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28-Febrero-09
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Días
de crisis. El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben
Bernanke. |
Si la crisis de prolonga por mucho tiempo, se multiplicarán las rebeliones y
las guerras civiles, sobre todo en las zonas de fractura del sistema mundial.
Y no es imposible que en alguna de estas rebeliones se recoloquen objetivos
socialistas. Pero con certeza no habrá un cambio del "modo de producción" a
escala mundial, ni tampoco una "superación" hegeliana del sistema inter-estatal
capitalista, Por el contrario, desde mi punto de vista, en esta hora de
"estrechamiento de oportunidades" habrá una fuga hacia adelante y una
intensificación de la competencia imperialistas que ya estaban curso en estos
últimos 20 años.
Entrevista a José Luis Fiori (*), por Marcelo Cajueiro -
Revista Sin Permiso
¿Las primeras medidas de la administración de Obama para combatir la crisis
económica, sumadas a las iniciativas de Bush, serán suficientes para conjurar
la crisis?
Yo pienso que es rigurosamente imposible responder a su pregunta, en este
momento. El Senado norteamericano acaba de aprobar un paquete fiscal de
estímulo a la producción y al empleo cercano a los 800 mil millones de
dólares, mientras el secretario del Tesoro del gobierno de Obama, Thimothy
Geithner, anunciaba medidas que pueden llegar al billón de dólares, para
reactivar los mercados de crédito e intentar recuperar al insolvente sistema
financiero norteamericano. Pero no existe ninguna teoría, ni claridad, sobre
cuándo, dónde y cómo serán gastados esos recursos, ni mucho menos, si su
utilización producirá los efectos deseados. Los economistas y las autoridades
gubernamentales norteamericanas y de todo el mundo, están volando a ciegas,
aún cuando no lo reconozcan o no puedan reconocerlo. En medio de esta
confusión, creo que sólo existen tres cosas que pueden ser afirmadas con algún
grado de certeza: la primera, es que haga lo que haga el gobierno
norteamericano, será absolutamente decisivo para la evolución de la crisis en
todo el mundo; la segunda, es que en este momento todos los gobiernos
involucrados están haciendo la misma apuesta y adoptando las mismas
estrategias monetarias y fiscales, y aprobando "paquetes" sucesivos (y hasta
ahora impotentes) de ayuda a la estabilización y reactivación del sistema
financiero, y de estímulo a la producción y al empleo, junto con un aumento
generalizado – pero todavía disfrazado – de las barreras proteccionistas. Y
todos los gobiernos se están proponiendo aumentar el rigor de la regulación de
sus agentes y mercados financieros, y la tercera cosa que se puede afirmar con
toda certeza es que nadie, absolutamente nadie, sabe sí estas políticas darán
en el clavo.
¿Este nuevo consenso podría ser considerado como una victoria del pensamiento
keynesiano, y una retirada definitiva de la ortodoxia monetarista y
neoliberal?
No lo creo. Nada de lo que está ocurriendo tiene que ver con cualquier tipo de
victoria o derrota teórica. Se trata de una reacción de urgencia y pragmática
frente a la amenaza del colapso del poder de los Estados y los bancos, y como
consecuencia, del sistema de producción y de empleo. Fue un cambio de rumbo
inesperado e inevitable, que fue impuesto por la fuerza de los hechos,
independiente de la ideología económica de los gobernantes que están aplicando
las nuevas políticas y que en su mayoría todavía eran ortodoxos y liberales
hasta antes de ayer. Es como si estuviésemos asistiendo a la versión invertida
de la famosa frase de la señora Thatcher: "there is no alternative". Sólo que
ahora, desde mi punto de vista, esta nueva convergencia ocurrió sin mayores
discusiones teóricas o ideológicas y sin ningún entusiasmo político, al
contrario de lo que ocurrió con el "giro" liberal-conservador de los años ´80
y ´90, que atravesó todos los países y todos los planos de la vida social y
económica. La ideología económica liberal no previó y no consigue explicar la
crisis que ella provocó, y en consecuencia, no tiene nada que decir por lo
menos en este momento. Por eso mismo, las ideas ortodoxas y liberales salieron
del primer plano, pero no han muerto ni desaparecerán, por el contrario,
permanecen activas en todos los frentes y trincheras de resistencia a las
políticas estatizantes que están en curso. Una resistencia que va creciendo en
cada hora que pasa, dentro y fuera de los Estados Unidos, a pesar de que
todavía no haya sido debidamente identificada y diagnosticada.
