adas las restricciones de tiempo evitaremos
innecesarios tecnicismos y trataremos de plantear las cosas de forma simple,
pero sin caer en simplismos.
1. Comencemos caracterizando a esta crisis por la negativa, diciendo lo que
esta crisis no es. Esto es importante porque el bombardeo mediático al que están
sometidas nuestras sociedades presenta a los economistas y otros publicistas del
establishment hablando de una “crisis financiera” o “crisis bancaria”. Poco
antes, ni siquiera eso: se decía que estábamos en presencia de una crisis de las
hipotecas “sub-prime”. Se pretende, de este modo, minimizar a la crisis,
subestimarla, presentarla ante los ojos de la población como un incidente
relativamente menor en la marcha de los mercados y que para nada pone en
cuestión la salud y viabilidad del capitalismo como supuesta “forma natural” de
organización de la vida económica. El paso del tiempo se encargó de demoler
todas estas falacias.
2. ¿Qué clase de crisis, entonces? Si bien estamos apenas transitando su
primera fase y aún cuando aquélla “no ha tocado fondo” no sería temerario
pronosticar que nos hallamos ante una crisis general del sistema capitalista en
su conjunto, la primera de una magnitud comparable a la que estallara en1929 y a
la llamada “Larga Depresión” de 1873-1896. Una crisis integral, civilizacional,
multidimensional, cuya duración, profundidad y alcances geográficos el tiempo se
encargará de demostrar que será de mayor envergadura que las que le precedieron.
3. La crisis se torna visible, inocultable, por el estallido de la burbuja
creada en torno a las hipotecas “sub-prime” y luego se transmite, rápidamente, a
los bancos e instituciones financieras de Wall Street, y finalmente se extiende
a todos los sectores y a la economía mundial. Pero la burbuja, y su estallido,
es el síntoma; es como la fiebre que denuncia la presencia de una peligrosa
infección. No es tanto la enfermedad (aunque podría argumentarse que la
tendencia permanente en el capitalismo a formar burbujas especulativas también
es un signo de insalubridad) como su manifestación externa, la que por momentos
adquiere contornos ridículos o aberrantes.
Ejemplo: la compra que efectúa en Marzo del 2008 el gigantesco banco JP
Morgan del Banco de Inversiones Bear Stearns, el quinto en importancia en Wall
Street, operación que se cierra por la irrisoria suma de $ 236 millones. Una
semana más tarde el precio de esa firma se multiplicó por cinco. Pocos meses
después, en Septiembre, y ante la pasividad de las autoridades económicas, se
produce la bancarrota de Lehman Brothers, uno de los principales bancos de
inversión de Estados Unidos. Merrill Lynch, su competidor en ese rubro, es
vendido de urgencia al Bank of America en 50.000 millones de dólares.
4. Se trata, por lo tanto, de una crisis que trasciende con creces lo
financiero o bancario y afecta a la economía real en todos sus departamentos. Y
además es una crisis que se propaga por la economía global y que desborda las
fronteras estadounidenses. Todos los esfuerzos para ocultarla a los ojos del
público resultaron en vano: era demasiado grande para eso.
5. Sus causas estructurales son bien conocidas: es una crisis de
superproducción y a la vez de subconsumo, el mecanismo periódico de
“purificación” de capitales típico del capitalismo. No por casualidad estalló en
EEUU, porque este país hace más de treinta años que vive artificialmente del
ahorro y del crédito externo, y estas dos cosas no son infinitas ni inagotables:
las empresas se endeudaron por encima de sus posibilidades y se lanzaron a
realizar riesgosas operaciones especulativas; el Estado se endeudó irresponsable
y demagógicamente para hacer frente no a una sino a dos guerras, no sólo sin
aumentar los impuestos sino que reduciéndolos y, además, los particulares han
sido sistemáticamente impulsados, vía la publicidad comercial, a endeudarse para
sostener nivel de consumo desorbitado, irracional y despilfarrador. Era sólo
cuestión de tiempo para que esta espiral de endeudamiento indefinido se
detuviera catastróficamente. Y ese momento ya llegó.
