ajo presión directa de EEUU, el
débil gobierno pakistaní (luego de la reunión con Obama en Washington) resolvió
salir de su pasividad y lanzar una operación militar de alto espectro para
tratar de terminar con la "infección taliban", que convierte a su territorio
en una ampliación del conflicto de Afganistán.
"El Gobierno ha decidido no
doblegarse ante los terroristas", manifestó anoche el primer ministro
paquistaní, Yusuf Raza Gilani. En un mensaje televisado a la nación, Gilani
anunció que ha encargado "al Ejército que elimine a los militantes" y
solicitó el apoyo de los paquistaníes en esa guerra.
"Con el objetivo de restaurar el
honor y la dignidad de nuestra madre patria y para proteger al pueblo, las
Fuerzas Armadas han sido convocadas para eliminar a los milicianos y
terroristas", señaló el primer ministro, luego de impartida la orden para
una operación en gran escala contra la fuerzas talibanes que controlan la región
de Swat.
Ante tales muestras de "energía eliminatoria" por parte de Islamabad, los
analistas estadounidenses y europeos
dudaban este viernes del éxito de la
operación, habida cuenta de que la maquinaria militar de la OTAN y EEUU
juntos no pudieron terminar con los talibanes en Afganistán,
quienes -según informes de observadores internacionales- ya
controlan más del 70% del país.
Poco antes del discurso del primer
ministro Gilani, el jefe del Estado Mayor, general Ashfaq Kiyani, reconoció en
una reunión con sus comandantes la "gravedad de la amenaza interna".

Hay que recordar que el ejercito
pakistaní (equipado y entrenado por EEUU, y que recibe órdenes directas del
Pentágono por encima de las decisiones del gobierno civil) había realizado lobby
en Washington para que la administración de Islamabab diera la orden de una
operación en gran escala.
Kiyani declaró que el Ejército
utilizará "todos los recursos necesarios para asegurar un triunfo decisivo
sobre los combatientes islamistas".
En la práctica, el "acuerdo" con
los talibanes de Swat (trazado por el gobierno) ya estaba terminado
y los militares habían puesto en marcha una operación, que afirman ya ha dejado
más de 200 "insurgentes" muertos.
La nueva operación de "guerra
total", según estiman analistas locales, incluye el envío de tres
divisiones militares a la zona en conflicto, situada en la Provincia de la
Frontera Noroccidental (NWFP, en sus siglas inglesas).
La llegada esas divisiones
blindadas con 15.000 soldados, duplicará las fuerzas sobre el terreno, y
permitirá -según medios pakistaníes- cerrar todos los accesos y cortar
las vías de suministros en la región donde los talibanes se han hecho
fuertes.
La orden, largamente pedida y
esperada por el ejército, significa una inmediata ampliación de las operaciones
militares que desde hace doce días tratan de frenar el avance talibán a
partir de su bastión en el valle de Swat.
Luego del anuncio de la escalada
militar, la secretaria de Estado USA, Hillary Clinton, elogió los esfuerzos de
las autoridades paquistaníes en la lucha contra los milicianos. "Estoy
bastante impresionada por las acciones que ha emprendido el Gobierno paquistaní", señaló.
"Se pidió acción y ha habido acción", afirmó la jefa de la diplomacia
estadounidense revelando crudamente la orden impartida por Obama desde
Washington.
Hillary Clinton, que durante su frustrada campaña presidencial prometió
terminar con "terrorismo" en Afganistán y Pakistán, se reunió el
jueves en el Departamento de Estado con el presidente de Pakistán, Asif Alí
Zardari, y el de Afganistán, Hamid Karzai, con el fin de reforzar su cooperación
en la lucha contra los talibán. Tras las reuniones, la secretaria de Estado
aseguró que éstas han producido "signos tempranos muy prometedores".
El gobierno de Islamab, debilitado
y sin poder, había firmado con los talibanes un "acuerdo de paz" en el valle de
Suat que permitía el establecimiento de la ley islámica en la región.
El acuerdo duró lo que una mariposa, y comenzó a desplomarse el mes pasado
cuando columnas de combatientes del Talibán en el valle de Suat avanzaron hacia
Buner, un distrito vecino ubicado a solo 100 kilómetros de Islamabad.