¿Y los keynesianos?
Desde mi punto de vista, los keynesianos también no tienen una teoría capaz de
dar cuanta de la complejidad de esta nueva situación mundial, y por esto
tampoco saben lo que viene por delante, ni consiguen prever sí las "políticas
keynesianas" que están en curso alcanzarán los resultados propuestos.
Asimismo, un gran número considera insuficientes los recursos que han sido
desembolsados, y critican la forma en que viene siendo realizada la limpieza
de los activos podridos de los bancos, que en general, es considerada poco
audaz y poco precisa, además de ser perversa al premiar con recursos públicos
al sector financiero responsable de la crisis. El problema es que, en la
mayoría de las veces, los keynesianos tienen una enorme dificultad para tratar
con los intereses y las luchas del mundo real. Y comparten con los liberales
una especia de "error inverso": los liberales creen en la posibilidad y en la
eficacia de la eliminación del poder político del Estado del mundo de los
mercados; mientras que los keynesianos creen en la posibilidad y en la
eficacia de la intervención correctiva del Estado en el mundo económico. O
sea, en última instancia, ortodoxos y keynesianos comparten la misma
dificultad de entender e incluir en sus modelos, proyecciones y
recomendaciones, las contradicciones y las luchas políticas propias del mundo
económico.
¿Y lo que usted ve cuando mira esta crisis a través de esta "ventana" del
poder?
No es mucha cosa lo que se puede decir sin un estudio más detenido de los
intereses y conflictos en curso entre los grupos sociales y Estados y
economías nacionales, en las principales regiones del mundo; cosa que no hice
ni encontré todavía en los análisis de otros autores. Sin embargo, a vuelo de
pájaro, es posible ver que esta crisis envuelve intereses y poderes nacionales
e internacionales, económicos y políticos, gigantescos y contradictorios. Por
eso mismo, no tiene una solución técnica posible, y desde mi punto de vista
tampoco tiene ninguna solución política a la vista. Todavía asistiremos a
infinitas tentativas y yerros, y una lucha continua y prolongada en torno a
cada una de estas iniciativas. Por lo tanto, todo indica que será una crisis
larga y profunda que actuará como un "tsunami darwinista". Liquidando a los
más débiles en todos los niveles. Y lo que es más chocante es que esta misma
crisis terminará provocando, al final, una gigantesca transferencia y
centralización de riqueza y poder. Sobre todo porque se trata de una crisis
que apareció como culminación de un largo período de 30 años donde también
ocurrió, por otro camino, una enorme concentración y centralización del poder
y del capital. Por último, a la hora de la vuelta del sol, pocos estarán en la
playa, y con certeza quien estará al frente serán los Estados Unidos. Pero lo
que es más sorprendente es que a pesar de que la crisis no ha sido provocada
intencionalmente, ella también debilitará a países que estaban ascendiendo en
las dos últimas décadas y desafiando de alguna forma el orden internacional
establecido. Es como si la crisis reubicase a todos los "sublevados" en "su
debido lugar", como acostumbran a decir los "dueños del poder", en todas las
latitudes del mundo.
¿Pero usted piensa que todo esto ocurrirá sin resistencia?
No. No lo creo. De mi punto de vista habrá resistencia y habrá desintegración
social, incluso cuando ella no asuma la forma de una resistencia consciente. Y
si la crisis de prolonga por mucho tiempo, se multiplicarán las rebeliones y
las guerras civiles, sobre todo en las zonas de fractura del sistema mundial.
