nseguridad alimentaria infantil en Estados Unidos: 2005-2007”, publicado
el 7 de mayo, es el primer análisis por Estados que se centra en el número de
bebés y niños pequeños que viven en hogares donde hay inseguridad alimentaria.
Feeding America basó su análisis en datos del Departamento Federal de
Agricultura (USDA, en sus siglas en inglés) y de la Oficina de Censo desde
2005 hasta 2007, periodo clasificado oficialmente como la cumbre del último
periodo de recuperación de la economía.
Al igual que los índices de pobreza, pérdida del hogar, bancarrota y otros
muchos, los índices de inseguridad alimentaria documentados por el estudio
reflejan claramente el deterioro de la calidad de vida que han sufrido los
hogares de la clase trabajadora en los últimos cinco años. En los años
comprendidos entre 2005 y 2007 la inseguridad alimentaria se ha extendido
rápidamente junto con el paro y los recortes salariales.
Feeding America concluyó que en el periodo precedente a la aparición de la
crisis económica en 11 Estados más del 20% de los niños pequeños corría
peligro de pasar hambre. Louisiana, con un 24,2%, tiene el índice más alto de
inseguridad alimentaria, seguido de cerca por Carolina del Norte, Ohio,
Kentucky, Texas, Nuevo México, Kansas, Carolina del Sur, Tennessee, Idaho y
Arkansas.
El estudio concluyó que en California una media de 1.6 millones de niños se
encontraban en una situación de inseguridad alimentaria entre 2005 y 2007. En
Texas la media era de 1.47 millones para el mismo periodo.
Ningún Estado tiene menos de un 10% de su población infantil expuesto al
hambre. La escasamente poblada Dakota del Norte registró el índice más bajo,
10,9%.
Las familias que se enfrenta a inseguridad alimentaria sufren un intenso
estrés. Muchas familias pobres se ven regularmente obligadas a elegir entre
pagar comida u otros artículos. Las familias reducen las cantidades de sus
comidas y los padres a veces se saltan alguna de ellas para que sus hijos
puedan comer.
La inseguridad alimentaria entre los niños es especialmente preocupante
debido al riesgo de desnutrición y retrasos en el desarrollo. Si los niños no
comen lo suficiente o sólo reciben alimentos baratos “para llenar”, son
proclives a enfermar con más frecuencia, tienen pobres resultados escolares,
desarrollan diabetes, sufren retrasos cognitivos y problemas psicológicos.
Muchos de los efectos de la desnutrición en niños pequeños son irreversibles.
El hambre es un problema cada vez mayor en Estados Unidos. Como más
millones de familias pertenecientes a la clase trabajadora se enfrentan a la
perdida del empleo y a la pobreza, los principales programas de la red federal
de seguridad, incluyendo vales canjeables por alimentos y programas de
asistencia en metálico de emergencia, llegan a menos personas de las que
reúnen los requisitos y lo necesitan.
Según los últimos datos de USDA, las personas inscritas en el reparto de
vales de comida ha aumentado en un millón de personas desde el pasado mes de
septiembre hasta llegar a la cifra récord de 32.550.000 estadounidenses. La
organización sin fines de lucro Food Research and Action Center calcula de
otros 16 millones más de personas reúnen condiciones para recibir asistencia
alimentaria federal pero no están inscritos en el programa.
Un análisis del New York Times publicado el 9 de mayo encontró enormes
disparidades entre los Estados en la manera de administrar el programa de
vales de comida. En California, por ejemplo, el periódico señaló que sólo la
mitad de las personas que reúnen las condiciones están inscritas en el
programa. En otros Estados, como Missouri, donde la inscripción de las
personas que reúnen las condiciones llega al 98%, los criterios de selección
son tan severamente bajos que cientos de miles de familias trabajadoras pobres
no llegan al baremo. Además, millones de familias inscritas en el programa
reciben mucha menos ayuda cada mes de lo que se requiere para mantener una
dieta saludable.
A consecuencia de ello, cada vez más familias estadounidenses recurren a
comedores populares y otras organizaciones de caridad, recortan los gastos en
comida y recuren a comprar alimentos más baratos para poder satisfacer sus
necesidades.