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va perdiendo la guerra militar de ocupación en Afganistán, y esta
situación tensiona el enfrentamiento interno entre los sectores ultra
conservadores que digitan la política militar y la administración
demócrata que maneja la agenda exterior desde el Departamento de Estado.
A sólo ocho meses de haber relanzado la nueva pantalla
de la "guerra contraterrorista" (heredada de Bush), la estrategia de Obama comienza claramente a
resquebrajarse en Afganistán donde la resistencia talibán y los muertos estadounidenses y europeos crecen en
simétricas proporciones.
La guerra de ocupación en Afganistán
sobresale nítidamente como el frente más "peligroso" para el eje ocupante EEUU-OTAN,
cuyas tropas se
encuentran sometidas a una feroz y sangrienta contraofensiva de los talibanes
que ya controlan más del 70% del país, según organizaciones internacionales que
actúan en el país.
En la primera semana de septiembre, el comandante de las tropas
estadounidenses y de la OTAN en Afganistán, el general norteamericano Stanley
McChrystal, había instado en un informe, a revisar la "estrategia" de las fuerzas
extranjeras ocupantes para combatir a los talibanes, según informó la
Alianza Atlántica en Kabul.
Según una información publicada
por The Washington Post, el jefe militar de la OTAN en Afganistán volvió a
advertir en un documento remitido al Departamento de Defensa de EEUU, que si no
recibe más tropas EEUU corre el riesgo de fracasar y ser derrotado en
Afganistán.
El general McChrystal
describe a Karzai (el presidente colaboracionista) sobrepasado por la
corrupción y por una fuerza multilateral sometida a unas tácticas que rechaza
la población afgana.
Para el alto jefe estadounidense,
"la corrupción oficial es una amenaza tan grande como los propios talibanes
para la misión de la ISAF". También aclara que "la debilidad institucional, la
maldad de algunos intermediarios del poder, la corrupción, el abuso de poder de
altos funcionarios y los propios errores de la ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia a
la Seguridad)
han dado pocas razones a los
afganos para apoyar a su Gobierno".
Según el máximo responsable de la campaña militar en Afganistán,
"la mayor
debilidad de la ISAF es que no ha defendido con agresividad a los propios
afganos, más preocupados por defender a sus propias fuerzas". "Hemos operado
de una manera que nos ha distanciado -físicamente y psicológicamente- de la
gente a la que teníamos que proteger", explica.
Los insurgentes no pueden derrotarnos
militarmente, pero nosotros si "podemos derrotarnos a nosotros mismos", explica
el general, que aboga por proteger más a la población y moderar el uso de la
fuerza.
McChrystal no ahorra críticas al
desconocimiento de las tropas internacionales de las dinámicas internas del país
y asegura que la ISAF ha centrado sus esfuerzos de inteligencia en cómo atacar a
los insurgentes, lo que ha dificultado el entendimiento y comprensión de
aspectos claves de la sociedad afgana.
Sobre los prisioneros de guerra, el
general considera que "las prisiones se han convertido en santuario y bases
para conducir operaciones letales" contra el Gobierno y las fuerzas
internacionales.
Entre otros aspectos del actual
Afganistán, el documento describe el poder del "Gobierno en la sombra"
bajo la dirección del mulá Omar, la principal organización que capitaliza las
debilidades de las tropas ocupantes y del gobierno colaboracionista.
"Nombra gobernadores en la sombra
para casi todas las provincias, revisa su gestión, los sustituye
periódicamente, ha establecido un mecanismo para recibir quejas contra sus
propios 'funcionarios' y actuar contra ellos, ha instituido la ley islámica (sharia)
con tribunales que actúan expeditivamente en zonas en disputa y controladas (por
ellos)".
También añade el informe "cobran tasas y reclutan combatientes y empleados.
Se atribuyen la protección frente a la corrupción gubernamental, las fuerzas de
la ISAF, la criminalidad y los poderes locales. También reivindican la defensa
del islam y la identidad afgana frente a la invasión extranjera".
El comandante de las tropas
estadounidenses y de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF)
había recibido el encargo de remitir su evaluación de la situación en
Afganistán tras la destitución el pasado mayo del anterior jefe militar
estadounidense, general David McKiernan.
