(IAR
Noticias)
17-Febrero-09
En las grandes potencias la intervención
voluntarista y militarista del Estado estuvo siempre presente, aunque al
servicio de un capitalismo globalizado y financierizado.
Por Jorge Beinstein -
jorgebeinstein@yahoo.com
A comienzos de 2007 fue Alan Greenspan (por entonces ya había abandonado la
presidencia de la Reserva Federal) quien dio el alerta acerca de la próxima
llegada de la recesión en los Estados Unidos, la profecía se cumplió hacia el
fin de ese año. Ahora ha sido Gordon Brown, primer ministro de Inglaterra el que
ante la Cámara de los Comunes a comienzos de febrero de 2009, en plena recesión,
anunció la llegada de la depresión global. Como era de esperarse la palabra
maldita fue rápidamente desmentida oficialmente que la atribuyo a una "gaffe"
(1), una expresión involuntaria de Brown, pero el tema quedo instalado precedido
por un cierto número de comentarios y artículos de especialistas coincidentes
con esa afirmación. Casi al mismo tiempo el presidente de Francia, Nicolás
Sarkozi, califico a la crisis como "la peor desde hace un siglo" y en su
conferencia de prensa del 9 de febrero Barak Obama coincidió con esas visiones
"catastrofistas" (realistas).
2009 aparece como el-año-de-todos-los-peligros, es muy difícil
pronosticar el ritmo de la crisis en curso sobre todo porque no tiene
precedentes en la historia del capitalismo; su carácter sistémico, su pluralidad
(económica, energética, militar, institucional, tecnológica, ambiental,
ideológica) y las interrelaciones entre sus diversas componentes le confieren un
comportamiento errático, casi (pero no totalmente) impredecible.
De todos modos un conjunto de indicadores nos están señalando que el
acople recesivo global que se fue desarrollando durante 2008 está ahora
ingresando en una nueva etapa caracterizada por grandes caídas productivas y
aumentos de la desocupación en los países centrales y en la mayor parte de la
periferia. Se trata de la instalación de un acople depresivo global
avanzando ante la impotencia de los gobiernos de los países ricos que constatan
como las lluvias de millones de millones de dólares, euros, etc., arrojados
sobre sus mercados no consiguen frenar la avalancha.
Al igual que en el comienzo de la etapa anterior el motor de la crisis se
encuentra en los Estados Unidos donde durante el último trimestre de 2008 y en
el comienzo de 2009 aparecieron datos alarmantes anunciando la inminente llegada
de la depresión.
En el cuatro trimestre de 2008 el Producto Bruto Interno promedio cayó a una
tasa anual de 3,8% (si descontamos la acumulación de inventarios la caída supera
el 5%), la producción industrial bajó 11 %, el consumo de bienes durables 22 %,
el de bienes no durables 7 % y las exportaciones 22 %, las informaciones
disponibles del primer mes de 2009 (consumo, desocupación, cotizaciones
bursátiles, algunos sectores industriales decisivos como el del automóvil, etc.)
indican que la tendencia recesiva se profundiza. A las caídas en la producción y
el consumo se agrega el rápido aumento del ahorro personal, impulsado por el
temor a la desocupación y a la pérdida de ingresos, que reducirá aún más el
consumo lo que a su vez empujará hacia abajo a la producción industrial.
A lo largo de 2008 se puso en marcha el clásico círculo vicioso recesivo
donde el consumo, la producción y la inversión interactúan negativamente: la
recesión provoca más y más recesión. Se ha producido un rápido
empobrecimiento del grueso de la población, en algunos casos se trata de
pérdidas de riquezas ilusorias como lo fue el aumento burbujeante de acciones y
valores inmobiliarios que impulsaban el consumo de sus beneficiarios y en otros
de pérdidas reales de empleos, salarios y viviendas.
Dos informaciones pueden ser útiles para evaluar la magnitud del desastre, la
primera referida a la contracción de la riqueza provocada por el colapso
financiero. La llamada riqueza neta de la población norteamericana (valor
de las propiedades, acciones, etc., menos deudas) había descendido a comienzos
de 2009 en unos 14 billones (millones de millones) de dólares corrientes
respecto del valor promedio de 2007, cifra equivalente al Producto Bruto Interno
de los Estados Unidos (2).
La segunda información nos ilustra sobre el impacto social de la crisis, la
desocupación "oficial", es decir la registrada de ese modo por el gobierno,
creció gradualmente a lo largo de 2007 y se aceleró desde mediados de 2008, en
octubre incluía a más de 10 millones de personas, en diciembre superaba 11
millones (7,2% de la población económicamente activa).
