hora asistimos a un
encadenamiento internacional de derrumbes productivos y financieros acompañado
por una mezcla de pesimismo e impotencia en el mas alto nivel de las elites
dirigentes ante la probable transformación de la ola depresiva en colapso
general.
La declaraciones de George Soros y
Paul Volcker en la Universidad de Columbia el 21 de febrero de 2009 marcaron una
ruptura radical (1), muy superior de la que estableció hace dos años Alan
Greenspan cuando anunció la posibilidad de que los Estados Unidos entre en
recesión. Volcker admitió que esta crisis es muy superior a la de 1929, eso
significa que la misma carece de referencias en la historia del capitalismo, la
desaparición de paralelismos respecto de crisis anteriores es también
(principalmente) la de los remedios conocidos.
Porque 1929 y la depresión que le
siguió están asociados a la utilización exitosa de los instrumentos keynesianos,
a la intervención masiva del Estado como salvador supremo del capitalismo y lo
que estamos presenciando es la más completa ineficacia de los estados de los
países centrales para superar la crisis. En realidad la avalancha de dinero que
arrojan sobre los mercados auxiliando a los bancos y a algunas empresas
transnacionales no solo no frena el desastre en curso sino que además está
creando las condiciones para futuras catástrofes inflacionarias, próximas
burbujas especulativas.
¿Implosión capitalista?
Por su parte Soros confirmó lo que era evidente: el sistema financiero mundial
se ha desintegrado, a lo que agregó el descubrimiento de similitudes entre la
situación actual y la vivida durante el derrumbe de la Unión Soviética. ¿Cuales
son esos paralelismos?. Como sabemos, el sistema soviético comenzó a
desmoronarse hacia fines de los años 1980 para finalmente implotar en 1991, el
fenómeno ha sido por lo general atribuido a la degradación de su estructura
burocrática haciéndolo en principio intransferible al capitalismo que alberga
una vasta burocracia aunque no hegemónica como lo fue en el caso soviético.
Existe un proceso, una enfermedad
que no es el patrimonio exclusivo de los regímenes burocráticos, se ha
desarrollado en el capitalismo al igual que en civilizaciones anteriores a la
modernidad: se trata de la hipertrofia parasitaria, del predominio aplastante de
formas sociales parasitarias que depredan a las fuerzas productivas hasta un
punto tal en que el conjunto del sistema queda paralizado, no puede reproducirse
más y finalmente muere ahogado por su propia podredumbre.
A lo largo del siglo XX el
capitalismo impulsó estructuras parasitarias como el militarismo y sobre todo
las deformaciones financieras que marcaron su cultura, su desarrollo
tecnológico, sus sistemas de poder. Las tres últimas décadas presenciaron la
aceleración del proceso adornado con el discurso de la reconversión neoliberal,
del reinado absoluto del mercado, tal vez su punto más alto fue alcanzado
durante el último lustro del siglo XX, en plena expansión de las burbujas
bursátiles y cuando el poder militar de los Estados Unidos aparentaba ser
imbatible.
Pero en la primera década del
siglo XXI comenzó el desmoronamiento del sistema, el Imperio se empantanó en dos
guerras coloniales, su economía se degradó velozmente y burbujas financieras de
todo tipo (inmobiliarias, comerciales, de endeudamiento, etc.) poblaron el
planeta. El capitalismo financierizado había entrado en una fase de expansión
vertiginosa aplastando con su peso a todas las formas económicas y políticas, en
2008 los estados centrales (el G7) disponían de recursos fiscales por unos 10
billones (millones de millones) de dólares contra 600 billones de dólares en
productos financieros derivados registrados por el Banco de Basilea a lo que es
necesario agregar otros negocios financieros, según algunos expertos la masa
especulativa global supera actualmente los mil billones de dólares (cerca de 20
veces el producto Bruto Mundial).
Esa montaña financiera no es una
realidad separada, independiente de la llamada economía real o productiva, fue
engendrada por la dinámica del conjunto del sistema capitalista: por las
necesidades de rentabilidad de las empresas transnacionales, por las necesidades
de financiamiento de los estados. No es una red de especuladores autistas
lanzados a una suerte de autodesarrollo suicida sino la expresión radicalmente
irracional de una civilización en decadencia (tanto a nivel productivo como
político, cultural, ambiental, energético, etc).
