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Grotesco electoral: marketing y campañas.
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"Si
la guerra de 1999 contra Yugoslavia fue la primera operación “fuera del área” de
la OTAN –es decir, fuera de Norteamérica y de aquellos países de Europa que
participan en la Alianza– la guerra en Afganistán marcó la transformación de
la OTAN en una maquinaria bélica global", señala Rick Rozoff en un articulo
para
Global Research.
Por su parte, el secretario general de la OTAN
Fogh Rasmussen afirmó que, a pesar de que se está pagando "un precio elevado" en vidas,
espera que se entienda que estas pérdidas tienen lugar en "una causa vital" para
la seguridad de los 42 países que contribuyen a ISAF (Fuerza de Asistencia Internacional para la Seguridad de la OTAN).
Rasmussen recalcó que prevenir el retorno del "terrorismo" a Afganistán es
una cuestión "crítica", y señaló que el trabajo de los miembros de la fuerza
internacional está centrado desde hace semanas en las elecciones
presidenciales y provinciales del próximo jueves.
Tanto EEUU como la OTAN justificaron
un aumento de soldados invasores en Afganistán en los últimos días
argumentando que se trata de un esfuerzo para asegurar que las elecciones en ese
país se realicen sin interrupción o sabotajes por parte de los rebeldes
talibanes.
De manera tal, que los comicios del
jueves se van a realizar con más presencia de tropas, tanques y otros vehículos
blindados, helicópteros artillados, aviones de guerra y en medio de una
ofensiva militar en gran escala contra los talibanes que ya amenazan a la
capital, Kabul.
Tras los atentados del 11-M,
en el 2001, la administración Bush invadió Afganistán contando con el
apoyo de la OTAN
(Organización del Tratado del Atlántico Norte), lo que -a diferencia de
Irak donde la organización no actúa- supuso a posteriori para la
organización atlántica, un involucramiento directo en la "guerra
contraterrorista" de Bush en el país ocupado.
A lo largo de casi 6 años de
ocupación las tropas conjuntas de la OTAN y EEUU aún no han podido controlar a
la guerrilla talibán que en los últimos meses lanzó una feroz contraofensiva que
ya causó enormes bajas y daños a las fuerzas ocupantes y posicionó a la
resistencia en el control de la mayoría del territorio afgano.
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ISAF: la presencia de las tropas invasoras.
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La
estrategia de conquista capitalista y militar que Bush y los halcones imperiales
lanzaron detrás de la pantalla de la "guerra contraterrorista", emergente del
11-S, comienza claramente a resquebrajarse en Afganistán
donde la resistencia talibán y los
muertos estadounidenses y europeos crecen en simétricas proporciones.
Las bajas de las tropas
internacionales -sobre todo estadounidenses y británicas- han alcanzado
cifras récord desde julio, tras la puesta en marcha de operaciones para
terminar con la resistencia en el sur afgano, bastión de los rebeldes
talibanes.
De acuerdo con un informe de
la Misión de Asistencia de Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) 1.103
civiles murieron en el conflicto armado durante los seis primeros meses de 2009,
un incremento de un 24% con respecto a 2008. La cifra en el mismo periodo
durante 2008 fue de 818 personas muertas mientras que en 2007 la represión
imperial se cobró 684 vidas.
Como es de uso, en la
prensa internacional nadie se pregunta lo obvio: ¿Cómo se pueden realizar
elecciones "democráticas" en un país ocupado y masacrado militarmente desde
hace ocho años?.
El imperio estadounidense y sus
socios en la ocupación (la OTAN y las potencias centrales) llegan al máximo
nivel de alienación y de demencia: Hacer "votar libremente" a un pueblo
conquistado, masivamente pobre e ignorante, cuya única motivación diaria es el
sufrimiento, la guerra y la muerte.
Esta farsa (que la prensa del sistema
ni siquiera analiza), ya repetida en Irak y en otros teatros de masacre y de
ocupación militar, pone al descubierto la impunidad del invasor imperial que convierte al país ocupado en un show grotesco con los propios verdugos
colaboracionistas convertidos en candidatos electorales.
El grotesco electoral está dotado de
marketing y de encuestas. El "favorito" en los sondeos es el presidente títere
saliente, Hamid Karzai, llevado al poder por la coalición invasora
internacional liderada por EEUU que a finales de 2001 derrocó al régimen talibán,
y elegido en los primeros "comicios" del país ocupado, en 2004.
Pero sus principales "rivales" electorales, empezando por su ministro de
Relaciones Exteriores, Abdulá Abdulá, realizaron rutilantes (y grotescas)
campañas como si estuvieran en Europa o EEUU, de la que se ocuparon no menos
grotescos y absurdos "analistas" que se encargaron de proyectar sus performances
en las urnas.
