Después de su desastrosa aventura en Líbano contra la guerrilla chiíta
Hezbollah, hace poco más de dos años, Israel libra una guerra más de su extensa
lista bélica, esta vez contra los palestinos de Gaza, en espera de su bombardeo
prometido a Irán, en caso del triunfo en las urnas el próximo 10 de febrero de
Bibi Netanyahu.
¿El matadero de Gaza forma parte de la aplicación por Israel del Choque y
Cheque de civilizaciones?
Para justificar el matadero de Gaza, Israel sostiene el maniqueísmo
propagandístico que pretende discriminar entre los “malos palestinos” –los
fundamentalistas islámicos de Hamas (tildados de “terroristas” y ”antisemitas”),
que controlan la hacinada Franja de Gaza–, con los “buenos palestinos” –la
Autoridad Nacional Palestina de Cisjordania donde gobierna Mahmud Abbas.
Israel es el único país del Medio Oriente que cuenta con bombas nucleares,
que ascenderían a un máximo de 400 ojivas (Boletín de Científicos
Estadunidenses: FAS.org), y goza de selectivas canonjías celestiales para
ser dispensado en no firmar el Tratado de no Proliferación de Armas Nucleares,
que se exige a todo el mundo, y evadir la inspección de la Agencia Internacional
de Energía Atómica. Su dotación nuclear sería impensable sin el financiamiento
del exterior, proyecto que rebasa su exigüidad económica.
Más allá de la reprobación universal, con excepción del régimen torturador
bushiano y sus aliados a ultranza, sobre el matadero de Gaza que ha instalado el
gobierno de Israel, existe una dimensión poco abordada de su financiamiento
desde el exterior que hace posible la perpetuación de sus atrocidades y que se
encuentra íntimamente vinculada al sionismo financiero.
Son necesarias, pero insuficientes, las condenas al matadero de Gaza, por lo
que resulta imperativo exponer la anatomía y el flujograma del financiamiento
(de la periferia al centro) de la maquinaria bélica de Israel, que goza de la
patente de corso del régimen torturador bushiano.
Frente al resto del planeta, Israel es un país bélico y beligerante desde el
punto de vista de su estructura económica y presupuestal.
El manual de la CIA señala que Israel “usualmente exhibe déficits comerciales
considerables (sic) que son cubiertos por inmensas (sic) transferencias de pagos
desde el exterior y por empréstitos foráneos. Aproximadamente la mitad
(¡súper-sic!) de la deuda exterior de su gobierno se adeuda a EU, su principal
fuente de ayuda económica (¡súper-sic!) y militar”.
La deuda externa de Israel representa 55 por ciento de su PIB, lo cual
destaca que EU contribuye en forma determinante a nutrir su maquinaria bélica.
Israel representa(ba) “el país con el mayor gasto militar anual per capita”
del planeta: mil 487 dólares, frente a 986 de EU; es decir, 1.5 veces más,
cuando el promedio mundial era de 311 dólares (datos de la CIA de 2002).
Cuando se aborda el gasto militar como “porcentaje del PIB”, en 2006 Israel
representa(ba) el séptimo lugar mundial (7.3 por ciento) frente a EU (4.06 por
ciento). SIPRI Yearbook 2008 precisa que el gasto militar de Israel asciende a 8
por ciento de su PIB (¡el doble de EU!), cuando se agrega la “ayuda militar de
EU por 2 mil 340 millones” de dólares.
Israel se sitúa en el lugar 43 del PIB mundial (164 mil 103 millones de
dólares), lo que abulta que su maquinaria bélica sería inimaginable sin la
aportación financiera del exterior.
El matadero de Gaza es una de las consecuencias de las causas reales que
suelen ser escamoteadas: el financiamiento del complejo-militar-industrial
israelí, de la periferia al centro, y en el que juega un papel relevante el
sionismo financiero y la expatriación de capitales a Israel.
El banquero Bernard Madoff ha sido señalado, en el contexto de la “mayor
estafa financiera de la historia”, de haber desviado los capitales a Israel
(entre 50 mil millones y 100 mil millones de dólares). Entre los
“inversionistas” de la lista de Madoff se encuentra nada menos que Technion,
Instituto de Investigaciones Tecnológicas de Israel, que ocupa los primeros
lugares en la clasificación mundial, y cuyos inventos forman parte del
complejo-militar-industrial de Israel.
Cabe destacar la expatriación de 400 mil millones de dólares a Israel, días
antes de su “quiebra”, del banco de Inversiones Lehman Brothers, que detonó el
tsunami financiero global (que, por cierto, infectó a México).
Para ubicar la “naturaleza de las cosas”, como dirían los filósofos
helénicos, habría que colocar en perspectiva los casi 500 mil millones de
dólares expatriados conjuntamente por Lehman Brothers y Madoff, en caso de
resultar ciertas las afirmaciones de los medios financieros especializados de
EU: representarían más de tres veces el PIB anual de Israel; es decir, le
concederían una oxigenación de tres años de financiamiento en el contexto de la
ominosa depresión económica global, lo cual lubricaría y mantendría a flote su
maquinaria bélica, y constituiría alrededor de 50 veces (¡súper-sic!) su gasto
militar, lo que demostraría fehacientemente que el matadero de Gaza no ocurriría
sin los descomunales financiamientos de toda índole desde el exterior.
¿Conocerá Stanley Fischer, anterior vicedirector del FMI y vicepresidente del
Banco Mundial, hoy gobernador del Banco Central de Israel, el destino del dinero
presuntamente estafado y extraviado por Madoff y Lehman Brothers? ¿Qué opinarán
los ciudadanos de EU cuando se conozca la dimensión de la expatriación de
capitales de EU a Israel en el contexto del tsunami financiero mundial
y la depresión económica de su país?
Llaman la atención los vínculos con Israel de los recientes jerarcas del FMI
(Dominique Strauss-Kahn; antes, el mismo Stanley Fisher), del Banco Mundial (Robert
Zoellick; antes Paul Dundes Wolfowitz), y del EBRD (por sus siglas en inglés),
Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (con Jacques Attali), varios de
ellos mancillados con sonoros escándalos de corrupción a cuestas.
En México, cabe acentuar la operatividad circular de los pagarés del Fobaproa/IPAB:
entre su firmante, Martín Werner Wainfeld (hoy empleado del banco de inversiones
Goldman Sachs, que según The Financial Times se benefició con los
“derivados financieros” del efecto Tequila), y su hermano Alejandro
Mariano (subsecretario de Hacienda de Agustín Carstens, anterior ejecutivo del
FMI), quien los paga religiosamente.
Napoleón solía decir que el “dinero es el nervio de la guerra”.