Conforme involuciona Estados Unidos y evoluciona el BRIC (Brasil,
Rusia, India y China), el geoestratega polaco-canadiense-estadunidense Zbigniew
Brzezinski, anterior asesor de Seguridad Nacional de James Carter y hoy íntimo
de Barack Obama, a sus 81 años de edad ajusta la mira sobre quienes a su juicio
constituyen los integrantes del nuevo orden hexapolar: Estados Unidos, la Unión
Europea, China, India, Japón y Rusia.
Por Alfredo Jalife-Rahme - La Jornada, México
En su reciente artículo de aniversario de la OTAN (Foreign Affairs,
septiembre/octubre de 2009), llama la atención que, pese a sus reticencias
sicológicas debido a su intensa rusofobia, haya agregado finalmente a Rusia a su
anterior "orden pentapolar" (ver Bajo la Lupa, 24/2/07) para conformar la
estructura de su nuevo orden hexapolar.
Entre el anterior orden pentapolar de Brzezinski y su reciente rectificación
del nuevo orden hexapolar, donde insiste en colocar a Japón a expensas de
Brasil, se atravesó la vigorosa cuan fulminante respuesta rusa a la agresión de
Georgia a las dos Osetias (del Norte y del Sur) azuzada por la OTAN
(primordialmente, por Estados Unidos y Gran Bretaña y, en la retaguardia, por
Israel), lo cual, a nuestro humilde entender, cambió sustancialmente las
coordenadas de la geopolítica global.
Será interesante indagar si después del tsunami electoral del primer
Yukio Hatoyama (ver Bajo la Lupa, 21/8/09 y 2/9/09), que marca el inicio de la
desglobalización y la desestadunización de Japón, Brzezinski todavía
insiste en colocar al otrora imperio del sol naciente en su nuevo orden
hexapolar, que se diferencia de nuestra taxonomía por la permutación de Brasil
por Japón, que nos atrevimos a formular felizmente hace cuatro años y a
contracorriente del rebaño unipolar (ver Bajo la Lupa, 26/6/05).
Su extenso artículo, enfocado exclusivamente a la OTAN, lo consideramos más
ilustrativo por sus omisiones impactantes, así como por su abordaje tangencial
sobre el nuevo orden hexapolar y el ascenso fenomenal de la sociedad civil
global.
Con todo nuestro debido respeto a las teorías de Brzezinski –quien concede
influencia desmedida a la alianza trasatlántica–, la suerte de la OTAN quedará
sellada por su desenlace en Afganistán, donde se ha empantanado y ha exhibido
fracturas internas muy perturbadoras (v.gr. con Gran Bretaña y
Alemania).
En ningún momento aborda su propuesta de principios de año sobre un G-2 con
China ni menciona siquiera las tratativas del G-20 en materia financiera (en
otro lugar se pronuncia más bien por un G-15 de corte geopolítico muy forzado).
Las finanzas globales, ya no se diga la economía, no son el fuerte del
pensamiento de Brzezinski, pero tampoco se puede desdeñar que pocos como él
entienden en Estados Unidos los alcances geoestratégicos del poder crudo y rudo.
Gran parte del éxito de la OTAN en su expansión al este la atribuye más "al
resultado de la espontaneidad (sic) de la historia, confusa y contradictoria
aunque decisiva, que al producto de un diseño estratégico". Aprovecha el
viaje para exhumar archivos desclasificados recientes y refuta las objeciones
rusas sobre la expansión de la OTAN hasta sus fronteras, presumiendo que el
entonces presidente Boris Yeltsin accedió en sus negociaciones con Lech Walesa.
Como que no suena verosímil.
Aduce que en “el curso de sus 60 años de aniversario, la OTAN unificó a
Occidente, salvó a Europa y concluyó la guerra fría” y "hoy sin duda
(sic) representa la alianza militar y política más poderosa del mundo".
Entonces, ¿por qué sus dos miembros militares y políticos más sobresalientes,
Estados Unidos y Gran Bretaña, fueron derrotados humillantemente en Irak por la
guerrilla sunita? ¿Por qué la OTAN se vio emasculada frente a la fulminante
réplica rusa en el Cáucaso, adonde no acudió a defender a su alebrestado aliado
georgiano? ¿Por qué está a punto de ser derrotada por la rupestre guerrilla de
los talibanes en Afganistán?
Sea lo que fuere, el íntimo geoestratega de Obama diagnostica correctamente
el gran desafío de la OTAN en "ajustarse a un mundo transformado".
Mas allá de su banquete ditirámbico sobre el pasado y el presente de la OTAN
("con 45 por ciento del PIB global y 900 millones de habitantes, que equivalen
solamente a 15 por ciento de la población mundial"), oculta el inicio de su
decadencia geoconómica frente al notable despegue del BRIC.
Reconoce que "el centro de gravedad económico y político (¡súper-sic!)
global se ha desplazado del Atlántico Norte hasta Asia y el Pacífico". Aunque
el giro "económico" es más objetivo y el "político" sea más subjetivo,
llama la atención que Brzezinski se refiera a ambos rubros sin tapujos y en
detrimento de la otrora unipolaridad de Estados Unidos.
Enumera su nuevo orden hexapolar de quienes "encabezan el poder global"
y refiere que "dos, por lo menos" –Rusia y China–, y quizá tres –deja
flotar la duda sobre India–, son revisionistas –¡súper-sic!– en su orientación”.
No define el significado de "revisionista", pero se infiere que se evoca
cuando pone en duda el liderazgo infalible y omnisciente de la otrora
superpotencia unipolar: “el poder ‘ascendente pacífico’ de la autoconfiada
China, la truculencia de la imperialmente nostálgica Rusia, o la presumida y muy
segura India (a pesar de sus vulnerabilidades internas y multiétnicas), todos
desean un cambio en el orden vigente. Su conducta futura y la relación entre
estos tres poderes revisionistas todavía relativamente prudentes intensificarán
más la incertidumbre (sic) estratégica”.
Brzezinski admite lúcidamente "el desvanecimiento de la jerarquía global
posterior a la Segunda Guerra Mundial y la dispersión simultánea del poder
global". Ni más ni menos que el incipiente nuevo orden multipolar que se
resiste a pronunciar inequívocamente y que Richard Haass, el mandamás del
influyente Consejo de Relaciones Exteriores, susurra timoratamente como "
multilateralismo", que no es lo mismo cuando se trata de definir al poder
crudo y rudo.
Una frase demoledoramente autocrítica que será muy apreciada en los sectores
antagónicos al neoconservadurismo straussiano (con caricatura bushiana), tanto
en el interior como al exterior de Estados Unidos: "desafortunadamente, el
liderazgo de Estados Unidos en años recientes (sic) sin ninguna intención, pero
en forma muy imprudente, contribuyó a la ominosa (sic) situación presente. La
combinación del arrogante unilateralismo de Estados Unidos en Irak y sus lemas
demagógicos islamofóbicos debilitó la unidad de la OTAN y despertó el
resentimiento musulmán enfocado a Estados Unidos y a Occidente en forma más
general".
Será interesante percibir la forma en la que Brzezinski digerirá
conceptualmente el reciente acuerdo espectacular entre Francia y Brasil en
materia estratégica, militar, nuclear y satelital. Por lo pronto, China, India,
Francia y, recientemente, Rusia –para citar a las potencias de primer nivel–, no
comparten el desprecio de Estados Unidos hacia Brasil, que no vemos cómo pueda
ser ignorado en una clasificación funcionalmente realista del nuevo orden
mundial.