stados Unidos se contentó con afirmar que está
"profundamente preocupado" por la violencia desatada tras las presidenciales
iraníes y que "observa con cautela los hechos que están ocurriendo en Irán", en
palabras del portavoz del departamento de Estado Ian Kelly.
Mientras centenares de miles de iraníes participaban de una manifestación
prohibida para protestar por lo que consideran un fraude, el portavoz
estadounidense -a diferencia de la posición europea- se cuidó de expresar
abiertamente el apoyo de un Gobierno preocupado por mantener su "mano tendida" a
Irán.
"Estamos profundamente preocupados por los reportes de detenciones violentas
y presuntas irregularidades en los comicios", dijo Kelly. "Pero también debemos
tener en cuenta nuestros intereses nacionales", subrayó.
Poco antes, el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, había dicho que
"evidentemente seguimos inquietos ante lo que vimos".
Karim Sadjadpour, experto en Irán del Carnegie Endowment for International
Peace, dijo que una intervención estadounidense en el debate interno iraní podía
tener efectos contrarios a los buscados por Obama.
"Si intervenimos de forma prematura en el debate político iraní, nos
arriesgamos a dañar involuntariamente a los que buscamos ayudar", afirmó,
opinando que el Gobierno estadounidense debe seguir diciendo que observa lo que
ocurre en Irán con "interés e inquietud".
En otro escollo a la nueva política de apertura de Estados Unidos, Israel
sigue sin aceptar detener la colonización en los territorios que ocupó, lo cual
es uno de los principales obstáculos al diálogo para la paz con los palestinos.
Diez días después del discurso de reconciliación de Obama con el mundo
musulmán en El Cairo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, excluyó el
domingo congelar la colonización, retirarse de la parte árabe de Jerusalén
ocupada por los israelíes y permitir el regreso de los refugiados palestinos
expulsados cuando la creación del estado de Israel en 1948.
Además, como condición para aceptar la creación de un Estado palestino exigió
que no pueda militarizarse y que los dirigentes palestinos reconozcan a Israel
como país para el pueblo judío.
Ante esto, la Casa Blanca trató de mostrar que ve la mitad del vaso lleno,
declarando que saluda "el importante paso adelante" de Netanyahu -que acepta por
primera vez el principio de un estado palestino- aunque sin lograr esconder las
dificultades que plantean sus exigencias.
En cuanto a Corea del Norte, tercera piedra en el zapato de Obama, el sábado
reaccionó con extrema virulencia a la condena por la ONU a su última prueba
nuclear, amenazando de continuar con sus ambiciones atómicas y usar su plutonio
para fines militares.
"Hemos visto información al respecto", comentó escuetamente Kelly este lunes.
"Es todo lo que puedo decir por ahora" sobre Corea del Norte, agregó.