Y no es imposible que en alguna de estas rebeliones se recoloquen objetivos
socialistas. Pero con certeza no habrá un cambio del "modo de producción" a
escala mundial, ni tampoco una "superación" hegeliana del sistema inter-estatal
capitalista, Por el contrario, desde mi punto de vista, en esta hora de
"estrechamiento de oportunidades" habrá una fuga hacia adelante y una
intensificación de la competencia imperialistas que ya estaban curso en estos
últimos 20 años.
¿Su visión no es excesivamente pesimista?
No creo, creo que es apenas una lectura capitalista del propio capitalismo,
con sus luchas de poder y sus contradicciones político-económicas que
atraviesan y dan ritmo al movimiento cíclico y expansivo de acumulación y
destrucción periódica del propio capital.
Ahora bien, cambiando un poco de tema, ¿cuáles son sus expectativas con
relación a la política externa de Estados Unidos, bajo la presidencia de Obama?
Sí sólo nos fijamos en las personas y sus discursos, creo que no habría mucho
de nuevo que esperar en la política exterior del gobierno de Obama. Las
figuras centrales que están en el comando de la política exterior, como en el
caso de la política económica, son conocidas. Ya gobernaron durante los ocho
años de la administración Clinton, que promovió cerca de 48 intervenciones
militares alrededor del mundo, al contrario de lo se imagina que fue la década
de los 90. Por otra parte, los programas de campaña de la señora Hillary, como
del propio Obama, fueron explícitamente intervencionistas y comprometidos en
mantener el poder global de los EE.UU. Porque no hay que olvidar que los
Estados Unidos tienen una infraestructura global de poder militar por la cual
deben velar, sea cual fuere su gobierno. Son los acuerdos militares con casi
130países, son sus 700 bases militares situadas alrededor de todo el mundo y
son, por último, sus más de medio millón de soldados sirviendo o luchando
fuera del territorio norteamericano. Los EE-UU. deben enfrentar dificultades
y contradicciones crecientes para administrar este poder global, pero no hay
la menor posibilidad de que los norteamericanos retrocedan y abandonen estas
posiciones de poder, por su propia cuenta, con o sin Barak Obama.
Pero entonces ¿No se puede esperar nada con relación a Bush? ¿Y de dónde
podrían venir los cambios?
Con seguridad habrá cambios, y lo más probable es que ellos vayan creciendo
con el tiempo y pragmáticamente. Pero en este punto es necesario tener en
cuenta que los reveses del período Bush aumentaron las divisiones internas y
crearon una verdadera fractura expuesta y permanente dentro de la sociedad y
de la elite norteamericana. Desde ese punto de vista, la elección y el propio
gobierno de Obama pueden y deben ser considerados como un momento importante,
pero absolutamente inicial o incipiente de un largo proceso de realineamiento
interno de fuerzas e intereses dentro del establishment norteamericano, como
ocurrió en el inicio de los años ´50, y en la década de los ´70, después de
las guerras de Corea y Vietnam. Son momentos en que se forman nuevas
coaliciones de poder y se pueden definir nuevas estrategias internacionales.
Pero estos procesos de realineamiento son lentos y en este nuevo contexto
internacional dependerán mucho de la evolución de las situaciones de poder,
guerra y competencia económica, en los varios tableros geopolíticos alrededor
del mundo. Teniendo en cuenta que muchos de estos conflictos regionales no
tienen perspectiva de solución a corto plazo, debido al gran numero de
intereses involucrados y apoyados por las potencia rivales y con capacidad
militar de imponer su posición dentro de cada una de estas regiones. De
cualquier manera, no hay duda, que frente a un cuadro de tamaña complejidad,
fue un gran paso adelante el aplastamiento del fanatismo religioso del comando
de la política exterior norteamericana, y su sustitución por un proyecto de
experimentación progresivo y realista de soluciones negociadas, siempre que
sea posible, con varias de las potencias envueltas en cada uno de estos
conflictos más calientes, que irán siendo administrados. Aun sin tener una
solución definitiva.
