(IAR
Noticias)
17-Enero-09
De qué nos suena esto: "funcionarios israelíes
afirmaron que sus listas de objetivos se han ampliado hasta incluir la
amplia red de apoyo del movimiento islamista"
Por
James Petras (*) -
La Haine
Traducido para Rebelión por S. Seguí
I ntroducción
Debido al incondicional apoyo de toda la clase política
estadounidense, de la Casa Blanca al Congreso –en ambos partidos–, entre
los cargos elegidos entrantes y los salientes, y en todos los
principales medios de comunicación impresa y electrónica, el gobierno de
Israel no siente pudor alguno en proclamar públicamente un relato
detallado y gráfico de su política de exterminación masiva de la
población de Gaza.
La sostenida e intensa campaña de bombardeos que desarrolla Israel
contra todas las instancias de la gobernanza, las instituciones cívicas
y la sociedad palestinas está dirigida a destruir la vida civilizada en
Gaza. La totalitaria visión que mantiene Israel se alimenta de la
práctica de una purga permanente de la Palestina árabe basada en el
sionismo, una ideología etno-racista promulgada por el Estado judío y
justificada, potenciada y proseguida por sus organizados partidarios en
Estados Unidos.
Los datos del exterminio israelí se conocen ya: en los primeros seis
días de bombardeos terroristas ininterrumpidos de los centros de
población, grandes y pequeños, el Estado judío ha asesinado y herido
gravemente a más de 2.500 personas, la mayoría de ellos desmembrada y
quemada en los hornos abiertos del fuego de misiles. Gran cantidad de
niños y mujeres han sido masacrados, así como civiles y funcionarios
indefensos.
Los atacantes han sellado todos los accesos a Gaza y han declarado
este territorio zona militar de fuego a discreción, a la vez que
ampliaban su objetivo hasta incluir a toda la población de millón y
medio de prisioneros medio muertos de hambre. Según el diario Boston
Globe (30.12.2008), funcionarios israelíes afirmaron que sus listas
de objetivos se han ampliado hasta incluir la amplia red de apoyo de la
que el movimiento islamista depende para mantenerse en el poder: “…
estamos atacando todo el espectro, porque todo está interrelacionado y
todo apoya el terrorismo contra Israel.” (subrayados del autor). Un alto
cargo israelí de la policía secreta ha afirmado: “La infraestructura
civil de Hamas es un blanco muy sensible.” (Ibid.) Lo que los políticos
y los planificadores militares judíos designan como “Hamas” es toda la
red de servicios sociales, toda la estructura de gobierno y la gran
mayoría de las actividades económicas, lo que alcanza a casi toda la
población de 1.500.000 residentes prisioneros de Gaza.
La lista de objetivos militares de Israel incluye por consiguiente a
toda la población, mediante el uso de todo su arsenal no nuclear durante
un periodo de tiempo ilimitado (hasta el “amargo final”, por citar al
primer ministro de Israel). El portavoz del ministerio de Defensa
israelí ha reiterado repetidamente que el concepto totalitario de guerra
que maneja el Estado israelí hace hincapié en los civiles como objetivo:
“Hamas ha utilizado abiertamente operativos civiles como cobertura de
sus actividades militares. Cualquier cosa relacionada con Hamas es un
objetivo legítimo.”
Como todos los totalitarios del pasado, el Estado judío hace alarde
de una planificación previa sistemática de la campaña de exterminio –con
meses de antelación– hasta el punto de hacer coincidir con precisión el
día y la hora del bombardeo con el momento en que el número de víctimas
pueda ser mayor: los cohetes y las bombas caen a la hora de la salida de
las escuelas, en el momento en que los cadetes de la policía están
recibiendo sus diplomas, y cuando las madres salen corriendo
despavoridas de sus hogares para buscar a sus hijos e hijas.
