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(IAR
Noticias)
20-Mayo-09
Acorralado por las evidencias abrumantes de los cadáveres y testimonios,
el Pentágono de Obama debió admitir que durante el bombardeo del 4 de mayo en el
sudeste de Afganistán fueron asesinados civiles, entre ellos mujeres y niños,
aunque "redujo" la cifra de víctimas.
Informe
IAR Noticias/
Agencias
E ntre 20 y 30 civiles y de 60 a 65
milicianos talibanes murieron en los bombardeos estadounidenses del 4 de mayo en
el sudeste de Afganistán, según un informe provisional de esa matanza imperial,
que causó conmoción mundial, revelado este miércoles por la Fuerza Aérea
estadounidense.
Esas cifras no coinciden con el conteo de la Cruz Roja Internacional y con un
informe del Gobierno títere afgano publicados el fin de semana, quienes
coinciden en precisar los muertos civiles en el bombardeo estadounidense,
en el distrito de Bala Buluk, situado en la provincia de Farah (suroeste),
superan las 147 personas, entre ellos mujeres y niños.
Según los datos afganos, este bombardeo fue el más mortífero desde la
invasión de Afganistán encabezada por Estados Unidos en 2001 para expulsar
los talibanes del poder en Kabul.
El comunicado del ejército estadounidense indicó que "en total, los
investigadores estiman que entre 60 y 65 talibanes murieron en estos bombardeos,
mientras que al menos entre 20 y 30 civiles "podrían haber muerto" durante el
ataque".
Es la primera vez que el Pentágono estadounidense da una estimación (minimizada)
de la cantidad de víctimas. Hasta ahora se limitaba con afirmar que "cierto
número" de civiles habían muerto.
El balance de muertos civiles causó conmoción mundial y no sólo provocó una
enérgica reacción del presidente títere afgano, Hamid Karzai, que levantó una
oleada de protestas mundiales.
"Los investigadores continúan su trabajo para intentar confirmar la cantidad de
víctimas", agregó el documento estadounidense.
Karzai, que legitima la ocupación militar con su gobierno, pidió el
"cese de los ataques aéreos" tras conocerse el de Bala Buluk, donde todo
comenzó con un combate en tierra entre los rebeldes talibanes de un lado y los
ejércitos afgano y estadounidense por el otro, antes de que se ordene un ataque
aéreo.
El ejército estadounidense anunció que "estudiaría" nuevamente las condiciones
de empleo de su fuerza aérea para intentar reducir los riesgos que corren los
civiles.
Una semana después de este bombardeo, el secretario de Defensa estadounidense,
Robert Gates, anunció la sustitución del comandante de las fuerzas
estadounidenses en Afganistán, el general David McKiernan, en servicio desde
junio de 2008, por el actual director del Estado Mayor conjunto, Stanley
McChrystal.
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