(IAR
Noticias)
13-Mayo-09
En el gobierno de
Estados Unidos, así como entre quienes pretenden influir sobre él,
ya es manifiesto el conflicto de los que ubican la gran amenaza a la
seguridad nacional en el eje Afganistán-Pakistán con los que
priorizan a Irán.
Por Daniel Luban y Jim Lobe - IPS
L os que defienden un endurecimiento de la política
hacia Irán --es decir, el denominado "lobby israelí" y sus aliados
en Washington, así como el propio gobierno de Benjamín Netanyahu--
proponen apuntalar agresivamente el régimen de sanciones contra el
desarrollo nuclear del régimen islamista.
Muchos en este bando sugieren que, en última instancia, Israel o
Estados Unidos podrían usar la fuerza militar contra Irán si las
gestiones diplomáticas del presidente Barack Obama no derivan en un
congelamiento verificable, o una anulación, del programa nuclear
para fines de este año.
Los opositores a este campo se concentran en el Pentágono, donde las
preocupaciones dominantes son consolidar una estabilidad regional
que permita a Estados Unidos reducir sus operaciones en Iraq, apoyar
la lucha contrainsurgente en Afganistán y, sobre todo, garantizar la
seguridad del estado pakistaní y sus armas nucleares.
Tanto el secretario (ministro) de Defensa, Robert Gates, como el
jefe del Estado Mayor Conjunto, almirante Mike Mullen, creen que un
ataque a Irán sumiría toda la región en un enorme levantamiento.
Hace años que mantienen la misma postura.
Otros funcionarios clave del gobierno que comparten este punto de
vista son el director nacional de Inteligencia, almirante Dennos
Blair, y el encargado del vínculo más directo de la Casa Blanca con
Iraq y Asia Meridional, general Douglas Lute.
La brecha entre las dos facciones quedó en evidencia este mes,
cuando en Washington se celebraron dos reuniones disonantes y de
gran destaque noticioso.
La primera fue la conferencia anual del Comité de Asuntos Públicos
Estados Unidos-Israel (AIPAC), la organización más representativa
del "lobby israelí", y la visita a la Casa Blanca del presidente
afgano Hamid Karzai y el pakistaní Asif Ali Zardari.
Altos funcionarios estadounidenses e israelíes asistieron a la
reunión de AIPAC, donde abundaron los alertas sobre la "amenaza
existencial" que representa para el estado judío la virtual bomba
atómica iraní, por lo que abundaron también los pedidos de más
sanciones, e incluso ataques militares, contra el régimen islamista
chiita.
En esa conferencia hubo escasísimas menciones a Iraq, Afganistán y
Pakistán, pero abundaron, en cambio, los llamados a consolidar una
coalición contra Irán, encabezada por Estados Unidos e integrada
también por Israel y estados árabes sunitas "moderados".
Mientras los 6.000 delegados a la reunión de AIPAC presionaban a los
legisladores para que aprobaran nuevas sanciones, Obama, Karzai y
Zardari le prestaban atención en la Casa Blanca a otro foco de
tensión internacional.
La cordialidad en la supuerficie de la visita de ambos presidentes
encubría el hecho evidente de que crece en Estados Unidos la
preocupación ante la capacidad de los gobiernos afgano y pakistaní
de combatir a sus respectivas insurgencias, encabezadas por el
movimiento islamista Talibán.
La mayoría de las señales emitidas hasta ahora indican que Obama y
el vicepresidente Joe Biden están alineados con el Pentágono, al
menos por ahora.
Pero en la conferencia de AIPAC, a la que asistieron más de la mitad
de los legisladores estadounidenses y a la que se dirigieron los
principales líderes del Congreso por los dos partidos, sirvió de
recordatorio de que el "lobby israelí" tiene mucha fuerza en el
Poder Legislativo, así como capacidad para empujar a Irán al tope de
la agenda de política exterior.
Obama consideró en la campaña electoral que el eje
Afganistán-Pakistán era "el frente central en la guerra contra el
terrorismo" y, por lo tanto, prometió instalarlo como prioridad. Así
lo ha hecho desde su investidura, el 20 de enero.
Su poderoso enviado especial a Medio Oriente, Richard Holbrooke, se
reunió en marzo con un alto funcionario iraní en La Haya, y ha dicho
en reiteradas ocasiones que Teherán tiene un importante papel que
jugar en la estabilización de Afganistán.
Al mismo tiempo, el almirante Mullen se ha visto obligado a visitar
y a recibir constantemente a su par pakistaní, general Ashfaq Kiyani,
según informó Holbrooke al Congreso la semana pasada.
Dada su preocupación con la situación en Afganistán y Pakistán y con
la estabilidad de la región, el Pentágono cada vez se inclina menos
a elevar la tensión con Irán, que comparte extensas fronteras con
esos dos países y con Iraq.
Por esa y otras razones, podría sin mayor esfuerzo dificultarle la
vida a Estados Unidos en esos tres países.
Pero el nuevo gobierno israelí, comandado por el primer ministro
Benjamín Netanyahu, presiona a Washington a enfrentarse con Irán.
Por ahora, quienes apoyan a Netanyahu en Estados Unidos mantienen
silencio sobre el acercamiento diplomático de Obama a Irán. Pero han
advertido que este enfoque debe tener un "plazo de vencimiento"
cercano.
La prioridad política de AIPAC es ahora la aprobación de un proyecto
de ley que permitiría al presidente a imponer sanciones a empresas
extranjeras exportadoras de productos refinados de petróleo a Irán.
La secretaria de Estado (canciller), Hillary Rodham Clinton, dijo
que el gobierno apoyaría esas sanciones si la diplomacia no
funciona, pero se negó a fijar plazos para evaluarlo.
Las sanciones parecen a veces el tema del día, así como la
posibilidad de un ataque militar estadounidense o de Israel sin el
aval de Washington. "Si tenemos que actuar, actuaremos, aunque
Estados Unidos no lo haga", dijo Netanyahu en marzo.
El mes pasado, Mullen le dijo al diario conservador The Wall Street
Journal que un ataque israelí pondría "en riesgo excepcionalmente
alto" los intereses estadounidenses en la región. Ese pasaje de la
entrevista no fue publicado por el periódico, pero la oficina de
Mullen se lo facilitó a IPS.
También Biden le dijo a la cadena televisiva de noticias CNN que un
ataque sería "inconveniente". "Desastroso para todos" fue la
descripción elegida por el ex consejero de Seguridad Nacional, Brent
Scowcroft.
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