La campaña militar de exterminio masivo ha sido la continuación del
bloqueo económico incesante y total y de la campaña continua de
asesinatos selectivos desarrollados los dos últimos años. Ambas medidas
han tenido por objeto purgar a Palestina de su población árabe, en un
primer momento mediante el hambre, la enfermedad, la humillación y la
intimidación violenta, así como la toma del poder de los
colaboracionistas de la Organización para la Liberación de Palestina del
títere sionista Mahmud Abbas.
Cuando ha descubierto que con la hambruna y los asesinatos selectivos
sólo conseguían reforzar el vínculo entre la población y su gobierno
democráticamente elegido, así como la determinación del gobierno de
Hamas de resistir a Israel, el gobierno de este país ha lanzado todo su
arsenal armamentístico, incluyendo algunos regalos estadounidenses
recientes, como las bombas anti búnker de 500 kilos y los misiles de
alta precisión con los que incinerar a gran número de seres humanos en
su radio de acción y así arrasar la civilización palestina.
Pasando directamente de su visión totalitaria a sus planes militares
de destrucción de los centros de población palestina, el Estado judío ha
destruido la principal universidad palestina, que acoge a más de 18.000
estudiantes, mujeres en su mayor parte; mezquitas; farmacias; tendido
eléctrico e hídrico; plantas eléctricas; poblados de pescadores; buques
de pesca; y el pequeño puerto pesquero que proporcionaba una escasa
cantidad de pescado a la población hambrienta. Ha destruido carreteras,
instalaciones de transporte, almacenes de alimentos, centros de
investigación, pequeñas fábricas, comercios y apartamentos. Ha destruido
un dormitorio colectivo femenino de la Universidad. Repitiendo aquí las
ya citadas palabras de un líder israelí “...porque todo está
interrelacionado…” es preciso destruir todas las facetas de la vida,
todo lo que permite a los seres humanos existir con dignidad e
independencia.
Los totalitarios líderes israelíes tenían la total confianza de que
podían actuar y asesinar impunemente, tanto sobre el terreno como en
todo el mundo, por la influencia que tiene la Configuración de Poder
Sionista en Estados Unidos, la Casa Blanca y el Congreso de Estados
Unidos. Sabían que tenían el apoyo total de los principales partidos
políticos israelíes (de izquierda, centro y derecha), los sindicatos,
los medios de comunicación y, en particular, la opinión pública. El
Estado terrorista israelí cuenta con el respaldo del 81% de la población
judía israelí, según una encuesta realizada por el Canal 10 de
televisión de Israel (Cf. Financial Times, 30.12.2008.)
La violencia totalitaria israelí y el exterminio de los palestinos
son temas muy populares entre el electorado judío, y han potenciado el
apoyo al candidato del Partido Laborista y actual ministro de Defensa,
Ehud Barak. Sabían que vencerían con muy pocas bajas propias porque han
bombardeado, abrasado y desmembrado a una población indefensa que no
disponía en absoluto de medios para defenderse de los bombarderos F16,
los helicópteros artillados y los ataques con misiles. La vil
depravación del ataque a la población indefensa sólo tiene parangón en
la total cobardía del mando militar israelí y sus animadores sedientos
de sangre cómodamente acomodados tras su monopolio aéreo. No hubo
siquiera amenaza de represalias aéreas, no hubo pilotos heridos o
muertos, tampoco artilleros de helicópteros, cuando oleada tras oleada
de ellos atacaron a la indefensa y cautiva población del asediado y
superpoblado gueto.
Cientos de tanques y vehículos blindados de transporte de tropas
están preparados para invadir, tan pronto como las ciudades y los
pueblos hayan sido arrasados, tan pronto como la población esté
demasiado debilitada para resistir, tan pronto como los líderes y los
combatientes hayan sido asesinados y se hayan reducido a escombros las
instituciones palestinas que permiten el gobierno, con lo que se
desbrozará el camino para los corruptos matones colaboracionistas de la
llamada Autoridad Palestina. Entonces y sólo entonces el estado mayor
israelí se atreverá a en juego el pellejo de un solo precioso soldado
judío y se arriesgará a la ansiedad y la preocupación de los de su
especie en Israel y Estados Unidos.