Según el documento citado por el Post, el fracaso a la hora de "doblegar la
ventaja de los talibán a corto plazo, mientras madura la capacidad de la propia
seguridad afgana, implica el riesgo de no poder ganar nunca a la insurgencia
afgana".
El informe remitido al secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, es
sometido a análisis en la Casa Blanca por el presidente, Barack Obama y sus
asesores, según el influyente diario estadounidense.
McChrystal reitera que una "rápida
y genuina estrategia contrainsurgente" no es posible sin refuerzos militares
e insiste en el riesgo de derrota.
Para el jefe militar de la ISAF y las
tropas norteamericanas desplegadas en Afganistán, los talibán son un "enemigo
sofisticado y con poderío que emplea la propaganda moderna y
sistemáticamente recluta miembros en las prisiones, donde -añade- incluso planea
sus operaciones".
McChrystal, según funcionarios del Departamento de Defensa citados por The
Washington Post, tiene preparada la petición de nuevas tropas y más medios en un
informe distinto, pero aguarda instrucciones del Pentágono antes de remitirlo a
Washington.
También admite que esta estrategia
puede suponer un incremento a corto plazo de las bajas, pero sostiene que
la asunción de los mismos riesgos que vive la población es la única manera de
derrotar a los insurgentes.
El diario explica que durante el fin de semana altos funcionarios del Pentágono
pidieron no difundir partes del informe que "podrían poner en riesgo
operaciones futuras". Una versión desclasificada -con algunos contenidos
suprimidos por petición gubernamental- ha sigo colgada en la página web del
rotativo.
No obstante la gravedad y la urgencia de la situación de las fuerzas ocupantes
que describen la OTAN y el Pentágono, Obama (sobrepasado por las presiones de
los sectores pacifistas que lo votaron) dijo el domingo que no va a enviar más
tropas sin antes "estudiar" y replantearse una nueva estrategia.
Esta actitud enfureció a las cúpulas
militares de Pentágono y a las usinas conservadoras, cuyos medios y analistas
responsabilizan abiertamente a Obama de estar generando un Vietnam en
Afganistán.
El lunes, el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, salió a atajar las
críticas afirmando que el presidente de EEUU, Barack Obama, no ha recibido
una petición formal de un aumento de tropas para Afganistán aunque leyó el
informe en el que el general al mando lo considera imprescindible para no perder
la guerra.
En declaraciones a bordo del avión Air Force One, Gibbs indicó que el
presidente estadounidense tomará una decisión respecto al aumento de tropas una
vez que haya evaluado cuál es la estrategia más acertada a seguir.
"Vamos a llevar a cabo esa
evaluación estratégica de modo que se establezca cuál es el mejor camino para
avanzar antes de decidir sobre asignación de recursos, en lugar de hacerlo
al revés, cuando uno primero decide los recursos y después encuentra una
estrategia", sostuvo el portavoz.
De momento, subrayó, "no ha habido
una petición específica de más tropas y si la hay tardará porque estamos
llevando a cabo esta revisión".
Las declaraciones del portavoz de la Casa Blanca se produjeron luego de
conocerse el informe del jefe militar de la OTAN en Afganistán, el general
estadounidense Stanley A. McChrystal, advirtiendo que si no recibe más
tropas EEUU corre el riesgo de ser derrotado por los talibanes.
En Afganistán, un país
invadido y ocupado militarmente desde hace ocho años,con más de 200.000 cipayos
colaboracionistas afganos y 100.000 soldados extranjeros desplegados en la
guerra de ocupación contra los rebeldes del Talibán, en agosto
se celebraron unas farsescas elecciones "libres y democráticas" con los
propios verdugos colaboracionistas convertidos en "candidatos" electorales.
La
derrota militar de la ocupación no solamente enfrenta a la Casa Blanca y al
Pentágono, sino que además ha creado incontenibles fisuras entre Washington y
sus aliados europeos de la OTAN que se muestran renuentes a enviar más
tropas, como es el caso de Reino Unido, Francia y Alemania.
Pero, por
otra parte, la última encuesta de Washington Post-ABC sugiere que sólo el 49%
de los estadounidenses considera ahora que la guerra en Afganistán "vale la
pena".
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