ste fenómeno en que las ventas bajan y los precios suben se basa en una
estrategia para cobrarles más a los clientes, especialmente cuando las grandes
automotrices tratan de sacar ganancias de un volumen general menor. Dentro de
poco, los fabricantes también se verán forzados a traspasar a los consumidores
una buena parte del aumento de costos resultantes de las regulaciones para
cumplir con los nuevos estándares de eficiencia energética.
Sin embargo, si suben los precios demasiado, las automotrices se arriesgan a
entorpecer la recuperación del sector.
Puede que una filosofía estricta de precios haya funcionado para la industria
cuando el nivel de ventas de 16 millones de autos y camionetas al año en EE.UU.
era considerado normal; ahora ese nivel cayó a menos de 10 millones al año.
Mientras, el precio de catálogo promedio, el precio promedio por transacción
—normalmente menor debido a los incentivos— y el pago mensual promedio están en
general en su punto más alto desde 2002.
El Índice de Precio del Consumidor para nuevos vehículos, que contabiliza las
mejoras de calidad en los autos, muestra que los precios se han mantenido
estables o declinado ligeramente en años recientes. Las altos niveles de ventas
registrados antes del colapso del mercado el año pasado se produjeron porque
estos vehículos se veían cada vez más asequibles.
El declive en el costo de poseer un auto se basó en precios estables, pero
fue impulsado por atractivas tasas de interés, generosos paquetes de incentivos
y otros alicientes de los fabricantes, dice Jeremy Anwyl, presidente ejecutivo
de Edmunds.com, un sitio Web que ofrece asesoramiento a quienes quieren comprar
un auto.
Ahora, sin las bajas tasas de interés ni incentivos espectaculares, los
consumidores podrían empezar pronto sentir el cambio en su bolsillo. Hace seis
años, el comprador estadounidense promedio gastaba US$445,95 en un pago mensual
para un auto o camioneta nueva. Ahora, según Edmunds.com, el mismo consumidor
paga US$471,73 al mes.
"Es probable que los autos y las camionetas sean menos asequibles en el
próximo año", pronostica Dana Johnson, economista jefe de Comerica. "Es probable
que la Reserva Federal aumente las tasas de interés; ahora será más caro
conseguir un préstamo. Habrá menos concesionarios, aunque seguirá habiendo una
intensa competencia entre ellos". A medida que resurja la demanda, los
fabricantes tratarán de recuperar los márgenes de ganancias con precios
competitivos.
"Algunos ejecutivos de la industria automotriz advierten que con las ventas
en un nivel tan bajo, cualquier análisis que apunte hacia un incremento
significativo de los precios podría ser erróneo. Los inventarios siguen siendo
abundantes, lo que obliga a los fabricantes a continuar ofreciendo grandes
incentivos. Los fabricantes pueden cobrar más de cierta forma porque poseen sólo
una fracción del mercado que solían tener. Aquellos que buscan auto a menudo
también se deshacen de vehículos viejos para comprarse uno de una clase mejor.
Muchas automotrices cuentan con un repunte en la demanda para llevar los
niveles de ventas a al menos 12 millones de unidades al año, mientras otras
anticipan una intensa guerra de precios.
Además de la presión para impulsar sus márgenes de ganancias, los nuevos
estándares medioambientales que se avecinan se convertirán en otro peso
adicional que elevará los precios de los autos. En 2006, la Agencia de
Información sobre Energía de EE.UU. estimó que la mayor adopción de tecnologías
de uso eficiente de combustible subiría drásticamente el precio promedio de un
auto para 2016. Ajustada a dólares de hoy, el alza sería de US$2.176, según la
firma de pronósticos CSM Worldwide.
Además, hay señales de que los gustos de los consumidores estadounidenses
están cambiando. El número de vehículos por hogar ha bajado. Las ventas de autos
usados están al alza. Los conductores manejan menos y conservan sus vehículos
durante más tiempo.