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(IAR
Noticias)
29-Marzo-09
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Los
líderes de las principales instituciones financieras de EEUU a la salida de una reunión con
el presidente Obama en la Casa Blanca, el viernes 27 de marzo.en la Casa Blanca.
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La mística del mercado no gobernó siempre la política financiera. EE.UU. salió
de la Gran Depresión con un sistema bancario celosamente regulado, que convirtió
a las finanzas en un negocio serio y hasta aburrido. Los bancos captaban
depositantes ofreciendo localizaciones convenientes y hasta una o dos tostadoras
gratis. Usaban entonces ese dinero para hacer préstamos y eso era todo.
Por
Paul Krugman -
The New York Times
E ste lunes
(23 de marzo), Lawrence Summers, el titular del Consejo Nacional Económico,
respondió a las críticas contra el plan de la administración Obama de subsidiar
las compras privadas de activos tóxicos. "No conozco ningún economista"
-declaró- "que no considere una buenaa idea un mercado de capitales de mejor
funcionamiento en donde los activos se pueden comerciar".
Dejemos de lado por un momento la cuestión de si un mercado en el que los
compradores deben ser sobornados para participar puede ser descripto realmente
como de "mejor funcionamiento". Aún así, el señor Summers necesita salir más.
Muy pocos economistas reconsideraron su opinión favorable de los mercados de
capital y el comercio de activos a la luz de la crisis
actual.
Pero en los últimos días quedó cada vez más claro que altos funcionarios de la
administración Obama todavía están sumidos en la mística de mercado. Todavía
creen en la magia del mercado financiero y en la destreza de los magos que
realizan la magia.
La mística del mercado no gobernó siempre la política financiera. EE.UU. salió
de la Gran Depresión con un sistema bancario celosamente regulado, que convirtió
a las finanzas en un negocio serio y hasta aburrido. Los bancos captaban
depositantes ofreciendo localizaciones convenientes y hasta una o dos tostadoras
gratis. Usaban entonces ese dinero para hacer préstamos y eso era todo.
Y el sistema financiero no era sólo aburrido. También era, para los parámetros
actuales, pequeño. Aún durante la época del mercado alcista de los años 60, las
finanzas y los seguros juntos representaban menos del 4% del PBI. La relativa
poca importancia de las finanzas se reflejaba en la lista de acciones que
integraban el promedio industrial Dow Jones, que hasta 1982 no incluía ni a una
sola empresa financiera.
Todo suena primitivo para los parámetros de
hoy. Con todo, aquel sistema financiero primitivo y aburrido servía a una
economía que duplicó los estándares de vida durante una generación entera.
Después de 1980, desde ya, surgió un sistema financiero muy distinto. En la era
Reaganiana de desregulación, el viejo sistema bancario fue reemplazado cada vez
más por tejes y manejes a gran escala. El
nuevo sistema era mucho más grande que el viejo régimen. Antes de la
crisis actual, las finanzas y los seguros representaban al 8% del PBI, más del
doble de la cifra de los años 60. A principios del año pasado, el Dow incluía ya
en su listado a cinco empresas financieras gigantes como A.I.G., Citigroup y el
Bank of America.
Y las finanzas se convirtieron en cualquier cosa menos en algo aburrido.
Atrajeron a muchas de nuestras mentes más brillantes y volvieron a algunos
enormemente ricos. Hipotecas subprime, deudas de tarjetas de crédito, préstamos
para compra de autos, todo iba a parar a la juguera del sistema financiero. Y
los magos financieros eran profusamente recompensados por supervisar ese
proceso.
Pero los magos eran farsantes, lo supieran o no, y su magia resultó ser nada más
que una colección de baratos trucos escénicos. Tarde o temprano, las cosas iban
a salir mal y finalmente así fue. Bear Stearns quebró; Lehman quebró; pero lo
más importante es que la securitización fracasó. Buena parte del plan de los
activos tóxicos se centró en los detalles y la aritmética, y con razón. Sin
embargo, más allá de ésto lo que sorprende es la visión expresada tanto en el
contenido del plan financiero como en las declaraciones de funcionarios del
gobierno. Para ser justos, los funcionarios piden más regulación. Este jueves,
Tim Geithner, el secretario del Tesoro, presentó planes para una mayor
regulación que hubieran sido vistos como radicales no hace mucho. De todos
modos, la visión que persiste es la de un sistema financiero más o menos igual
al de hace dos años, aunque algo domado por las nuevas reglas.
Como podrán imaginar, no comparto esa visión. No creo que se trate nada más que
de un pánico financiero. Creo que representa el fracaso de todo un modelo
bancario, de un sector financiero demasiado grande que hizo más daño que bien.
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