osotros somos ciudadanos y Obama es un político. Puede que no os guste la
palabra pero la realidad es así, es un político. También, desde luego, es otras
cosas: es una persona sensible, inteligente, reflexiva y prometedora. Pero es un
político.
Si tú eres un ciudadano, debes conocer la diferencia entre los políticos y
tú: la diferencia entre lo que ellos tienen que hacer y lo que debes hacer tú. Y
hay cosas que ellos no harán si tú les dejas claro que no tienen que hacerlo.
Desde el principio, me gustó Obama pero, la primera vez que me di cuenta de
que era una político fue muy pronto, cuando Joe Liberman se presentó para la
designación como candidato demócrata al Senado, en 2006.
Lieberman quien, como sabéis, era un belicista, se presentaba a la elección
demócrata y su oponente era Ned Lamont, un candidato pacifista. Pues bien, Obama
fue a Connecticut apoyó a Lieberman frente a Lamont.
Eso me desconcertó. Lo digo para ratificar que, sí, Obama era y es un
político. Así que no debemos dejarnos arrastrar por la aceptación irreflexiva de
lo que Obama hace.
Nuestra tarea es no darle un cheque en blanco o animarle simplemente. Estuvo
bien apoyarle mientras hacía campaña para la presidencia pero no ahora. Porque
queremos que el país cambie respecto a lo que ha sido en el pasado. Queremos
romper rotundamente con lo ocurrido en el pasado.
Tuve un profesor en la universidad de Columbia, Richard Hofstadter, autor de
un libro, The American Political Tradition, en el que pasaba revista a
presidentes del país desde los Padres Fundadores hasta Franklin Roosevelt. Los
había liberales y conservadores, republicanos y demócratas, y existían
diferencias entre ellos. Pero él demostraba que los denominados liberales no lo
eran tanto como la gente creía, y que la diferencia entre liberales y
conservadores, y entre republicanos y demócratas, no era una diferencia
sustancial. Existe un hilo común que enlaza toda la historia estadounidense, y
todos los presidentes- republicanos, demócratas, liberales y conservadores- han
seguido ese hilo conductor.
Este hilo tiene dos elementos: el nacionalismo y el capitalismo. Y Obama no
está libre de esa intensa doble herencia. Lo podemos ver en las políticas que ha
anunciado hasta la fecha, aunque lleva poco tiempo en el cargo.
Algunos podrían preguntar, “Bueno ¿ y qué esperaba?”
Y la respuesta es que esperamos mucho.
Y hay quien dice, “¿Qué pasa, es usted un soñador?”
La respuesta es sí, somos soñadores y lo queremos todo. Queremos un mundo en
paz, un mundo igualitario, no queremos guerras, no queremos capitalismo,
queremos una sociedad digna. Y lo mejor es aferrarnos a ese sueño porque si no
lo hacemos, cada vez más nos veremos constreñidos por esta realidad que no nos
gusta.
Tened cuidado cuando oigáis las alabanzas del sistema de mercado. La economía
de mercado es lo que tenemos ahora. Que el mercado decida, dicen. El Gobierno no
debe proporcionar asistencia médica gratuita; es el mercado el que decide.
Eso es lo que está haciendo el mercado, y por eso tenemos cuarenta y ocho
millones de personas sin asistencia médica, porque el mercado lo ha decidido.
Dejar todo en manos del mercado ha ocasionado que haya dos millones de personas
sin hogar. Que el mercado decida: millones y millones de gentes no pueden pagar
sus alquileres. El mercado ha llevado a pasar hambre a treinta y cinco millones
de personas.
No se puede dejar todo eso en manos del mercado. Cuando se está afrontando
una crisis económica como la que estamos sufriendo ahora, no se puede hacer lo
mismo que en el pasado. No se puede inyectar dinero a las clases altas del país-
y a los bancos y corporaciones- y esperar que después, de alguna manera, ese
dinero fluya hacia abajo.
¿Qué fue lo primero que ocurrió cuando el Gobierno Bush vio que la economía
estaba en problemas? Dedicó 700.000 millones para salvarla, y ¿a dónde fueron a
para esos 700.000 millones de dólares? A las instituciones financieras causantes
de la crisis.
Eso ocurrió cuando la campaña presidencial todavía estaba en marcha y a mí de
dolió ver a Obama apoyándolo, respaldando ese enorme regalo a las corporaciones.
Obama debería haber dicho es: Espere un momento. Los bancos no son pobres de
solemnidad. Los altos ejecutivos tampoco. Pero hay gente sin trabajo. Hay
personas que no pueden pagar sus hipotecas. Tomemos esos 700.000 millones y
démoslos directamente a la gente que los necesita. Démosles 1 billón, 2 billones
de dólares. Que ese dinero vaya directamente a las personas que lo necesitan.
Nadie sería desalojado. Nadie se quedaría con sus enseres en la calle.