Aliados exteriores: los presidentes de las principales
organizaciones judías estadounidenses
Desde el momento en que el gobierno israelí decidió destruir el nuevo
gobierno elegido de Hamas y condenar al democrático electorado de Gaza a
la inanición y la muerte, la configuración de poder sionista
estadounidense (CPS), y en ella los presidentes de las principales
organizaciones judías estadounidenses (PPOJ), tocaron todas las teclas
para llevar a cabo la política israelí. El grupo de presidentes incluye
los de las 52 organizaciones judías que cuentan con más miembros, más
poder financiero y más poderosos apoyos.
El lobby más destacado representado en los PPOJ es el Comité de
Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC), que cuenta con más de
100.000 miembros y 150 operadores a tiempo completo en Washington
dedicados a presionar al Congreso de Estados Unidos, a la Casa Blanca y
a todos los organismos administrativos cuyas políticas puedan estar
relacionadas con los intereses del Estado de Israel. No obstante, la
influencia política israelí se extiende mucho más allá de sus
organizaciones no gubernamentales.
Más de cuarenta diputados del Congreso y más de una docena de
senadores de la Cámara Alta son sionistas comprometidos que apoyan
automáticamente todas las políticas de Israel y hacen presión para que
Estados Unidos facilite fondos y armamento destinados a la maquinaria de
guerra israelí. Otros funcionarios de alto nivel que apoyan
reiteradamente y sin reservas las políticas del Estado de Israel ocupan
cargos administrativas clave en el departamento del Tesoro, el
departamento de Comercio, el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) y el
Pentágono, junto a asesores de alto nivel en materia de asuntos de
Oriente Próximo, también sionistas fanáticamente comprometidos.
Igualmente importante es el hecho de que la mayoría de los medios de
comunicación en prensa, televisión y medios electrónicos son propiedad
de grandes magnates judio-sionistas o están fuertemente influenciados
por éstos, y por ello practican la manipulación de las noticias en favor
de Israel.
La composición e influencia de la CPS es un elemento clave para
comprender tres características fundamentales del poder de Israel: 1)
Israel puede cometer con total impunidad lo que tanto las Naciones
Unidas como los especialistas internacionales de Derechos Humanos
definen como crímenes contra la humanidad; 2) Israel obtiene un
suministro ilimitado de las más avanzadas y destructivas armas, y las
utiliza sin límite contra la población civil, violando con ello también
las restricciones del propio Congreso de Estados Unidos; y 3) el
representante de Estados Unidos ante las Naciones Unidas ha vetado
siempre, hasta hoy, docenas de condenas casi unánimes contra la
construcción de barreras genocidas que crean el apartheid de la
población palestina, así como contra el bloqueo que condena al hambre a
la población, y ha vetado también la actual campaña de exterminio en
Gaza.
Muchos críticos del genocidio israelí en Gaza condenan también lo que
califican de complicidad de Washington o de Estados Unidos sin
identificar claramente las fuerzas sociopolíticas reales que influyen en
los responsables de las políticas, o las lealtades o identidades duales
de los políticos estadounidenses defensores a ultranza y vinculados
inseparablemente con Israel. Por consiguiente, la mayor parte de los
críticos no consigue contrarrestar, protestar o siquiera identificar la
ideología y las políticas de la CPS que dan forma a la complicidad
estadounidense con Israel, que intimidan a críticos potenciales, que
escriben y vocean los editoriales pro israelíes en los medios de
comunicación, y que los filtran de modo que no haya ningún tipo de
crítica, ninguna verdad, ni siquiera cuando Israel se permite realizar
sangrientas campañas duraderas.