6. Pero a estas causas estructurales hay que agregar otras que colaboraron en
el desenlace. La acelerada financiarización de la economía, y su correlato, la
irresistible tendencia hacia la incursión en operaciones especulativas cada vez
más riesgosas. El capital creyó haber descubierto la “fuente de Juvencia” en la
especulación financiera: el dinero generando más dinero prescindiendo de la
valorización que le aporta la explotación de la fuerza de trabajo. Además, este
maravilloso descubrimiento tenía la fascinación de la velocidad: fabulosas
ganancias se pueden lograr en cuestión de días, o semanas a lo máximo, gracias a
las oportunidades que la informática ofrece de vencer toda restricción de tiempo
y espacio. Los mercados financieros desregulados a escala planetaria
incentivaron la adicción del capital a dejar de lado cualquier cualquier
escrúpulo o cualquier cálculo. Tal como lo recordara Michel Collon recientemente
tenía razón Karl Marx cuando escribió que "Al capital le horroriza la ausencia
de beneficio. Cuando siente un beneficio razonable, se enorgullece. Al 20%, se
entusiasma. Al 50% es temerario. Al 100% arrasa todas las leyes humanas y al
300%, no se detiene ante ningún crimen."[1]
7. Otras circunstancias favorecieron el estallido de la crisis. Sin duda, las
políticas neoliberales de desregulación y liberalización hicieron posible que
los actores más poderosos que pululan en los mercados, los grandes oligopolios
transnacionales, impusieran “la ley de la selva,” tal como lo expresara Fidel en
una de sus reflexiones. Mercados descontrolados, o controlados por las pasiones
y los intereses de los oligopolios que lo dominan, tenían que terminar
produciendo una catástrofe como la actual. Tiene razón Samir Amin cuando dice
que estamos en presencia de una crisis que no fue producida por la lucha de
clases sino por la prolongada acumulación de las contradicciones propias del
capital.
8. Primer dato significativo de la crisis actual: una enorme destrucción de
capitales a escala mundial, proceso salvaje que los economistas convencionales
dulcificaron y sublimaron, como lo hiciera Joseph Schumpeter, caracterizándolo
como una “destrucción creadora” de fuerzas productivas. En Wall Street esta
“destrucción creadora” hizo que la desvalorización de las empresas que cotizan
en esa bolsa llegase a casi el 50 %; en Europa, las pérdidas superan levemente
esa marca. Ergo: una empresa que antes cotizaba en bolsa un capital de 100
millones, ¡ahora tiene 50 millones! Las consecuencias recesivas de tamaña
destrucción de capitales son fáciles de identificar: caída de la producción,
desempleo, derrumbe de los precios, de los salarios, del poder de compra. Es
decir, el círculo vicioso de la depresión económica. Veamos el diagnóstico que
realiza un observador sobre el panorama de Wall Street: “el sistema financiero
en su totalidad está a punto de estallar. Ya tenemos más de $ 500.000 millones
en pérdidas bancarias, y hay un billón más que está por llegar. Más de una
docena de bancos están en bancarrota, y hay cientos más esperando correr la
misma suerte.
A estas alturas más de un billón de dólares han sido transferidos desde la
FED al cartel bancario, pero un billón y medio más será necesario para mantener
la liquidez de los bancos en los próximos años.” [2] Para Stathis, como para
muchos otros, lo que estamos viviendo es la fase inicial de una larga depresión,
y la palabra recesión, tan utilizada recientemente, no captura en todo su
dramatismo lo que el futuro depara para el capitalismo.
a. Un ejemplo entre los muchos será suficiente para ilustrar esta cuestión:
La acción ordinaria de Citigroup perdió el 90 % de su valor en 2008. ¡La última
semana de febrero cotizaba en Wall Street a $ 1.95 por acción! Un informe
elaborado por una consultora financiera de la India señala que diez años atrás
una acción del Citigroup le permitía a una persona ofrecer una cena para su
familia en un buen restaurant indio de Nueva York. En ese entonces, el 19 de
Febrero de 1999, la acción de Citigroup cotizaba a $ 54.19; diez años más tarde,
el 21 de Febrero del 2009, esa misma acción valía apenas $1.95 (¡de un dólar
devaluado!) y no alcanzaba siquiera para ordenar un plato de maníes. Sobran
ejemplos de este tipo.[3]
9. Este proceso de destrucción de capitales no es neutro pues favorecerá a
los mayores y mejor organizados oligopolios, que desplazarán a sus rivales de
los mercados. La “selección darwiniana de los más aptos” despejará el camino
para nuevas fusiones y alianzas empresariales, enviando a los más débiles a la
quiebra y aumentando la centralización y concentración de los capitales.
10. Segundo dato significativo: acelerado aumento del desempleo. En un
reciente artículo Ignacio Ramonet aportó los grandes números sobre el tema. Allí
nos informa que la OIT estima que el número de desempleados en el mundo (unos
190 millones en 2008) podría incrementarse en 51 millones más a lo largo de
2009. Y recuerda que los trabajadores pobres (que ganan apenas dos euros
diarios) serán 1.400 millones, o sea el 45% de la población económicamente
activa del planeta. En esa misma nota Ramonet afirma que en Estados Unidos la
recesión ya destruyó 3,6 millones de puestos de trabajo, a un ritmo nunca visto.
