stá a punto de consumarse en Darfur el primer genocidio del siglo XXI? Esta
provincia del Sudán es el escenario de un conflicto que sensibiliza a la opinión
internacional. Como en cualquier otro conflicto sobre suelo africano, nos llegan
las mismas imágenes de miseria: hombres desgarrados, niños que lloran y baños de
sangre. Sin embargo, África es el continente más rico del mundo. En este nuevo
capítulo de nuestra serie “comprender el mundo musulmán”, Mohammed Hassan nos
revela los orígenes de la paradoja africana y nos recuerda que si Sudán acoge
diferentes etnias y religiones, asimismo rebosa, sobre todo, de petróleo.
¿Cuáles son los orígenes de la crisis de Darfur? El actor estadounidense
Georges Clooney es miembro de la asociación “Salvemos Darfur” y denuncia la
masacre de africanos a manos de las milicias árabes. En sentido contrario,
Bernard-Henry Levy, que trata también de movilizar a la opinión pública
internacional, asegura que se trata de un conflicto entre el Islam radical y el
Islam moderado. ¿La crisis de Darfur tiene origen étnico o religioso?
Se trata de una enorme región de África rica en recursos que podría estar
unida y desarrollada. Quienes pretenden que la crisis de Darfurs se debe a un
problema étnico o religioso no conocen bien la región. Esta guerra es realmente
una guerra económica. Las potencias coloniales de ayer y las potencias
imperialistas de hoy son las responsables de las desgracias de África. Toda la
región, desde Sudán hasta Senegal, compartía en el pasado los mismos orígenes
culturales y rebosaba riqueza. Hubiera podido estar unida y desarrollada si el
colonialismo del siglo XIX no hubiera establecido fronteras artificiales en su
seno. Digo que se trata de fronteras artificiales porque se crearon según las
relaciones de fuerza entre las potencias coloniales, sin tener en cuenta la
realidad del territorio y menos aún la voluntad del pueblo africano. En Sudán,
fueron los colonos británicos quienes al aplicar la política de “divide y
vencerás” pusieron las bases de los conflictos que desgarran el país.
Sudán fue una colonia británica. ¿Qué interés tenía Gran Bretaña en ese
país?
En el siglo XIX, la competencia hacia furor en Europa. Para poder luchar en
esa carrera por la hegemonía, las potencias europeas tenían necesidad de
recursos humanos, financieros y materiales. Gran Bretaña, hasta entonces,
contaba con su adorada colonia, India, pero unas circunstancias especiales la
llevaron a invertir en África: en 1805, Mohamed Ali, uno de los gobernadores del
Imperio Otomano, emprendió la tarea de convertir a Egipto en un Estado moderno
cuyas fronteras no cesaban de extenderse, alcanzando las costas de Somalia e
incorporando Sudán. El grado de desarrollo obtenido por quien hoy es considerado
el padre del Egipto moderno inquietó gravemente a Gran Bretaña que veía nacer un
nuevo competidor. El Imperio Británico invadió entonces Egipto para convertirlo
en colonia y, por extensión, Sudán se convirtió en colonia anglo-egipcia en
1898.
¿Cuáles fueron las consecuencias de la colonización británica de Sudán?
Como en cualquier otra colonia africana, Gran Bretaña aplicó la política del
“divide y vencerás”. Sudán, entonces, fue fragmentado en dos partes: en el
norte, se conservó el árabe como lengua oficial y se mantuvo el Islam; en el
sur, por el contrario, se impuso el inglés y los misioneros convirtieron a la
población al protestantismo. No debía existir intercambio alguno entre las dos
nuevas regiones constituidas. Los británicos llevaron, incluso, ¡ minorías
griegas y armenias para crear un colchón de separación entre el norte y el sur!
Además, Gran Bretaña introdujo un sistema económico moderno en Sudán, al que
podríamos calificar de capitalismo. Se construyeron dos líneas de ferrocarril:
la primera, unía la colonia con Egipto; la segunda, partía de Jartum y llagaba a
Port Sudán en la costa del mar Rojo. Esta última era verdaderamente el eje del
expolio de Sudán. Por ella, las riquezas escapaban del país para llegar a Gran
Bretaña o para venderse en los mercados internacionales. Por elección de los
británicos, Jartum se convirtió en una ciudad muy dinámica en el plano económico
y allí emergió una burguesía central. La división llevada a cabo por Gran
Bretaña entre el norte y el sur, y la elección de Jartum como centro de la
actividad colonial iban a tener un impacto desastroso en la historia de Sudán.
