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informó la cadena de televisión NBC News, el 28 de enero pasado, reunido con Gates y el Estado Mayor Conjunto en el Pentágono, Obama preguntó "cuál es el
final del juego" (el objetivo final) en Afganistán. Los generales le
contestaron: "Francamente, no lo tenemos".
Los últimos acontecimientos de
violentos combates y de caos social en Afganistán -y en el vecino Pakistán-
confirman que los estrategas militares norteamericanos están como cuando empezó
Obama en la Casa Blanca: Sin ideas y cada vez más confusos ante el encarnizado
avance talibán.
La semana pasada, en una operación
área devastadora, las fuerzas del Pentágono arrasaron con una población al oeste
de Afganistán matando a más de 147 civiles, incluidos niños y mujeres,
cuyos cadáveres fueron exhibidos ante la prensa internacional con patéticas
demostraciones de dolor de sus familiares y amigos.
El Pentágono, que negó al principio
la masacre, debió admitir que existió la operación militar aunque minimizó el
número de muertos informados por la Cruz Roja y otras organizaciones
internacionales.
El presidente títere de Afganistán, Hamid
Karzai, que estaba en Washington donde iba a entrevistarse posteriormente con el
presidente estadounidense Barack Obama por primera vez desde la elección del
mandatario norteamericano, suplicó más "moderación" en la represión militar.
La masacre ratificaba dramáticamente la línea de continuidad de la
política de ocupación genocida de los halcones sostenida por la actual
administración de Obama.
Todavía con poca "experiencia" en
masacres, Obama y su equipo de sionistas liberales dijeron "lamentar profundamente"
la muerte de civiles tras el bombardeo y anunciaron investigaciones para determinar lo
sucedido.
"EEUU lamenta profundamente cualquier daño o pérdida de vidas inocentes entre
los afganos como consecuencia de operaciones en las que sus fuerzas están
involucradas", dijo increíblemente el portavoz adjunto del Departamento de Estado, Robert Wood,
en un comunicado.
Pero, ante el fracaso de la
estrategia del "arrepentimiento" para detener el escándalo, Obama y el
Pentágono echaron mano de la cirugía mayor despidiendo al comandante de las
fuerzas norteamericanas.
El secretario de Defensa de EEUU,
Robert Gates, solicitó la renuncia del comandante de las tropas en Afganistán,
el general David McKiernan, afirmando que la estrategia de la lucha contra el
talibán necesitaba ser "repensada".
Gates dijo que McKiernan será
reemplazado por el general Stanley McChrystal, quien -según los
analistas- tiene una mayor experiencia y entendimiento del conflicto afgano. El
teniente general David Rodríguez será designado como segundo comandante de las
fuerzas estadounidenses en Afganistán.
Aunque Gates no hizo mención a ninguna
falencia de McKiernan que justificara su alejamiento, oficiales estadounidenses
decían en privado a la BBC que la cada vez más compleja campaña de
"contrainsurgencia" en Afganistán requería un enfoque menos convencional, por
eso no sorprende que el reemplazante provenga de las fuerzas especiales
estadounidenses.
McChrystal es actualmente director
del Estado Mayor Conjunto y previamente se desempeñó como jefe de las fuerzas
especiales. Según los analistas, es un experto en el tipo de "contrainsurgencia"
que la administración de Barack Obama quiere aplicar en Afganistán.
Pero antes de asumir el mando de los 45.000 soldados estadounidenses y los
32.000 efectivos de la OTAN, deberá ser nominado por el presidente -quien se
descuenta que lo promoverá- y confirmado por el Senado.
Al anunciar el relevo de McKiernan, Gates dijo que Washington necesitaba un
"renovado liderazgo en Afganistán", junto con una nueva estrategia y un
nuevo embajador.
El cambio de mando se produce en
momentos en que Washington planea reforzar su presencia militar en territorio
afgano y en medio de una creciente presión internacional para que se reduzca
el número de civiles muertos en ataques aéreos de la coalición.
El secretario de Defensa hizo el
anuncio tras reunirse con el presidente del Estado Mayor Conjunto, el almirante
Mike Mullen, y con el comandante del Comando Central, el general David Petraeus.
El domingo, miles de estudiantes
universitarios protestaron en las calles de Kabul contra las matanzas de civiles
de la OTAN y de EEUU.
Los manifestantes pidieron que los responsables de los bombardeos se sienten
frente a un tribunal.
En cuanto al "cambio de estrategia", salvo el anuncio, no hay nada claro
ni definido.