La CPS y la guerra de exterminio en Gaza
La CPS ha tenido un papel destacado en todas las etapas de la campaña
israelí de exterminio en Gaza, en particular en el sostenido esfuerzo
propagandístico. La CPS ha orquestado con éxito una masiva campaña a
través de la amplia red de medios de comunicación estadounidenses que
controla e influencia, y ha creado una imagen del gobierno de Hamas en
Gaza como organización terrorista que supuestamente accedió al poder
mediante la violencia, que desfigura totalmente el hecho de que Hamas
llegó al poder en unas elecciones democráticas supervisadas
internacionalmente, y el hecho de que defendiera su mandato electoral
contra el intento de usurpación por la fuerza llevado a cabo por la OPL
con ayuda de Israel.
La élite sionista judía dio su apoyo a las ocupaciones de tierra
palestina por parte de Israel, la construcción del muro en torno al
gueto palestino, los centenares de controles de carretera, la violencia
de los colonos en su ocupación de hogares palestinos en Cisjordania y
Jerusalén Este, y el criminal y genocida bloqueo económico impuesto a
Gaza con objeto de someter sistemáticamente a los palestinos al hambre,
y con ello a la sumisión.
En los dos años que dura ya la campaña de exterminio israelí en Gaza,
los sionistas estadounidenses hay tenido un papel destacado en conseguir
que el servil gobierno de Estados Unidos apoye, en este país y el
extranjero, cualquier tipo de medida totalitaria: la mayor parte de las
sinagogas se han convertido en púlpitos del odio en defensa de la
condena al hambre y la degradación de 1.500.000 palestinos refugiados en
Gaza, aprisionados por todas partes por una fuerza mortífera, y también
en defensa del desmembramiento en cantones económica y socialmente
devastadores de los 4.5 millones de palestinos que forman la población
de Cisjordania sujeta a ocupación extranjera.
Con ausencia total de pudor, el Congreso de Estados Unidos ha seguido
el liderazgo sionista y ha respaldado todas y cada una de las medidas
criminales adoptadas por el Estado de Israel, habiendo aprobado docenas
de resoluciones, en muchos de los casos escritas totalmente por los
activistas del AIPAC en calidad de agentes no declarados del gobierno de
Israel (lo que viola un estatuto federal estadounidense que exige que
los agentes y los lobbistas estén registrados como tales.)
Las exigencias de Israel de disponer de los aviones de guerra más
modernos –entre otros los F16–, helicópteros artillados Apache y bombas
de 500 kilogramos se vieron cumplidas gracias a los buenos oficios de
los lobbistas del AIPAC y sus clientes miembros del Congreso de Estados
Unidos. En otras palabras, la CPS estadounidense ha creado la cobertura
ideológica y los instrumentos militares que han permitido a Israel
librar su guerra total contra la indefensa población palestina.
Asimismo relevante, importantes líderes sionistas del Congreso y
miembros del establishment de las relaciones exteriores
bloquearon o vetaron cualquier crítica internacional de Israel,
permitiendo así su impunidad y su inmunidad respecto a las sanciones que
el Congreso aplica generalmente contra Estados delincuentes. En otras
palabras, los estrategas políticos israelíes han operado con el
convencimiento de que no habría repercusiones económicas, diplomáticas o
militares negativas a su campaña de exterminio en Gaza, porque sabían,
de antemano, que su gente controla totalmente la política de Oriente
Próximo hasta el punto de repetir palabra por palabra todas y cada una
de las mentiras propagandísticas en defensa de la guerra total de Israel
contra la población de Gaza.
