A medida que el dólar continúa debilitándose, en gran parte de Asia aumentan
las preocupaciones sobre otra divisa en declive: el yuan.
Por Alex Frangos -
The Wall Street Journal
Por más de un año, China ha mantenido el yuan casi sin cambios frente al
dólar. Por lo tanto, al igual que el dólar, el yuan ha estado cayendo de forma
constante con respecto a las monedas de los países vecinos de China, incluyendo
el ringgit malasio, la rupia indonesa y el won surcoreano. Eso hace que los
bienes producidos en esos países sean más caros que los chinos.
"Si una gran economía en Asia se abraza al dólar, todos sienten presión",
dice Frederic Neumann, economista del banco HSBC para Asia. "Incluso 5% en este
contexto duele".
Los países que compiten con China están en una coyuntura crítica. Para frenar
el alza de las divisas frente al yuan (y el dólar), los bancos centrales a lo
largo de Asia han estado comprando en los últimos meses grandes cantidades de
dólares y aumentando sus reservas de divisas extranjeras. Ahora esas reservas
han vuelto a los niveles anteriores a la crisis.
Al mismo tiempo, las economías asiáticas están bajo presión para permitir que
sus monedas se aprecien y reducir su énfasis en las exportaciones para impulsar
el crecimiento. Algunos economistas y autoridades internacionales temen que una
continua intervención en los mercados de divisas refleje una falta de voluntad
para acabar con viejas costumbres como el crecimiento de las exportaciones
impulsado por políticas que mantuvieron las monedas subvaluadas. La intervención
también podría aumentar los riesgos de una inflación doméstica.
La semana pasada, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben
Bernanke, hizo eco en un discurso de las preocupaciones sobre el rol de Asia en
el rebalanceo del comercio global. "Debemos evitar desequilibrios cada vez más
grandes e insostenibles en el comercio y los flujos de capital", dijo.
Sin embargo, para los países asiáticos que tratan de dirigir una frágil
recuperación de las exportaciones, es difícil seguir el consejo del resto del
mundo y permitir que sus monedas suban mientras el yuan cae junto al dólar.
"China tiene una tasa de cambio fija que ayuda mucho a las empresas chinas, y
nos perjudica", dice Sung Jin Lee, presidente de la unidad de productos de
consumo de Bukang Sems Co., un fabricante con sede en Incheon, Corea del Sur.
Bukang produce desde partes de autos hasta limpiadores antibacteriales de
colchones. Lee apoya la intervención del gobierno en los mercados de divisas y
dijo que sus ganancias se reducirán si el won asciende aún más.
Desde su máximo en marzo, el dólar —y por extensión el yuan— ha descendido
24,3% frente al won surcoreano; 10,4% contra el dólar de Singapur; 7,7% con
respecto al baht tailandés y 9,3% frente al ringgit de Malasia.
El won, el dólar de Singapur, el baht y el ringgit se han apreciado pese a
los miles de millones de dólares que han comprado los países asiáticos. Corea
del Sur añadió US$8.800 millones a sus reservas en septiembre, que alcanzarían
un nuevo récord dentro de uno o dos meses. Tailandia agregó US$5.300 millones en
septiembre y Taiwán US$6.800 millones, llevando sus reservas a máximos
históricos.
Juntos, los tres países poseen US$720.000 millones en reservas. China tiene
US$2,27 billones (millones de millones).
Qing Wang, economista de Morgan Stanley para China, cree que pese a las
inquietudes entre los exportadores en otras partes de Asia, la presión sobre el
país de parte de Estados Unidos y sus vecinos asiáticos para dejar que el yuan
suba sigue siendo moderada.
"¿Por qué dejaría China [que el yuan suba] sin ser presionada, si eso no
ayudaría a la economía china en la fase actual del ciclo económico?", insiste
Wang.