Desde hace más de cuatro décadas
el capitalismo global con eje en los países centrales soporta una crisis crónica
de sobreproducción, acumulando sobrecapacidad productiva ante una demanda global
que crecía pero cada vez menos, la droga financiera fue su tabla de salvación
mejorando beneficios e impulsando el consumo en los países ricos, aunque a largo
plazo envenenó por completo al sistema.
Se ha puesto de moda achacarle la
crisis a los llamados especuladores financieros y según nos explican altos
dirigentes políticos y expertos mediáticos las turbulencias llegarán a su fin
cuando la “economía real” imponga su cultura productiva sometiendo a las reglas
del buen capitalismo a las redes financieras hoy fuera de control. Sin embargo a
mediados de la década actual en los Estados Unidos más del 40 % de los
beneficios de las grandes corporaciones provenía de los negocios financieros
(2), en Europa la situación era similar, en China en el momento de mayor auge
especulativo (fines de 2007) solo la burbuja bursátil movía fondos casi
equivalentes al Producto Bruto Interno de ese país (3) alimentada por
empresarios privados y públicos, burócratas encumbrados, profesionales, etc.
No se trata por consiguiente de
dos actividades, una real y otra financiera, claramente diferenciadas sino de un
solo conjunto heterogéneo, real de negocios. Es ese conjunto el que ahora se
está desinflando velozmente, implotando luego de haber llegado a su máximo nivel
de expansión posible en las condiciones históricas concretas del mundo actual.
Bajo la apariencia impuesta por los medios globales de comunicación de una
implosión financiera afectando negativamente al conjunto de las actividades
económicas (algo así como una lluvia toxica atacando las verdes praderas)
aparece la realidad del sistema económico global como totalidad contrayéndose de
manera caótica.
Señales
Las declaraciones de Soros y Volcker fueron realizadas unos pocos días antes de
que el gobierno norteamericano diera a conocer la cifras oficiales definitivas
de la caída del Producto Bruto Interno en el último trimestre de 2008 con
respecto a igual período de 2007: la primera estimación oficial que había fijado
dicha caída en un 3,8 % resultó ser una burda mentira, ahora resulta que la
contracción había llegado al 6,2% (4), eso ya no es recesión sino depresión.
Japón por su parte tuvo para el mismo período un descenso en su PBI del orden
del 12 %, en enero de 2009 sus exportaciones cayeron 45 % en comparación con
igual mes del año anterior (5), en Europa la situación es similar o tal vez
peor, luego del derrumbe financiero de Islandia la amenaza de bancarrota
económica en varios países de Europa del Este como Polonia, Hungría, Ucrania,
Letonia, Lituania, etc., amenaza a su vez de manera directa a las bancas
acreedoras suiza y austríaca que podrían hundirse como la de Islandia.
Mientras tanto los grandes países
industriales de la región como Alemania, Inglaterra o Francia van pasando de la
recesión a la depresión. Los pronósticos sobre China anuncian para 2009 una
reducción de su tasa de crecimiento a la mitad respecto de 2008, sus
exportaciones de enero han sido 17,5 % inferiores de las de enero del año
anterior (6), este brusco deterioro del centro vital de su sistema económico no
tiene perspectivas de recuperación mientras dure la depresión global por lo que
su ritmo de crecimiento general seguirá descendiendo.
Que Soros y Volcker abran la
expectativa de un colapso del sistema económico mundial no significa que el
mismo se produzca de manera inevitable, después de todo una de las principales
características de una decadencia civilizatoria como la que estamos presenciando
es la existencia de una profunda crisis de percepción en las elites dominantes,
sin embargo la acumulación de datos económicos negativos y su proyección
realista para los próximos meses nos están señalando que la gran catástrofe
anunciada por ellos tiene muy altas probabilidades de realización.
A ese desenlace contribuyen la
impotencia comprobada de los supuestos “factores de control” del sistema
(gobiernos, bancos centrales, FMI, etc.) y la rigidez política del Imperio, por
ejemplo ampliando la guerra en Afganistán preservando así el poder del Complejo
Industrial Militar, gigante parasitario cuyos gastos reales actuales
(aproximadamente algo más de un billón de dólares) equivale al 80 % del déficit
fiscal de los Estados Unidos.
A estos síntomas económicos y
políticos debemos agregar la crisis energética y la alimentaria derivada de ella
que seguramente volverán a manifestarse apenas se detenga el proceso
deflacionario (y tal vez antes), todo eso bajo un contexto de crisis ambiental
que ha pasado a ser un factor actual de crisis (ya no es más una amenaza casi
intangible localizada en un futuro lejano). Y detrás de esas crisis parciales
encontramos la presencia de la crisis del sistema tecnológico moderno incapaz de
superar, en tanto componente motriz de la civilización burguesa, los bloqueos
energéticos y ambientales creados por su desarrollo depredador .