EEUU, por medio de su secretaria
de Estado, Hillary Clinton, habían comenzado un movimiento internacional de
presión contra la administración civil pakistaní a la que acusó de "impotente"
para detener al "terrorismo" talibán.
Para el Departamento de Estado y
algunas usinas conservadoras, en los últimos días los talibanes ya
consiguieron "anarquizar" el país convirtiéndolo en un teatro operativo de
la "guerra contraterrorista" que traslada el escenario afgano a
Pakistán.
De obediente “peón” geopolítico y
militar de la estrategia USA en la región, Pakistán se convirtió en un aliado
"inestable" y peligroso para Washington que observa vacío de poder
e "impotencia" del gobierno para coordinar una acción armada eficiente
contra el avance del "terrorismo" Talibán.
Mientras crecían las versiones (y el
temor) de que los talibanes pudiesen llegar a tomar el
control de las armas nucleares paquistaníes, el presidente Barack Obama se
reunió el miércoles con sus pares de Pakistán, Asif Ali Zardari, y de
Afganistán, Hamid Karzai, para coordinar de forma tripartita lo que definieron
como "la lucha contra Al Qaeda y sus aliados extremistas".

"La seguridad de Pakistán, Afganistán y EE.UU. están ligadas", afirmó
Obama en declaraciones a la prensa.
Durante el encuentro con Karzai,
donde también participó el presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, Obama
redobló sus reclamos de más presencia militar en la zona, llamando a
"trabajar juntos con renovado sentido de sociedad para compartir inteligencia y
coordinar esfuerzos para aislar y atacar a nuestro enemigo común".
Este viernes,
mientras los aviones
paquistaníes bombardeaban las posiciones de los talibanes en Swat, decenas de
miles de civiles huían de la zona que permanece anarquizada y en estado de
caos.
Las organizaciones
internacionales contabilizan cientos de miles de desplazados por combates
anteriores entre el Gobierno y los islamistas, y las agencias de ayuda
afirmaron que el nuevo éxodo masivo estaba intensificando la crisis
humanitaria.
El Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR) expresó
su profunda preocupación por la seguridad de los desplazados por los combates,
mientras el Comité Internacional de la Cruz Roja también advirtió de una
intensificación de la crisis humanitaria.
La Organización de las Naciones
Unidas indicó que medió millón de personas ya han huido del área del Valle de
Swat, en el noroeste de Pakistán, y otra decena de miles tratan de huir de los
bombardeos lanzados el viernes luego luego de la orden de ataque del
gobierno pakistaní.
La población que huye de los
combates cuenta a las agencias de noticias internacionales que se han sembrado
minas y establecido controles en las carreteras para dificultar su salida.
De acuerdo con lo que muchos ya llaman la "nueva doctrina Obama"
(que en realidad es la vieja doctrina Bush) Washington impulsa como
principal objetivo que Afganistán y Pakistán se unan en la guerra contra Al
Qaeda y los talibanes y que lo mejor es ayudarlos a que "cooperen entre
ellos".
"La confianza que se necesita para
que esta relación (entre Pakistán y Afganistán) se transforme en una
cooperación tangible ha comenzado a progresar", dijo el jueves la secretaria
de Estado Hillary Clinton. "Y creo que las reuniones de hoy serán un nuevo paso
en ese camino".
Las consecuencias inmediatas de la
orden impartida por Washington a los presidentes títeres de Pakistán y
Afganistán, ya se traduce -en ambos países- en una intensificación de las
operaciones y bombardeos militares que se lanzan indiscriminadamente sobre
las poblaciones civiles.
En una correcta lectura castrense,
"eliminar" a los talibanes significa barrer el área con misiles y su emergente
inmediato: La masacre de civiles, incluidos mujeres y niños, como en
Afganistán, donde tras el ataque aéreo de EEUU ya se contabilizan oficialmente
más de 147 cadáveres.
De eso se trata, y no de otra cosa,
se trata
de
"la lucha contra Al Qaeda y sus
aliados extremistas"
emprendida por el gobierno de Obama
en Pakistán y Afganistán.
Y de eso, solo de eso, se trata la
aplicación del "sueño americano de Obama" que los analistas asalariados
del sistema (como siempre ignorantes y cómplices) promocionaron a escala global.