(IAR
Noticias) 08-Octubre-09
Cuando el presidente
Chávez preguntó en la ONU si había uno, dos o varios Obamas, los
representantes de los más de 6.000 millones de habitantes del planeta
allí presentes, sabían que se refería a esa dualidad en el hablar y
accionar del mandatario yanqui, quien mientras pregona la paz y
convivencia, practica la guerra y otras formas de agresión contra los
pueblos y gobiernos del planeta.
Por Hernán Mena Cifuentes - ABN
En el caso del mandatario yanqui, dicha dualidad no se trata de ese
trastorno disociativo de la identidad del “yo”, que en sicología se
conoce como “doble personalidad”, “dos formas de ser diferentes con sus
respectivas estructuras, pautas de conducta, criterios y formas de
reacción que condicionan su forma de actuar”, como en el caso del Dr.
Jekyll y Mr. Hyde, protagonistas de la obra de Robert Louis Stevenson.
La manera de actuar del primer presidente negro de los EEUU, no tiene
nada que ver con ese trastorno, ya que es un hombre sano y sumamente
inteligente, de brillante trayectoria como estudiante y profesional del
Derecho, egresado de famosos claustros universitarios, como miembro del
Senado donde se destacó como orador y, como candidato presidencial que
triunfó sobre sus rivales para alcanzar la primera magistratura del
país.
La verdadera causa de su “mal”, es la misma que afecta a todos los
mandatarios llegan la Casa Blanca, porque, quienes allí figuran como
gobernantes, no son tales, sino sumisas y dóciles marionetas o títeres
de las “mentes tenebrosas”, directivos del complejo militar-industrial y
grandes consorcios financieros que desde las sombras manejan los hilos
del poder del Imperio mas grande de la historia cuya única motivación es
hacer dinero haciendo guerras.
Esos presidentes, se limitan a cumplir como subalternos que son, las
órdenes que reciben desde “arriba”, sin importarles para nada la muerte
de millones de inocentes y el terror y destrucción que siembran en
pueblos del planeta con sus guerras de conquista, que se inscriben en un
proyecto hegemónico de dominación mundial, diseñado y puesto en marcha
hace más de un siglo.
Harry Truman no ordenó por cuenta propia desatar el terror nuclear por
todo el mundo, al lanzar las dos bombas atómicas que destruyeron a
Hiroshima y Nagasaki matando cuestión de segundos a mas de 200 mil seres
humanos y condenando a otros miles y a sus descendientes a una muerte
lenta por efecto de la radiación causada por esos artefactos.
Tampoco Eissenhower, Kennedy, Johnson y Nixon, decidieron por su propia
voluntad lanzar al país a la aventura de la guerra de Vietnam en la que
perecieron mas de dos millones de vietnamitas y 58 mil soldados
estadounidenses, conflicto que terminó con la más humillante de todas
las derrotas bélicas sufridas por Estados Unidos.
Ni Eisenhower planificó, ni Kennedy ordenó la invasión de Bahía de
Cochinos con la que se pretendía derrotar a la heroica Revolución
cubana, si no que recibieron la orden desde las sombras del poder, como
tampoco Reagan creó y financió por iniciativa propia a los “contras” que
intentaron derribar a la Revolución Sandinista en Nicaragua, ni tampoco
invadió por su voluntad a la pequeña e indefensa Granada.
Bush padre y Bush Jr. no invadieron a Irak por su cuenta, ni tampoco el
junior fue el que ordenó invadir a Afganistán como venganza por los
atentados del 11-Sep, cuya autoría, según hipótesis y pruebas de
expertos, apuntan a que fueron ordenados desde Washington por las mentes
tenebrosas, ni tampoco fue idea suya la calumnia según la cual Bagdad
poseía armas de destrucción masiva, tomada como pretexto para invadir a
Irak.
Fue para minimizar el rechazo que la comunidad internacional y el propio
pueblo estadounidense expresaban ante esa forma de violencia y de
irrespeto a los principios y valores éticos que rigen la sociedad
humana, asumida supuestamente esos mandatarios, que los ideólogos y
estrategas que manejan la política del Imperio, decidieron colocar en el
poder a un gobernante con rostro y discurso mas humano y diferente al de
sus antecesores.
Fue a través de una multimillonaria campaña publicitaria en la que se
invirtieron miles de millones de dólares que comenzó a perfilarse la
imagen del “Fenómeno Obama” quien sería el nuevo presidente de EEUU, un
hombre joven, político de impecable trayectoria y, lo más asombroso, un
negro de ascendencia africana, nacido en Hawai, donde existía un reino
cuya soberana fue derrocada hace mas de un siglo por agentes del Imperio
y anexado como otro Estado de la Unión.
Su discurso inaugural, hizo renacer las esperanzas en un mundo asolado
por las guerras y demás conflictos desatados por las anteriores
administraciones yanquis, y por las infrahumanas condiciones en que vive
la mayoría de los habitantes del Tercer mundo, agobiados por el hambre,
la miseria, la pobreza, la ignorancia y enfermedad y demás lacras
sociales propiciadas por la explotación que de sus riquezas hacen las
transnacionales en su mayoría estadounidenses.
“El mundo ha cambiado y nosotros debemos cambiar con él”, dijo Obama, y
sus palabras portadoras de fe y de esperanza hicieron creer a su pueblo
y al mundo que las pronunciaba un hombre dispuesto y decidido a
modificar las estructuras de un sistema para hacerlo mas humano justo,
menos salvaje y opresor como el que ha sido siempre el capitalismo y su
modelo neoliberal, cuya objetivo es la conquista del planeta.
