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(IAR
Noticias)
20-Marzo-09
“Lidiar con la pobreza, en realidad, es la forma, más eficaz de lidiar con
la crisis económica, mucho más eficaz que la estrategia de dar dinero a los
bancos o a las grandes empresas. Es así como se restauran los flujos de
renta, de capital, y la capacidad de tomar crédito de la población y del
sistema como un todo.”
Por
Tiago Thuin
y
Clarissa Pont - Carta Maior (*)
E n el marco del Seminario sobre el Desarrollo, organizado por el gobierno
brasileño, Tiago Thuin y Clarissa Pont entrevistaron al economista
norteamericano James Galbraith.
El profesor James Galbraith, director del Proyecto Desigualdad en la
Universidad de Texas- Austin, no es solamente el heredero de un nombre
ilustre (su padre, fue uno de los economistas más influyentes de los Estados
Unidos en la posguerra). Él fue uno de los primeros en prever la actual
crisis económica, ya en 2004, y por eso es percibido cada vez con mayor
atención por la prensa y el gobierno norteamericano. Su libro “El Estado
predador: cómo los conservadores abandonaron el libre mercado y por qué los
liberales también deberían hacerlo”, está entre los tres más vendidos en la
categoría “gobierno” de Amazon.com.
En Brasil, para participar del Seminario Internacional sobre Desarrollo
organizado por el Consejo de Desarrollo Económico y Social, Galbraith
concedió una entrevista a Carta Maior, en la que explica que la crisis,
gestada por las políticas irresponsables de desregulación bancaria, está
lejos de ser superada; y que el camino de su superación pasa antes por la
ayuda a la población en general, principalmente a los más pobres, que por la
ayuda a los bancos y a las grandes empresas.
CM. ¿Usted piensa que la ayuda económica
prevista por el Congreso norteamericano tendrá éxito?
JG. Tengo mis dudas – el paquete de estímulo y de salvataje a los bancos –
son complementarios. El estímulo económico depende del salvataje bancario, y
el problema de éste es que la táctica, la visión básica por detrás de él,
que es de comprar acciones, ofrecer capital a los bancos para lograr que
comiencen a prestar nuevamente, está errada. La razón por la cual los bancos
no están concediendo crédito es que hay una escasez de buenas oportunidades
de inversión, o de tomadores de crédito con garantías apropiadas, con
inmuebles valorizados u otras garantías. Y el problema con los bancos es que
la cartera de activos vale mucho menos de lo que ellos pensaban que valía.
Es una insolvencia sólida y, hasta que se enfrente eso, no habrá
reconstrucción del sistema financiero.
CM. Aquí en Brasil, a pesar de que los bancos están en una situación
mucho más sólida que en los Estados Unidos, medidas de estímulo al crédito,
de capitalización de los bancos, fueron realizadas. ¿Usted piensa que esas
medidas tendrán efecto en el sentido de estimular los bancos que ofrecen
crédito?
JG. No estoy familiarizado con la situación específica de Brasil, pero
considero que la misma idea general se aplica. El crédito carece de una
comunidad tomadora de préstamos importantes, que tenga condiciones de tomar
empréstitos, y es eso lo que simplemente no está presente en una crisis.
CM. ¿Usted escribió recientemente un libro, El Estado predador, en el
cual aboga por la renuncia a las prácticas neoliberales? ¿En su opinión es
que la intervención del Estado en la economía vino para quedarse, o es sólo
una reacción temporaria de pánico?
JG. Mire, el principal argumento de mi libro es que en los Estados Unidos –
y creo que en todas partes – el ideal neoliberal ya había sido abandonado.
El gobierno conservador fue un gobierno intervencionista – practicando la
intervención a favor de un base estrecha, apadrinando los sectores de la
energía, militar y minero, los grandes medios de comunicación y el sector
financiero. Grupos muy pequeños pero muy poderosos en la práctica formaban y
controlaban el gobierno por un largo período, y el resultado –
específicamente en el sector financiero – fue un desmoronamiento completo de
la confianza de parte de la comunidad como un todo en la seguridad del
sistema, en las reglas que garantizan la seguridad del sistema. Esa es la
causa de la explosión de empréstitos subprime cada vez más arriesgados, que
a su vez envenenó toda la estructura de los activos de los bancos y toda la
economía.
CM. ¿Cree que una regulación financiera más severa, en los moldes de la
que fue impuesta en Estados Unidos desde 1933 en adelante, será aplicada a
partir de ahora en este país y globalmente?