Refiriéndose a la matanza de civiles,
el general David Petraeus, a cargo del comando militar central para toda
la región, lamentó la reciente "muerte de estos ciudadanos", pero rechazó que el
ejercito norteamericano vaya a descartar los ataques aéreos en futuras
operaciones.
Petraeus dijo que las "acciones tácticas no deben menoscabar las metas
estratégicas y los objetivos".
O sea que, y a buen entendedor, la masacre de civiles no tiene porque interferir en la sagrada misión de
exterminar al "terrorismo talibán" por todos los medios en Afganistán.
En una entrevista con la cadena de noticias estadounidense Fox News, Petraeus
declaró que nombrará a un militar "con amplia experiencia en operaciones
convencionales y especiales" para que valore posibles cambios en la misión.
Por su parte, el consejero de
Seguridad Nacional del presidente Barack Obama, James Jones, advirtió que EEUU
necesita "redoblar" esfuerzos para frenar la muerte de civiles, pero aseguró que
prohibir los ataques aéreos no serviría de nada.
Para un conjunto de expertos, la
expulsión del alto jefe militar revela que EEUU -salvo el discurso de Obama-
carece de una estrategia clara para salir airoso de la ocupación militar de
Afganistán.
El Pentágono planea desplegar en
Afganistán 21.000 nuevos efectivos -17.000 de combate y 4.000 instructores-
antes del 20 de agosto, cuando está prevista la celebración de las
farsescas "elecciones presidenciales" en el país. De esta manera,
las fuerzas norteamericanas dispondrán de un total de 55.000 efectivos sobre el
terreno.
Por el momento, ya llegaron a
Afganistán un 25% de esos nuevos efectivos, se está ampliando la base de
Kandahar a marchas forzadas -se pretende hacerla tan grande como la de Bagram,
al norte de Kabul, donde se concentran 25.000 militares y civiles-.
"Debemos decidir con mayor
precisión nuestro objetivo" en Afganistán, dijo el miércoles el ex consejero
de seguridad nacional y asesor de Obama, Zbigniew Brzezinski al diario
electrónico The Huffington Post. "Estamos corriendo cada vez más riesgos de
empantanarnos en Afganistán y en Paquistán en busca de objetivos inalcanzables".
El propio secretario Gates se había mostrado "muy preocupado" el 14 de diciembre
pasado ante la
posibilidad de desplegar más de los 30 000 nuevos soldados solicitados en esa
fecha por el hoy despedido McKiernan.
El secretario de Defensa indicó entonces que la hoy disuelta Unión Soviética
fracasó al ocupar Afganistán con 120.000 soldados.
La
estrategia de conquista capitalista y militar que Bush y los halcones imperiales
lanzaron detrás de la pantalla de la "guerra contraterrorista", emergente del
11-S, ya comienza claramente a resquebrajarse en Afganistán
donde la resistencia talibán y los
muertos estadounidenses y europeos crecen en simétricas proporciones.
Obama es el sucesor y continuador de
Bush, por eso a los expertos no sorprendió
que, luego de vestirse de "progresista" para el marketing electoral
de campaña, el nuevo CEO de la empresa imperial USA, centrara la columna vertebral de su estrategia exterior en la continuidad de
la "guerra contra el terrorismo" iniciada por Bush tras el 11-S.
Reunido por primera vez en abril con los
líderes de la OTAN, Obama resaltó que el aumento
de tropas y medios apuntalará no sólo la operación afgana, sino el propio futuro
de la Alianza Atlántica, principal foro de las relaciones bilaterales.
En su publicitada "revisión
estratégica" hacia Afganistán, el presidente de EEUU, prometió
"barrer a los terroristas" de sus refugios en Pakistán y advirtió
que Al Qaeda está planeando nuevos ataques, al dar a conocer su nueva
estrategia para la guerra de ocupación contra los talibanes en Afganistán.
El presidente USA afirmó que las conflictivas regiones fronterizas de Pakistán
son "el lugar más peligroso del mundo" para los norteamericanos y
describió a la red Al Qaeda como un "cáncer" que podría devorar a Pakistán, a
más de siete años de los ataques del 11 de septiembre.
Los medios y analistas europeos coinciden en que Obama
consiguió, aunque sea parcialmente, derrotar las serias resistencias que
existían hasta hoy dentro de la OTAN para agrandar su operación en Afganistán.
No obstante, la realidad indica que
no hay planes ni estrategias concretas para Afganistán, salvo los bombardeos
contra poblaciones civiles orientados -sin éxito- a perforar los búnkeres
talibanes.
Y posiblemente cuando Obama vuelva a
preguntar a sus generales ¿cuál es el final de juego en Afganistán? se va
encontrar con la misma respuesta: "No lo tenemos".