La mitad durante los últimos tres meses. El total de desempleados ya asciende a
11,6 millones. Y firmas gigantes como Microsoft, Boeing, Caterpilar, Kodak,
Pfizer, Macy's, Starbucks, Home Depot, SprintNextel o Ford Motor planean
desprenderse de 250.000 asalariados en 2009. En la UE, el número de desempleados
es de 17,5 millones, 1,6 millones más que hace un año. Y para 2009, se prevé la
pérdida de 3,5 millones de empleos. En 2010, la desocupación escalará hasta el
10% de la población activa. En Sudamérica, también según la OIT, en 2009, se
registrará un aumento de 2,4 millones de desempleados. Si bien los países del
Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay), así como Venezuela, Bolivia y
Ecuador, podrían capear el temporal, varios Estados centroamericanos así como
México y Perú, por sus estrechos lazos con la economía estadounidense, serán
fuertemente golpeados por la crisis. [4]
11. Por lo tanto, estamos ante una crisis que afecta a todos los sectores de
la economía: la banca, la industria, los seguros, la construcción, la
agricultura, la minería, etcétera y que se disemina por todo el conjunto del
sistema capitalista internacional. El “contagio” se produjo de inmediato en los
capitalismos desarrollados y luego pasó a diseminarse rápidamente por la
periferia. Cuánto más vinculados con la dinámica de los capitalismos centrales
se encuentren estos países -como por ejemplo México u otros por su condición de
signatarios de TLCs con Estados Unidos- más rápida será la propagación de la
crisis y más profundos y perjudiciales serán sus efectos.
12. Mecanismos principales de transmisión de la crisis son los ajustes en los
planes de producción de las grandes transnacionales, que dominan casi sin
contrapeso las economías latinoamericanas. Decisiones que se toman en los
centros mundiales y que afectan a las subsidiarias de la periferia generando
despidos masivos, interrupciones en las cadenas de pagos, caída en la demanda de
insumos, etcétera. En el artículo ya citado Ignacio Ramonet observa que “Grecia
ha prohibido a sus bancos que socorran a las sucursales en otros países
balcánicos. EEUU ha decidido apoyar a las Big Three (Chrysler, Ford, General
Motors) de Detroit, pero sólo para que salven sus plantas en el país. No ayuda a
las multinacionales extranjeras (Toyota, Kia, Volkswagen, Volvo) instaladas en
su territorio. Francia y Suecia han anunciado que condicionarán las ayudas a sus
industrias automotoras: sólo podrán beneficiarse los centros ubicados en sus
respectivos países. La ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, declaró
que el proteccionismo podía ser "un mal necesario en tiempos de crisis". El
ministro español de Industria, Miguel Sebastián, insta a "consumir productos
españoles".” Y Barack Obama, agregamos nosotros, promueve el “buy American! ”
13. Otras fuentes de propagación de la crisis, en la periferia, son:
a. La caída en los precios de las commodities que exportan los países
latinoamericanos y caribeños, con su secuelas recesivas y el aumento de la
desocupación.
b. Drástica disminución de las remesas de los emigrantes latinoamericanos y
caribeños residentes en los países desarrollados. Hay que recordar que en
algunos casos las remesas son el ítem más importante en el ingreso internacional
de divisas, por encima de lo obtenido por las exportaciones.
c. Retorno de los emigrantes, deprimiendo aún más el mercado de trabajo,
aumentando el desempleo, reduciendo los salarios y comprimiendo el nivel de
consumo.
14. Pero la crisis actual muestra facetas más preocupantes que las dos
grandes depresiones del siglo diecinueve y el siglo veinte:
a. En primer lugar porque la que estalló en la segunda mitad del año pasado
se conjuga con una profunda crisis del paradigma energético predominante basado
en el uso irracional y predatorio del combustible fósil, un recurso finito y no
renovable, lo que requiere imperativamente su reemplazo. La superposición de
esta crisis con la crisis general del capitalismo agrava las cosas al tornar
impostergable el inicio de una costosa y difícil transición hacia un paradigma
energético alternativo basado en fuentes no fósiles y renovables. Tarea
enormemente costosa y de por sí, en condiciones normales, nada sencilla para
realizar; mucho menos ahora, cuando urge hacerla bajo condiciones tan
desfavorables como las de la crisis de nuestros días. [5]
b. En segundo lugar porque esta crisis coincide con la creciente toma de
conciencia de los catastróficos alcances del cambio climático. Enfrentar esta
amenaza, que pone en juego el destino mismo de toda forma de vida en el planeta
tierra, supone significativos ajustes en la estructura económica que decretarán
la obsolescencia de algunas gigantescas empresas y facilitarán el surgimiento de
nuevas unidades productivas. En otras palabras: se acelerará y profundizará la
pugna inter-burguesa en el seno de las clases dominantes del sistema
imperialista y las autoridades estatales tendrán que demostrar una firmeza
extraordinaria para lograr imponer una solución al desafío ecológico.