Ambos factores condujeron a la primera guerra civil en el país.
¿Cuáles fueron las razones de esta primera guerra civil?
Cuando Sudán consigue su independencia en 1956, no existía relación alguna
entre las dos partes del país. El norte musulmán, se consideraba árabe y había
obtenido beneficios de la actividad económica durante la colonización británica,
de tal manera que el poder y las riquezas se habían centralizado en torno a
Jartum. El sur, por el contrario, era protestante y se presentaba como una
comunidad africana tradicional y a lo largo de esta primera guerra civil que iba
a durar hasta 1972, reclamó una distribución equitativa de las riquezas. En
aquella fecha, se firmó un acuerdo de paz y Sudán se convierte en un Estado
federal. Pero la paz no será duradera. A finales de los años 1970, la compañía
petrolera estadounidense Chevron descubre importantes yacimientos de
petróleo en Sudán. El presidente de entonces, Numeiri, quiere cambiar las
fronteras del Estado federal para que la autoridad central pueda controlar las
riquezas petroleras. Esta violación del acuerdo de paz reabre la guerra entre el
norte y el sur del país en 1980. Una guerra que va a durar más de 25 años.
La provincia de Darfur se encuentra al oeste de Sudán y la atraviesa el Nilo.
Así que, en poco más de 50 años, Sudán ha vivido dos guerras civiles. Y
hoy la crisis de Darfur afecta al oeste del país. La situación étnica parece
explosiva allí. Se comprende mejor por qué ciertos medios de información hablan
de polvorín al referirse a este país.
No se trata de eso. La mayoría de las etnias que viven en el norte del país
son musulmanas, se parecen físicamente a los egipcios y, si bien muchas tienen
su propio dialecto, todas hablan el árabe como lengua oficial. Las comunidades
del sur son más características de la región del Nilo. Su piel es más oscura y
las religiones dominantes son el cristianismo y el animismo. Pero las guerras
civiles que han enfrentado a las dos partes del país no han sido ni étnicas ni
religiosas, sino que de hecho se han originado por el reparto equitativo de sus
riquezas. Analicemos la situación actual de Darfur. Se trata de una región
crisol de etnias, en las que las tribus nómadas musulmanas y arabófonas, como
los Janjawid o los Takawa, rodean a los granjeros sedentarios. En tiempos de
graves sequías, estas tribus nómadas emigran hacia la zona de los granjeros y se
producen los enfrentamientos. La idea de que los árabes han masacrado a los
africanos se ha basado en la errónea consideración de que los Janjawid son
árabes. Pero aunque esta tribu reivindica unos hipotéticos orígenes árabes, no
se percibe en ellos, en realidad, nada de lo que caracteriza a los árabes
actuales.
Hay otro factor importante en esta crisis del que se habla muy poco: los
intereses de la burguesía regional. Con el hallazgo del petróleo, la
mundialización y el desarrollo de las redes de información, todo el mundo quiere
su parte del pastel. Siguiendo a las elites del sur, la burguesía de Darfur
reclama en la actualidad el reparto de las riquezas frente a un gobierno central
que monopoliza el poder y los recursos. Lo que resulta específico en la crisis
de Darfur es que estas contradicciones han sido amplificadas y politizadas
debido al compromiso de China con Sudán.
¿Qué papel desempeña China en Sudán?
Tras haber descubierto importantes yacimientos de petróleo, Chevron
tuvo que abandonar Sudán por dos motivos. En primer lugar, el país de nuevo se
había inestabilizado debido a la segunda guerra civil. En segundo, si bien
Estados Unidos había mantenido hasta entonces unas buenas relaciones con Sudán,
el nuevo régimen islamista establecido por Omar al-Bachir en 1989 le era
claramente hostil. El petróleo sudanés escapaba de las manos estadounidenses.
Entonces llegó China con el mensaje siguiente: “Voy a comprar sus materias
primas a los precios actuales del mercado internacional”. Una situación
ventajosa, comparativamente, tanto para China como para Sudán. La primera puede
disponer de recursos que necesita para su desarrollo mientras que el segundo no
se ve obligado a solicitar préstamos de las instituciones internacionales. Sin
embargo, esta intromisión china en África es de importancia histórica y es lo
que asusta a los imperialistas europeos y estadounidenses.
