(IAR
Noticias)
28-Julio-09
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No hay un Bernie Madoff a quien
los más vulnerables puedan culpar.
Por Saul Landau (*) - Rebelión
E ntre interminable “noticias” de las “pobres” víctimas del malvado estafador
Bernie Madoff1-¿le hubiera importado a alguien que algunas gentes
hubieran derrochado $65 mil millones tratando de hacerse más ricos en Las
Vegas?- un alarmante titular de The New York Times del 5 de julio informa: “La
Red de Seguridad se Desgasta para los Muy Pobres”.
En el artículo de Erik Eckholm leemos que el paquete de estímulo de Obama ha
amortiguado el impacto de la recesión para muchos de los pobres que trabajan,
pero los más necesitados se han vuelto más miserables. Los estimados de los que
carecen de vivienda, empleo y toda manutención básica llegan a los 3,5 millones.
Mientras que estafados por Madoff como Elie Wiesel se quejan constantemente de
los millones perdidos por él y su organización de beneficencia. The Los Angeles
Times reportaba que "funcionarios en el Centro Médico Presbiteriano de Hollywood,
Kaiser Permanente de Los Ángeles Oeste y el Centro Médico Martin Luther King
habían dado de alta a pacientes, los habían puesto en taxis y los habían tirado
a la calle en barrios bajos”. Los funcionarios de los hospitales argumentaron
que solo el área más miserable del Sur de California tiene “una concentración de
servicios sociales para los pacientes, incluyendo refugios para los sin casa y
para programas de drogas y alcohol”.
Noticias ABC transmitió un video de Carol Ann Reyes, de 63 años, “metida en un
taxi por personal del Hospital Kaiser Permanente y botada en los barrios bajos,
vestida tan solo con una bata de hospital y calcetines”. Regina Chambers, quien
trabaja en la Misión de Rescate Unión, dijo que Reyes “estaba muy desorientada.
Ella no sabía dónde estaba ni lo que hacía”.
Marveil Williams, otra de las víctimas, informó a ABC: “Me dijeron que tenía que
marcharme del hospital y buscar dónde quedarme”. El reportero escribió: “Con los
ojos y la cabeza aún inflamados, a Williams la tiraron a la puerta de la Misión
de rescate Unión en los barrios bajos”.
Otros hospitales del área también alejados del centro utilizaron prácticas
similares. Funcionarios de la policía se quejaron de que “la práctica empeora
las condiciones ya deprimentes de los barrios bajos. También cuestionaron el
argumento de los hospitales de que los pacientes llevados a los barrios bajos
estaban de alta”.
Los administradores de hospitales insistieron en que expulsar a personas
indigentes garantiza “los mejores intereses de los pacientes, porque los barrios
bajos representan su mejor oportunidad de recibir los servicios de seguimiento
que necesitan -así como alojamiento-, una vez que son dados de alta”. Mehera
Christian, director de asuntos públicos de Kaiser Permanente de Los Angeles
Metropolitano, cuyo hospital está a ocho millas al oeste del centro de la
ciudad, dijo: “Hay muy pocos lugares en la comunidad para ayudar a nuestros sin
casa”.
Desde noviembre pasado, el número de gente sin hogar ha crecido en California,
mientras que el estado continúa reduciendo los beneficios y servicios a los
pobres. En mayo, la Sra. A, una afro-norteamericana, se quejó a su trabajadora
social de que había recibido $154 dólares menos en su cheque mensual de
desempleo -lo que la dejó con $436 al mes. El alquiler eran $300. Ella había
comenzado a “trabajar la calle” a los 12 años. Su abuela finalmente la recogió y
pudo terminar la secundaria, casarse, tener hijos y trabajar en una serie de
empleos sin calificación. Luego, ocho años más tarde, su novio le pegó fuego en
un ataque de resentimiento, dejándola incapacitada para trabajar.
“¿Qué se suponía que yo hiciera si una mujer me llama a casa y me dice que es su
esposa? Él lo admite y yo le digo que se marche y él se enfurece y me droga, y
mientras yo estaba inconsciente me empapó en líquido para encendedores y me
prendió fuego. Esa mierda puede despertarlo a uno”.
La Sra. A gana “dinero para el bus” por medio del reciclaje. Las cicatrices de
las quemaduras son visibles en sus brazos y le cubren el torso. Pasa el día
yendo a comedores de beneficencia repletos para obtener suficiente comida y
visitar a su nuevo “novio” en un hogar de rehabilitación financiado por el
estado, donde se recupera de una apoplejía. “No se puede hacer mucha vida social
con $136 al mes”, dice con una sonrisa.
J., blanca y de 36 años, comienza el día inyectándose dos gramos de heroína
“solo para ponerse bien”. Ella dice que quiere pasar a metadona y dejar la
heroína, pero nunca le funciona. Todo comenzó hace 20 años, recuerda, cuando un
proxeneta fingió que la amaba para engancharla y ponerla a trabajar. Una vez que
se habituó, tuvo que trabajar para costear su uso diario, que ahora es de $200
dólares. Los gana brindado sexo oral y robando en tiendas. “Te robas una caja de
detergente, encuentras un comprobante de venta en la acera o en la basura que
concuerde con el precio de venta y la tienda te devuelve el dinero”, explica
ella. “Después de varias horas dedicada a esto y un par de mamadas, tiene lo
suficiente para comprar la droga”, dice una persona que la trata en una clínica
gratuita.