c. Agréguese a lo anterior la crisis alimentaria, agudizada por la pretensión
del capitalismo de mantener un irracional patrón de consumo que ha llevado a
reconvertir tierras aptas para la producción de alimentos en campos destinados a
la elaboración de agrocombustibles. El efecto de esta política ya ha sido puesto
de manifiesto en los grandes aumentos experimentados por algunos items básicos
de la canasta alimentaria de América Latina como el maíz, provocando una
descontrolada alza de precios de la tortilla en México y otros países.
15. Pero la crisis recién comienza: Obama reconoció que no hemos tocado fondo
todavía, y que “tal vez los EEUU deban elegir un nuevo presidente…” Un agudo
comentarista de esta crisis, Michael Klare, escribió días pasados que “si el
actual desastre económico se convierte en lo que el presidente Obama ha
denominado ‘década perdida’, el resultado podría consistir en un paisaje global
lleno de convulsiones motivadas por la economía.” [6]
16. No deja de ser sumamente significativo que frente al optimismo de varios
gobernantes latinoamericanos que hablan de que sus economías están “blindadas”
para resistir a pie firme a la crisis, el ocupante de la Casa Blanca piense que
es muy posible que un verdadero desastre económico se precipite sobre el corazón
del imperio ocasionando la pérdida de una década de crecimiento.
a. Los antecedentes históricos avalan ese pesimismo: en 1929 la desocupación
en EEUU llegó al 25 %, al paso que caían los precios agrícolas y de las materias
primas. Pero 10 años después, y pese a las radicales políticas puestas en marcha
por Franklin D. Roosevelt (el New Deal), la desocupación seguía siendo muy
elevada (17 %) y la economía no lograba salir de la depresión. Sólo la Segunda
Guerra Mundial puso fin a esa etapa. Y ahora, ¿por qué habría de ser más breve?
b. La depresión de 1873-1896, duró ¡23 años! Los factores que
la precipitaron fue el colapso de la Bolsa de Valores de Viena, producido
también por una burbuja especulativa ligada al precio de la tierra en París y
las grandes construcciones que comenzaron en esa ciudad luego de la derrota
francesa en la guerra Franco-Prusiana. Las reparaciones de guerra exigidas a los
franceses y los grandes pagos que debían efectuar a favor de Alemania
contribuyeron a crear las condiciones de la crisis, así como la especulación de
tierras que se inició en Estados Unidos una vez finalizada la Guerra Civil
relacionada con la construcción de grandes emprendimientos ferroviarios que
originó otra burbuja que estalló en 1873.
c. Dados estos antecedentes, ¿por qué ahora saldríamos de la actual crisis en
cuestión de meses, como vaticinan algunos publicistas y “gurúes” de Wall Street
y sus “repetidores” en la periferia del sistema.
17. No se saldrá de esta crisis con un par de reuniones del G-20, o del G-7.
Tampoco apelando a los inmensos rescates dispuestos por los gobiernos de los
capitalismos metropolitanos. Si una prueba hay de su radical incapacidad para
resolver la crisis es la respuesta de las principales bolsas de valores del
mundo luego de cada anuncio o cada sanción de una ley aprobatoria de un nuevo
rescate: invariablemente la respuesta de “los mercados”, en realidad, de los
oligopolios que los controlan a su antojo, es negativa, y las bolsas vuelven a
caer. No es suficiente, dicen. Necesitamos más y más. Si fuera preciso,
socializar toda la riqueza producida por el planeta y destinarla a preservar la
integridad de nuestros intereses y la santidad de nuestro patrimonio.
a. Según atestigua George Soros “la economía real sufrirá los efectos
secundarios, que ahora están cobrando brío. A estas alturas, la reparación del
sistema financiero no impedirá una recesión mundial grave. Puesto que en estas
circunstancias el consumidor estadounidense ya no puede servir de locomotora de
la economía mundial, el Gobierno estadounidense debe estimular la demanda. Dado
que nos enfrentamos a los retos amenazadores del calentamiento del planeta y de
la dependencia energética, el próximo Gobierno debería dirigir cualquier plan de
estímulo al ahorro energético, al desarrollo de fuentes de energía alternativas
y a la construcción de infraestructuras ecológicas. Este estímulo podría
convertirse en la nueva locomotora de la economía mundial.” [7] Bonitas palabras
pero, ¿que grados de viabilidad tiene una propuesta como ésta, que ataca al
consumismo norteamericano, al poder de los grandes lobbies vinculados a las
industrias del petróleo y automovilística, y que implica ampliar
extraordinariamente las capacidades de intervención y gestión directa del
estado?
