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¿Podrán los países reducir la contaminación sin golpear la economía?

 
 

 (IAR Noticias) 19-Noviembre-09

fabricas polucionando

En momentos en que las autoridades de todo el mundo actúan para evitar una posible catástrofe climática, el debate apunta hacia los costos que implicará la reducción de las emisiones de dióxido de carbono. Las medidas que se enfocan en las fuentes de energía más eficientes suelen ser bastante costosas y mucho más caras que los combustibles de origen fósil que buscan reemplazar. ¿Significa esto que un esfuerzo serio para combatir el calentamiento global es incompatible con el crecimiento económico? A continuación, las opiniones de dos expertos en el tema: Robert Stavins, profesor de negocios y gobierno de la Universidad de Harvard, y Steven Hayward, investigador invitado del Institute for Public Policy Research.

Por Robert Stavins (*) y Steven Hayward (**) - The Wall Street Journal

Sí: La transición puede ser gradual y a un costo asequible

El mundo afronta una potencial catástrofe relacionada a las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero los países no tienen por qué destruir sus economías para prevenir la crisis.

Los críticos argumentan que la legislación aprobada hace unos meses por la Cámara de Representantes de Estados Unidos para reducir en los próximos 40 años las emisiones del país en un 80% por debajo de los niveles de 2005, conllevará cambios significativos y problemáticos para su infraestructura, así como un daño económico incalculable. Pero cometen un par de errores básicos. Parecen pensar que tenemos que reemplazar toda nuestra infraestructura de un solo golpe, pagando billones de dólares. También parecen asumir que debemos elegir entre energía mucho más cara y ninguna energía.

El cambio a energía más verde no tiene que completarse inmediatamente y no tiene que ser problemático. El plan de transición adecuado aumentará las facturas de los consumidores de forma gradual y modesta y permitirá a las compañías llevar a cabo cambios escalonados y bien programados.

¿Cómo funcionaría? Una posibilidad es una combinación de sistemas nacionales y multinacionales de topes y negociación de créditos de carbono. Las compañías en todo el mundo obtendrían derechos de emisión de carbono de sus gobiernos, que luego podrían comprar y vender en el mercado. Si necesitan incrementar su emisión de carbono, pueden comprar los derechos de otras compañías. Las empresas obtendrían más créditos mediante acciones que compensen el uso de carbono, como plantar bosques. Los países podrían, también, añadir impuestos a las emisiones de carbono.

Mayor eficiencia

A corto plazo, estos cambios tendrán su costo, pero eso no detendrá el crecimiento económico. A medida que se han expandido, las economías se han vuelto más productivas, al extraer una mayor actividad por cada unidad de energía que consumen. Entre 1990 y 2007, las emisiones en todo el mundo aumentaron 38% y el crecimiento económico escaló 75%: las emisiones por unidad de actividad económica cayeron 20%.

Los críticos dicen que no se puede aumentar la eficiencia lo suficiente como para cumplir la meta de reducir las emisiones en 80%. Un alza en la eficiencia no bastará, pero este plan no depende sólo de ello ya que incluye otros cambios, como estimular la inversión en fuentes de energía más verdes. El costo a largo plazo de todo esto, según los mejores análisis económicos, sería de menos del 1% del Producto Interno Bruto por año, o hasta US$175 por hogar en 2020.

Los críticos temen aumentar el precio de la energía porque dicen que ningún país se ha vuelto rico con energía cara. Pero históricamente, son la escasez y el costo de la energía los que han provocado cambios tecnológicos y el uso de otros tipos de energía.

Los detractores dicen que las estimaciones de los costos del cambio dependen de planes poco realistas de cooperación entre países. Efectivamente, se necesita un plan internacional pero, de hecho, muchos países ya han iniciado políticas de control de emisiones.

EE.UU. y China, por ejemplo, han mantenido negociaciones intensas sobre política climática. Si concretan un acuerdo tendrán mucho más poder para convencer a otros países. Los países desarrollados podrían lograr reducciones mayores de sus emisiones y permitir que países en desarrollo realicen cortes graduales.

Mientras más nos demoremos en actuar, más agresivos tendrán que ser nuestros futuros esfuerzos. Los críticos argumentan que podemos darnos el lujo de esperar porque el mundo de mañana será más rico y tendrá mayor capacidad para absorber los costos. Pero adoptar medidas más pronto reducirá los costos totales de conseguir el objetivo trazado ya que hará posible una transición paulatina, algo que abarata el esfuerzo. El costo de no actuar, cabe destacar, sería mucho mayor debido a los daños del cambio climático.

Comprometerse a luchar contra el cambio climático no será gratis ni fácil. Pero si las predicciones científicas sobre las consecuencias de la inacción son correctas, ha llegado la hora de ponerse serios y dar pasos significativos.