¿Qué entiende usted por ventajas comparativas?
David Ricardo, el economista burgués más importante después de Adam Smith, ha
desarrollado la teoría de lo que él denomina ventaja comparativa, concepto
aplicado por El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en los países
del Tercer Mundo durante los últimos cincuenta años. Imaginemos que soy un país
productor de bananas. EL FMI viene a verme y me dice: “Ustedes producen bananas,
tienen conocimientos sobre su cultivo y han desarrollado los recursos humanos
para ello: ¡se han especializado! Y cuanto más se especialicen en ellas, más
reducirán sus costes de producción y serán más eficaces. Si ustedes siguen esta
metodología, tendrán una ventaja comparativa en el mercado y su país se
desarrollará”. Entonces, yo aumento mi producción de bananas pero mi vecino hace
lo mismo. El resultado es ¡que hay demasiadas bananas en el mercado! Y el
consumidor no las va a comer de día y de noche y, en consecuencia, los precios
se desploman. Es como el método de un médico que tiene un montón de pacientes a
los que prescribe el mismo medicamento cualquiera que sea su enfermedad.
Ahora, tenemos que tener en cuenta lo siguiente: Cuando la URSS y el bloque
del este se colapsaron en 1990, el imperialismo occidental pensó que podía
dominar el mundo entero. Pero China ha comenzado a transformarse económicamente
y hoy tiene necesidad de todo, desde bananas y cacahuetes a petróleo y
minerales. Este nuevo gigante va, por ello, al encuentro de los países ricos en
materias primas con el deseo de comprar sus reservas a precios de mercado.
Evidentemente, todos los países africanos que poseen abundantes recursos se
vuelven hacia China. ¡Cualquier hombre de negocios que deseara obtener mayores
beneficios lo haría! El capitalismo desplazado a Asia y África debe adaptarse a
esta nueva situación.
África siempre ha sido un coto de occidente. Es un gran cambio.
Ese es el núcleo del problema. Occidente ha adoptado una posición muy ambigua
sobre este asunto. Por una parte, saca enormes beneficios de su asociación
económica con China. Por otra, no acepta en absoluto que África trate con el
gigante asiático. En efecto, las potencias imperialistas no quieren perder su
dominio sobre el rico continente africano. Frente a este dilema, occidente
mantiene una actitud vergonzosa: en lugar de enfrentarse abiertamente a China,
ejerce presiones sobre los gobiernos africanos que han escapado a su control y
explota las crisis humanitarias en su propio beneficio.
¿Cómo intenta occidente impedir que Sudán comercie con China?
Tratando de desestabilizar al Gobierno. Y para hacerlo, aplica la regla de
oro del colonialismo” dividir para vencer.” Durante la segunda guerra civil,
Estados Unidos apoyó financieramente al Ejército Popular de Liberación de Sudán,
un movimiento rebelde del sur. Como este movimiento recibía dinero y armas, y el
Gobierno por su parte había podido modernizar su ejército gracias a los ingresos
del petróleo, el conflicto duró más de veinte años, para terminar por fin en
2005. Apenas finalizada la segunda guerra civil, se iniciaba la crisis de Darfur.
Es cierto también, que en este problema el gobierno sudanés ha adoptado una
actitud militarista en lugar de inclinarse por la vía del diálogo. No obstante,
las potencias imperialistas amplifican el problema a fin de movilizar a la
opinión pública internacional y desestabilizar al gobierno sudanés. Tienen que
comprender que si mañana Jartum anuncia que deja de comerciar con China, nadie
más hablará de Darfur.
Las grandes potencias occidentales ¿podrían evitar una confrontación
directa con China y conservar el control sobre las riquezas del continente
africano?
Por supuesto. Su actitud es vergonzosa. De hecho, esos países imperialistas
son racistas. Desde la colonización del siglo XIX, han impedido siempre que
África se desarrollase para conservar el control de sus riquezas. Pero ¿por qué
este continente no habría de tener relaciones comerciales con China mientras que
occidente sí lo hace? ¿Por qué los niños de África no pueden tener buenos
zapatos, mesas bien abastecidas y buenas escuelas? Las potencias neo coloniales
mantienen al continente más rico del mundo en el subdesarrollo para conservar el
control de sus riquezas.
En Estados Unidos, la movilización por Darfur es importante. Muchas
asociaciones judías están asimismo implicadas en esta campaña. ¿Por qué?
