l continente africano es escenario de innumerables conflictos,
cuyos orígenes hay que buscar en las desigualdades económicas y sociales, el
legado de la colonización, los propios miltares locales y la explotación de
sus recursos por parte de actores extranjeros, entre otros factores.
Entender la complejidad de la situación en África pasa por tener en
cuenta una serie de factores políticos, económicos y culturales, que
aparecen además entrelazados.
Uno de ellos es el que responde al axioma
"violencia negra, raíces
blancas», que apunta a la responsabilidad de las antiguas potencias
coloniales en la situación africana. El poder colonial destruyó los métodos
tradicionales para la resolución de conflictos y las viejas instituciones.
Además, las metrópolis fallaron estrepitosamente a la hora de crear
estructuras políticas estables, lo que ha dado lugar a los posteriores
"estados fallidos», cada vez más frecuentes.
Junto a ello está la demarcación de fronteras, que obedeció a intereses
coloniales y no a las realidades de los pueblos africanos. Antes de su
colonización, los territorios africanos no estaban marcados por fronteras
rígidas, que encierran hoy en su seno a grupos sin relación entre ellos y
separan a otros que siempre habían convivido.
Además, el colonialismo dividió aún más esas sociedades, dejando como
legado histórico la marginación política y económica de algunos grupos o
regiones y utilizando a las élites políticas locales dispuestas a
aprovecharse de las migajas, un importante lastre en el período
postcolonial.
También conviene reseñar el importante papel desempeñado por los
militares africanos. En la época de las luchas por la independencia, la
mayoría de fuerzas militares locales estaban formadas por "ejércitos
disciplinados y profesionales, aunque el armamento era algo obsoleto». Ahora
encontramos "armas muy modernas en manos de ejércitos pre-modernos, lo que
explicaría la espiral de violencia que asola el continente y que muchas
veces se ha convertido en una seria amenaza desestabilizadora.
La explotación de los importantes recursos naturales es otro de los
factores clave. La existencia de grandes riquezas naturales ha atraído a
importantes actores extranjeros (estados y multinacionales), que se han
embolsado los beneficios, marginando a la población local. Todo unido a la
incapacidad de muchos estados para satisfacer las necesidades básicas de sus
poblaciones.
Norte de África. Ha conocido un importante aumento de la
inseguridad, y destaca la situación en Argelia, donde el movimiento
jihadista transnacional ha realizado importantes ataques bajo la bandera de
"Al-Qaeda del Magreb Islámico».
El golpe de Estado en Mauritania -todavía no se han demostrado sus
posibles raíces islamistas-, o las protestas contra la carestía de la vida y
el incremento de los precios de los productos básicos en Egipto, Marruecos y
Túnez completan la foto.
Los gobiernos de la región se esfuerzan en mantener sus cotas de poder y
acallar cualquier movimiento opositor, aumentando la represión y los
recortes en materia de derechos humanos.
Se mantiene la lucha del pueblo saharaui por su derecho a la libre
determinación, pese a la pasividad, cuando no complicidad, de la comunidad
internacional con el régimen marroquí.
Cuerno de África. El aumento de la violencia, los desplazamientos
forzosos de grandes bolsas de población (Darfur o Somalia), las disputas
entre Djibuti y Eritrea o entre Somaliland y Puntland, las crisis ecológicas
y naturales que se repiten cada año, el aumento de los precios, las
consecuencias de la "guerra contra el terror» de EEUU, o las nuevas
dinámicas en algunos conflictos, como el somalí -aparición de grupos
insurgentes que se nutren de la doctrina del islamismo transnacional y
jihadista, son algunas de las características en la zona.
En Sudán asistimos a un futuro incierto, con la acusación contra el
presidente por parte del TPI, y con los acuerdos de paz sujetos con pinzas,
mientras que la situación en Darfur puede deteriorarse aún más. Sin olvidar,
además, las repercusiones de todo ello sobre los países vecinos.
Tampoco se puede adelantar el desarrollo de los acontecimientos en
Somalia, donde la ausencia de un estado es cada día más palpable, y donde la
violencia sigue azotando a la población, mientras surgen nuevas formas de
conflicto, como es la sucesión de ataques piratas.
La disputa entre Etiopía y Eritrea no atraviesa su mejor momento. Han
vuelto a aflorar diferencias históricas, y cada uno de los actores no duda
en aprovechar los conflictos internos de su vecino para desestabilizarlo.
Oeste de África. Encontramos desde transiciones de situaciones de
conflicto abierto a relativa paz, y de regímenes autoritarios a
seudodemocracias de corte liberal. La crisis global también tiene su
reflejo. La fluctuación de los precios del petróleo y de los alimentos son
claves en el descontento popular, por la dependencia de las exportaciones de
crudo y las importaciones de alimentos. A ello hay que añadir la presencia
de bandas de narcotraficantes, principalmente provenientes de países
latinoamericanos, en busca de rutas alternativas para sus cargamentos.
Costa de Marfil vive una situación de
"ni guerra ni paz», con las
elecciones pospuestas desde hace cuatro años y un país dividido entre el
norte "rebelde» y el sur controlado por el Gobierno.
