(IAR
Noticias)
08-Septiembre-09
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Era previsible: el menor temblor de la coyuntura iba a ser interpretado como
la señal del comienzo del fin de la crisis. Un trimestre de crecimiento no
negativo ha bastado para que los traders y los bonus vuelvan con ardor. Se
intenta tranquilizar como se pueda. Así, el instituto patronal francés Rexeco
subraya que “el ajuste a la baja de los efectivos en la fase recesiva actual
ha sido más débil que el observado en precedentes fases recesivas”.
Por
Michel Husson -
Regards
S uponer que la recesión pueda ser borrada por una mini-recuperación, es no ver
más allá de la punta de la nariz. Que el ajuste sobre el empleo haya sido
(relativamente) moderado tenida en cuenta la amplitud del choque, es posible.
Pero la contrapartida es un retroceso brutal de la productividad que Rexecode
cifra en el 2,2%. Esto quiere decir que los resultados de las empresas se
degradan otro tanto, así como las finanzas públicas por la parte del paro
parcial que toman a su cargo. ¿Quién puede creer que las empresas no van a
intentar restablecer sus ganancias, bloqueando los salarios, o ajustando sus
plantillas? Todos los dispositivos, como el paro parcial que juega un papel
considerable en Alemania, tienen una duración de utilización limitada. Y,
cuando se agoten, los despidos directos tomarán el relevo. El gobierno francés
lo sabe bien, y ha presentado más bien un perfil bajo a propósito del
“retroceso” reciente del paro adquirido a golpe de “estadística creativa”, y
que no impedirá su aumento ulterior (bajo reserva de nuevos tratamientos
“estadísticos”).
La hipótesis de una recuperación significativa es poco probable debido
precisamente a los ajustes frente a la crisis. En los Estados Unidos, la tasa
de ahorro de las familias ha aumentado sensiblemente, lo que quiere decir que
el sobreconsumo basado en el sobreendeudamiento no podrá ya volver a encontrar
su papel de motor del crecimiento. China se reactiva también, pero la demanda
interna juega un papel más importante que las exportaciones, lo que implica
también menores importaciones y por tanto mercados menos dinámicos para los
Estados Unidos o Europa. Japón está catatónico, el Reino Unido casi en quiebra
y Alemania no cuenta más que con las exportaciones, contribuyendo así a
deprimir el crecimiento en toda Europa. Un sector motor como el automóvil va a
averiarse una vez que los planes “renove” y similares sean suprimidos. Y las
empresas no están en absoluto incitadas a invertir más allá de un
mantenimiento de las capacidades de producción en algunos sectores. No
hablemos del “ladrillo”.
Los próximos meses verán pues ponerse en marcha un nuevo bucle recesivo
alimentado por dos mecanismos que no actúan aún. En primer lugar, la demanda
salarial va a acabar por estancarse debido a la bajada del empleo y el bloqueo
de los salarios. A la vez, las medidas destinadas a reabsorber los déficits
presupuestarios van a anular progresivamente el efecto de arrastre de los
gastos públicos y sociales sobre la actividad económica.
Sería pues erróneo dejarse impresionar por el sentimiento general de alivio:
“¡bueno, finalmente no era tan grave!” Tenemos, al contrario, ante nosotros
varios años de crecimiento deprimido y de medidas de austeridad destinadas a
enjugar los planes de relanzamiento. Tras los discursos tranquilizadores, se
juega en realidad una comedia siniestra: lo que ocurre hoy, es la
reconstitución discreta de las ganancias y de las rentas, de la que el asunto
de los bonus es un pequeño símbolo. Y muy malos golpes se preparan contra la
Seguridad Social y las jubilaciones.
Todo esto es, después de todo, comprensible: los intereses sociales dominantes
no tienen más que un único objetivo: restablecer el funcionamiento del
capitalismo anterior al estallido de la crisis. Es lógico pero al mismo tiempo
absurdo. Lógico, porque no existe alternativa: de la última gran recesión (la
de 1974-75) el capitalismo pudo salir al precio del gran giro neoliberal de
comienzos de los años 1980. Pero no hay en el fondo más que dos formas de
funcionar para el capitalismo: “a lo Keynes”, como durante los “Treinta
Gloriosos”, o “a lo liberal”. Como las presiones sociales son insuficientes
para volver a la primera fórmula, no queda otra salida que ir aún más lejos en
la vía neoliberal. Pero es absurdo: esta vía está taponada de forma duradera
porque sus condiciones de viabilidad han sido destruidas por la crisis
financiera. Tal es la contradicción mayor del período que se abre.
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Publicado en Regards, septiembre 2009, y en la web de Michel Husson (http://hussonet.free.fr/).
Traducción de Alberto Nadal para Viento Sur
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