Desde su lecho de Procusto mental, Soros desea imponer un nuevo orden global
de corte financierista cuando el mundo vuela a la economía política y/o a las
finanzas reguladas y domesticadas por la alta política.
Por
Alfredo Jalife-Rahme - La Jornada, México
Antecedentes: dos meses después de la quiebra del banco Lehman
Brothers, que precipitó la crisis financiera global, Gideon Rachman –muy cercano
a Israel y a los círculos financieros de la City, además de columnista de
The Financial Times– pontificó las supuestas bondades para instalar "un
gobierno mundial" (9/12/08), ominosa idea que sus crípticos apologistas
negaban en forma farisea como una paranoica "teoría de la conspiración".
Hechos: György Schwartz, alias George Soros, es expuesto por De
Defensa (30/10/09), centro de pensamiento estratégico europeo, de intentar
imponer "un gobierno mundial" con máscara financierista, como se desprende
de su entrevista a The Financial Times (23/10/09), portavoz de la
globalización neoliberal.
Como si fuera él mismo una acción bursátil, el megaespeculador Soros (quien
opera con travestismo "filantrópico"), ha variado sus ideas de acuerdo con
la cotización de los intereses de la banca israelí-anglosajona hoy totalmente
desfondada.
Muy prolífico a sus 79 años, insiste en enunciar en el umbral del
charlatanismo su muy poco seria teoría de la "reflexividad" (sic), mezclada
de las luces filosóficas del epistemólogo Karl Popper, y en corto tiempo ha
pasado desde proponer la reforma del modelo neoliberal global (que tantos
beneficios le aportó a su pecunio con una fortuna de 11 mil millones de dólares)
mediante una "globalización suave" hasta diagnosticar correctamente ahora
"la quiebra del sistema financiero global", lo cual le lleva a plantear su
imperativa reorganización mediante un ominoso gobierno mundial financierista.
Como decimos coloquialmente en México: con Soros pasamos "de Guatemala a
Guatepeor".
Hoy Soros propone a destiempo cerrar los flujos monetarios de su "sociedad
abierta".
De Defensa expurga los asertos del megaespeculador "filantrópico" (no
olvidar: uno de los puntales de la banca israelí-amglosajona, de allí la
importancia de sus opiniones, aunque sean dislates), con base en un comentario
del relevante portal Raw Story (28/10/09), que sintetiza que Soros entierra
tanto a Estados Unidos como al dólar y sustituye al caduco decálogo neoliberal
del Consenso de Washington por el "Consenso de Pekín" (título de un libro
de su correligionario Joshua C. Ramo, anterior súbdito de Goldman Sachs,
publicado por el británico Foreign Policy Centre en 2004). Queda clara la
impronta e imprenta de la legendaria perfidia británica vinculada al sionismo
financiero.
Ya lo expresaba sublimemente el "reporte Wegelin" (ver Bajo la Lupa,
21/10/09): las ratas ya empezaron a abandonar el barco financiero neoliberal que
se hunde. Desde el banco británico HSBC, que cambió su matriz de Londres a Hong
Kong, hasta Soros, en su conjunto la banca israelí-anglosajona deserta de
Estados Unidos, en plena decadencia, por China, su último salvavidas.
Las ratas financieras buscan, por tropismo biológico, su nutriente primario:
las pletóricas reservas de divisas del "circuito étnico chino" (China, Hong
Kong, Macao, Taiwán y Singapur): 35 por ciento global.
Desde su lecho de Procusto mental, Soros desea imponer un nuevo orden global
de corte financierista cuando el mundo vuela a la economía política y/o a las
finanzas reguladas y domesticadas por la alta política.
Pregona "un nuevo sistema de divisas" enarbolado por los muy
controvertidos "derechos especiales de giro (DEG)", a lo que "se resiste
Estados Unidos".
Aduce que se han emitido 250 mil millones de dólares en DEG (nota: una "
divisa virtual", cuyo valor representa el promedio de la canasta del dólar,
euro, libra esterlina y yen). Su próxima masiva emisión "puede ser usada para
proveer bienes públicos globales", con el fin de beneficiar a los países en
vías de desarrollo”. ¡Cómo no!
Admite que su emisión comporta un costo de 0.5 por ciento que aboga sea
pagado por el Fondo Monetario Internacional mediante la venta de sus reservas de
oro.
La trampa de Soros, un especulador a final de cuentas, es doble: 1) prosigue
la política de venta masiva de oro por el banco central británico (que se
equivocó horrores al respecto) para impedir que otros actores (v. gr.
el BRIC y las petromonarquías árabes) controlen las finanzas mundiales con el
patrón más estable del oro (que puede incluir otras materias primas, como los
hidrocarburos y el uranio), y 2) se empecina en la alquimia financiera de inflar
una divisa virtual (los DEG) que conlleva en su seno el cáncer de mezclar
divisas de papel-chatarra prácticamente sin valor económico (v. gr. el
dólar y la libra esterlina).
Soros pretende curar el cáncer financiero global "tratando"
selectivamente sus metástasis y omitiendo al tumor maligno primario.
Díficilmente China caerá en la doble trampa financierista de Soros, quien ignora
la resurrección de Rusia, a la que ha intentado desestabilizar hasta el
cansancio mediante el financiamiento obsceno de las ONG que controla en el mundo
(incluyendo México y su Torre Mayor).
El "nuevo orden mundial" de Soros no es económico ni político ni
filosófico, sino exclusivamente financiero: "un nuevo orden mundial financiero"
de papel-chatarra –sin sustento tangible en la producción ni en las materias
primas–, al cual insta invitar a China como líder global, dejando las migajas a
Estados Unidos.
Raw Story y De Defensa traducen sin cortapisas la ideología del
megaespeculador Soros: "un cosmopolítico (sic) partidario de un gobierno
mundial". Es palmaria la alusión a la banca israelí-anglosajona que anhela el
control mundial mediante el papel-chatarra de las finanzas: el viejo truco de
los conquistadores del siglo XVI, quienes trocaban oro por "espejitos" y
que los neoliberales globales del siglo XX llevaron a la trasmutación alquímica
del "oro negro" por espejismos teológicos.
El comentario de Raw Story es demoledor: "algunos críticos del sistema
financiero global arguyen que los DEG representan el lado fino de la cuña para
la creación de un gobierno mundial, cuando el FMI y el G-20 socavan la soberanía
de los países al tomar control de la política económica de las manos de los
líderes nacionales".
De Defensa explaya que la literatura sobre "el gobierno mundial" es
abundante y cataloga a Soros como "el hombre del desorden" quien representa
"una corriente cosmopolita (sic) que no es nueva" y cuya visión se subsume
en la "manipulación financiera".
El portal estratégico europeo desestima "la abdicación voluntaria de
Estados Unidos de su estatuto de superpotencia" con ínfulas de "su destino
manifiesto para dirigir al mundo".
Conclusión: la teología financierista ultrarreduccionista de Soros es
depredadoramente apátrida, ahistórica, antieconómica, apolítica, antiética,
antiestética, amoral, antihumana y, más que nada, anticivilizatoria.
Soros no puede entender, debido a sus grilletes especulativos monetaristas,
que el mundo financierista que se colapsó fue el que ayudó a edificar y que
ahora pretende reconstruir con los detritos del basurero neoliberal que
epitomizan los DEG y con los que intenta resucitar a la fenecida globalización
financiera desregulada mediante un mágico control de daños cuando el mundo ya se
encaminó a la desglobalización.