(IAR
Noticias)
30-Mayo-09
La superconcentración del capital y la saturación de
los mercados no la podrán solucionar sino es por medio de la guerra, única
opción para la crisis estructural.
MIR - EPR (Batallón Chile) (*) -
La Haine
"Y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si han
calculado el número de personas que es necesario condenar a la miseria, al
trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infancia, a la ignorancia,
a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico".
(Almeida Garret)
La tesis planteada por Lenin, de que el imperialismo es la crisis general del
capitalismo, la podemos observar en la práctica como una verdad irrefutable. Es
así, como esta fase suprema, mantiene al capitalismo como Formación Económico
Social (FES), en una crisis permanente, por ello, aparece como un contrasentido
el “salir a buscar las causas de las crisis”, ya que estas son inherentes al
capitalismo, están en su forma, en su esencia contradictoria de existencia.
Para entender al capitalismo y sus crisis, debemos comprender que en la
actual fase imperialista se compone de un sin número de fuerzas antagónicas que
se entretejen y conforman sus estructuras.
La realidad más objetiva nos señala que el capitalismo, para nada es ese
poder monolítico que nos pretenden hacer creer algunos, con sus teorías del
“gobierno mundial” o acuerdos “ultraimperialistas”. Al contrario, dentro del
sistema existen marcados niveles de competitividad y concentración, de
fracciones, que producto del desarrollo desigual, presentan disímiles
condiciones económicas y políticas.
Desde esta trinchera hemos venido insistiendo en la necesidad de que
los revolucionarios presten atención a una de las contradicciones principales,
en la actual fase capitalista-imperialista, y esta tiene que ver con las
contradicciones inter-imperialistas. Ya que la superconcentración a que llegado
el capital global y la saturación de los mercados, proviene una crisis política,
que los dirigentes imperialistas no podrán solucionar sino es por medio de la
guerra, que pasa a ser la única opción para rentabilizar el capital mundial
sobrante. Es por esa razón, que la guerra imperialista, es un fenómeno
estructural, ya que atiende a la esencia del capitalismo, en la actual fase, que
son las crisis estructurales.
Si revisamos la historia, nos daremos cuenta de que bajo el imperialismo
nunca se han vivido esos llamados “ciclos económicos de auge” que los
economistas burgueses pregonan, sino que corresponden a reconstrucciones post
guerras imperialistas, que han tenido un alcance mundial.
Es así como las más “renombradas crisis” (la de 1929, 1970, 1994, 2001, 2008,
etc.), con los panfleteados planes anticrisis New Deal, Dawes, Marshall,
etc., no son mas que periodos de rearme para los conflictos venideros. Lo
objetivo es que los pueblos del mundo podemos ver cómo dichas crisis,
confrontaciones y sus “planes anticrisis”, traen la destrucción a grandes zonas
del planeta, como fue el caso de la segunda guerra mundial, entre los años
1939-1945, que destruyó un continente entero y dejó mas de 50 millones de
muertos, pero con cuantiosas ganancias para sus “auspiciadores”, como la GP
Morgan, que vio crecer sus ganancias a niveles históricos
Por eso es que insistimos en leer la lógica del capital mundial, para poder
entender los presentes conflictos y crisis. Entender los mercados de la guerra,
sus tácticas particulares (guerras santas, conflictos tribales, etc.) y sus
verdaderas dinámicas mundiales actuales, con altos saltos cualitativos en lo
científico y tecnológico, ya que el capitalismo necesita de la guerra, para
sostener sus crisis.
Ya no es un secreto que la poderosa maquinaria imperialista, que absorbe y
toma por asalto a todos los mercados locales, ha creado un colapso sistémico en
cadena y se ha transformado en su propio enemigo, con la resultante, de que la
deuda mundial del sistema capitalista (Empresas, Estados, personas), es
prácticamente impagable. El capitalismo se hunde y sólo busca una guerra, para
reactivarse en parte. El gran problema para la humanidad, es que en las guerras
imperialistas sólo ganan unos pocos –los de siempre-, mientras que a la gran
mayoría, se le duplica la explotación y el saqueo.
Las crisis capitalistas, como fenómeno materialista-histórico
Como hemos venido estableciendo que el imperialismo es la crisis del
capitalismo, veamos entonces cómo se expresa desde la materialidad.
El Marxismo-Leninismo, a través de su método de análisis materialista,
definió las crisis de la FES Capitalista, dejando claro que una de las causales
esenciales tenía que ver con la sobreproducción de mercancías, producida por la
avaricia capitalista de apoderarse de cada vez mayores niveles de ganancia.