Desintegración, implosión y desacople
La desintegración-implosión del sistema global no significa su transformación en
un conjunto de subsistemas capitalistas o bloques regionales con relaciones más
o menos fuertes entre ellos, algunos prósperos, otros declinantes (la
unipolaridad estadounidense convirtiéndose en multipolaridad, “desacople”
ordenado en torno de nuevos o viejos polos capitalistas).
La economía mundial está altamente
transnacionalizada, conforma una densa maraña de negocios productivos,
comerciales y financieros que penetra profundamente en las llamadas “estructuras
nacionales”, inversiones y dependencias comerciales las atan de manera directa o
indirecta a los núcleos decisivos del sistema global.
En términos generales para un país
o una región la ruptura de sus lazos globales o su debilitamiento significativo
implica una enorme ruptura interna, la desaparición de sectores económicos
decisivos con las consecuencias sociales y políticas que de ello se derivan.
Además el sistema global estaba
hasta ahora organizado de manera jerárquica tanto en su aspecto económico como
político-militar (unipolaridad) resultado del fin de la Guerra Fría y de la
transformación de los Estados Unidos en el amo del planeta. No solo en el
espacio de concentración de las decisiones comerciales y financieras (eso ya
ocurría desde hace más de seis décadas) sino también de las grandes decisiones
políticas.
El hundimiento del centro del
mundo (7) en medio (como detonador) de la depresión económica internacional
significa el despliegue de una cadena global de crisis (económicas, políticas,
sociales, etc.) de intensidad creciente.
Recientemente Zbigniew Brzezinski dejó a un costado sus tradicionales
reflexiones sobre política internacional para alertar sobre la posibilidad de
agravación de los conflictos sociales en los Estados Unidos que podría según él
derivar en una generalización de disturbios violentos (8).
Por su parte y desde una
perspectiva ideológica opuesta Michael Klare ha descripto el mapa de las
protestas populares atravesando todos los continentes, países ricos y pobres,
del Norte y del Sur, iniciadas en 2008 como consecuencia de la crisis
alimentaria en un amplio abanico de países periféricos pero que comienzan a
desarrollarse globalmente en respuesta a la agravación de la depresión económica (9): la multiplicación de crisis
de gobernabilidad nos espera en el corto plazo.
La hipótesis de implosión capitalista abre el espacio para la reflexión y la
acción en torno del horizonte postcapitalista donde se mezclan viejas y nuevas
ideas, ilusiones fracasadas y densos aprendizajes democráticos del siglo XX,
frenos conservadores legitimando ensayos neocapitalistas y visiones renovadas
del mundo empujando grandes innovaciones sociales.
Agonía de la modernidad burguesa
con sus peligros de barbarie senil, pero ruptura de bloqueos ideológicos, de
estructuras opresivas, esperanza en la regeneración humanista de las relaciones
sociales.
*****
1), ”Soros sees no bottom for world financial 'collapse' ", Reuters. Sat Feb
21, 2009. David Randall and Jane Merrick, “Brown flies to meet President Obama
for economy crisis talks”, The Independent , Sunday, 22 February 2009.
(2), US Economic Report for the President, 2008.
(3), En agosto de 2007 la capitalización de las bolsas chinas superaba el valor
del Producto Bruto Interno del año 2006. Dong Zhixin, “China stock market
capitalization tops GDP”, Chinadaily (http://www.chinadaily.com.cn/china/2007-08/09/content_6019614.htm)
(4),Cotizalia.com, 27 febrero 2009, “El PIB de EEUUse hunde un 6,2 %en el cuarto
trimestre”.
(5), BBC News, 25-2-2009, “Japan exports drop 45 % to new low”.
(6), “China's export down 17.5% in January”, Xinhua, 2009-02-11.
(7), Jorge Beinstein, “El hundimiento del centro del mundo. Estados Unidos entre
la recesión y el colapso”. Rebelión, 8-5-2008 (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=67099).
(8), “Brzezinski: ‘Hell, There Could Be Even Riots’ “, FinkelBlog – 20/02/2009 -
(http://finkelblog.com/index.php/2009/02/17/brzezinski-hell-there-could-be-even-riots).
(9), Michael Klare, “A planet at the brink?”, Asia times, 28 de febrero de 2009.