18. Se abre por lo tanto un largo período de tironeos y negociaciones para
definir de qué forma se saldrá de la crisis, quienes serán los beneficiados y
quienes deberán pagar sus costos.
a. Conviene recordar que en1929, el armado de Bretton Woods, el diseño de la
arquitectura económica y financiera internacional que resultó fundamental para
la recuperación de la posguerra, llevó casi un año de arduas negociaciones, que
culminaron con la Conferencia que tuvo lugar en esa ciudad de New Hampshire
entre el 1 y el 22 de Julio de 1944.
b. Que tales acuerdos, concebidos en el marco de la fase keynesiana del
capitalismo, coincidieron con la estabilización de un nuevo modelo de hegemonía
burguesa que, producto de las consecuencias de la guerra y la lucha anti-fascista
tenía como nuevo e inesperado telón de fondo el fortalecimiento de la
gravitación de los sindicatos obreros, los partidos de izquierda y las
capacidades reguladoras e interventoras de los estados.
19. ¿Es razonable esperar un desenlace similar a la crisis actual? Cualquier
pronóstico en una situación tan volátil como ésta es sumamente arriesgado, pero
de partida nomás hay que tener en cuenta que existen varias significativas
diferencias entre los respectivos contextos globales de la crisis.
a. En primer lugar, ya no está la URSS, cuya sola presencia y la amenaza de
la extensión hacia Occidente de su ejemplo inclinaba la balanza de la
negociación a favor de la izquierda, sectores populares, sindicatos, etc. Si la
burguesía europea se avino a negociar y aceptar algunas conquistas de los
trabajadores no fue sólo por el empeño y la fuerza por éstos demostradas a lo
largo de muchos años de lucha. También jugó un papel muy importante la sombra
que la URSS proyectaba sobre todas esas negociaciones y esos compromisos.
b. En la actualidad China ocupa un papel incomparablemente más importante en
la economía mundial que el que en su tiempo tuviera la URSS, pero sin una
importancia paralela reflejada en la política mundial. La URSS, en cambio, pese
a su debilidad económica era una formidable potencia militar y política. Gracias
a ello era un “jugador” de primer orden en los principales terrenos de la
política mundial. China es una potencia económica, pero con escasa presencia
militar y política en los asuntos mundiales, si bien está comenzando un muy
cauteloso y paulatino proceso de reafirmación de sus intereses en la política
mundial.
c. Pese a estas salvedades China puede llegar a jugar un papel positivo para
la estrategia de recomposición económica de los países de la periferia. Golpeada
también por la crisis, Beijing está gradualmente reorientando sus enormes
energías nacionales hacia el mercado interno. Por múltiples razones que sería
imposible discutir aquí es un país que necesita que su economía crezca al 8 %
anual, sea como respuesta a los estímulos de los mercados mundiales o a los que
se originen en su inmenso –y sólo parcialmente explotado- mercado interno. De
confirmarse ese viraje es posible predecir que China seguirá necesitando muchos
productos originarios de los países del Tercer Mundo, como níquel, cobre, acero,
petróleo, soja y otras materias primas y alimentos.
d. En la Gran Depresión de los años 30, en cambio, la URSS tenía una muy
débil inserción en los mercados mundiales. Se puede decir que era prácticamente
autárquica y que, por lo tanto, no podía jugar ningún rol significativo en la
crisis, sobre todo en materia económica. Podía movilizar, no sin dificultades,
los partidos comunistas articulados en la Tercera Internacional. No era poco,
pero tampoco era suficiente. Hoy con la China es distinto: podrá seguir jugando
un papel muy importante y, al igual que Rusia e India (aunque éstas en menor
medida) comprar en el exterior las materias primas y alimentos que necesite, a
diferencia de lo que ocurría con la URSS en los tiempos de la Gran Depresión.
e. En los 30s la “solución” de la crisis se encontró en el proteccionismo y
la guerra mundial. Hoy, aunque se quisiera, el proteccionismo tropezará con
muchos obstáculos debido a la interpenetración de los grandes oligopolios
nacionales en los distintos espacios del capitalismo mundial. La conformación de
una burguesía mundial, arraigada en gigantescas empresas que, pese a su base
nacional, operan en un sinnúmero de países, hace que la opción proteccionista en
el mundo desarrollado sea de escasa efectividad en el comercio Norte/Norte y las
políticas tenderán -al menos por ahora y no sin tensiones- a respetar aunque sea
a regañadientes los parámetros establecidos por la OMC.