La sobreproducción de mercancías tiene como rasgo fundamental, en la actual
fase capitalista, la cada vez mayor tendencia de disparidad existente entre el
capital constante (instrumentos de trabajo) y el capital variable (fuerza de
trabajo, vendida por el obrero), en lo que el marxismo-leninismo, ha descrito
como la composición orgánica del capital, la que con el tiempo se ha acrecentado
al extremo (1). Considerando que el capital variable, es el exclusivo generador
de plusvalía, estableciéndose en la práctica actual, su menor participación en
el proceso del trabajo, lleva a la “necesidad” del capitalista, de producir
mercancías a gran escala, para “suplir” la generación de ganancia, que es su
objetivo principal (explotación capitalista).
Esa es la resultante por la cuál el mercado se ve abarrotado de mercancías
circulando, ya que la menor ganancia obtenida en la producción individual, se
compensa con el volumen producido.
Pero ¿dónde surge la crisis?; precisamente al reducir su capital variable,
reduce dialécticamente la masa compradora (aumenta el ejército de reserva), que
si bien por algún tiempo se suplió por el invento del capital financiero del
“dinero plástico”, éste irremediablemente ya no está regresando, como ganancia a
las arcas capitalistas, porque sencillamente, no se está pagando (burbujas
financieras (2)).
Lo anterior es lo que está generando, objetivamente, la actual crisis de
sobreproducción capitalista, que tiene como resultante la disminución de la
capacidad productiva, fenómeno que en ningún caso es absorbido por el
capitalista, ya que éste traspasa los costos a los trabajadores, en forma de
despidos masivos, con la resultante de la sobreexplotación de los que tienen la
“suerte” de seguir en sus puestos de trabajos, lo que los capitalistas y los
dirigentes políticos burgueses, denominan “optimización de recursos”.
En consecuencia, debemos ser categóricos al establecer que los fenómenos de
empleo o subempleo, han pasado a ser cambios estructurales permanentes en el
sistema capitalista y no problemas temporales como nos intenta hacer creer la
dirigencia imperialista. El rasgo fundamental, que trae este fenómeno, es el
abrumador aumento del ejército de reserva, esa masa de lúmpen proletariado, que
sin tener necesariamente conciencia revolucionaria, se transforman en un peligro
para la burguesía, que lo convierten en parte del enemigo interno, el
“delincuente violentista”.
Aquí se presenta en forma descarnada el rol que cumplen las economías
capitalista-dependientes, como la chilena y la totalidad de los países
“subdesarrollados” o en “vías de desarrollo”, como los califican los centros
imperialistas, que desarrollan las políticas económicas y sociales, que las
administraciones pro imperialistas de las colonias implementan a cabalidad, con
algunas diferencias de forma, pero manteniendo el “espíritu” para lo cual fueron
creadas.
Con ese propósito se crean las llamadas zonas de baja salarial (masa
explotada a gran escala), situándolas en regiones estratégicas, donde además
extraen las materias primas necesarias. Es así, como en Latinoamérica, África y
sectores de Asia, se implementan las llamadas maquiladoras, que desarrollan los
sistemas de banda o fordistas -homologando al sistema ideado en EE.UU, para la
fabricación de automóviles Ford-, y que no necesita mayor experticia, por lo que
la explotación alcanza hasta los niños. La resultante es la baja considerable en
salarios, por lo tanto, el alza sustantiva en la generación de plusvalía, para
los grandes monopolios, todo avalado por las institucionalidades de dichas
naciones.
Un parásito se cierne sobre el mundo
Otro de los elementos que debemos razonar, en su esencia y su comportamiento,
tiene que ver con el capital financiero, que tiene su origen en la acumulación
capitalista, que va creando excedentes que no pueden ser reubicados en la esfera
de la producción, por lo tanto no puede ser valorizado (como ganancia) por los
capitalistas.
Por ello nace la unión del capital industrial con capitales bancarios, que en
caso alguno nacen como elementos contrapuestos. Por ello, es un error establecer
que el capital bancario especulativo, sea el único causante del desastre
capitalista, en detrimento del llamado capital real, puesto que en la actual
fase imperialista, el capital financiero actúa como un componente indisoluble de
ambos sectores (industrial y la banca).
Muchos de los grandes monopolios industriales crearon sus propias entidades
financieras, para poder hacer transitar el capital acumulado (Lenin lo definió
como capitales parásitos), colocándolos en el mercado en forma prestamos o
acciones especulativas (3), obteniendo por ello grandes intereses, que viene a
ser la ganancia capitalista.
Al no pagarse los prestamos y al carecer de base real las acciones
especulativas, se produce un hoyo financiero y la debacle del sistema.
Por ese motivo los organismos financieros imperialistas, tales como el FMI y
el BM, salen al salvataje de las grandes corporaciones financieras,
implementando préstamos a través de los Estados imperialistas, que permitan
reactivar el sector colapsado.
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(*)Mayo de 2009, desde algún lugar de Chile
Movimiento de Izquierda Revolucionaria – Ejército Popular Revolucionario
(Batallón Chile)
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