Obama es posible que quiera dar un billón más a los bancos. Como Bush, no se
lo va a dar directamente a los propietarios de viviendas. Pero a diferencia de
los republicanos, Obama quiere también invertir 800.000 millones en su programa
de estímulo a la economía, lo que es una buena idea- la idea en sí es buena.
Pero si analizas con detalle el plan, se canaliza demasiado dinero a través del
mercado, a través de las grandes empresas.
Ha concedido reducción de impuestos a las empresas con la esperanza de que
contraten a gente. Y no, si la gente necesita trabajo, no le des dinero a las
corporaciones con la esperanza de que quizás creen empleo: Da trabajo
inmediatamente a la gente.
Muchos no conocen la historia del New Deal de los años 1930. El New Deal no
llegó lo suficientemente lejos pero tuvo buenas ideas. Y la razón de que llegase
a esas buenas ideas se debió a la enorme agitación que hubo en el país hasta el
punto de hacer que Roosevelt reaccionase. ¿Qué hizo entonces? Dispuso de miles
de millones de dólares y decidió que el Gobierno contratase a la gente. ¿Estás
en paro? Pues el Gobierno tiene un trabajo para ti.
El resultado de aquellas medidas fue un montón de trabajos admirables
llevados a cabo en el país. Varios millones de jóvenes fueron colocados en el
Civilian Conservation Corps(1). Fueron por todo el país y construyeron
puentes, carreteras, zonas de recreo e hicieron un trabajo notable.
El Gobierno creó un programa federal para las artes. No esperó a que el
mercado lo hiciera. Puso en marcha el programa y contrató a miles de artistas
desempleados: guionistas, actores, músicos, pintores, escultores, escritores.
¿Cuál fue el resultado? La producción de 200.000 obras artísticas. Hoy, en todo
el país, hay miles de murales pintados por la gente del programa WPA(2). Se
representaron obras en todo el país a precios muy bajos, para que la gente que
nunca había visto una representación pudiera acceder a ellas.
Y eso es sólo una mínima parte de lo que se podría haber hecho. El Gobierno
tiene que atender las necesidades del pueblo. El Gobierno no puede ceder la
tarea de satisfacer esas necesidades a las corporaciones y a los bancos porque
ellos no se van a preocupar por lo que necesita la gente. Sólo se preocupan de
sus beneficios.
Durante su campaña, Obama dijo algo que me pareció muy acertado, y cuando
alguien dice algo que está bien hay que recordarlo, porque puede ocurrir que
luego no lo mantenga. Y hay que recordárselo.
Obama estaba hablando a la guerra de Iraq, y afirmó: “ No se trata sólo de
que tengamos que salir de Iraq”. Él dijo exactamente “salir de Iraq” y no
debemos olvidarlo. Debemos seguir recordándoselo: Fuera de Iraq, fuera de Iraq,
fuera de Iraq, pero no el próximo año, ni dentro de dos años, sino ya.
Pero escuchad la segunda parte. Su frase completa fue: “ No es suficiente con
salir de Iraq; tenemos que cambiar la actitud que nos condujo allí”.
¿Y cuál es la mentalidad que nos llevó a Iraq?
Es la que afirma que la fuerza servirá. Que con la violencia, la guerra y los
bombardeos iban a llevar la democracia y la libertad al pueblo.
Es la mentalidad que considera que Estados Unidos tiene algún derecho divino
para invadir otros países en su propio provecho. En 1846 llevamos la
civilización a los mexicanos, y en 1898 la libertad a los cubanos. En 1900
llevamos la democracia a los filipinos, y vosotros sabéis el éxito que hemos
tenido en llevar la democracia a lo largo del planeta.
Obama no ha cambiado su mentalidad de misionero belicista. Habla de enviar
miles de soldados más a Afganistán. Es un tipo muy agradable y seguramente sabe
algo de historia. Tampoco es necesario saber mucho para conocer la historia de
Afganistán, donde durante décadas y décadas y décadas las potencias occidentales
han tratado allí de imponer su voluntad por la fuerza: los ingleses, los rusos,
y ahora los estadounidenses. ¿Y cuál ha sido el resultado? Un país arruinado.
Esa es la actitud que envía 21.000 soldados más a Afganistán y que dice, como
ha hecho Obama, que debemos tener un ejército mayor. Cuando Obama lo dijo, mi
corazón se encogió. ¿Para qué necesitamos un ejército más grande? Ya tenemos un
enorme presupuesto militar. ¿Ha hablado Obama de reducir el presupuesto militar
a la mitad o en una parte? No.
Tenemos bases militares en más de cien países. Sólo en Okinawa tenemos
catorce bases militares. ¿Quién nos quiere allí? Los gobiernos, porque sacan
beneficios. Pero el pueblo en realidad no quiere que estemos allí. En Italia ha
habido multitudinarias manifestaciones contra el establecimiento de una base
militar estadounidense. Y lo mismo ha ocurrido en Corea del Sur y en Okinawa.