La carta proteccionista aparece como mucho más probable cuando se la aplique,
como seguramente se hará, en contra del Sur global. Bajo estas condiciones, una
guerra mundial motorizada por “burguesías nacionales” del mundo desarrollado
dispuestas a luchar entre sí por la supremacía en los mercados es prácticamente
imposible porque tales “burguesías” han sido desplazadas por el ascenso y
consolidación de una “burguesía imperial” dueña de un proyecto de dominación
mundial, que periódicamente se reúne en Davos para coordinar estrategias y
técticas y para la cual la opción de un enfrentamiento militar constituiría un
fenomenal despropósito. Pero eso no quiere decir que esa “burguesía imperial” no
apoye, como lo ha hecho hasta ahora con las aventuras militares de Estados
Unidos en Irak y Afganistán, la realización de otras operaciones militares en la
periferia del sistema, necesarias para preservación de la rentabilidad del
complejo militar-industrial norteamericano e, indirectamente, para los grandes
oligopolios de los demás países.
20. ¿Se derrumbará el capitalismo norteamericano?
La situación actual no es igual a la de los años treintas. Pero, más allá de
eso, hay que recordar una frase de Lenin cuando decía que “el capitalismo no se
cae si no hay una fuerza social que lo haga caer.” Y esa fuerza social hoy no
está presente en las sociedades del capitalismo metropolitano, incluido Estados
Unidos. En esa época había una disputa por la hegemonía en el seno del sistema
imperialista mundial: Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Francia y Japón
dirimían en el terreno militar su pugna por la hegemonía imperial.
21. Hoy, la hegemonía y la dominación están claramente en manos de Estados
Unidos.
a. Es el único garante del sistema capitalista a escala mundial. Si Estados
Unidos cayera desencadenaría un efecto dominó que provocaría el derrumbe de casi
todos los capitalismos metropolitanos, para ni hablar de la periferia del
sistema. Por eso, en caso de que Washington se vea amenazado por una insurgencia
popular todos acudirán a socorrerlo, porque es el sostén último del sistema y el
único que, en caso de necesidad, puede socorrer a los demás.
b. Estados Unidos es un actor irreemplazable y centro indiscutido del sistema
imperialista mundial: sólo él dispone de más de 700 misiones, enclaves y bases
militares en unos 120 países constituyen la reserva final del sistema. Si las
demás opciones fracasan, la fuerza aparecerá en todo su esplendor. Y sólo EEUU
puede desplegar sus tropas y su arsenal de guerra para mantener el orden a
escala planetaria. Es, como dijera Samuel Huntington, “el sheriff solitario”. Y
no hay otro.
c. Por otra parte, hay que recordar que este “apuntalamiento” del centro
imperialista cuenta con la invalorable colaboración de los demás socios
imperiales, o con sus competidores en el área económica e inclusive con la
mayoría de los países del Tercer Mundo, que acumulan sus reservas en dólares
estadounidenses. Ahora bien: ni China, Japón, Corea o Rusia, para hablar de los
mayores tenedores de dólares del planeta, pueden liquidar su stock en esa moneda
porque sería una movida suicida. Pero esta también es una consideración que debe
ser tomada con mucha cautela y dependerá del curso de los acontecimientos.
d. La conducta de los mercados y de los ahorristas de todo el mundo fortalece
la posición norteamericana: la crisis se profundiza, los rescates demuestran ser
insuficientes, el Dow Jones de Wall Street cae por debajo de la barrera
psicológica de los 7.000 puntos –¡descendiendo por debajo de la marca obtenida
en 1997!- y pese a ello la gente busca refugio en el dólar, ¡cayéndose las
cotizaciones del € y el oro!
21. Fidel, en “La Ley de la Selva”, decía que “La crisis actual y las medidas
brutales del gobierno de EEUU para salvarse traerán más inflación, más
devaluación de las monedas nacionales, más pérdidas dolorosas de los mercados,
menores precios para las mercancías de exportación, más intercambio desigual.
