Durante cuatro días de exterminio, y
argumentando una guerra contra el "terrorismo talibán", el ejército de Nigeria,
cuyo gobierno responde a los lineamientos de EEUU en la región, masacró a más
de 600 musulmanes, entre ellos civiles, mujeres y niños.
Luego de una feroz represión de
cuatro días, las fuerzas armadas de Nigeria informaron, en la noche del
miércoles, que tomaron la
ciudad de Maiduguri, bastión de los islamistas rebeldes que desde el domingo se
enfrentan con militares y policías. De acuerdo con el diario independiente Daily
de Lagos, capital nigeriana, los muertos superan los 600.
Un
corresponsal de la BBC relata que cerca de la estación de policía de
Maiduguri, en el estado de Borno, había cerca de 100 cuerpos
amontonados en la calle. En la zona, cientos de personas huyen de sus
hogares.
En esa ciudad -señala el
corresponsal- se ven cadáveres de civiles diseminados por las calles,
que, según testigos, fueron sacados de sus vehículos y asesinados.
Grupos rebeldes islámicos en este
país de diversas religiones y pobreza extrema, pese a ser una potencia
petrolera, desarrollaron un conato de rebelión que se extendió rápidamente a
las provincias de Borno, Kano y Yobe.
En Nigeria, el octavo productor de
petróleo del mundo, viven 140 millones de personas, divididas en más de 200
grupos étnicos, con grandes comunidades de cristianos y musulmanes, los primeros
en el sur, los segundos en el norte, y con una importante presencia de creencias
animistas tradicionales.
Nigeria es el país más poblado de
África y el primer productor regional de petróleo, condición que condena a su
población, sobre todo la de la zona petrolífera, a la contaminación de su medio
ambiente, a la explotación por parte de las empresas y a la represión oficial
ante cualquier forma de resistencia.
Nigeria es uno de los mayores proveedores de
crudo a EEUU, y su producción en un día normal de 2,5 millones de barriles se ha
visto reducida en un 25% debido a los ataques de grupos nacionalistas radicales que
buscan una mayor participación de la riqueza petrolera para sus pueblos, y a los
que el Pentágono y Washington caracterizan como "grupos terroristas".
Las grandes cadenas
mediáticas imperiales (como ya lo
hacen en Irak, Afganistán, Líbano y Gaza) deforman sistemáticamente la represión
y matanza
de civiles presentándola como una "guerra entre grupos integristas", o
una rebelión del "terrorismo islámico" contra los gobiernos africanos.
En general, los mismos patrones
operativos (militares y argumentales) utilizados por EEUU e Israel en Medio
Oriente, Asia y África, fueron aplicados por los militares nigerianos que
el miércoles atacaron una mezquita y asesinaron, según agencias internacionales,
a más de 100 personas en cuestión de minutos.
Se trata de la misma fórmula de
exterminio en masa de "población sobrante" que EEUU, con la complicidad de
la Unión Europea, desarrolla en Sudán, Sri Lanka, Medio Oriente, Irak,
Afganistán, y, en general, allí donde se encuentren reservas petroleras o
recursos estratégicos para depredar.
Petróleo, Imperio y Sangre
En el marco de la "guerra fría"
energética con la Rusia de Putin, el poder imperial
norteamericano y sus transnacionales intentan convertir a África en una zona
segura de abastecimiento petrolero, en una especie de colchón energético de
seguridad frente a un explosivo Irán y Medio Oriente, una imprevisible Asia
Central y una cada vez más inestable América Latina.
Desde el marco geopolítico y
estratégico de la "guerra contra el terrorismo" EEUU, potencia locomotora
del sistema capitalista y sus socios de las grandes potencias sionistas, avanzan
en su proyecto de conquista del continente africano para posicionarse en el
control de sus reservas energéticas y minerales.
A este proyecto respondió la
decisión de la administración Bush de crear el "The United States Africa Command
(AFRICOM), un comando de "guerra contraterrorista" que empezó a operar
activamente en toda la región en el 2008.
El control geopolítico y militar del continente africano, que produce entre 12 y
14 millones de barriles diarios de petróleo (estimaciones para el 2012),
otorga a los EEUU el margen de maniobra y seguridad suficientes que justifican las intervenciones militares en estos países.
Los gobiernos africanos, controlados por oligarquías y "señores de la guerra"
financiados y protegidos por Washington, se ven cada vez más impotentes para
controlar a los movimientos armados nacionalistas que obstaculizan el saqueo
de las transnacionales, como es el caso de Somalía y el Cuerno de Africa.
En este escenario, y siguiendo la nueva doctrina impuesta en la revisión
cuatrienal de la Defensa de febrero de 2006, el Pentágono comenzó a
desarrollar operaciones militares en alta escala por todo el territorio
africano, principalmente en sus regiones energéticas y mineras claves del sur y
del norte, creando unidades especializadas dedicadas a la instrucción y el
adiestramiento de tropas locales en el "combate al terrorismo".
La estrategia operativa incluye
reuniones entre estados mayores de países regionales con oficiales y
funcionarios del Pentágono, maniobras y ejercicios conjuntos de las tropas,
vuelos sistemáticos de aviones de reconocimiento, localización a través de fotos
tomadas por satélites militares norteamericanos, y de provisión de armas y
tecnología de alta precisión a las fuerzas implicadas en la "guerra contra el
terrorismo".
La estrategia del Pentágono en África
responde a un doble objetivo, geopolítico-militar y económico.
Además del negocio que proporciona
a las armamentistas y a las contratistas de servicios del Pentágono el
incremento de las operaciones militares contra el "terrorismo" en la región, se
estima que África y sus regiones proporcionarán, en apenas una década, el 25%
del crudo que consumirá EEUU en 2015.
Tener el control del acceso a esas fuentes de recursos se ha convertido en un
objetivo estratégico central para Washington y sus corporaciones protegidas por
el Pentágono.
La función y misión principal del
nuevo mando militar USA para el continente africano, es la de vigilar y
controlar las fuentes energéticas africanas, así como sus sistemas de
distribución mundial (oleoductos, buques petroleros, y rutas).
Esta misión principal de las tropas
imperiales fue enunciada en un principio, por el presidente Jimmy Carter
en enero de 1980, cuando describió al caudal petrolero del Golfo Pérsico como un
"interés vital" para los EEUU.
Carter, elegido luego Premio Nobel de
la "Paz", afirmó que EEUU debería emplear "cualquier medio que fuese
necesario, incluyendo la fuerza militar" para enfrentar y neutralizar
cualquier intento por parte de un poder "hostil" para bloquear esos recursos
estratégicos.
Y eso es lo que están haciendo las
tropas norteamericanas y los gobiernos títeres "asociados" como el de Nigeria
que utilizan el exterminio en masa de rebeldes y de población justificado
bajo el argumento del combate contra los "grupos integristas".
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(*) Manuel
Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y
comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados
en la Web.
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