(IAR
Noticias)
01-Junio-09
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Memoria: como reflejó en su portada The
London Herald la caída de Wall Street el 24 de octubre de 1929 en el llamado
jueves negro. |
En los 21 meses que llevamos de crisis mundial no son pocos los que han
sacado a pasear la bola de cristal y quien más quien menos ha hecho ya su
quiniela. En todo este ir y venir de fechas se ha olvidado consultar el
elemento más cíclico de todos: la historia, que se repite incansable desde
tiempos de los romanos.
Por
Cristina Jiménez Orgaz - ABC, España
Metidos de lleno en el lodazal de una severa recesión resulta poco plausible
creer que con 8.000 millones, un Plan E y un montón de sonrisas es
suficiente para sentarse a regar incipientes semillas -ninguna de ellas
situadas en la órbita de las líneas maestras de la economía española-. Pero
como dice Paul Krugman «en mitad de una crisis tan grave, la cantidad de
previsiones a largo plazo que puede manejar el sistema político es
limitada».
¿Cuándo? ¿Cuándo? ¿Cuándo? Es la pregunta del millón. La que trae de cabeza
a todos antes incluso de que empezara la serie de turbulencias que han
desembocado en recesión.
En los 21 meses que llevamos de crisis mundial no son pocos los que han
sacado a pasear la bola de cristal y quien más quien menos ha hecho ya su
quiniela. En todo este ir y venir de fechas se ha olvidado consultar el
elemento más cíclico de todos: la historia, que se repite incansable desde
tiempos de los romanos.
La economía ya ha pasado por esto, pese a que ninguno de los gurús
económicos de nuestro tiempo estuviera ahí para medirle la temperatura. El
crack del 29 guarda un poso de sabiduría que encierra alguna que otra
respuesta. Y una de ellas es el punto temporal donde tintinea la luz al
final del túnel.
Entonces, los principales indicadores económicos mundiales volvieron a los
índices que había antes de la crisis tras 50 meses y fue a partir de ese
momento cuando el PIB mundial recuperó su dinamismo (ver gráfico). Esto
supone que la travesía en el desierto aún tiene 29 meses por delante.
La fecha de la recuperación es motivo de preocupación y de esperanza para
todos. La han contestado todos los jefes de Estado, presidentes de bancos
centrales, analistas y empresarios allende los mares. En España la cuestión
es especialmente sensible, todo lo más con un Gobierno que cree que la
salida está a la vuelta de la esquina.
Las evidencias de que nos enfrentamos a un periodo económico similar al
padecido en la Gran Depresión han ido cayendo poco a poco sobre la
conciencia de los analistas. En sus inicios todo parecía indicar que
teníamos delante una crisis financiera al uso con un tiempo de cura estimado
de 18 meses y una contracción moderada de los indicadores. Más tarde, la
bestia fue adquiriendo proporciones dantescas.
Es la primera vez en la historia, desde la segunda guerra mundial, que las
30 economías que pertenecen a la OCDE están en recesión. Es la primera vez
en la historia que la economía mundial va a registrar una contracción de
1,5% o incluso 2%, pese a que hasta hace poco los países emergentes parecían
poder tirar por sí solos del carro del crecimiento. También es la primera
vez en la historia que el comercio mundial va a caer un 8-9%. El contagio
está siendo generalizado y corrosivo.
En la Eurozona, las cosas pintan aún más feas. El conjunto de las economías
arrojan cifras desconocidas hasta el momento: los 16 países que la integran
van a inscribir tasas negativas del PIB varios trimestres consecutivos
empezando por éste, con una caída del 2,5%. Una situación dura hasta el
escalofrío, sobre todo en lo que concierne al desempleo.
A Christina Romer, nombrada directora del consejo de Economía por Barack
Obama, no le gusta esa comparación con el crack del 29 que ahora está en
boca de todos. La Gran Depresión era su campo de especialización como
experta en Historia Económica en la universidad Berkeley, antes de llegar a
la Casa Blanca de la mano del nuevo presidente. «En los últimos meses me he
escuchado a mí misma decir con demasiada frecuencia: `Esta es la peor
situación desde la Gran Depresión´», explicaba hace poco al semanario alemán
Spiegel.
La mayor caída del PIB global desde la II Guerra Mundial ha puesto en boga
la década de los 30. Vuelve el crack. El del 29. El que hace palidecer hasta
la insignificancia al resto de depresiones. Entonces los mercados bursátiles
perdieron entre septiembre de 1929 y junio de 1932 el 85% de su valor en un
proceso que destruyó los ahorros de miles de estadounidenses.