¿Esta crisis actual puede representar el fin de la era norteamericana y la
inauguración de un nuevo ciclo hegemónico?
Para responderte a esta pregunta antes es preciso hacer una breve digresión
teórica. Yo no leo la historia del sistema mundial como una sucesión de ciclos
hegemónicos, una especie de ciclos biológicos de los Estados que nacen,
crecen, dominan el mundo, y después decaen y son sustituidos por un nuevo
Estado que recorre el mismo ciclo anterior hasta llegar a su propia hora de la
decadencia. Desde mi punto de vista, la mejor analogía para pensar el sistema
mundial es como un "universo en expansión" continua, donde todos los Estados
que luchan por el "poder global" – en particular la potencia líder o
hegemónica – constituyen un núcleo inseparable, complementario y competitivo,
en permanente estado de preparación para la guerra. Por esto, son Estados que
están siempre creando, al mismo tiempo, orden y desorden, expansión y crisis,
paz y guerra. Y las potencias que una vez ocupan la posición de liderazgo, no
desaparecen, ni son derrotadas por su "sucesor". Ellas permanecen y tienden
más bien a fundirse con las fuerzas ascendentes, creando bloques cada vez más
poderosos de poder, como ocurrió, por ejemplo, en el caso de Holanda, Gran
Bretaña y Estados Unidos, que en verdad fueron ampliando sucesivamente las
fronteras del poder anglosajón Además de esto, en este sistema inter-estatal
capitalista en que vivimos, crisis económicas y guerras, no son,
necesariamente, un anuncio del "fin" o del "colapso" de los Estados y las
economías involucradas. Por el contrario, en la mayoría de las veces forman
parte de un mecanismo esencial de la acumulación del poder y de la riqueza de
los estados comprendidos dentro del sistema inter-estatal capitalista. Ahora
bien, desde mi punto de vista, las crisis y guerras que están en curso durante
este inicio del Siglo XXI todavía forman parte de una transformación
estructural, de largo plazo, que comenzó en la década de 1970 y que apunta, en
este momento, a un aumento de la "presión competitiva" mundial y para una
nueva "explosión expansiva" del sistema mundial – como la que ocurrió en los
largos Siglos XVI y XIX – que contará con un papel decisivo del poder
norteamericano.
¿Pero no fue exactamente en la década del ´70 que se comenzó a hablar de la
"crisis de la hegemonía norteamericana"?
Exactamente. Fue en la década del ´70 que se comenzó a hablar de la crisis de
la hegemonía del poder norteamericano, y del inicio del fin de la "era
americana". Y mientras tanto, la respuesta que los EE.UU dieron a su propia
crisis tuvo un papel decisivo en la transformación a largo plazo de la
economía política mundial. Basta decir que fueron esos cambios liderados por
EE.UU. que trajeron de vuelta al sistema mundial, después de 1991, a dos
viejas potencias del Siglo XIX, Alemania y Rusia, además de conducir para
dentro del sistema a China y la India, y a casi todos los principales
competidores de los Estados Unidos en este inicio de Siglo. La crisis de
liderazgo de los Estados Unidos, después de 2003, sirvió apenas para dar una
mayor visibilidad a este proceso que ya estaba en curso, con nuevas y viejas
potencias regionales actuando de forma cada vez más "desembarazada", en la
defensa de sus intereses nacionales y en la reivindicación de sus "zonas de
influencia".
¿Usted piensa entonces que los EE.UU están creando sus propios sepultureros?
En parte, apenas, porque de hecho la política expansiva de EE.UU. desde 1970
activó y profundizó las contradicciones del sistema mundial, derrumbó
instituciones y normas, hizo guerras y terminó fortaleciendo a los Estados y a
las economías que hoy están disputando con los Estados Unidos las supremacías
regionales alrededor del mundo. Pero al mismo tiempo, y es esto lo que olvidan
los teóricos de los ciclos hegemónicos, estas mismas competencias y guerras,
cumplen y siguen cumpliendo un papel decisivo en la reproducción y en la
acumulación del poder y del capital norteamericano, que también necesita
mantenerse en estado de acumulación permanente, aprovechándose de esta
competencia, de estas guerras y de estas crisis para reproducir su posición,
al tope de la jerarquía mundial.