Pero traerán también a los pueblos más conocimiento de la verdad, más
conciencia, más rebeldía y más revoluciones". [8]
a. Diagnóstico este que, en líneas generales, plantea también un autor de tan
irreprochables credenciales conservadoras como Zbigniev Brzezinski. Cuando en un
reciente reportaje radial se le preguntó si creía que podría haber conflicto de
clases en Estados Unidos, respondió que “estoy preocupado porque vamos a tener
millones y millones de desocupados, mucha gente pasándola realmente muy mal. Y
esa situación estará presente por un tiempo antes de que las cosas eventualmente
mejoren. Al mismo tiempo hay una conciencia pública de la riqueza extraordinaria
que se transfirió a los bolsillos de unos pocos individuos, en niveles sin
precedentes históricos en Estados Unidos. Y yo me pregunto: ¿qué puede pasar en
esta sociedad cuando toda esa gente se quede sin trabajo, con sus familias
dañadas, cuando pierdan sus casas? … Si el Congreso no actúa habrá un conflicto
cada vez mayor entre las clases, y si la gente está desocupada y realmente
golpeada, ¡demonios, hasta podríamos llegar a tener gravísimos tumultos
sociales!” [9]
22. ¿Cuáles alternativas para los pueblos?
a. Estamos en presencia de una crisis que es mucho más que una crisis
económica, o financiera. Se trata de una crisis integral de un modelo
civilizatorio que es insostenible económicamente, por los estragos que está
causando; políticamente, porque requiere apelar cada vez más a la violencia en
contra de los pueblos; insustentable también ecológicamente, dada la
destrucción, en algunos casos irreversible, del medio ambiente; e insostenible
socialmente, porque degrada la condición humana hasta límites inimaginables y
destruye la trama misma de la vida social.
b. La respuesta a esta crisis, por lo tanto, no puede ser sólo económica o
financiera. Las clases dominantes harán exactamente eso: utilizar un vasto
arsenal de recursos públicos para socializar las pérdidas y reflotar a los
grandes oligopolios. Encerrados en la defensa de sus intereses más inmediatos
carecen siquiera de la visión para concebir una estrategia más integral.
c. En el campo popular se impone una meticulosa preparación para este nuevo
período histórico signado por la crisis general capitalista. Esto ofrecerá
nuevas oportunidades de lucha y abre la posibilidad, en algunos países, de
conquistar si no un triunfo revolucionario al menos un avance revolucionario que
mejore sustancialmente la situación de los trabajadores en la sociedad
capitalista.
d. Pero también hay que ser conciente de que esta situación bien podría
revertir y dar lugar a una aplastante derrota del campo popular. Sería ingenuo
pensar que porque el capitalismo está en crisis su suerte está echada. Una
recomposición reaccionaria del orden burgués también figura entre las
posibilidades que alberga la actual coyuntura.
e. Hasta ahora las tensiones y sufrimientos provocados por la crisis se han
traducido, en el mundo desarrollado, en una acelerada escalada de xenofobia y
racismo. Pero el malestar social también se ha cobrado otras víctimas. En el ya
mencionado trabajo Ignacio Ramonet sostiene que “(L)as turbulencias ya han
causado la caída de los Gobiernos de Bélgica, Islandia y Letonia. Se han
registrado manifestaciones en Francia, con una huelga nacional el 29 de enero y
enfrentamientos violentos en Guadalupe. Los países más vulnerables de la UE:
Hungría, Bulgaria, Grecia, Letonia, Lituania... también han registrado protestas
y disturbios más o menos violentos.” [10] En la misma línea de preocupación se
encuentra el análisis, también ya referido, de Michael Klare, nos dice que ya se
han sucedido episodios de violencia en Atenas, Longnan (China), Puerto Príncipe
(Haití), Riga (Letonia), Santa Cruz (Bolivia), Sofía (Bulgaria), Vilnius
(Lituania), y Vladivostok (Rusia) mientras que en Reikiavik, Paris, Roma y
Zaragoza a Moscú y Dublín han sido testigos de importantes protestas provocadas
por el creciente desempleo y los salarios en descenso.” [11]
f. En América Latina el impacto de la crisis es inocultable. Dada la elevada
extranjerización de nuestras economías y el papel crucial en que ellas
desempeñan los grandes oligopolios transnacionales, las políticas de ajustes y
reducción de costes que promuevan sus casas matrices son aplicadas al pie de la
letra en nuestros países. Si en la gran crisis anterior, la de los años treinta,
la absorción de sus impactos más negativos fue posible por el inicio de un
proceso de industrialización sustitutiva esa perspectiva hoy se encuentra
agotada o, en el mejor de los casos, tiene muy bajas probabilidades de éxito.
g. ¿Qué hacer, entonces? En primer lugar, recordar y aplicar los clásicos
axiomas del leninismo que recomiendan, en coyunturas como éstas, intensificar
los esfuerzos en materia de organización y concientización del campo popular.