Sin embargo esa cifra subestima el problema porque a los 11,1 millones de
desocupados oficiales de diciembre de 2008 (3,6 millones más que en diciembre de
2007) es necesario agregar 2,6 millones de desocupados de "larga duración" (con
27 semanas o más sin empleo), ese sector aumento en 1,3 millones de personas
durante 2008, por otra parte los trabajadores precarios llegaban a unos 8
millones (eran 4 millones 600 mil un año antes). Sumando desocupados oficiales.
crónicos y trabajadores precarios se llega en diciembre de 2008 a casi 22
millones de personas, eran 13 millones 500 mil un año antes (3); se trata del
salto al vacío de más de 8 millones de personas.

Insolvencia y aceleración de la crisis
Los principales indicadores económicos y sociales nos señalan que la crisis
se acelera y que el aumento de ritmo apunta hacia una gran salto cualitativo, un
hundimiento catastrófico de la economía norteamericana que seguramente
arrastrará al conjunto del sistema global.
El Producto Bruto Interno real creció a una tasa anual del 3,3 % en el
segundo trimestre de 2008, tuvo una leve cifra negativa en el tercero (-0,5%) y
cayó con fuerza en el cuarto (-3,8%).
La producción industrial aceleró su descenso a lo largo del año pasado, el
índice promedio del segundo trimestre cayo 0.9 % respecto del primero, el del
tercero bajó 2,3 % respecto del segundo y el de cuarto trimestre descendió 3 %
(4). El consumo personal que se había mantenido estancado en términos reales
durante los primeros meses de 2008 inició un persistente descenso en el segundo
semestre que tiende a acentuarse a comienzos de 2009 (5).
A lo largo de 2007 y hasta abril de 2008 la masa de desocupados oficiales
presentaba una curva ascendente suave, pero en mayo pego un salto del orden del
11 % a partir de allí el crecimiento de la desocupación se aceleró, en los cinco
trimestres que van entre enero de 2007 y marzo de 2008 la tasa trimestral
promedio de incremento del volumen de desocupados nunca superó el 1,5 %, pero en
el tercer trimestre de 2008 subió al 3,5 % y el el cuatro al 5 %. En diciembre
de 2008 se produjeron 630 mil nuevos desocupados netos, en enero de 2008 se
repitió aproximadamente dicha cifra (6).
El índice de precios de las viviendas desciende a velocidad creciente desde
mediados de 2008, 10 % de caída a lo largo de todo 2008 (7).
En los 12 meses que van entre octubre de 2007 y mediados de septiembre de
2008 la capitalización bursátil norteamericana descendió unos cuatro billones
(millones de millones) de dólares, pero solo en los cuatro meses siguientes
descendió en un cifra similar, la baja mensual promedio pasó entonces de 333 mil
millones de dólares para el primer período a un billón de dólares para el
segundo (casi 7 % del PBI por mes) (8). En fin, la tasa de ahorro respecto del
ingreso personal disponible que se había mantenido próxima de cero en los
últimos años pasó del 1,2 % en el tercer trimestre de 2008 a 2,9 % en el cuarto
trimestre y existe consenso entre los pronósticos conocidos para situarla en
torno del 5 % antes de fin de año acentuando así la retracción del consumo (9).
Si la tendencia a la aceleración de la caída económica no puede ser frenada
todo parece indicar que 2009 se producirá la Gran Depresión, mucho más
grande que la de los años 1930.
Desde que se produjo el colapso financiero de mediados de septiembre del año
pasado el gobierno (Bush y luego Obama) ha tratado de suavizar la caída a través
de millonarios subsidios a los bancos primero y después a industrias clave como
la automotriz y finalmente a los consumidores. Sin embargo estas inyecciones de
fondos que aumentan peligrosamente la deuda y el déficit público no han
conseguido el objetivo buscado, ha sido así porque detrás de la crisis de
liquidez, de la falta de crédito, se encuentra el fenómeno de sobre
endeudamiento publico y sobre todo privado que ha colocado a numerosas empresas
y a una enorme masa de consumidores en la insolvencia o al borde de la misma.
Eso no se arregla inyectando dinero en el mercado, con esas intervenciones se
producen algunos alivios pasajeros que evitan uno que otro derrumbe, postergan
un poco la depresión sin poder impedir su llegada. A su vez la insolvencia y el
sobre endeudamiento son el resultado de una prolongada decadencia productiva
asociada al ascenso del parasitismo financiero de aproximadamente cuatro décadas
de duración, es el conjunto del sistema lo que ha entrado en crisis,
Trampa global
Al igual que en el período recesivo (2008) no existe ninguna posibilidad de
desacople, la articulación comercial, productiva y financiera de la economía
mundial opera como una gigantesca trampa de la que nadie puede escapar. Habrá
que esperar a que el tiempo (la prolongación de la crisis) genere factores de
desarticulación, de fractura capaces de quebrar la unidad del sistema, para que
ello ocurra debería producirse una quiebra duradera del comercio y de la trama
monetaria internacional (queda abierta la reflexión acerca de la posibilidades
de supervivencia del capitalismo como cultura universal si eso llegara a
ocurrir).