¿Usted piensa que la actual crisis económica afectará la centralidad del dólar
como moneda de referencia internacional?
No creo que el papel internacional del dólar sea afectado o alterado como
consecuencia de esta crisis. Basta mirar la llamada "fuga hacia el dólar" que
se aceleró luego de septiembre de 2008, como respuesta a la crisis financiera
norteamericana. Este proceso es incomprensible mientras no se entienda el
funcionamiento del sistema monetario internacional, que mi colega Franklin
Serrano bautizó – ya hace algunos años – de sistema "dólar-flexible". Desde la
década de 1970, los Estados Unidos se transformaron en "mercado financiero del
mundo", y su Banco Central (FED) pasó a emitir una moneda nacional de
circulación internacional, sin base metálica, administrada a través de las
tasas de interés de la propia FED, y de los títulos emitidos por el Tesoro
norteamericano, que actúan en todo el mundo, como el lastre del sistema "dólar
flexible". Por esto, como dice Serrano, la casi totalidad de los pasivos
externos norteamericanos son denominados en dólares y, prácticamente, todas
las importaciones de bienes y servicios de EE.UU son pagadas exclusivamente en
dólares, configurando un caso único en que un país deudor determina la tasa de
interés de su propia "deuda externa". Una magia muy poderosa y una
circularidad imbatible, porque se sustenta en el poder político y económico
norteamericano. Ahora mismo, por ejemplo, para enfrentar la crisis, el Tesoro
norteamericano emitirá nuevos títulos, pero estos títulos serán comprados por
los gobiernos e inversores de todo el mundo, porque siguen siendo una
aplicación segura para todo el mundo, incluso para China, como dice el
influyente economista Yuan Gangming, al sostener que "es bueno para China
invertir mucho en los Estados Unidos; porque no hay muchas otras opciones para
sus reservas internacionales de casi 2 billones de dólares, y las economías de
China y los EE.UU. son interdependientes".
¿Después de la polarización EE.UU-URSS y de la dominación aislada de EE.UU,
qué es lo que viene ahora? ¿La China podrá ocupar el lugar vacío de poder
dejado por un EE.UU. económicamente debilitado?
Como ya dije, a pesar de la violencia de esta crisis financiera y de sus
efectos en cadena sobre la economía mundial, no debería haber una "sucesión
china" en el liderazgo político y militar del sistema mundial. Por el
contrario, del punto de vista estrictamente económico, lo más probable es que
ocurra una profundización de la fusión financiera en curso desde la década del
´90, entre China y los EE.UU. Asimismo, del punto de vista geopolítico, yo
pienso que a lo que asistiremos en las próximas décadas será a una competencia
intensa dentro de un "núcleo central" del Sistema Mundial, constituido por los
Estados Unidos, China y Rusia. Rusia, gracias a sus reservas energéticas, a
su arsenal atómico, al tamaño de sus pérdidas territoriales y de población
después de 1991. De ser así se estará constituyendo un nuevo "núcleo central"
del sistema mundial, compuesto por tres "Estados continentales", que tienen
aisladamente un cuarto de la superficie de la tierra, y más de un tercio de la
población mundial. En esta nueva "geopolítica de las naciones", la Unión
Europea tendrá un papel secundario, al lado de los Estados Unidos, en tanto no
disponga de un poder unificado, con capacidad de iniciativa estratégica
autónoma. Y la India, Brasil y África del Sur podrán aumentar su poder
regional, en escalas diferentes, pero no serán poderes globales, aún por
mucho tiempo. Sin embargo, es muy difícil prever los caminos del futuro,
después de la era imperialista en la que estamos sumergidos.
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(*)José Luis Fiori, profesor de economía y ciencia política en la Universidad
pública de Río de Janeiro, es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.
Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez
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