En defensa de la guerra de exterminio que practica Israel
Los medios de prensa estadounidenses controlados por los sionistas,
en particular el New York Times y el Washington Post,
elaboraron sistemáticamente un relato que se ajustaba perfectamente a la
línea oficial utilizada por Israel para defender su asalto masivo a Gaza:
omitiendo cualquier resumen histórico de los centenares de incursiones
armadas de Israel y de sus asesinatos selectivos de líderes y cuadros
palestinos (perpetrados incluso en sus hogares) que han violado
sistemáticamente el acuerdo de alto el fuego aceptado por Hamas, y que
han provocado la respuesta de esta organización en defensa de su pueblo;
omitiendo los años que dura ya un bloqueo israelí de alimentos y
productos esenciales que ha condenado al hambre y pone en peligro las
vidas de 1.5 millones de palestinos y que hizo que la dirección elegida
de Hamas llevara a cabo esfuerzos desesperados para conseguir
suministros de supervivencia a través de los túneles que cruzan la
frontera egipcia y mediante ataques a Israel con cohetes, con el fin de
obligar al estado judío a negociar y poner fin al criminal bloqueo.
La Conferencia de presidentes de las principales organizaciones
judías estadounidenses (PPOJ) y la gran mayoría de grupos comunitarios y
congregaciones judías dieron un apoyo entusiasta y unánime a la guerra
total desencadenada por Israel, a su campaña de exterminio contra la
población palestina cautiva en Gaza. Incluso cuando las imágenes y las
informaciones sobre la destrucción masiva y las muertes y heridas de más
de 2.500 palestinos indefensos se filtraron a los medios de
comunicación, ni siquiera una de las principales organizaciones judías
rompió filas, y las protestas vinieron de personas individuales y
pequeños grupos. Todas las grandes insistieron en su política de la Gran
Mentira: la destrucción de hospitales, mezquitas, universidades,
carreteras, apartamentos, farmacias y puertos de pesca fue etiquetada de
objetivos pertenecientes a Hamas. Los ataques sistemáticos con los
helicópteros artillados contra 1.500.000 civiles fueron borrados gracias
a tendenciosos relatos de los misiles artesanales de Hamas que caían
cerca de ciudades israelíes con escasos daños.
Una lectura atenta del principal órgano de propaganda de las
principales organizaciones judías estadounidenses (PPOJ), The Daily
Alert durante los primeros cinco días del ataque israelí revela la
vía propagandística adoptada por la dirigencia de la CPS. El citado
medio hizo todo lo posible, sistemáticamente, para conseguir lo
siguiente:
1. Exagerar la amenaza para Israel de los misiles palestinos
lanzados desde Gaza, citando las cuatro muertes israelíes pero
omitiendo cualquier mención a los 2.500 palestinos muertos y heridos,
y a la total destrucción de su economía y medios de vida, que los ha
dejado sin agua segura, electricidad, alimentos, combustible
doméstico, medicinas y calefacción en pleno invierno);
2. Insistir en el carácter defensivo del ataque israelí, dirigido a
la eliminación de los cohetes de Hamas, mientras se omite cualquier
mención al propósito explícito de destruir todo tipo de organización
civil, organismo de bienestar social, instalaciones educativas,
centros médicos e instituciones de seguridad pública relacionadas de
cualquier modo con el gobierno de Hamas, así como todo tipo de
agencias auxiliares.
3. Citar determinadas declaraciones de aliados y satélites de
Israel (Washington, los medios de comunicación estadounidenses,
Alemania y el Reino Unido), que culpan a Hamas del conflicto, sin
mencionar a la gran mayoría de naciones que condenan la brutalidad de
Israel en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
4. Reproducir las calumnias que Israel dedica a los líderes y
organizaciones de derechos humanos en todo el mundo que condenan la
política genocida del Estado judío contra la población autóctona
palestina. En este sentido, The Daily Alert es el medio
negacionista más destacado en Estados Unidos y probablemente en todo
el mundo, fuera de Israel.
5. Citar repetidamente las afirmaciones de los líderes militares y
políticos en el sentido de que están actuando con prudencia,
salvaguardando la vida de civiles y tomando por objetivo sólo blancos
militares, todo ello a pesar de los informes e imágenes de destrucción
civil masiva y pérdidas de vidas, debidamente documentada por la gran
mayoría de medios de comunicación occidentales no estadounidenses.