(*)Stavins es profesor de negocios y gobierno en la Escuela de Gobierno J.F. Kennedy de Harvard e investigador en la Oficina Nacional de Investigación de EE.UU.


No: Las alternativas son demasiado caras

Estados Unidos y Europa Occidental pueden anotarse un logro significativo en los últimos 40 años: reducciones importantes en la polución del aire con sólo un efecto pequeño en el crecimiento económico y la prosperidad. ¿Por qué no podemos esperar lo mismo con las emisiones de gases de efecto invernadero?

Los gases de efecto invernadero no son un problema de contaminación tradicional. Es un problema de uso de energía, y eso lo hace muy diferente. La polución tradicional del aire es un producto indeseado. Reducirla no requiere restringir el uso de combustibles de origen fósil. En las últimas décadas, hemos duplicado el consumo de algunos carburantes fósiles mientras realizamos grandes reducciones en la polución.

El dióxido de carbono, sin embargo, resulta de la combustión completa del combustible. No existe tecnología para eliminarlo del proceso. La única forma de reducir emisiones es quemar menos combustible.

Así que para cumplir los objetivos establecidos por los activistas ecológicos, EE.UU., Europa y Japón deberán reemplazar casi todo su sistema de infraestructura.

Para EE.UU., el objetivo de reducir en 80% las emisiones significa volver a un nivel visto por última vez en 1910.

No está claro que el objetivo de reemplazar los combustibles fósiles pueda cumplirse independientemente de su costo, algo que apuntó la Agencia Internacional de la Energía en su pronóstico anual energético más reciente.

El problema es que las alternativas propuestas —energía solar, eólica y nuclear, el hidrógeno y el biocombustible— son mucho más caras que los combustibles fósiles. Los cálculos creíbles de implementación de energía de baja emisión en EE.UU. en la próxima generación empiezan a partir de algunos millones de millones de dólares. Nadie puede dudar que esto reducirá el crecimiento económico.

El recurso maestro

La energía no es como otros bienes que pueden ser sustituidos. Ha sido llamada el recurso maestro porque es clave para el resto de la economía. No existe ningún ejemplo de un país que se haya enriquecido con energía cara.

En las últimas décadas, EE.UU. ha mejorado su eficiencia energética al mismo tiempo que ha crecido. Pero las emisiones siguen aumentando. Conseguir una reducción de 80% de aquí a 2050 significaría triplicar nuestros logros en cuanto a eficiencia y mantenerlos por años, algo sin duda imposible.

Tal vez habrá algunos avances exponenciales en la tecnología energética, pero incluso así, el costo para la economía será muy grande. Las plantas energéticas, refinerías y redes de transmisión son activos de larga duración, así que un cambio rápido a una nueva tecnología implicará retirar activos antes de que cumplan su vida útil y redirigir billones en capital de otros sectores.

Algunos proponen realizar cambios graduales usando métodos como el intercambio de licencias de emisión. Pero esos planes se basan en predicciones poco realistas sobre lo que es factible conseguir y a qué costo. La estimación de costos del proyecto de ley estadounidense Waxman-Markey, por ejemplo, asume que se creará un sistema internacional para transar créditos, un mercado que ayudará a estabilizar los precios energéticos. Pero los obstáculos que afronta la creación de este sistema son enormes. Australia, Nueva Zelanda y Rusia ya muestran señales de querer retirarse de la actual regulación para reducir emisiones.

Una ínfima posibilidad

La posibilidad de conseguir un acuerdo ambicioso de reducción de emisiones con economías emergentes es casi inexistente. Los países en desarrollo necesitan grandes cantidades de energía nueva en los próximos 40 años. ¿Cuál es la posibilidad de que adopten una política energética cara a una escala que ni siquiera los países ricos se pueden permitir?

Algunos sugieren dar a los países en desarrollo objetivos más bajos, pero algunos de los países emergentes más importantes, como India, han indicado que no aceptarán ninguna limitación.

Finalmente, la idea de que debemos actuar ahora para evitar mayores costos más adelante no se sostiene. El mundo de mañana será considerablemente más rico y mucho más capaz de absorber los costos del cambio climático. William Nordhaus, de la Universidad de Yale, uno de los principales economistas del clima, cree que la mitad o más de los efectos nocivos del cambio climático se deberían permitir, ya que el mundo dentro de 40 o 60 años tendrá mayor capacidad para responder a los efectos económicos.

(**)Hayward es un investigador invitado en el American Enterprise Institute y autor del Índice de Principales Indicadores Medioambientales, que se publica cada año.

 

*****

(*)Alejandro Nadal es economista, profesor investigador del Centro de Estudios Económicos, El Colegio de México, y colabora regularmente con el cotidiano mexicano de izquierda La Jornada. 

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