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![[IMF]](http://s.wsj.net/public/resources/images/EM-AG588_IMF_D_20091004141434.jpg) |
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De der. a izq.: el director gerente del FMI,
Dominique Strauss-Kahn; el ministro de Finanzas de Egipto y cabeza del comité
de políticas del FMI, Youssef Boutros-Ghali, y el subdirector gerente del FMI,
John Lipsky, en una conferencia de prensa el 4 de octubre. |
La entidad analizará los planes propuestos por el Grupo de los 20 y velará
por su cumplimiento.
Por Bob Davis -
The Wall Street Journal
El director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn,
está haciendo campaña para convertir el fondo en una especie de banco central
con al menos US$1 billón (millón de millones) en activos para prestar a países
en desarrollo en caso de una crisis.
"Estas reuniones anuales pueden ser el punto de partida para un nuevo FMI",
dijo en una conferencia de prensa antes de inaugurar la asamblea anual de la
organización. "Y cuando les estén hablando a sus nietos les podrán decir que
estuvieron en Estambul durante este momento".
Pero una realidad muy diferente se esta configurando: esencialmente, el FMI
se está transformando en el brazo de gestión del G-20, una organización de
países desarrollados y en vías de desarrollo que no tiene una sede permanente,
personal ni reglas de afiliación. Hasta ahora, los líderes del Grupo de los 20
han operado como la junta directiva de la economía global y necesitan que el FMI
los ayude a desarrollar esa función.
El FMI analizará planes propuestos por los países del G-20 para estimular el
crecimiento y supervisará el nivel de cumplimiento de sus miembros. Junto con la
Junta de Estabilidad Financiera, una organización de banqueros centrales y
reguladores, el FMI desempeñará una tarea similar sobre propuestas de
regulación, incluyendo un posible impuesto sobre las instituciones financieras
para que ayuden a pagar por el desmantelamiento de firmas en problemas que de
otra manera serían consideradas demasiado grandes como para dejarlas colapsar.
El G-20 también cuenta con el FMI para emitir advertencias sobre la inminencia
de burbujas de activos y otros problemas graves.
En una reunión en noviembre en Escocia, los ministros de finanzas del G-20
planean determinar los procedimientos precisos para esto.
"Esperamos que el FMI juegue un papel clave y colabore en la evaluación de
las políticas económicas y financieras del G-20, así como en la definición de
una postura de vista sobre el equilibrio y sostenibilidad de la economía
global", dijo el secretario del tesoro de EE.UU., Tim Geithner, a un comité del
FMI.
La estructura más dinámica es la respuesta a un continuo problema político
del fondo: sus accionistas más grandes a menudo ignoran sus consejos. El FMI
presionó durante años a China para que aceptara que su moneda estaba
peligrosamente devaluada, pero luego el fondo cedió para reparar las relaciones
con Beijing. EE.UU. ha ignorado las recomendaciones del FMI sobre los bancos.
Ahora, el G-20 manejará la política de la economía global principalmente a
través de la evaluación de sus políticas entre los mismos miembros y la presión
a los países para que cumplan sus promesas. En el caso de China, eso significa
depender menos de las exportaciones (y por consiguiente dejar que su moneda se
aprecie), y en el caso de EE.UU. significa la reducción de su deuda a largo
plazo. El G-20 "le dará una ventaja política a algunas de las cuestiones que
tienen lugar en el FMI", dijo el ministro de Hacienda británico, Alistair
Darling.
Una disputa creciente fue evidente en la asamblea de Estambul. En una reunión
independiente, el presidente de la junta directiva de Deutsche Bank AG, Josef
Ackermann, se quejó de que las nuevas capas de regulación que están siendo
consideradas por el G-20 podrían asfixiar el crecimiento. Geithner y Darling
rechazaron las advertencias del banquero. "Eso no se compara con el mayor riesgo
que enfrentamos hoy", agregó Geithner.
El nuevo papel de administrador del FMI podría aliviar las presiones
políticas sobre el G-20 que ejercen naciones que no son parte del club. El
ministro de Finanzas de Egipto, Youssef Boutros-Ghali, que encabeza el comité de
políticas del FMI, se preguntó "¿cuál es el papel de los otros 165 países? Son
2.000 millones de personas que se quedan fuera".
El cambio en el poder institucional global también se reflejó en otro frente.
Los ministros de Finanzas del G-7 (EE.UU., Canadá, Reino Unido, Francia, Italia,
Alemania y Japón) se reunieron, como es habitual, antes de la asamblea anual del
FMI. En el pasado, dichos encuentros llegaron a opacar al FMI. Esta vez, el G-7
jugó un papel de bajo perfil.