nvestigadores de la Universidad de Oxford y de la Escuela de Higiene y
Medicina Tropical de Londres analizaron el efecto de los cambios económicos
sobre los índices de mortalidad de 26 países europeos entre 1970 y 2007. Sus
conclusiones han sido publicadas en Internet en la revista médica Lancet.
Los autores querían interpretar las teorías contradictorias y las evidencias
opuestas sobre el impacto de la recesión en la salud. La mayoría de los
analistas han resaltado el daño causado por el aumento del estrés y de los
problemas de salud mental, pero algunos señalaron que cabía la posibilidad de
que la salud de las personas mejorase durante una crisis si, por ejemplo, tienen
que andar en lugar de conducir.
Los resultados sugieren que las diversas influencias se compensan en cierta
medida: el aumento y descenso del desempleo en los últimos 40 años provocó pocos
cambios en la tasa de mortalidad en el conjunto de Europa.
Pero se produjeron diferencias significativas entre los distintos países y
causas de la muerte. El impacto de la recesión sobre la salud es más grave en
aquellas regiones en las que el nivel de gasto social es bajo, como en el este
de Europa, y más leve allí donde ese gasto es alto, como Escandinavia.
Un incremento del 3% en el desempleo provocó un aumento de cerca del 4% en el
índice de suicidios y del 6% en el de asesinatos. Sin embargo, las muertes en
accidente de tráfico cayeron un 4%. El mayor impacto se produjo en los
fallecimientos por abuso del alcohol, que crecieron un 28%.
Aunque los infartos en el conjunto de la población no variaron mucho con las
condiciones económicas, existía una relación significativa entre la recesión y
los ataques al corazón en varones de entre 30 y 44 años. Los fallecimientos por
infarto aumentaron en este grupo un 0,86% por cada incremento del 1% en el
desempleo.
Los investigadores descubrieron que las actuaciones de los gobiernos para
evitar que los trabajadores perdieran su empleo y para ayudar a los parados a
entrar en el mundo laboral podían reducir algunos de los efectos adversos de la
recesión sobre la salud.
Si el gasto social en estos programas de “mercado laboral activo” excedía los
190 dólares (135 euros) por persona y año, los índices de suicidios no
aumentaban con el paro.
En Reino Unido, donde se gastan cerca de 150 dólares por persona en este tipo
de programas, los autores calculan que se producirán entre 25 y 290 suicidios
anuales como resultado directo de la actual crisis financiera.
“Si los gobiernos tienen fondos para proteger a la población activa en una
recesión, es mucho más eficaz gastarlos en medidas para ayudar a que la gente se
reincorpore al mercado que destinarlos a la asistencia sanitaria o a aumentar
las prestaciones por desempleo”, explicó David Stuckler, de la Universidad de
Oxford, y coautor del estudio.
Martin McKee, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres,
señaló: “Los suicidios son sólo la punta del iceberg: el aumento de los índices
de suicidios es un indicio de que otros muchos intentos han fracasado y de los
altos niveles de angustia mental existentes entre trabajadores y familias”.
Los autores advirtieron de que su análisis tenía limitaciones que podrían
superarse con nuevos estudios: por ejemplo, al centrarse en el conjunto de la
población, se ignoraba la experiencia de grupos vulnerables como inmigrantes y
refugiados. El uso de las tasas de mortalidad también implicaba que las
conclusiones “casi con total certeza subestiman la magnitud real de los efectos
de la recesión en la salud”.