El más completo directorio en español

HOME| Titulares| Diarios| Radios| TV.| Buscadores| Economía| Agencias| Alternativos| Mail

 

Buscar en
IAR-Noticias y en
 la Web

Google

 

 

 
 
 

Latinoamérica

Norteamérica

Europa

Medio Oriente

Irak

Asia

Africa

Autores

Especiales

Contrainformación

TITULARES
del Mundo

I Argentina I Brasil I
I América Latina I
I España I EE.UU. I
I Canadá I Europa I
I Asia I Africa I
I Oceanía I

EN VIVO

Radios del
Mundo


I América Latina I
I España I EE.UU. I
I Canadá I Europa I
I Asia I Africa I
I Oceanía
I Medio Oriente
I Internacionales I

BUSCADORES

del Mundo


I América del Norte I
I América Central I
I América del Sur I
I Europa I España I
I Africa I Asia I
I Medio Oriente I
I Oceanía I
I Temáticos I
I Internacionales

ECONOMIA
MUNDIAL


I América Latina I
I Africa I Asia I
I España I EE.UU. I
I Europa I
I
Oceanía I  
I Canadá
I Medio Oriente
Bolsas del Mundo I

MEDIOS

del Mundo


I Agencias
de Noticias I

I Diarios I 
I Revistas I
I Radios I
I Televisión I

MEDIOS
ALTERNATIVOS


I Periódicos
 
y Redes
I
I
Agencias
 de Noticias I
I
Publicaciones
 
y Sitios I
I
Prensa
 
de Izquieda I

 

Agregar 
a favoritos

Recomendar
 este sitio

 
 

SECCIONES

 

AFRICA  

 

El despotismo africano, un modelo con imitadores

 
 

 (IAR Noticias) 20-Septiembre-09

Uno de los

Mugabe muestra billetes de 10 millones de dólares africanos.

La parábola del dictador de Zimbabwe, Robert Mugabe, -que empezó como un líder progresista y terminó como un autócrata más- muestra rasgos que se repiten en el mundo.

Por Marcelo Cantelmi - Clarín

Este mes se cumplió el 30 aniversario del inicio de las negociaciones que apenas tres meses después acabaron con la dominación blanca de Rhodesia, en el sur de Africa. Se trata de la actual Zimbabwe. El acontecimiento fue el más rutilante paso a la historia del primero patriota y luego déspota Robert Mugabe, quien aún gobierna lo que queda de esa calamitosa comarca planetaria.

Este aniversario pasó casi desapercibido pero no debería ser devaluado, menos en una Latinoamérica que parece mirarse en el espejo del colega africano sin advertirlo. El mundo es un laboratorio que suele producir procesos universales. Como en el drama español, pero aquí para mal, todos podemos también ser Zimbabwe y hasta Mugabe. Veamos por qué.

Este maestro y licenciado en letras, logró la admiración del mundo por la lucha conmovedora que emprendió para liberar a su pueblo. Marxista, al menos en la retórica con la que alimentó de ideas a la guerrilla que lanzó contra los blancos, en diciembre de 1979 logró su victoria completa. Y el año siguiente se convertía en la mayor autoridad institucional del país. Ahí comienza nuestro cuento.

Mugabe, sobre quien mucho se temía en el mundo, muestra un inicio perfecto. Pragmático y hábil, entiende que no debe romper totalmente con la vieja colonia británica porque necesita técnicos y ayuda. Con esos apoyos emprende una vigorosa restauración social, reduciendo el analfabetismo a menos del 10%, y acorralando el hambre. El país logra una envidiable normalidad económica, exporta y crece. Hasta ahí todo bien.

El tema con estos liderazgos postcoloniales es su auténtica capacidad de transformación de la realidad, es decir su real compromiso. En Mugabe, pronto se probó que nada de eso era muy amplio. Ello explica que se haya manejado en un páramo ideológico, atrapado en contradicciones que iban desde "la revolución" al FMI sin mediar mayor explicaciones y dominado por un corto plazo que solo se extendía para justificar su permanencia en el poder. ¿Qué le decía la oposición que él despreciaba?: Que imponía un férreo capitalismo camuflado y se enriquecía de modo ilícito. Que en fin, era todo mentira. Y que usaba las banderas progresistas para la tramoya política y engañar a un pueblo abrumado y necesitado. Todo replica en este presente.

