(IAR
Noticias)
26-Mayo-09
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La crisis social no cuenta en los análisis de los economistas del sistema
capitalista.
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Contraste. EE.UU. y China emergen de la crisis con sus economías
transformadas: innovación y aumento de la productividad. Europa se retrasa por
su rigidez.
Por Jorge Castro -
Clarín
Lo fundamental de la crisis financiera internacional, tanto en su origen como
en su despliegue, es su carácter global. Ha puesto de relieve la importancia
decisiva de la globalización como tendencia de fondo de la época. El sistema
que surge con la recuperación muestra esta condición fundamental.
Se ha acelerado la tendencia hacia la transnacionalización del poder político,
con el G-20 como plataforma de gobernabilidad global; y dentro de él, el papel
de China es decisivo. Su mayor instrumento de acción es su carácter de
principal acreedor global (reservas por 2.3 trillones de dólares; títulos del
Tesoro por 1 trillón de dólares).
Los flujos del sistema financiero internacional y las nuevas estructuras
económicas se transforman en cuestiones de alta política. La economía y la
política exterior se asimilan hasta la simbiosis. Los países tienen la
política de sus necesidades.
Lo que se puede saber son tres constataciones: EE. UU., epicentro de la
crisis, lidera la recuperación; y lo hace con una economía hondamente
transformada por un shock de innovación, mientras que Barack Obama se
fortalece al dejar atrás la recesión, con capacidad plena para ejecutar su
visión estratégica de largo plazo (Presupuesto 2009/2010).
China se recupera de la crisis a través de una profunda transformación, cuyo
eje es el auge de la demanda interna y del consumo individual, no del comercio
exterior ni de la tasa de inversión. Implica el rápido crecimiento de una
clase media -quizá de 500 millones de personas en diez años- con gustos y
criterios "occidentales".
La tercera es el retraso de Europa, no sólo por su recesión (-4% este año),
sino por su rigidez social e institucional, que le dificulta o impide
enfrentar la crisis a través del cambio y la reestructuración.
Más importante que establecer las características de la recuperación en EE. UU.
(en forma de V o L), es precisar si la crisis ha afectado su potencial de
crecimiento de largo plazo. Éste es una fórmula de dos componentes: aumento de
la fuerza laboral e incremento de la productividad. La primera creció 1.1%
anual entre 1991 y 2008; y lo hará 0.6% anual en los próximos 10 años.
Todo depende de la productividad. EE. UU. enfrenta la crisis con la
reestructuración de su sistema económico; y las políticas de Obama de
incentivo a la innovación están en ejecución. En la crisis, EE. UU. se
reinventa a sí mismo. La "destrucción creadora" es el rasgo primordial de la
civilización estadounidense.
Europa se retrasa. El producto alemán caerá 6% este año; y 19% sus
exportaciones. Dos tercios de éstas son manufacturas pesadas (automotores,
maquinarias, productos químicos). La RFA es la cabeza de la onda industrial
que terminó en la década del '70. Su tasa de crecimiento sería 0.8% anual
entre 2008 y 2013 (1.5% entre 1995 y 2008).
Las industrias alemanas que crecen son la farmacéutica, tecnologías de
precisión y servicios empresariales; de naturaleza post-industrial. Para
crecer, Alemania tiene que cambiar; y allí está su dificultad principal.
También la de Europa.
No hay análisis del futuro, que por definición aún no existe. Sólo se pueden
fijar las tendencias fundamentales del presente, las más cargadas de porvenir.
El sistema capitalista que emerge de la crisis es más capitalista que antes; y
también más diversificado. Esto es, menos "anglosajón-europeo" y más
"asiático-emergente" (China, Brasil). Lo previsible es un aumento cualitativo
de la influencia cultural y política de China y los otros emergentes.
El hecho de que China se haya recuperado a través de una transformación del
mecanismo de acumulación es un éxito de su sistema político; y como tal, un
acontecimiento de importancia mundiaL.
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