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12-Abril-09
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Esta crisis global requiere una respuesta global, pero, lamentablemente, la
responsabilidad de responder continúa estando a nivel nacional.
Por Joseph E. Stiglitz -
Project Syndicate / Clarín
Este año probablemente será el peor para la economía global desde la Segunda
Guerra Mundial: el Banco Mundial estima una caída de hasta 2%. Aun los países en
desarrollo que hicieron todo bien -y que tenían políticas macroeconómicas y
regulatorias mejores que las de EE.UU.- están sintiendo el impacto. Debido, en
gran medida, a la baja de las exportaciones, es probable que China siga
creciendo, pero a una tasa muy inferior al 11-15% anual de estos últimos años. A
menos que se haga algo, la crisis dejará en la pobreza a 200 millones de
personas más.
Esta crisis global requiere una respuesta global, pero, lamentablemente, la
responsabilidad de responder continúa estando a nivel nacional. Cada país
tratará de diseñar su propio plan de estímulo para maximizar el impacto en sus
propios ciudadanos y no el impacto global. Al evaluar la magnitud del estímulo,
los países pondrán en la balanza el costo de "sus propios" presupuestos y
beneficios en términos de mayor crecimiento y empleo para sus economías. Si se
tiene en cuenta que parte del beneficio (sobre todo en las economías abiertas y
pequeñas) se acreditará a favor de otros, es probable que los planes de estímulo
sean reducidos y no estén bien concebidos. Por eso es necesario un plan de
estímulo global.
Este es uno de los varios mensajes importantes que surgen de una Comisión de
Expertos de Naciones Unidas sobre la crisis económica global, que presido y que
redactó un informe que respalda muchas de las iniciativas del G-20, aunque
impulsa medidas más fuertes centradas en los países en desarrollo. Por ejemplo,
aunque se reconoce ampliamente que casi todos los países necesitan emprender
medidas de estímulo (ahora todos somos keynesianos), muchos países en desarrollo
no cuentan con los recursos para hacerlo. Tampoco las entidades crediticias
internacionales existentes. Pero si no queremos encaminarnos a otra crisis de
deuda, una parte del dinero, tendrá que otorgarse en subsidios. Recurrir al FMI
está asociado a un fuerte estigma, por razones obvias. Es indispensable,
entonces, que la ayuda sea a través de un conjunto de canales, además de, o en
vez del FMI. Podrían crearse nuevos sistemas de crédito. Si esto pudiera hacerse
rápido (algo que me parece factible), dichos sistemas podrían ser un canal
importante para distribuir fondos.
Una de las iniciativas más importantes a mediano plazo impulsada por la Comisión
de la ONU es la creación de un consejo coordinador económico global, que
coordinaría la política económica y evaluaría problemas pendientes. Al
profundizarse la desaceleración, es posible que muchos países enfrenten la
bancarrota y seguimos sin tener un marco adecuado para lidiar con este problema.
Y el sistema de moneda de reserva del dólar estadounidense está desgastado.
China y la Comisión de la ONU ya pidieron la creación de un nuevo sistema de
reserva global. Atacar esta vieja cuestión -planteada por Keynes hace más de 75
años- es esencial si queremos una recuperación robusta y estable. Estas reformas
no se harán de la noche a la mañana. Pero nunca llegarán a producirse si no se
empieza a trabajar en ellas ya mismo.
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© Project Syndicate y Clarín, 2009.
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