Las razones de esta implicación son esencialmente históricas. En el conflicto
que durante mucho tiempo enfrentó al Estado judío con Egipto, Sudán ocupaba una
situación estratégica. En efecto, el Nilo atraviesa este país antes de llegar a
Egipto. Hoy, Tel Aviv y El Cairo mantienen excelentes relaciones pero, habida
cuenta de la simpatía de la población egipcia por la causa palestina, esta
complicidad podría deteriorarse. En una estrategia a largo plazo, Israel sabe
que sus intereses estratégicos en Sudán son importantes. Si puede controlar el
agua del Nilo, puede controlar Egipto. En la época de la primera guerra civil
sudanesa, Israel apoyaba ya el movimiento rebelde del sur, Anyany, con la idea
de debilitar al presidente egipcio Nasser. Hoy, cuando dos movimientos de Darfur
han firmado ya un acuerdo de paz con Jartum, Israel apoya al último grupo que
sigue luchando. Esa es la razón de que el líder libio, Kadhafi, haya declarado
que ¡la crisis de Darfur no era ya un problema sudanés sino un problema israelí!
Deben saber también que las asociaciones sionistas implicadas en esta campaña
de movilización por Darfur en Estados Unidos tenían el deseo inicial de crear un
frente común con las organizaciones afro americanas. Una de ellas, La Nación del
Islam, y su líder, Louis Farrakhan, fueron a Sudán, analizaron la situación in
situ y tuvieron una discusión firme con el Gobierno y con su presidente, Omar
al-Bachir. La organización finalmente ha llegado a su propia conclusión: todo lo
que ocurre no tiene nada que ver con los negros y los árabes. Esa ha sido la
razón de que el proyecto de integración, tan querido por las asociaciones
judías, haya fracasado.
Desde que el Tribunal Penal Internacional dictara una orden de arresto
contra el presidente Omar al-Bachir las reacciones están todavía más divididas.
Estados Unidos y Francia han declarado que el presidente sudanés debía ser
juzgado. Por su parte, China y los países árabes consideran que ello podría
desestabilizar más aún al país.
Creo que un Tribunal que no escucha otra música que la que quiere oír no es
un Tribunal. Déjenme que les ponga algunos ejemplos. El pueblo somalí ha estado
siempre desgarrado por la guerra. Pero a principios de los años 2006, se
organizó una Intifada por impulso del Consejo Islámico. Los rebeldes
consiguieron vencer de forma pacífica a los señores de la guerra. Restauraron la
paz en gran parte del país. Se retomó el comercio, los campesinos volvieron a
trabajar en sus granjas y se desarrolló la comunicación en el seno de la
sociedad. ¡La esperanza renacía! Pero seis meses después, el régimen fantoche de
Etiopía, manipulado por la CIA y los neo conservadores estadounidenses, invadió
Somalia. El conflicto desplazó a dos millones de somalíes; 60.000 resultaron
muertos; muchos se ahogaron en el océano Índico al intentar llegar a Yemen;
Etiopía utilizó, incluso, bombas de napalm contra civiles en Mogadiscio y
destruyó la mayor parte de la ciudad. ¿Por qué ningún medio de información
alertó a la opinión pública sobre este drama? ¿Por qué no hay un Tribunal contra
los autores de esta tragedia?
Uganda ha destruido el Congo ecuatorial y expoliado su oro. Para justificar
su legitimidad, el Tribunal detuvo a Jean Pierre Bemba, un pez menor. Pero el
autor de aquel desastroso plan, el gobierno ugandés, sigue libre. Actualmente
sus tropas asesinan civiles en Somalia. ¿ Por qué no se los juzga?
En 1988, Etiopía empezó una guerra en Eritrea. Con un estilo totalmente nazi,
se apropiaron de los bienes de los etíopes de origen eritreo. Varios millares de
eritreos fueron internados en campos de concentración donde muchos sucumbieron a
la malaria y otras infecciones. ¿Por qué no hay tribunales contra esos
criminales?
Un millón de iraquíes han sido asesinados. Cuatro millones, desplazados. Un
Estado moderno ha sido destruido ilegalmente. ¿ Por qué no se juzga a Cheney,
Rumsfeld o Bush?
