A lo largo de mis 38 años de experiencia en el sector de la inversión, he
sido testigo de seis crisis bancarias, comenzando por el colapso de la banca
secundaria que vivió Reino Unido a mediados de la década de los setenta.
Por Anthony Bolton -
Financial Times
Desde entonces, he asistido a la crisis de deuda de América Latina en los
ochenta, a la debacle de las instituciones de ahorro y préstamos de EEUU, a la
grave situación que vivieron los países escandinavos a principios de los noventa
y la que sufrió Asia a finales de esa década. La reciente crisis bancaria global
tiene precedentes, así como los sobresaltos a los que hemos asistido: quien haya
estudiado la historia financiera del mundo desarrollado sabrá que está salpicada
de acontecimientos similares. Sin duda, la última crisis es la peor que he
visto, aunque estoy convencido de que no será la última. Mucho se ha escrito
sobre lo que deberíamos hacer para evitar que se repitan los problemas de la
banca en el futuro. En mi opinión, deberían tenerse en cuenta siete aspectos.
1. Algunos bancos han crecido en exceso y resultan demasiado grandes. Por
desgracia, son pocos los que están preparados para abordar este aspecto de la
crisis, seguramente por la enorme influencia de los grandes bancos en la clase
dirigente. No entiendo por qué los bancos necesitan ser tan grandes o por qué
sus actividades han de tener un alcance tan amplio. En concreto, creo que hay
sólidos motivos para separar la banca comercial de la banca de inversión. Por
desgracia, parece que avanzamos en la dirección opuesta y algunas grandes
entidades de inversión de EEUU están convirtiéndose en bancos universales, lo
que provocará crisis a escala mundial, en lugar de regional. En la mayor parte
de los casos, la regulación sigue siendo nacional. Esta falta de armonía entre
las operaciones y la regulación hace que el sistema quede expuesto a importantes
riesgos.
2. Como apuntó recientemente el director financiero de uno de los bancos que
han salido casi ilesos de esta crisis, son las operaciones comerciales y las
actividades del Tesoro, y no los préstamos comerciales, las responsables de los
problemas de esta industria. Los argumentos a favor de un aumento de la
regulación de esas actividades son sólidos, por lo que debería exigirse a los
bancos que aportaran más capital regulador para estas actividades.
3. La financiación mayorista puede resultar más arriesgada que la
financiación con depósitos, ya que suele plantear menos dificultades, sobre todo
cuando hay una pérdida de confianza. En mi opinión está justificado el
desarrollo de una mayor financiación mayorista a más largo plazo como
complemento a los depósitos de los clientes.
4. No se puede permitir que el sistema bancario en la sombra vuelva a crecer
sin ningún tipo de control. No se debería permitir que los bancos se impliquen
en actividades importantes que estén fuera de su balance y que éstas no estén
sujetas al escrutinio público. Está claro que el hecho de que los reguladores
conocieran estas actividades no fue suficiente.
5. Deberían darse a conocer las generosas remuneraciones que se concedan
fuera del consejo de administración. Los ingresos de empleados que superen la
media de un miembro del consejo deberían declararse junto con las actividades en
las que operan. Esto hará que se detecten con más facilidad las posibles áreas
de riesgo que los inversores pueden estudiar con más profundidad.
6. Warren Buffett ha dicho que el consejero no ejecutivo ideal debería,
además de pensar y hablar de forma independiente, comprender el negocio y actuar
en interés del accionista. A estas declaraciones añadió que, después de haber
formado parte de 19 consejos de administración de empresas públicas y de haber
trabajado con unos 250 consejeros, la mayoría de los cuales se considerarían
independientes, ninguno cumplía con esas características.
Por tanto, en el mejor de los casos, su contribución fue mínima y, con
demasiada frecuencia, resultó negativa, a pesar de tratarse de personas
inteligentes. En mi opinión, deberían implicarse de forma más activa a través de
participaciones en la compañía, y no sólo opciones sobre acciones. Los
reguladores han hecho más hincapié en la independencia de los consejeros no
ejecutivos, pero yo no estoy convencido de que se haya hecho demasiado esfuerzo
por encontrar personas que comprendan el negocio y actúen en interés del
accionista.
Buffett reconoció que nunca le resultó sencillo plantear preguntas difíciles
en un consejo de administración lleno de personas muy bien educadas y que
mantenían una excelente relación entre sí. En el mundo bancario es fundamental
poder sacar a la luz los problemas. Es probable que los consejeros no ejecutivos
elegidos porque “van a encajar bien”, no sean los que más motivados están para
exponer estas cuestiones.
7. Las estructuras de retroalimentación entre consejos y accionariado son
fundamentales. A menudo los operadores corporativos suelen cumplir muy bien esta
tarea, dado que la información va dirigida a todo el consejo de administración,
incluidos los consejeros no ejecutivos. Tanto la autoridad reguladora como los
consejeros deberían estar en contacto con los especuladores bajistas de las
acciones bancarias. Ésta es la mejor forma de detectar riesgos potenciales en el
sistema y de estar alerta de lo que puede fallar.
En el último año, el sistema financiero global ha estado al borde del
colapso. Si los gobiernos no hubieran actuado de forma tan rápida y decidida
como lo hicieron, ahora nos encontraríamos en una depresión global. Aunque no
podemos evitar que las crisis financieras se repitan, podemos garantizar que
sucedan con menos frecuencia y que tengan un impacto menos globalizado que la
crisis que acabamos de atravesar.