JG. Sí. Y tiene que ser impuesta a nivel global, trasnacional, y los
mecanismos que van por eso en la práctica ya están ahí. La cuestión que
propongo, entonces, es que es prematuro pensar en la recuperación de la
economía financiera solamente a partir de un sistema regulatorio mejorado.
El problema está en que las propias instituciones deben ser reconstruidas,
con cuyos activos envenenados tenemos que luchar.
CM. Desde el comienzo de la crisis la lucha contra la desigualdad, que
era discutido en foros internacionales y por los gobiernos hasta entonces,
quedó en un segundo plano. ¿Existe una opinión de que ese es un asunto del
que no hay que preocuparse antes de salir de la crisis? ¿Usted considera que
esa actitud es sensata o necesaria?
JG. Ahora bien, ¿Cómo se lucha contra la pobreza, contra la desigualdad?
Justamente mediante la red de seguridad social. En la gran depresión del 29,
prácticamente toda iniciativa de mayor porte fue un medio para disminuir el
riesgo, distribuyéndolo y aumentando el nivel de vida en la base de la
pirámide económica. Garantías de depósitos, el sistema de asistencia y
seguridad social, las medidas para estabilizar la industria y la
agricultura, todo fue en ese sentido, y fue así que los EE.UU. consiguieron
salir de la peor fase de la crisis económica. Lidiar con la pobreza, en
realidad, es probablemente la forma, más eficaz de lidiar con una crisis
económica, mucho más eficaz que la estrategia de dar dinero a los bancos o a
las grandes empresas. Es así como usted restaura los flujos de renta, de
capital, y la capacidad de tomar crédito de la población y del sistema como
un todo.
CM. Hay una opinión, algo difundida, de que el Brasil está mejor ubicado
que otros para enfrentar la crisis, y podría hasta superarla en el corto
plazo. ¿Cuál es su posición?
JG. Bien, como ya dije, no estoy familiarizado con la situación brasileña,
pero considero razonable decir que Brasil está en una posición sólida,
comparado con otros países. Sin embargo, ningún lugar de la comunidad global
va estar a salvo de los efectos de la actual crisis. Y por eso, es parte de
la responsabilidad de los países mayores y más sólidos ayudar a los otros,
si quisieran ver una solución efectiva de la crisis global. No puedo decir
sí asumirán esa responsabilidad, eso es una cuestión política.
CM. Esta es una crisis que va más allá de la economía. También es una
crisis política. ¿En su opinión, cuáles fueron las razones políticas que
llevaron a esta crisis?
JG. En los Estados Unidos pasamos por un período de desgobierno. Un abandono
de la responsabilidad pública, de la regulación financiera seria. Esa es la
raíz de la crisis, de las hipotecas subprime, de los instrumentos basados en
esos derivados, profundamente enquistados en el sector financiero; esas
cosas no habrían ocurrido con una regulación efectiva, solo pasaron porque
el Ejecutivo favoreció a sus compinches y soltó la mano a las
responsabilidades públicas reconocidas durante seis décadas.
CM. Nuevamente sobre la cuestión de la desigualdad: en la última década
del Siglo XX creció en todo el mundo, tanto en los países que experimentaron
recesiones como en los que crecieron de manera explosiva. ¿Usted ve en esta
crisis una oportunidad, o un riesgo de que la desigualdad global aumente
todavía más?
JB. Bien, en cualquier crisis los pobres van a ser más afectados que los
ricos. Pero esta crisis, en particular, puede mostrar una diferencia: los
más golpeados han sido los sectores financieros de los países ricos. Aunque
al mismo tiempo se puede ver, por ejemplo, una disparidad creciente entre
Europa Oriental y Occidental, debido a la manera como las monedas de la
Europa Central y Oriental son respaldadas en libras o en euros. Y una de las
implicaciones de eso es que además de ser apropiado que los países refuercen
sus propias redes de seguridad social, en economías regionalmente
integradas, o que aspiren a la integración con los países más fuertes, deben
tomar medidas que refuercen ese tipo de políticas para la región como un
todo.
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James K. Galbraith es profesor de economía en la Lyndon B. Johnson School of
Public Affairs, de la University of Texas-Austin. Anteriormente ocupó varios
puestos en el Congreso de los Estados Unidos, incluida la dirección
ejecutiva del Joint Economic Committee.
Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez
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