La industria del diamante de África del Sur ha arrasado Sierra Leona y ha
sido ella, y nadie más, quien ha llevado al ex presidente liberiano, Charles
Taylor ante un tribunal internacional, con acusaciones falsas, lo que le deja a
uno perplejo sobre la integridad de esta justicia.
Pero se han cometido crímenes en Darfur. Incluso aunque el TPI no sea
imparcial, ¿no debería juzgarse a Omar al-Bachir?
No niego que se haya matado a gente en Darfur. Pero hablar de genocidio es
una exageración de un Tribunal imperialista que no es neutral. Todos los
partidos políticos sudaneses han considerado que esa orden de arresto iba en
contra de la soberanía del país. El juicio de Omar al-Bachir deben hacerlo los
africanos. La realidad es que el TPI está allí para presionar al presidente para
que deje de comerciar con China y que se vuelva hacia occidente. Eso no va a
funcionar probablemente con Sudán, pero es al mismo tiempo una señal lanzada a
otros países tentados de seguir su ejemplo.
Los campesinos sudaneses se enfrentan a graves problemas de sequía. ¿No
puede el Gobierno invertir los ingresos del petróleo para construir redes de
riego? En general, ¿por qué un país, que algunos comparan con Arabia Saudí por
sus reservas de petróleo, es tan pobre?
En Europa, ustedes tienen países pobres con gentes ricas. En sentido
contrario, Sudán es un país rico con gentes pobres. Es cierto que el gobierno
sudanés habría podido invertir el dinero del petróleo de manera eficaz pero el
hecho es que no existe una solución progresista para todo el país. Por su parte,
la burguesía regional está muy afectada por la corrupción [1]. Tras el acuerdo
de Naivasha que puso fin a la segunda guerra civil, las autoridades del
sur recibieron seis mil millones de dólares en concepto de reparto equitativo de
la riqueza. Pero con todo ese dinero, ¡no construyeron ni una sola escuela!
Sudán tiene necesidad de una verdadera respuesta, pero nosotros no podemos dar
la nuestra porque corresponde al pueblo sudanés el llegar a esa conclusión.
¿La solución no sería el federalismo o el confederalismo?
Esa es la solución defendida por Estados Unidos para terminar el conflicto
con el sur y lo es hoy para resolver la crisis de Darfur. Un referéndum debería
a corto plazo decidir el estatuto de las dos regiones. El interés de las
potencias occidentales es de enorme: si no pueden negociar la explotación del
petróleo con Jartum, lo harán con las regiones autónomas.
Pero el federalismo no es el bálsamo de Fierabrás para todos los problemas
políticos del mundo. En Bélgica conviven tres comunidades lingüísticas: los
neederlandófonos, los francófonos, y los germanófonos. Allí, el federalismo se
estableció sobre la base de las lenguas existentes lo que ha originado la
existencia de fronteras. Bélgica tiene un territorio pequeño pero cuenta con
seis gobiernos, 550 parlamentarios y 55 ministros. ¡El índice mayor por
habitante del mundo! A pesar de ese ejército político, el país sufre
regularmente problemas comunitarios. En Suiza, por el contrario, el federalismo
se basa en los cantones, lo que hace que el sistema sea más eficaz. Mientras que
el 75% de la población es germanófona, el Parlamento del país se expresa en
francés sin ningún problema. Y aquí es donde nos encontramos: la burguesía
sudanesa quiere un modelo a la belga.
¿Qué salida existe para la crisis en Sudán?
Sudán es un país muy rico, dotado de todo lo que la Naturaleza podía darle.
Pero para su desgracia, no existe ningún movimiento capaz de integrar a toda su
población en torno a la instauración de un Estado democrático, unido e
igualitario; un Sudán sin chauvinismos ni discriminaciones; un Sudán que
utilizara todas sus riquezas en la construcción de un futuro seguro para su
pueblo. Los partidos actuales, incluido el gobierno militar, se basan en todo
tipo de eslóganes: Socialismo sudanés, árabe o islámico, nacionalización o
privatización... Pero son incapaces de integrar y llevar al país por la vía de
una democracia moderna y progresista. La burguesía que dirige el país antepone
sus propios intereses a los de la nación. Sin embargo, la crisis económica y la
caída de los precios de las materias primas no van ya a producir tantas remesas
de dinero como en el pasado. La pobreza aumentará todavía más. Se dan allí las
circunstancias que permitan la emergencia de lo que Sudán más necesita: una
resistencia progresista y democrática.