En medio de las bombas, los atentados
diarios Abdulá cerró su campaña el lunes por la mañana con un
espectacular mitin en el estadio de Kabul, ante más de 10.000 personas con
gorras azules que enarbolaban la bandera de su partido y coreaban su nombre,
mientras la prensa realizaba la cobertura "informativa" del acto como si
estuviera en París o en Nueva York.
Según relata Reuters, hasta un helicóptero de combate (distraído de los ataques
a poblaciones civiles) sobrevoló el estadio y lanzó miles de panfletos con la
foto de Abdulá y papeletas con el nombre del candidato marcado para ayudar a una
gran mayoría de votantes analfabetos. "¡Compatriotas!, Despertad, es hora del
gran cambio", rezaba el panfleto, escrito en los tres idiomas mayoritarios en el
país.
Es más, y al mejor estilo de una
democracia del "primer mundo" tampoco faltó el show del "debate" televisado
durante el cual Karzai fue criticado por sus rivales que centraron sus
dardos en la "corrupción" imperante en su gobierno abocado a gerenciar
la ocupación militar y a legitimar la presencia de las tropas invasoras.
"La logística de las elecciones
presidenciales y provinciales del jueves es una pesadilla para las autoridades
afganas, que en plena guerra con los talibanes deben transportar el material
de votación en helicópteros y burros a remotas regiones montañosas", señala
este martes (sin ningún comentario) la agencia AFP.
Según la agencia, las segundas
elecciones presidenciales por sufragio universal en la sangrienta historia de
este país costarán 223 millones de dólares, financiados por los países
implicados en la ocupación de Afganistán.
Una parte del presupuesto se destinará al transporte del material electoral a
las casi 7.000 oficinas de voto, algunas de las cuales están ubicadas en
profundos valles, en abruptas montañas o en zonas infestadas de rebeldes
talibanes que intentan boicotear la farsa.
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Una mujer
pide limosna en Afganistán. Detrás, un cartel de Coca Cola. |
Afganistán sufre de una pobreza
extrema, y en 1995 ocupó el puesto 192º entre 192 en el ranking de países
según el consumo de calorías de su población. Millones de personas carecen de
alimentos, vivienda, asistencia sanitaria y educación, y más de dos tercios de
la población viven con menos de dos dólares al día.
En general, la economía afgana tiene
muy bajo desarrollo debido a la situación de dominación militar y de guerra
permanente, a la existencia de un gobierno colaboracionista con el invasor y
a la fragmentación de la sociedad en grupos tribales empobrecidos.
Con una alta tasa de enfermedades
provenientes de la desnutrición, la población del país asciende a 26.000.000 de
personas, cuya esperanza de vida es de 47,3 años.
Entre 1979 y 2000 una tercera parte
de su población abandonó el territorio, huyendo de la guerra, estimándose que
son cerca de seis millones los refugiados afganos establecidos en Pakistán e
Irán.
Planteado el "escenario electoral"
del próximo jueves, tres helicópteros, unos 3.000 vehículos y 3.000 burros,
caballos o mulas entregarán millones de papeletas, toneladas de lapiceros y el
material necesario para el desarrollo de la votación, según las autoridades
electorales.
Que las propias fuerzas
colaboracionistas o las tropas invasoras (que masacran a diario población civil,
incluidos mujeres, niños y ancianos) transporten las urnas a lomo para a
hacer "votar libremente" a personas desposeídas que ni siquiera saben leer y
escribir, demuestra que el "sistema democrático" imperial se ha salido de
los marcos de una estrategia de "dominio sin las armas" para convertirse en una
enfermedad mental trasmitida por el sometedor al sometido.
"Afganistán es un país (...) que intenta reponerse de casi tres décadas de
guerra", justifica Aleem Siddique, portavoz de la Misión de Naciones Unidas para
Afganistán (UNAMA), que ayuda al país ocupado a organizar las elecciones y
"legitimar" internacionalmente la farsa.
"Repartir material electoral
confidencial es un verdadero desafío en este ambiente", asegura como si
Afganistán fuera una país más del patio trasero latinoamericano.
Otro "desafío" es "hacer tomar conciencia a la numerosa población analfabeta de
la importancia de las elecciones y explicar cómo funciona el proceso electoral",
añade con total impunidad el demente Siddique.
Más allá de toda consideración
política o estratégica del escenario de ocupación militar, el sólo hecho de que
los afganos vayan a "elegir democráticamente"
en una urna,
a quien los gobernará, es una soberana bofetada a la lógica y a la inteligencia humana.
Que el imperio capitalista (con EEUU
y la UE a la cabeza) exporte "sistema democrático" con "elecciones libres" a un
país empobrecido y oprimido militarmente es una señal -o por lo menos un
síntoma- de que la sanidad mental de los invasores ha tocado niveles extremos de
decadencia y deterioro mental.
Y en medio de esa maraña, entre la
demencia "democrática" y la criminalidad de los invasores "globales", los talibanes ya proyectan su sombra combatiente y fundamentalista sobre Kabul.
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