6. Defender todas y cada una de las misiones de bombardeo que
realiza Israel, día tras día, hora tras hora, de cada edificio, cada
vivienda y cada institución económica, religiosa y educativa en Gaza,
calificándolas de defensivas o de simples represalias, a la vez que
citan algunos de los más infames, incondicionales y perennes
apologistas de la violencia israelí, como si fuesen intelectuales
imparciales, entre otros Benny Morris (alias “Nuke Tehran”), Marty
Peretz y Amos Oz.
7. El Daily Alert cita a escritores, periodistas y jefes de
redacción estadounidenses que alaban y defienden la guerra total de
Israel, sin mencionar su afiliación antigua a organizaciones sionistas
y su identificación con éstas, con lo que dan la falsa imagen de que
el ataque cuenta con un amplio espectro de opinión favorable. En
ningún caso ha aparecido en el Daily Alert ni la más moderada
crítica, judía o gentil, a la campaña de exterminio masiva practicada
por Israel.
Las principales organizaciones judías de Estados Unidos han
bombardeado el Congreso, influenciando, intimidando y comprando a los
cobardes autodenominados representantes del pueblo estadounidense, los
medios de comunicación y las celebridades públicas con sus mentiras en
defensa de la guerra total desencadenada por Israel para exterminar a
todo un pueblo. Su descarada complicidad pública con el genocidio puede
considerarse un crimen contra la Humanidad, en concepto de promoción
deliberada de acciones por parte de un Estado para destruir todo un
pueblo.
Y sin embargo, estos cómplices conscientes, estos ejecutores
voluntarios de los asesinatos masivos a manos del Estado no reciben
réplica alguna de la clase política estadounidense. Uno de los
principales voceros del próximo gobierno de Barack Obama, el asesor
presidencial David Axelrod, se permite incluso citar un discurso de
campaña de Obama en justificación de los ataques de Israel sobre el
pueblo de Gaza.
Israel repudia con total arrogancia todas las llamadas a poner fin a
esta campaña asesina, porque sabe que su gente sigue al mando del timón
de la política estadounidense para Oriente Próximo, y que su gente
utilizará la fuerza de que dispone en el gobierno del nuevo presidente
para bloquear cualquier condena de este crimen.
Hasta hoy, todo el movimiento pro derechos humanos y contra la guerra
no ha mencionado, y menos aún cuestionado, a las más poderosas
organizaciones políticas y propagandistas, que influencian la política
de EE UU y manipulan los medios de comunicación en favor de la campaña
de exterminio que lleva a cabo Israel. Este país no va a poner fin a sus
políticas totalitarias mientras sus principales apoyos en Estados Unidos
se sigan sintiendo libres de mentir, manipular y defender cada uno de
sus crímenes.
Hay pocas esperanzas de que el Congreso de Estados Unidos adopte una
política independiente si tenemos en cuenta que la guerra de exterminio
de Gaza está siendo defendida por el diputado, presidente del Comité de
Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes y destacado zelote
Howard Berman con las siguientes palabras: “Israel tiene el derecho,
incluso el deber, de defenderse en respuesta a los centenares de cohetes
y proyectiles de mortero lanzados desde Gaza durante la pasada semana.
Ningún gobierno del mundo se cruzaría de brazos y permitiría que sus
ciudadanos sufriesen este tipo de bombardeo indiscriminado. La pérdida
de vidas inocentes es una terrible tragedia y la culpa de esta tragedia
es de Hamas.”
Así, el congresista Berman olvida cínicamente los dos años del
bloqueo de Israel a Gaza, los diarios asesinatos selectivos de
palestinos, los selectivos ataques con misiles contra civiles, el
bloqueo por tierra, mar y aire, y la flagrante destrucción selectiva de
la infraestructura de Gaza. Ningún gobierno, y menos un gobierno
islamista democráticamente elegido, puede quedarse inmóvil mientras su
pueblo está sometido al hambre y a la sumisión por medio del asesinato.
