupo selecto. Y casi
todos los países que estaban ascendiendo en las dos últimas décadas y desafiando
el orden internacional establecido serán “reubicados en su lugar”. En ese
período habrá resistencias, y habrá conflictos sociales agudos; y si la crisis
se prolonga, podrán multiplicarse las rebeliones sociales y las guerras civiles
en las zonas de fractura del sistema mundial. Y no es improbable que alguna de
esas rebeliones vuelva a plantearse objetivos socialistas. Pero desde nuestro
punto de vista, no habrá un cambio en el “modo de producción”, a escala mundial.
Ni asistiremos tampoco a una “superación hegeliana” del sistema interestatal
capitalista.
*****
(*)José Luis Fiori, profesor de economía y ciencia política en la Universidad pública de Río de Janeiro, es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.
Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez
NOTAS: (1) Minsky, P.H.(1975);
The Modeling of Financial Instability: An introduction; 1974, Modelling and Simulation. John Maynard Keynes,
(1975, e): "The Financial Instability Hypothesis: A restatement", 1978, Thames Papers on Political Economy.
(2) Wade, R. (2008) , “A new global financial architeture”, in New Left, nº 53.
(3) Ferrari, F. e Paula, L.F. (2008), Dossiê da Crise, Associação Keynesiana Brasileira, UFRGS.
(4) Oliveira, F. (2009),
“Vargas redefiniu o país na crise de 30”, in www. cartamaior.com.br, 6/01/2009.
(5) Brenner, R. (2008):
“Una crisis devastadora en ciernes”, en SinPermiso. (6) Tavares, M.C. (2008),
“Entupiu o sistema circulatório do sistema do capitalismo”, in www.cartamaior.com.br13/11/2008 e Belluzzo,L.G. (2008) “Cortar gasto publico?”, www.cartamaior.com.br. 13/11/2008.
(7) Amin, S. (2008). “There is no alternative to socialism”, in Indian’s National Magazine, vol 25, Nº 26, de 20/12/2008, y Meszaros, I.(2009) “Una crisis estructural del sistema. Entrevista”, en SinPermiso.
(8) Wallerstein, I. (2008) “Depressão, uma visão de longa duração”, in www.cartamaior.com.br, 13/11/2008.
(9) Arrighi, G. (2008) “A hegemonia em cheque”, in www.cartamaior.com.br, 19/06/2008.
(10) Este argumento está desarrollado en J.L.Fiori : O Poder Global e a Nova Geopolítica das Nações , Editora Boitempo, São Paulo, 2007, y en el artículo “O sistema inter-estatal capitalista, no início do Século XXI”, en J.L.Fiori, C.Medeiros e F.Serrano, O Mito do Colapso do Poder Americano, Editora Record, Rio de Janeiro 2008.
(11) Serrano, F. (2008) “A economia Americana, o padrão “dólar-flexível” e a expansão mundial nos anos 2000”, en J.L Fiori, F. Serrano e C. Medeiros, O Mito do Colapso do Poder Americano, Editora Record, Rio de Janeiro, 2008.
(12) Folha de Sao Paulo, 24-11-2008.
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