ientras que grupos de prensa escrita como New York Times e Independent News
and Media luchan por su supervivencia, las agencias de noticias disfrutan de una
actividad febril. Así, las acciones de Thomson Reuters –que cotizan en Londres–
se sitúan al mismo nivel que en mayo del pasado año, cuando se cerró la fusión
entre Reuters y Thomson.
Desde entonces, el FTSE ha caído un 35%. Gracias a los avances tecnológicos,
en lugar de limitarse a ofrecer noticias y datos a escala global, las agencias
pueden venderlos –en teoría– directamente a los consumidores a través de
Internet o de aplicaciones móviles. Aún así, la publicidad es escasa. “Esquemas
específicos” de este tipo, que reducen los ingresos globales, fracasaron en el
pasado.
La crisis bancaria supone un problema mayor. Peter Grauer, el presidente de
Bloomberg, cree que la industria de servicios financieros reducirá su gasto en
publicidad un 20% este año. Esta contracción recuerda la dura lucha durante la
crisis tecnológica, en la que Bloomberg ganó la batalla a Reuters, su rival en
el área de la información financiera.
Esta vez la situación podría invertirse. Bloomberg no puede contar con el
hedge fund al que recurrió por entonces para que le sacara de apuros. El grupo
domina la renta fija, que no es el mejor sector; Reuters, por su parte, cuenta
con una posición más sólida en divisas y materias primas. Además, la información
médica y legal que ofrece Thomson Reuters supone un lastre adicional.
El modelo de negocio de Bloomberg, consistente en alquilar terminales por
1.590 dólares (1.201 euros) al mes depende del número de clientes. Gracias a los
ahorros procedentes de la fusión, las acciones de Thomson Reuters operan a 15
veces los beneficios previstos, una prima del 32% frente a sus rivales. Ante un
valor tan alto sólo cabe esperar malas noticias.
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