Absortos y confiados como estaban quienes escuchaban su mensaje, no
llegaron a pensar en ese instante, que se trataba de un engaño, de una
gran farsa perpetrada, no por él que es sólo un títere, sino por quienes
desde las sombras manejan a los presidentes yanquis y tienen el poder
verdadero y único del Imperio.
Y es que no oyeron o no entendieron lo que dijo Obama antes de admitir
que el mundo había cambiado y su promesa de cambiar con él, porque si
hubiesen interpretado fielmente esas palabras, como sí lo hizo Chávez,
no habrían abrigado las esperanzas que se forjaron pensando en la
sinceridad de su mensaje de paz y convivencia.
“No pediremos perdón por nuestra forma de vida, ni flaquearemos en su
defensa”, fue lo que dijo el nuevo presidente, y eso significaba
simplemente que proseguiría con la misión que le ha sido encomendada a
todos los mandatarios yanquis, como es la de hacer guerras y amenazar y
calumniar a gobernantes progresistas y revolucionarios opuestos a su
proyecto de conquista planetaria.
Fue el presidente venezolano Hugo Chávez, quien descifró el “Código
Obama”, al preguntar si existen uno, dos o más Obamas, intrigado por las
ambigüedades presentes en el discurso y el accionar del mandatario
yanqui, quien mientras hipnotiza con su convincente lenguaje de
pacificador, atiza simultáneamente las llamas de las guerras que el
Imperio y sus secuaces adelantan en el mundo, al tiempo que calumnia y
amenaza con lanzar mas guerras.
Lo está haciendo en Afganistán, adonde ha enviado más tropas que, junto
con las de sus lacayos de la OTAN, sobrepasan los cien mil soldados, que
mueren cada día, en una guerra en la que combaten sin honor ni gloria,
empantanados y condenados a perderla inexorablemente como lo admiten sus
propios generales, que para prolongarla, piden que se aumenten los
efectivos, al igual que lo hicieron en Vietnam, donde fueron derrotados
por el pueblo.
Amenaza con invadir a Irán, por negarse el país persa a suspender su
proyecto nuclear pacífico, y calumnia a su gobierno asegurando sin
prueba alguna que trata de producir bombas atómicas, cuando es EEUU, la
mayor potencia nuclear del planeta y el primero que desató el terror
nuclear lanzando bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki que en pocos
segundos dieron muerte a más de 200 mil personas, en su inmensa mayoría,
niños, ancianos y mujeres.
Calumnia a través de informes ilegítimos, a la Revolución Bolivariana y
a su líder, Hugo Chávez, de propiciar el narcotráfico y desatar una
carrera armamentista cuando es EEUU el país donde se consume más drogas
y la nación que posee la mayor cantidad de armas del planeta, la mas
grande industria bélica que vende armamentos a países de los 5
continentes y tiene un presupuesto de 700 mil millones de dólares
anuales destinados a gastos de Defensa.
Acusa a China y otras naciones, por el sólo hecho de no aceptar su
agenda belicista, de violar los DDHH, cuando es el Imperio el que viola
impunemente no solo en su propio territorio, sino en resto del mundo,
torturando, encarcelando y asesinando a miles de seres humanos en Irak,
Afganistán, Guantánamo, Somalia, y otros países.
Haciendo gala de gran cinismo, llamó “hipócritas” a quienes solicitan de
EEUU una acción mas enérgica contra los golpistas que derrocaron a
Manuel Zelaya, legítimo presidente de Honduras, diciendo que “quienes
piden una mayor intervención de Washington en la crísis hondureña, son
los mismos que han pedido que los yanquis salgan de América Latina”,
afirmación que no se ajusta a la verdad y pretende confundir o desviar
la atención sobre el problema.
Porque los gobernantes miembros de ALBA, UNASUR, MERCOSUR y Caricon, no
han solicitado intervención alguna, sino sencilla y llanamente, que
Obama y su gobierno cumplan con las decisiones de la OEA, aprobadas por
unanimidad por todos los cancilleres de los países miembros de ese foro,
incluyendo el representante estadounidense.
En fin, Obama no se diferencia en nada de los anteriores mandatarios
yanquis, ya que al igual que ellos, se dedica a cumplir al pie de la
letra las órdenes que emanan de sus amos, que se enriquecen cada día
más, con los dineros que le producen la venta de armas, el tráfico de
drogas y los conflictos bélicos que desatan a lo largo y ancho del
planeta.
Ese es el Obama que Chávez puso al descubierto. El que habla de paz
mientras hace la guerra; el que predica la honestidad mientras calumnia
y miente. El que, al decir que el mundo ha cambiado y EEUU deberá
cambiar también, engañó impúdicamente a quienes pensaron que con él
renacía la fe y la esperanza para un mundo amenazado por el Imperio.
No imaginaron que quien hablaba, era sólo un títere más, una marioneta
con la etiqueta de Presidente de EEUU, a quien manejan a su antojo como
lo han hecho con sus antecesores las mentes tenebrosas que detentan el
poder en el Imperio yanqui, el Código Obama, que Chávez descifró a
tiempo y denuncio ante la ONU al preguntar si hay uno, dos o más Obamas,
para impedir que siga engañando al mundo con su doble discurso.
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