«Hoy día las contracciones en el mercado de acciones han sido superiores,
pero, además y a diferencia de lo que ocurrió en el 29 los que han perdido
sus ahorros en esta ocasión son más, porque en los años 30, y prácticamente
hasta los 70, sólo el 5% de la población de las economías avanzadas tenían
en su patrimonio acciones. Hoy ese porcentaje es del 48% (ya sea
directamente o indirectamente a través de vehículos financieros como los
fondos de inversión). La trascendencia que tiene es muy superior ahora que
la de entonces», explica pausado Emilio Ontiveros, catedrático de Economía
de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de Analistas Financieros
Internacionales (Afi).
No se repiten los errores
Esta pérdida brutal de riqueza ocasionó una fuerte disminución en el
consumo, en parte debido al aumento de la incertidumbre sobre los ingresos
futuros. El pánico vino a sumarse a la parálisis de las instituciones y la
locura se tornó colectiva.
Pese a que la extensión de la crisis era inevitable, Alberto Recarte, uno de
los economistas con más peso en el panorama económico nacional afirma en su
libro «El informe Recarte 2009» que, al menos, en esta crisis «se han
evitado los errores cometidos en política monetaria, fiscal y arancelaria»
llevados a cabo durante la Gran Depresión.
En aquel momento las políticas proteccionistas intensificaron la caída de
los intercambios internacionales que disminuyeron un 65% en 1932 con
respecto a 1929. El primero en instaurar medidas de carácter nacionalista
fue Estados Unidos, pero las principales potencias europeas no tardaron en
sumarse y Francia, Reino Unido y Alemania aprobaron leyes en el mismo
sentido.
La primera de las consecuencias se dejó sentir en la productividad de los
países que, al no poder acudir al mercado internacional para abastecerse,
comenzaron a producir los bienes que no podían importar, «no por
convencimiento ni ideología», advierte Recarte, «sino como única forma de
sobrevivir ante la falta de divisas con las que importar lo necesario para
mantener la actividad económica».
En esta crisis, la tentación de incrementar los aranceles para proteger la
industria nacional pasó rozando los pensamientos de más de un jefe de
Estado, pero la reunión del G-20 en Washington se acordó ( y recordó) el
flaco favor que se haría a la economía mundial.
El propio FMI dedica un capitulo entero de su último informe «World Economic
Outlook» a analizar las similitudes y el camino seguido en esta crisis y la
del 29. Y una de las primeras consecuencias que advierte es que en 1929 hubo
una «falta de respuesta coherente que agravó la duración de la depresión
mundial».
La recuperación entonces...
Del crack del 29 los países fueron saliendo con sus propias recetas. Cada
uno utilizó una mezcla distinta con los ingredientes que tenían a mano. «Las
cinco principales economías del mundo aplicaron confusas y desordenadas
combinaciones de medidas de carácter monetario, fiscal y políticas de
estímulo bancario. Cuanto antes lo hicieron mejores resultados tuvieron»,
explica Bradford DeLong, catedrático de Economía en la Universidad de
California en Berkeley y ex subsecretario del Tesoro de Estados Unidos. «Los
primeros en iniciar su propio `New Deal´ fueron Reino Unido y Japón en 1931.
Alemania y EE.UU. comenzaron en 1933. La zozobra francesa duró hasta 1936 y
eso le hizo permanecer a la cola de la recuperación», afirma DeLong.
Si el mismo esquema se repitiera ahora en el panorama económico
internacional, varios analistas sostienen que la contundencia de las medidas
de estímulo fiscal y de las políticas monetarias aplicadas por EE.UU. le
convertirá en el primer país en ver la luz al final del túnel. No hay que
olvidar que mientras el Tesoro estadounidense rebajaba sin pudor los tipos
de interés hasta el 0,25% en los primeros compases de la crisis, en Europa
el BCE mantuvo hasta septiembre de 2008 en niveles altos (4,25%). La
economía norteamérica fue la primera en adoptar medidas y será la primera en
salir de la crisis, seguida de China y Alemania, exportadores netos, y más
tarde el alivio llegará a Europa. España a la cola según el Comisario
Europeo de Asuntos Económicos Joaquín Almunia, entre otros.
... la que le espera a España
Esto será así porque tal y como reconoció el propio Miguel Ángel Fernández
Ordoñez en su comparecencia el pasado mes de febrero en el Congreso, España
arrastra desde hace tiempo desequilibrios internos que necesitaban un ajuste
y que han provocado un menor dinamismo en su crecimiento al margen de la
crisis internacional. También apuntaba el gobernador del Banco de España a
que la recuperación de la confianza necesita de compromisos del Gobierno con
respecto a la mejora de déficit en los próximos años.
España tendrá que esperar a que se reactive la demanda de los países
compradores y a que las familias de nuestros principales emisores de
turistas recuperen la confianza para activar el sector de nuestra economía
que -hasta ahora- nunca nos ha fallado: el turismo. Porque pase lo que pase
hoy el sol saldrá mañana.
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