Una de las primeras medidas del gobierno Obama ha sido enviar misiles
Predator para bombardear Pakistán. Ha muerto gente pero ellos afirman: “Nuestras
armas son muy precisas porque tenemos lo último en equipamientos. Podemos hacer
diana en cualquier lugar y golpear sólo donde queremos”.
Es la mentalidad del obstinación tecnológica. Efectivamente, ellos pueden
decidir que van a bombardear una casa determinada. Pero hay un problema: Ellos
no saben quienes están en la casa. Pueden atacar un coche con un misil desde una
gran distancia pero ¿saben quién está en el coche? No.
Y después, cuando los cadáveres se sacan del coche, o de la casa, dicen:
“Bueno, había tres sospechosos de terrorismo en esa casa, había otras siete
personas asesinadas, entre ellos dos niños, pero hemos liquidado a tres
supuestos terroristas”.
Pero daos cuenta de que la palabra es “sospechosos”, y que la verdad es que
ellos no saben quienes son los terroristas.
Así que, tenemos que cambiar la mentalidad que nos ha llevado a Iraq pero
tenemos que identificar esa actitud. Y Obama tiene que ser obligado por el
pueblo que le ha elegido, por la gente entusiasta con él, a abandonar esa
actitud. Somos los únicos que podemos decirle: “No, usted está equivocado con
esa idea militarista de usar la fuerza para conseguir objetivos en el mundo. Así
no conseguiremos nada, y seguiremos siendo un país odiado en el planeta”.
Obama ha hablado de un horizonte para este país. Tenéis que tener un
proyecto, y ahora yo quiero decirle a Obama cómo debería ser ese proyecto.
El proyecto debería ser el de un país que guste al resto del mundo. Ni
siquiera digo amado, algo que llevará tiempo conseguir. Un país no temido, que
no provoque aversión, no odiado como lo somos ahora, sino una nación considerada
pacífica porque hemos retirado nuestras bases militares de todos esos países.
No necesitamos gastar centenares de miles de millones de dólares en
presupuesto militar. Tomemos todo ese dinero asignado a las bases militares y al
presupuesto de defensa y- esto forma parte de la emancipación- usémoslo para que
todo el mundo tenga asistencia médica gratis, para garantizar empleo a quienes
no lo tienen, para abonar el pago de los alquileres a todos los que no pueden
pagarlo, para construir centros de atención a la infancia.
Usemos ese dinero para ayudar a otros pueblos del mundo y no para lanzar
bombas sobre ellos. Cuando ocurran catástrofes, necesitan helicópteros para
trasladar a las gentes de las zonas inundadas y de las zonas devastadas.
Necesitan los helicópteros para salvar vidas, pero los helicópteros están en
Oriente Próximo bombardeando y ametrallando a los pueblos.
Lo que se necesita es un cambio total. Queremos un país que utilice sus
recursos, su riqueza y su fuerza para ayudar a las personas y no para hacerles
daño. Eso es lo que necesitamos.
Es un proyecto que tenemos que mantener vivo. No deberíamos sentirnos
satisfechos fácilmente y decir: “Está bien, démosle un respiro. Obama merece
respeto”.
Porque no se respeta a alguien al darle un cheque en blanco. Lo respetas
cuando lo tratas como a un igual, y como a alguien a quien puedes dirigirte y
alguien que te escucha.
Obama no sólo es un político, lo peor es que está rodeado de políticos. Y a
algunos los ha elegido él mismo. Ha elegido a Hillary Clinton, a Lawrence
Summers(3); ha elegido a gentes que demuestran que no hay intención de romper
con el pasado.
Somos ciudadanos y no podemos colocarnos en la actitud de mirar el mundo a
través de sus ojos y decir: “ Bueno, tenemos que aceptar compromisos, tenemos
que hacer esto por razones políticas”. No, nosotros debemos hablar claro.
Esa fue la actitud de los abolicionistas antes de la Guerra Civil, cuando la
gente decía: “Tienes que verlo desde el punto de vista de Lincoln”. Porque
Lincoln no consideraba prioritaria la abolición de la esclavitud. Pero el
movimiento anti-esclavitud sí, y los abolicionistas contestaron: “No vamos a
aceptar el punto de vista de Lincoln. Vamos a exponer nuestra propia posición, y
lo vamos a hacer con tanta fuerza que Lincoln tendrá que escucharnos”.
Y el movimiento contra la esclavitud se extendió tanto y se hizo tan fuerte
que Lincoln tuvo que hacerle caso. Así se consiguió la abolición de la
esclavitud y las decimotercera, decimocuarta y decimoquinta enmiendas [a la
Constitución].
Esa ha sido la historia de este país. Cuando se ha progresado, cuando se ha
reparado cualquier clase de injusticia, ha sido porque el pueblo ha actuado como
ciudadanos y no como políticos. No se limitaron a quejarse, sino que trabajaron,
se movieron, se organizaron, se sublevaron cuando fue necesario para atraer la
atención sobre su situación de los que estaban el poder. Y eso lo que tenemos
que hacer en la actualidad.