Las víctimas de esta situación abarcan un amplio espectro dentro del universo de
las clases explotadas y dominadas, y son precisamente estas formaciones sociales
las que fueron atomizadas, desorganizadas, fragmentadas por las políticas
neoliberales de los últimos treinta años. La reconstitución social, política e
ideológica del campo popular es, por lo tanto, un imperativo impostergable de la
hora actual. En relación a lo ideológico para convencer a la sociedad de que no
hay solución dentro del capitalismo para la crisis actual, sólo paliativos. La
solución de fondo sólo la puede ofrecer una alternativa socialista.[12] E
insistir en lo que decía el revolucionario ruso: la única arma con que cuenta el
proletariado es su organización.”
Por lo tanto, será preciso dejar de lado los cantos de sirena de autores como
Michael Hardt y Antonio Negri (y sus epígonos en América Latina) con su
romántica exaltación de la multitud y su espontaneísmo -que rechaza toda forma
de organización, jerarquía, educación política, pensamiento estratégico y
táctico- ingredientes seguros de una nueva y más catastrófica derrota del campo
popular. No será invocando a la inconmensurabilidad de los cuerpos y su única e
irrepetible individualidad como se podrá derrotar a un imperio en decadencia y
acosado por una fenomenal crisis en todos los órdenes de la vida.[13]
h. Mientras que la “burguesía imperial” ha perfeccionado sus estructuras de
hegemonía y dominación, sus dispositivos de formación de (falsas) conciencias y
de disciplinamiento coercitivo criminalizando la protesta social y militarizando
las relaciones internacionales, los sectores que constituyen el moderno
proletariado se debaten en una profunda desorganización, de la cual pueden
surgir actos aislados de resistencia anti-imperialista pero muy difícilmente
propuestas efectivas de superación del estado de cosas actual.
i. Se trata, por lo tanto, de coordinar y articular las luchas de distintos
grupos y sectores sociales, cada uno de los cuales se reconoce en tradiciones
políticas e ideológicas y formas de organización que le son propias. Habrá
también que superar un falso maniqueísmo que enfrenta a partidos con movimientos
sociales y organizaciones populares: la función de integración del vasto y
complejo abanico de demandas populares que realizan los partidos -ese “príncipe
colectivo” al que se refería Gramsci- constituye un aporte indispensable para
encarar una exitosa lucha anti-capitalista. A su vez, la enorme capacidad de los
movimientos para receptar y articular las reivindicaciones puntuales y
específicas de los distintos fragmentos del campo popular es un insumo
irreemplazable para cualquier partido interesado en superar el orden social
vigente.
j. En términos de políticas concretas se impone hacer conciente a la
población de que la única lucha que puede arrojar un resultado positivo es la
que se plantee una oposición frontal al capitalismo. El neoliberalismo ya se ha
batido en retirada, y la crítica debe entonces dirigirse no a una de las
políticas o fases del capitalismo, la neoliberal, sino a la estructura
fundamental de la sociedad burguesa, cualesquiera sean las formas políticas o
económicas que transitoriamente asuma.
k. En línea con lo anterior, una postura netamente anti-capitalista debe
pugnar para que en la crisis actual no se produzcan despidos de trabajadores,
para lo cual deberán fortalecerse sus organizaciones sindicales y populares;
profundizarse los mecanismos de participación democrática, superando las
insalvables restricciones impuestas por el modelo liberal y apelando a consultas
populares o referendos para resolver las grandes cuestiones nacionales; se
recupere el control de los recursos básicos de nuestras sociedades; se reviertan
las privatizaciones y las desregulaciones puestas en práctica por el
neoliberalismo; se lleve a cabo una profunda reforma tributaria que ponga fin a
su escandalosa regresividad; resolver a favor del campo popular los desafíos
planteados por la crisis alimentaria y del agua, mediante una profunda reforma
agraria concebida en función de las necesidades de la época actual; fortalecer
los mecanismos de integración supra-nacional, esquemas como el ALBA y sus
instituciones y proyectos (como Petrosur, Telesur, Banco del Sur, Petrocaribe y
tantos otros) que permitan constituir un núcleo de resistencia ante las
tentativas de las clases dominantes del imperio de descargar el costo de la
crisis en nuestros pueblos. En suma: hay políticas concretas que son factibles y
se espera sean efectivas para librar con éxito la gran batalla que nos espera.
[14]