Mugabe tenía una ilusión nada ingenua, imponer un partido único. Su argumento no era hipócrita como si es el caso de algunos de sus imitadores globales que no lo dicen pero lo hacen: "somos -afirmaba- un único pueblo, tenemos una única bandera, y compartimos una única identidad nacional, por qué no tener un único partido". La iniciativa generaba repugnancia en el país y en el exterior, pero marcó a fuego su carrera política y determinó su descalificación brutal de cualquier oposición y el desprecio a las instituciones.

Así como alguna vez se reivindicó marxista o progresista, según nuestros términos locales, y luego renegó de ello, Mugabe también tuvo su etapa menemista ultraliberal diez años después de llegar al poder. Necesitado de ingresos al cesar el crecimiento del país y revertirse la ecuación debido, también, a una enorme ineficiencia administrativa, en 1989 puso en marcha un severo plan de privatizaciones y apertura comercial descontrolada que generó varios efectos negativos que podemos reconocer fácilmente en nuestras orillas: un aluvión de desocupados; el quebranto de las empresas locales barridas por la competencia internacional y, en su caso, el final adicional de la gratuidad escolar que había sido una de sus tantos logros convertidos ahora en moneda de cambio.

El dinero llegó, especialmente por la venta de las empresas públicas. Pero el capital acabó devorado por los servicios de la deuda nacional. Perdido el viento de cola y sin muchas ideas para salvar la caja, Mugabe presionado por la oposición socialdemócrata que creció a caballo de la crisis social, se acordó de su pasado de izquierda y levantó otra vez la bandera de la reforma agraria, un imperativo moral, en verdad, en un país plagado de pobres donde el 1% de la población (los blancos) tenían el 32% de las tierras cultivables. Para tomarlas pidió que se le voten poderes especiales, los célebres superpoderes. Esto era en febrero del 2000.

La oposición del Movimiento por el Cambio Democrático peleó bien contra lo que vio como una cabriola autoritaria muy lejos de cualquier interés social. Y Mugabe perdió la consulta. La primera vez que las urnas le fallaban El líder reaccionó ignorando el resultado y lanzó sus grupos duros a atacar las granjas de los blancos levantando el argumento de la lucha social contra el imperialismo, los colonizadores y sus socios locales, la oposición. El resultado fue el bloqueo económico por parte de EE.UU. y la Unión Europea.

Por eso y por el bajo nivel de la administración local, el país se seguía deteriorando, la pobreza crecía, la desocupación implicaba la mitad de la mano de obra y la tensión social seguía ahí, latiendo y creciendo. Pero Mugabe apostó a su viejo método de huir hacia adelante. En 2001, para detener las críticas crecientes, hizo aprobar leyes para restringir a la oposición, y poner mordazas a la prensa y a la justicia. Su punto máximo mediático fue convertir en delito criminal cualquier crítica al presidente. Una joya del autoritarismo. Era período electoral.

Mugabe venía ganando una elección tras otra ignorando en la mayoría de ellas las reglas, a punto tal que en las de 2002 votó en una mesa en la que ni estaba registrado. No importaba. Pero hace muy poco, en 2008, este octogenario desgastado, atrapado en una hiperinflación inclemente (160.000 % según las cifras del propio gobierno!!!) que llevó la paridad de la moneda local a 37 millones de dólares de Zimbabwe por dólar de EE.UU., perdió las elecciones generales a manos de su persistente oposición socialdemócrata. ¿Qué hizo? Al igual que en la fallida consulta anterior, no lo reconoció. Y llamó de inmediato a nuevas elecciones a las cuales la oposición, lógicamente, no se presentó. A mitad de año fue proclamado presidente por sexta vez consecutiva. Es todo una amarga payasada, Pero lleva tres décadas en eso y desnuda lo que puede existir cuando nada importa. Mugabe cuenta en el mundo solo con el respaldo de China, Rusia, Gabón y Venezuela. Como insistimos siempre en esta columna, es un mundo pequeño. No hay fronteras lejanas. Todos, al fin, corremos el riesgos de parecernos.

*****

  HOME

RECOMENDAR ESTA NOTA

© Copyright 2009  iarnoticias.com | Derechos reservados | Director Rodrigo Guevara

 

Se autoriza el libre uso, impresión y distribución de toda la información editada, siempre y cuando no sea utilizada para fines comerciales y sea citada la fuente.

Resolución óptima: 800 x 600

La opinión de los autores no coincide obligatoriamente con IARNoticias

contactos@iarnoticias.com