Pero según los respetables congresistas como Berman que hay en el mundo,
sólo las vidas de los judíos tienen valor, no los crecientes miles de
ciudadanos asesinados y mutilados de Gaza, ¡éstos no cuentan como
personas!
Qué hacer
Los crímenes israelíes contra la Humanidad exigen una respuesta
pública: una acción social que obligue a cesar y abandonar la campaña de
exterminio del pueblo de Gaza. Dado que el Estado judío ha atacado una
amplia serie de instituciones sociales palestinas, que tienen su
contraparte en nuestra sociedad, podemos y debemos movilizar a estas
contrapartes para que condenen y boicoteen a sus homónimas israelíes:
1. Deberíamos pedir a la comunidad académica en su conjunto que
denuncie el bombardeo por Israel de la Universidad Islámica de Gaza y
la destrucción total de todas sus instalaciones científicas. En todo
el país, debería irse a un boicot organizado de las universidades
israelíes y de los intercambios académicos, en particular los
científicos. Habría que prestar atención a los 450 presidentes de
universidades estadounidenses que en estos últimos años han denunciado
una petición de académicos británicos a boicotear a Israel, y que han
permanecido en silencio cómplice ante la total aniquilación física por
parte de Israel de las diez facultades de que disponen los 20.000
estudiantes universitarios palestinos.
2. Todos los trabajadores estadounidenses de la salud –médicos,
enfermeros, técnicos– deberían organizarse y denunciar el bloqueo
médico de Israel contra el millón y medio de habitantes de Palestina
que se amontonan en la Franja de Gaza. Deben condenar el bombardeo
israelí del Hospital Infantil de Gaza, las farmacias de barrio, así
como los ataques contra los vehículos que transportan a las víctimas
heridas gravemente en los ataques aéreos y de cohetes. El personal
médico debería plantear las cuestiones éticas fundamentales relativas
a la colaboración del personal médico y los programas estadounidenses
en las políticas de exterminio, de guerra total, del Estado de Israel.
3. Los ciudadanos deberían exigir el fin de toda ayuda militar
estadounidense a Israel, especialmente el suministro de aviones F16,
helicópteros de ataque Apache, misiles, bombas anti búnker de 500
kilogramos utilizadas por las fuerzas armadas israelíes sobre la
infraestructura civil de Gaza con el resultado de más de 2.500
asesinatos y heridas graves a ciudadanos, funcionarios, policías y
milicias nacionales palestinas. A fin de conseguir el final del
suministro de ayuda estadounidense a Israel, deberían esforzarse en
identificar y denunciar a los lobbistas y promotores sionistas
más agresivos y exitosos en las campañas para influir en los miembros
elegidos del Congreso de Estados Unidos y la Casa Blanca, en relación
con los presupuestos de ayuda militar exterior.
4. Las instituciones religiosas deberían denunciar sin ambages los
crímenes de Israel contra la Humanidad –entre otros la demolición de
cinco mezquitas– uniendo para ello todas las confesiones (cristianos,
musulmanes, budistas) y especialmente tendiendo la mano a la pequeña
minoría de rabinos y judíos practicantes que están dispuestos a
denunciar abiertamente las prácticas totalitarias del Estado de
Israel.
5. Los trabajadores portuarios, estibadores, marineros y otros
trabajadores y funcionarios marinos deberían boicotear el comercio con
Israel y denunciar los violentos ataques de su Marina, en aguas
internacionales, de los buques de pesca civiles y de los buques que
transportan ayuda humanitaria a Gaza. Ningún barco que transporte
productos israelíes debería ser cargado o descargado mientras Israel
mantenga su criminal bloqueo de las instalaciones portuarias de Gaza.