No podemos olvidar las demandas del pueblo tuareg y su incidencia en Mali
o Níger, donde se han sucedido los enfrentamientos y las negociaciones. Los
tuareg han sido marginados de todo proyecto de desarrollo gubernamental y
han visto cómo la explotación de sus riquezas naturales (uranio) se reparten
entre actores ajenos a su pueblo.
En Senegal, Níger o Guinea (con movimientos golpistas) se han afrontado
importantes retos políticos y reformas que pueden afectar a su futuro. La
sucesión de sus presidentes centra buena parte de los debates.
Este año el presidente de Nigeria tendrá que lidiar con sus ambiciones
personales y las de las élites políticas locales si quiere consolidar su
poder, mientras sigue haciendo frente a las numerosas rebeliones en el país
(entre otras, en el Delta del Níger).
Los procesos de Togo, Benin o Ghana, pueden aportar algún rayo de luz
esperanzador en un panorama tan pesimista.
Los acontecimientos en Guinea-Bissau, con la muerte del presidente y del
militar de mayor rango, y con la omnipresencia del narcotráfico, plantea una
importante duda sobre sus consecuencias en el ámbito local y regional en los
próximos meses.
Este de África. La violencia en las elecciones de Kenya en 2008,
la frágil paz de Uganda, donde los ataques del Ejército de la Resistencia
del Señor (LRA) se mantienen, o las crisis por corrupción en Tanzania y que
su presidente ha sabido sortear, utilizando, en buena medida, su peso en la
diplomacia internacional, son parte importante de la fotografía de esta
región.
El desarrollo de los acontecimientos en Kenya, donde en el pasado ha
habido también ataques del jihadismo transnacional, y las repercusiones de
la situación ugandesa en los estados vecinos serán cuestiones claves.
Centro de África. Situaciones contrapuestas caracterizan el
escenario regional de esta parte de África. Así, la inestabilidad política
de la República del Congo, además de afectar gravemente al desarrollo del
país, tiene una incidencia en su entorno.
Además, encontramos la frágil paz en Burundi y Rwanda, que se repone
todavía del genocidio vivido en la región de los Grandes Lagos hace unos
años. Asistimos también a los importantes intentos de reconciliación en
Congo-Brazzaville o en la República Centroafricana, donde se mantiene el
diálogo político iniciado a finales de 2008.
La situación de Chad sigue acaparando buena parte del protagonismo
regional e internacional. Los continuos enfrentamientos, las consecuencias
de la grave situación de Darfur, o el papel del Estado francés en los
acontecimientos, son algunas de las claves en esta coyuntura.
Sur de África. Es una de las regiones que mayor atención mediática
atrae y más peso puede tener en el seno del continente.
El pasado año en esta zona han tenido lugar elecciones parlamentarias o
presidenciales. La excesiva atención desde Occidente a Zimbabwe no puede
hacernos olvidar los recientes comicios en Angola, Swaziland y en Zambia,
donde al sistema "de patrocinio», que garantiza la utilización de fondos
públicos para pagar favores políticos -lo que provoca la apatía de la
población y una baja participación electoral-, hay que unir la ineficacia
para combatir la corrupción.
Evidentemente, si la pobreza y las desigualdades sociales siguen
aumentando, la situación puede dar un peligroso giro.
En Sudáfrica estará centrada buena parte de la atención. Ante la próxima
cita electoral, será el momento de ver si el ANC es capaz de mantenerse como
la primera fuerza del país, o si los disidentes del COPE, partidarios de una
clara política neoliberal y elitista, le restan apoyos y acaban aliándose
con la oposición tradicional para poner en dificultades al ANC, en un
momento en el que el partido sudafricano ha optado por una política de corte
más progresista.
Océano Índico. Sus paradisíacas islas sólo son noticia cuando se
produce alguna catástrofe natural o cuando nos encontramos con algún
movimiento golpista o desestabilizador. En esta ocasión, es la isla de
Madagascar la que atraviesa momentos delicados. Las protestas populares han
dado lugar a una maniobra política que ha acabado con el desplazamiento del
actual presidente y su sustitución por la "nueva joven promesa local». Pero
una mirada más detallada nos permitirá aventurar la continuidad del modelo
social vigente, que excluye a la mayoría de la población y se muestra
dispuesto a seguir compartiendo las riquezas con actores extranjeros.
África. Este breve recorrido por el continente africano nos ha
permitido acercarnos a algunos de sus puntos "más calientes».
Quedan sobre la mesa africana un sinfín de retos. Corregir el vacío y las
disfunciones de las instituciones estatales; acabar con la ineficiencia y el
mal hacer de muchos gobiernos; superar la influencia de las élites corruptas
y las divisiones políticas interesadas; poner fin a los altos niveles de
pobreza, a las intervenciones militares y a las florecientes redes de
narcotráfico son algunos de esos desafíos.
La actual crisis mundial también tendrá consecuencias en África, que a
medio plazo puede ver cómo se reduce la inversión extranjera y se recortan
las ayudas económicas.
Un analista africano aportaba una de las claves para superar en cierta
medida todas las crisis enunciadas: "Es necesario afrontar las raíces más
que atacar sus síntomas». Un axioma aplicable a muchos lugares del planeta.