Por ahora el hundimiento es general, la mayor parte de los países europeos
están pasando de la recesión a la depresión, Japón sigue el mismo camino. China
transita hacia una fuerte baja en su tasa de crecimiento del PBI, algunos
pronósticos la sitúan en torno del 6 % para 2009 con consecuencias económicas y
sociales equivalentes a una recesión, Brasil y Rusia ya se han acoplado al
desinfle global, la Organización Internacional del Trabajo acaba de presentar un
escenario para 2009 que incluye cincuenta millones de desocupados adicionales
(10).
Depresión psicológica
La depresión económica viene precedida por una ola de depresión psicológica
que luego de algunos primeros pasos tímidos en medio de la recesión de 2008 se
expande actualmente a toda velocidad entre las élites dominantes del mundo, el
pesimismo se está adueñando del universo cultural del capitalismo, sus ilusiones
de dominación imperial del mundo se van disolviendo en el océano de la crisis.
Ese clima fue bien expresado en su momento inicial por Richard Haass, presidente
del Consejo de Relaciones Internacionales de los Estados Unidos, cuando en un
articulo publicado en Mayo de 2008 señalaba el fin de la hegemonía global
norteamericana y el nacimiento de un mundo crecientemente despolarizado (11), es
decir el principio del fin de la plurisecular y compleja construcción colonial
de Occidente.
Hacia mediados de diciembre James Rickards, figura clave del aparato de
inteligencia norteamericano presentó un informe auspiciado por la U.S. Navy
plagado de pronósticos siniestros: desde el derrumbe del dólar y de los títulos
públicos norteamericanos hasta reducciones del Producto Bruto Interno del orden
del 30 % en los próximos cinco años y tasas de desocupación similares a las de
los años 1930 (12).
Finalmente el último encuentro de Davos, en otros tiempos reunión estelar de
la cumbre de la globalización neoliberal, estuvo dominado por las constataciones
de impotencia ante una crisis avasalladora, empresarios transnacionales y
dirigentes de las grandes potencias lloraron sobre los restos de un mundo que
llegaron a creer eterno.
Este acople mundial del pesimismo ideológico y la depresión económica podría
ser visto en una primera aproximación al tema como el principio del fin de la
post guerra fría, período de dos décadas de duración marcado por la
dominación global de los Estados Unidos, un auge sin precedentes de la
especulación financiera y una integración transnacional muy avanzada de los
sistemas productivos, también podría ser descripto como era neoliberal
enterradora del keynesianismo, del estatismo burgués desarrollista.
Sin embargo esas serían interpretaciones muy limitadas, carentes de una
visión histórica más amplia ya que el llamado neoliberalismo no fue otra cosa
que el discurso triunfalista de la degeneración financiera, parasitaria del
capitalismo keynesiano. En los Estados Unidos el estado militarista e
interventor nunca se retiró de la escena y en las otras grandes potencias la
intervención voluntarista del Estado estuvo siempre presente aunque al servicio
de un capitalismo globalizado y financierizado cuya dinámica terminó por
desquiciar, corromper profundamente a los sistemas institucionales en los que se
apoyaba. Es toda la historia del capitalismo (sus grandes paradigmas científicos
y tecnológicos, su estilo de consumo, sus sistemas productivos, su cultura
imperial) lo que ahora está comenzando a navegar a la deriva.
*****
(*)
Notas
(1), Philip Webster, "Comment: Brown on depression - a gaffe and that's
official", Times Online, February 4, 2009.
(2), Federal Reserve Statistical Release, Flow of Funds Account in United
States y estimaciones propias..
(3), U.S. Bureau of Labor Statistics, "The employment situation: December
2008".
(4), Federal Reserva Statistical Release, Industrial Production and Capacity
Utilization.
(5), Bureau of Economic Analysis, National Economic Accounts, Real Personal
Consumption Expenditures.
(6), U.S. Bureau of Labor Statistics-
(7), House Price Index, OFHEO, U.S. Office of Federal Housing Entreprise
Oversight.
(8), World Federation of Exchanges.
(9), Personal Saving Rate, U.S. Bureau of Economic Analysis, National
Economic Accounts.
(l0), "Global jobs losses could hit 51 m", BBC News, 2009-01-28.
(11), Richard Haass, "The Age of Nonpolarity. What Will Follow U.S. Dominance",
Foreign Affairs, May/June 2008,
(12), Eamon Javers, "Four really, really bad scenarios", Politico.com, 17 de
diciembre de 2008,
http://www.foreignaffairs.org/2008/3.html
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