(IAR
Noticias)
19-Mayo-09
Si tiene alguna duda sobre las repercusiones del hambre a largo plazo,
analice las siguientes estadísticas.
Por
Rana Foroohar - Newsweek
en Español.
En Corea del Norte, donde la escasez alimentaria y la hambruna han sido endémicas durante años, el adolescente
promedio es 18 centímetros más bajo que su contemporáneo surcoreano.
El hambre
ha creado una generación perdida y ahora que el precio de los alimentos se sale
de control, surge el temor de que otros muchos millones de los habitantes más
pobres del planeta también sean víctimas de las consecuencias.
En los últimos
meses se han registrado levantamientos provocados por la escasez de alimentos en
22 países.
Un gobierno (Haití) fue derrocado por esta situación y otros están bajo presión.
Todo lo anterior pone de relieve la naturaleza increíblemente política de la
comida.
En las últimas décadas, el precio de los combustibles se ha elevado con
mayor celeridad que los bienes agrícolas y la billonaria crisis de hipotecas de
riesgo alcanzó grandes dimensiones en su impacto económico, pero nadie come
petróleo o acciones. “El alimento es una amenaza distinta, porque afecta a
muchos de los pobres del planeta”, señala Erwann Michel-Kerjan, director
administrativo del Centro de Control de Riesgos y Procesos de Decisión de la
Escuela Wharton. Además, agrega, el alimento es un “amplificador” de muchos
otros tipos de riesgo, sobre todo el político, y sus consecuencias se extienden
con una rapidez mayor debido a la creciente interconexión global.
Quienes tratan de vaticinar las repercusiones de la situación deberían tomar en
cuenta otras crisis alimentarias del pasado. El escalamiento de precios más
importante (1974-1975) guarda semejanzas con la situación actual. El creciente
precio del petróleo volvió costosa la agricultura; los desastres naturales y las
malas políticas gubernamentales complicaron el problema. Hubo revueltas y
agitación política, pero los gobiernos actuaron con prontitud pues no podían
perder alianzas durante la Guerra Fría, de modo que los ministros del exterior
(en vez de los personajes de la industria agrícola) tomaron las riendas de los
mercados para estabilizarlos.
Así, el precio de la tonelada métrica de arroz
(alrededor de US$220, ajustado a la inflación) jamás alcanzó el nivel actual de
casi US$300.
Hace falta remontarnos a la década de 1870 para encontrar una crisis parecida en
términos de magnitud y causa. En aquellos días, igual que ahora, el escalamiento
en el precio de los alimentos se debió a un incremento en la demanda, secundario
al crecimiento económico. El acelerado crecimiento poblacional y la
industrialización resultaron en una creciente demanda de más y mejores
alimentos. Lo mismo sucede hoy, mientras una nueva clase media enriquecida en
los mercados emergentes ocupa su lugar en el escenario mundial.
Al final, la crisis del siglo XIX fue controlada por la inversión y exportación
agrícola —factor que sería bueno no perder de vista. Es necesario comerciar con
más alimentos para alimentar a la población, pero las naciones modernas llevan
la dirección contraria.
Aunque el menor crecimiento global podría presagiar una
baja en el precio de los bienes, resulta evidente que terminó la era de los
alimentos baratos. Como demuestra el siguienteinforme, la agricultura, una de
las industrias más distorsionadas del mundo, tiene urgente necesidad de
transformación y si los líderes mundiales no actúan con ese fin, podría perderse
otra generación.
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