6. Decenas de millones de ciudadanos estadounidenses sujetos al
sesgo pro israelí de los medios de comunicación electrónicos e
impresos, al bucle noticioso de presentaciones, editoriales, artículos
de fondo, noticias, etc. sionistas y a los supuestos expertos en
Oriente Próximo, deberían exigir un tiempo de cobertura, unos
reportajes, etc. a cargo de especialistas, analistas y comentadores no
sionistas. Deberíamos exigir que se ponga fin a los eufemismos y los
montajes, que convierten a las víctimas en agresores y a los
exterminadores en víctimas.
7. Deberíamos luchar en todo lugar, en cada foro público, la
batalla de ideas contra los esfuerzos de la CPS para monopolizar el
debate sobre la política de genocidio israelí, y para censurar,
intimidar y calumniar a los críticos del apartheid israelí, como el
presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Miguel
d’Escoto, califica tan acertadamente el muro del gueto que rodea a los
pueblos palestinos. La multiplicación de las protestas públicas contra
la guerra de exterminio que practica Israel es un paso adelante de
gran importancia para contrarrestar el monopolio sionista de los
medios de comunicación de masas y dar ánimos a los miles de millones
de estadounidenses que reconocen con claridad y desprecian en privado
los crímenes de Israel, y que sienten los ataques intimidatorios de
las élites sionistas locales, contra aquellos que osan hablar
abiertamente. La presión masiva sobre los representantes elegidos
puede llevar a algunos de ellos a reconsiderar su abyecto servilismo a
sus contribuyentes sionistas y a sus colegas del Congreso partidarios
del Israel, primero.
8. Una campaña patriótica llevada a escala nacional debería exigir
que el lobby israelí, en particular el AIPAC, salga del armario
y se registre como agente exterior del Estado de Israel. Esta medida
podría socavar el atractivo que tiene el lobby a ojos de los
judíos estadounidenses, reducir su influencia en el Congreso y abrir
procesos e investigaciones judiciales de su abuso de exención fiscal y
lavado de dinero, y podría conducir a revelaciones de su traicionera
entrega de documentos confidenciales del gobierno de Estados Unidos a
una potencia extranjera. Hay una base política y legal poderosa para
una negación del estatuto de lobby exento de impuestos, entre
otras por la transparente y abrumadora evidencia de que todas las
organizaciones sionistas actúan como correas de transmisión de las
políticas estatales israelíes. Desde comienzo de los años 50 y hasta
1963, el precursor del AIPAC estaba obligado a registrarse como agente
exterior del Estado de Israel. Más recientemente, un fiscal israelí
presentó pruebas de que este organismo judío-israelí y sus
contrapartes estadounidenses estaban blanqueando decenas de millones
de dólares, especialmente para la financiación de los asentamientos
coloniales israelíes en la Palestina ocupada, condenados como ilegales
por la legislación internacional. Las audiencias del Congreso, los
procesos y una mayor investigación documental revelarían el papel del
lobby israelí como quinta columna del Estado de Israel contra
los intereses del pueblo de Estados Unidos.
Hasta tanto no neutralicemos el poder dominante de la Configuración
de Poder Sionista, en todas sus manifestaciones, en la vida civil y
pública de Estados Unidos, y su profunda penetración en el poder
legislativo y las instancias ejecutivas no conseguiremos impedir que
Israel reciba las armas, la financiación y el sostén político que le
permiten mantener sus guerras de exterminio étnico.
Podemos imaginarnos, fácilmente, que cuando se les transmite a los
líderes de Israel el profundo asco y cansancio de la gran mayoría de los
pueblos del mundo por el asesinato masivo del pueblo de Gaza, aquéllos
respondan, parafraseando a Stalin: ¿Cuántos bombarderos, misiles,
cazabombarderos y lobbies poderosos tienen ellos?.
******
(*)James Petras es especialista de la política sionista
estadounidense y analista de la prensa judía israelí y estadounidense.
Es también autor de Zionism, Militarism and the Decline of US Power,
Clarity Press 2008.
Fecha de publicación: 2 de enero de 2009.
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