Recientemente J. conoció a un conductor de autobús que le prometió pagarle $12
al día para que compre metadona. “Él realmente simpatiza conmigo. Quiere hacer
negocios conmigo. ¿Sabe? Yo podría hacer arte gráfico”. Ella repite esta quimera
de un hombre que “me salvará, me cuidará, me hará dejar la droga”.
Los abscesos de 20 años de inyecciones diarias le han dejado los brazos llenos
de cavernosas cicatrices. Ella se aferra al sueño de que alguien llegará para
salvarla. Pero carece de fuerza de voluntad para ir a la clínica de metadona y
rescatarse ella misma.
Nan, una antigua profesora de escuela secundaria, sufre de síndrome de estrés
post-traumático. Una estudiante la atacó con un cuchillo, pero no llegó a
herirla. El incidente y los subsiguientes problemas mentales y emocionales la
hicieron renunciar a la enseñanza. Recibió pagos de invalidez y luego obtuvo
empleo en una panadería. Pero tuvo problemas con su jefe y también tuvo que
abandonar ese empleo. De nuevo recibiendo compensación de desempleo, no le
alcanzaba para pagar el alquiler de su apartamento. El pasado noviembre se quedó
sin vivienda y ahora vive en un lugar apartado de las colinas de Oakland con su
perro. Aún tiene acceso a una trabajadora social y a alguna ayuda psicológica,
pero los presupuestos para estos programas están desapareciendo. Ella no tiene
esperanza de conseguir un techo, especialmente con su único amigo, el perro. De
maestra a mujer sin casa sin perspectivas visibles.
La gente que perdió millones o centenares de miles especulando con Madoff han
generado la atención de los medios, lo cual no hubiera sucedido si pierden su
dinero en un casino de Las Vegas. Los verdaderamente pobres siguen siendo
marginales en todos los aspectos de la conciencia. Los vemos en calles del
centro, pidiendo limosna, hablando consigo mismo, durmiendo o simplemente
mirando al vacío.
En 1997 mi esposa y yo detuvimos nuestro auto en la Avenida Nebraska en el
noroeste de Washington, D.C. Salíamos de la ciudad. Un hombre de unos
treintitantos años estaba acostado en la acera y gemía. “Me caí. No pude seguir
caminando”, dijo a mi esposa que es enfermera. Lo ayudamos a sentarse. Acababa
de ser dado de alta del Hospital General del D.C., a pesar de que sufría de
pancreatitis aguda. “Yo era abogado en ejercicio y dejé que me dominara la
botella”, explicó durante los siguientes minutos. “Así que ahora estoy
desempleado, no tengo casa ni familia, y los hospitales no mantienen a la gente
más de un día”. Le dimos $20, paramos un taxi y le pedimos al conductor que lo
llevara al refugio de los sin casa.
La mayoría de nosotros no quieren admitir lo evidente: sin la ayuda de Dios --o
de la legislatura estatal-- esto podría pasarle a cualquiera. En respuesta a la
recesión, la gente que se siente absolutamente segura de la gracia de Dios,
miembros de las legislaturas estatales en casi la mitad de los estados han
cortado de manera drástica los programas para los impedidos y los de la tercera
edad, y han reducido también el presupuesto de las escuelas públicas. Los
estados se encuentran endeudados en decenas de miles de millones.
En la década de 1960, California construyó universidades públicas, expandió los
parques estatales e hizo más accesibles las bibliotecas. Pero los ricos no usan
la educación, servicios de salud o transportación públicos, y tienen parques en
sus propiedades.
La reducción de impuestos -mantra de la derecha- significa menos dinero para los
servicios públicos. También significa más gente sin casa, más desempleados, más
gente desesperanzada.
Es curioso los pocos miembros el Congreso que titubean antes de votar a favor de
$800 mil millones para un sistema de guerra -perdonen, de defensa, que no nos
defiende- y guerras lejanas sin esperanzas. Sin embargo, los miserables de
nuestro país, ni siquiera despiertan un poco de simpatía de parte de los
periódicos, en comparación con los estafados por el inicuo de Madoff.
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(*)Saul Landau ganó el premio Bernardo O’Higgins por los derechos humanos,
otorgado por Chile. Es miembro del Instituto para Estudios de Política y sus
filmes en DVD están disponibles.
(1) Lawrence Bernard "Bernie" Madoff nacido el 29 de abril de
1938 sirvió como presidente no ejecutivo de la NASDAQ empresa de la bolsa y se
declaró culpable de una denuncia penal por fraude de miles de inversores de
miles de millones de dólares . Fue declarado culpable de operar un esquema de
Ponzi que ha sido llamado el mayor inversor en el fraude cometido por una sola
persona.
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